lunes, 11 de abril de 2011

Novela Kenielle 15 - La tentacion vuelve a casa


De inmediato, Danielle se dio cuenta de su error.
Había pensado que besar a Kevin sería muy sencillo. Después de todo, tenía mucha práctica. O la había tenido cinco años antes.
Pero con lo que no había contado era con su propia reacción.
Había pensado que sería una reacción normal. Que reaccionaría con la cabeza fría. Que lo controlaría.
Pero no controlaba nada.
Estaba en un tren en marcha y con cada segundo, el tren aumentaba de velocidad.
Kevin la apretó contra su pecho y sujetando su cabeza con una mano, la sostuvo allí.
Y Danielle sólo podía sentir: sus labios, el calor de su cuerpo, su olor, tan masculino, el roce de su barba, su aliento.
Había pasado mucho tiempo, demasiado tiempo desde la última vez que su sangre burbujeó como el champán. Demasiado tiempo desde la última vez que sintió escalofríos al besar a un hombre.
Danielle le devolvía el beso con la misma ferocidad. Sus lenguas se enredaban y tuvo que agarrarse a él como si la tierra temblara bajo sus pies.
Kevin acariciaba su espalda y sus manos, tan grandes, la hacían temblar de deseo. Luego, cuando se apartó y empezó a besarla en el cuello, ella, conteniendo el aliento, echó la cabeza hacia atrás y rezó en silencio para que no parase.
Kevin tiró hacia abajo del top para dejar sus pechos al descubierto y Danielle contuvo el aliento, esperando.
—Danielle... —murmuró él, inclinando la cabeza para acariciar sus pezones con la lengua.
Parecía insaciable, como si no se cansara de ella. Como si su sabor fuera más importante que respirar. Y no dejaba de tocarla, de pasar las manos por su espalda, sus pechos, sus muslos. Luego metió una mano entre sus piernas y la acarició por encima del pantalón. Al sentir la presión, Danielle supo que deseaba más. Necesitaba sentirlo a su lado, desnudo.
—Kevin... —murmuró—. Te deseo. Te deseo tanto...
El levantó la cabeza para buscar aire. El instinto le decía que la tumbase en el suelo y la tomará allí mismo, rápido, sin pensar. La estaba tocando y a través de la tela, podía sentir su calor, llamándolo, excitándolo.
—Kevin, por favor...
Kevin la miró y por un momento, se perdió en sus ojos. Lo deseaba. Él la deseaba. ¿Por qué tenía que ser más complicado que eso?
Pero lo era.
En todos los sentidos.
Sí, la apuesta, pensó. Pero un minuto entre sus brazos y la apuesta podía irse al infierno. Había algo más importante en juego. Llevaban cinco años separados. No había sido fácil, pero era lo mejor para los dos. ¿Se atrevía a arriesgarlo todo sólo por un momento de pasión?
Kevin disfrutó de unos segundos más, acariciándola, sintiendo el roce de su pelo, la presión de sus senos, su aliento en la cara. Conocía bien sus suspiros, sus gemidos.
Y los había echado tanto de menos... Más de lo que hubiera creído posible.
—Kevin...
—Danielle —pronunció su nombre como un suspiro que le desgarrase el pecho.
—No... no te vayas. No me dejes.
Kevin siguió acariciándola.
Porque quería hacerlo.
Porque necesitaba hacerlo.
Y sabía cómo.
Danielle reaccionó instantáneamente abriendo las piernas.
—Tócame —murmuró y su voz hizo eco en el corazón de Kevin, que metió la mano por la cinturilla del pantalón, deslizándola por su abdomen y bajo las braguitas. Cada segundo era una tortura para él, cada roce del cuerpo femenino un infierno.
Pero no podía parar. Al menos, tendría esto, se decía. Le daría esto. Una última vez.
Sus dedos se movían sabiamente bajo las bragas para acariciar la húmeda carne.
Al primer roce, ella arqueó la espalda, acercándose más, murmurando su nombre.
Una y otra vez, la acarició, despacio al principio y cuando se acercaba al orgasmo, acelerando el ritmo, observando su expresión al sentir las primeras convulsiones.
Danielle se mordía los labios, agarrándose a su camiseta, elevando la pelvis para acercarla a su mano. Cuando gritó su nombre, Kevin la apretó contra su pecho y la sostuvo allí hasta que el ritmo de su respiración volvió a la normalidad.
—¿Kevin? —lo llamó ella un segundo después, enredando los brazos en su cuello.
Estaba más guapa que nunca. Sus ojos castaños oscurecidos por un brillo de satisfacción, revelando nuevos deseos. Deseos que él no podría satisfacer. Kevin la sujetó por las muñecas y negó con la cabeza.
—¿Qué?
—Tengo que irme —dijo, apartándola con suavidad. No se había sentido más frustrado desde que era un adolescente. Una ducha fría no serviría de nada en aquella ocasión.
Con un dolor tan profundo como aquél necesitaría un océano de agua.
—¿Estás de broma? ¿Te vas? ¿Ahora?

2 comentarios:

  1. aaah!!
    me encaantoo el capii
    supeer geneaal
    ahora leo el siguientee

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  2. me encantooo
    siento haber estado desaparecida
    pero los examenes
    siempre van en grupo jejejeje

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..