miércoles, 6 de abril de 2011

Novela Kenielle 11 - La tentacion vuelve a casa


Esa frase fue como un puñetazo en el estómago, pero no dejó que él lo viera.
En lugar de eso, decidió hablar del tema que llevaba cinco años dando vueltas en su cabeza. Después de todo, si quería alejarse de ella, podía darle razones. Podía decirle por qué de repente, había querido el divorcio.
—Se terminó porque tú lo decidiste.
Kevin dejó escapar un suspiro.
—Danielle...
—Dímelo, Kevin. Dime por qué nos separamos y quizá me vaya entonces.
No lo haría, pero él no tenía por qué saber eso.
 —Han pasado cinco años. Déjalo estar.
—¿No quieres decírmelo? ¿Ni siquiera para librarte de mí?
—No te irás hasta que te dé la gana, estoy seguro.
—Sí, eso es verdad —asintió Danielle.
—Siempre has sido muy obstinada.
—Viniendo de ti, que eres el más cabezota del mundo, no lo considero un insulto.
—No quería insultarte. La verdad es que siempre he disfrutado de nuestras discusiones... al menos, disfrutaba después, cuando hacíamos las paces.
Danielle tuvo que respirar profundamente un par de veces para no perder la concentración.
—Si tanto disfrutabas durante nuestro matrimonio, ¿por qué...?
—¿Por qué estás aquí? —la interrumpió Kevin, apoyándose en la encimera—. ¿Por qué has venido?
En sus ojos había un brillo peligroso.
Y eso era parte de su atractivo. Pelo negro, ojos azules, torso ancho, hombros anchos, caderas estrechas... Y los vaqueros le quedaban como a nadie en el mundo. Seguramente no había una sola mujer en el planeta, de los dieciséis a los sesenta años, a la que no pudiera conquistar.
—Mi abuela se ha ido a Italia y alguien tenía que cuidar de Muffin y Peaches.
—¿Y ésa es la única razón? ¿No has hablado con mis hermanos?
—¿Con tus hermanos? —repitió ella, extrañada—. El único con el que he hablado es Joe, que yo sepa.
Kevin tuvo la decencia de hacer una mueca al oír el nombre de su hermano.
—Sí, bueno, siento lo de Joe. Yo sabía que no iba a funcionar, pero... si te sirve de consuelo, le diste un susto de muerte.
—Pues sí, me consuela un poco. Pero eso no explica por qué lo hiciste. ¿Por qué es tan importante para ti que me vaya de Baywater?
El rostro de Kevin se ensombreció. Era la única forma de describir su expresión en aquel momento.
—Da igual.
—A mí no me da igual.
—Mira, déjalo —murmuró él, dirigiéndose a la puerta del jardín.
—Las perras están fuera, te lo advierto.
—Maldita sea —Kevin se volvió hacia vestíbulo, pero Danielle lo tomó del brazo.
Él se detuvo en seco, como si lo hubieran golpeado y despacio, levantó la mirada.
Danielle sabía lo que eso quería decir, pero no lo soltó. No era sólo por obstinación, sino por el calor que emanaba de su cuerpo. Eléctrico. Como si hubiera tocado un cable pelado. Y no quería perder esa sensación. Había pasado tanto tiempo...
—No pienso irme —dijo, mirándolo a los ojos—. Voy a estar aquí tres semanas, te guste o no. Así que tendrás que acostumbrarte a la idea.
Vio cómo tragaba saliva y eso hizo que se sintiera un poco mejor. Al menos, tampoco era fácil para él. Sí, quería que se fuera de Baywater. Quería que dejase de tocarlo. Porque quisiera admitirlo o no, Kevin había experimentado la misma sensación que ella.
Y eso significaba que seducirlo iba a ser más fácil de lo que había pensado.
Después de todo, para eso estaba allí. Para llevarse a Kevin a la cama. Para quedar embarazada.
Y marcharse después.
Danielle lo soltó entonces.
—Muy bien —dijo Kevin—. Tres semanas. Si tú puedes soportarlo, yo también.
Luego bajó los escalones del porche, dio la vuelta a la casa y subió las escaleras que llevaban a su apartamento. Las perras empezaron a ladrar y Danielle sonrió cuando oyó que Kevin les gritaba: «¡Callaos ya, pequeñas bestias inmundas!»
¿Soportarlo?
 Sabía que antes de una semana lo tendría comiendo en la palma de su mano.
La cuestión era, ¿podría marcharse después?

4 comentarios:

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..