lunes, 11 de abril de 2011

Novela Kenielle 16 - La tentacion vuelve a casa


—Especialmente ahora —contestó Kevin, con voz ronca.
Deseaba abrazarla de nuevo. Y ciertas partes de su cuerpo estaban aún más interesadas en tenerla cerca. Deliberadamente, le dio la espalda y se dirigió a la puerta.
—¿Sólo lo he sentido yo? —preguntó Danielle.
Kevin se volvió y vio confusión, dolor y rabia en sus ojos. Y era culpa suya. No debería haber entrado en la casa, no debería haberse dejado tentar.
Habría querido decir: «Sí, sólo lo has sentido tú, yo no he sentido nada» porque sería lo más fácil. Pero el polígrafo Delease lo tenía en sus garras de nuevo y Kevin descubrió que no podía mentirle.
—No. No sólo lo has sentido tú.
—Entonces, ¿cómo puedes marcharte? Si has sentido lo mismo que yo, ¿cómo puedes irte?
—¿No lo entiendes, Danielle? Me voy precisamente por lo que siento.
—Eso no tiene sentido.
—Sí, lo sé —murmuró él.
Y luego se marchó.
Mientras podía hacerlo.

Durante los tres días siguientes, Kevin se mantuvo tan lejos de ella como le era posible. Incluso pensó instalarse en la base hasta que Danielle se fuera de Baywater.
Pero no podía hacerlo. No confiaba en sí mismo cuando ella estaba cerca, pero al mismo tiempo no quería dejar de verla, aunque fuese a distancia.
Idiota.
Perder el control de la situación había sido una estupidez y no recordaba cuándo había sido tan estúpido. Sólo podía pensar en Danielle entre sus brazos, sus gemidos, la mujer a la que echaba de menos desesperadamente...
—¿Cuándo vas a admitirlo?
Esa pregunta interrumpió sus pensamientos.
—¿Qué?
—¿Habéis oído eso? —rió Nick—. Ni siquiera quiere admitir que sigue loco por Danielle.
 —No es verdad —mintió Kevin. Lo que hubiera entre Danielle y él no era asunto de nadie. Ni siquiera de sus hermanos.
—Ya, claro. No quieres volver a tu casa porque te dan miedo los perros.
Kevin tomó su cerveza y dio un largo trago.
—Bueno, de acuerdo. Danielle me vuelve loco. ¿Ya estáis contentos?
Mientras sus hermanos sonreían, él miró alrededor. El restaurante estaba lleno de familias, niños de todas las edades, abuelos. Nunca se había fijado en eso antes, quizá porque le dolía demasiado ver matrimonios felices cuando su propio matrimonio había fracasado.
Por alguna razón, durante los últimos días lo único que veía a su alrededor eran familias. Sus amigos con sus hijos, esposas de los militares entrando en el economato de la base...
Y no podía dejar de preguntarse si Danielle y él habrían tenido hijos. Pero se preguntó también si no se habría ahorrado, a él y a Danielle, mucho dolor terminando la relación como lo hizo.
Entonces miró a una niña de unos dos o tres años. Tenía el pelo oscuro, rizado, y unos ojos castaños como los que habría podido tener su propia hija de haberla tenido. Era preciosa, pensó, con pena. Pena porque no lo fuera y pena porque él sería el único en saber de esa tristeza.
—No sé vosotros, pero a mí me alegra oírlo —dijo Nick.
—Yo también —admitió Joe—. Me alegra saber que no soy el único que se está volviendo loco.
—Sois unos flojos —rió Frankie.
—Oye, que tú tienes experiencia, pero nosotros somos nuevos en esto.
—Y uno de nosotros está a punto de caer —dijo Nick, señalando a Kevin.
Kevin asintió con la cabeza. Había estado a punto de perder la apuesta y de perder la cabeza con Danielle la otra noche. Pero pudo controlarse a tiempo.
Y se sentía absolutamente frustrado.
—No os preocupéis por mí. Estoy bien.
—Ya, seguro. Por eso no quieres irte a casa.
—Lo estás pasando bien, ¿verdad, Frankie?
—Sí, la verdad es que sí. ¿Y sabes una cosa? A lo mejor hay una razón para que Danielle haya vuelto a Baywater.
—Sí, claro, el destino —replicó Kevin, irónico.
—Podría ser.
—Yo no creo en el destino. Cada uno toma sus propias decisiones.
Nick y Joe intercambiaron una mirada.
—¿Y si tomas la decisión equivocada? —preguntó Frankie.
—Pues tienes que pagar por ello.
—¿Como estás pagando tú?
—¿Quién dice que esté pagando nada? —protestó Kevin. Pero había levantado la voz y sus hermanos no pudieron disimular una risita—. Maldita sea, Frankie, Danielle no tiene nada que ver con la apuesta.
—No estoy hablando de la apuesta, hombre —replicó su hermano en voz baja—. Estoy hablando de que dejaste a Danielle.
—Eso ha quedado atrás.
—¿Ah, sí? Pues yo no estoy tan seguro. Si hubiera quedado atrás, no tendrías ningún problema para irte a casa.
Incómodo, Kevin sacó la cartera y dejó un billete sobre la mesa. Luego, de pie, miró a sus hermanos.
—Estoy intentando alejarme de Danielle para no hacerle daño, no por otra cosa.
—Bueno, si insistes... —sonrió Frankie.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Creo que lo sabes, pero no quieres admitirlo.
—No recuerdo haberte pedido consejo, padre.
—No, ya lo sé, pero de todas maneras te lo regalo. No estás evitando a Danielle para no hacerle daño. Lo haces por ti. Te escondes porque no quieres admitir que no deberías haberte divorciado de ella...
—Qué estupidez.
—Ah —sonrió Frankie—. Ése es un argumento fascinante.
Kevin sacó las llaves del coche, resoplando, y miró a los otros tres Jonas.
—¡Vosotros me ponéis más nervioso que Danielle!
Cuando salió del bar, Nick levantó la mano para pedirle tres cervezas a la camarera.
—Kevin es hombre muerto —murmuró.
—Brindo por eso —dijo Frankie, levantando su vaso—. Por Kevin. Porque Danielle lo haga sufrir antes de volver con él.
—Amén.
—Eso digo yo.

4 comentarios:

  1. Jajaja hasta q publicas...
    pero no estas conectada :(
    espero encontrarte conectada...
    no he leido el cap... solo quise
    comentar antes d q mi hermano haga lo
    de siempre y luego lo leo
    pero de seguro esta genial como
    siempre... bye Cdt T.Q.MUCHOOOOOOOOOOO...

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  2. wwwoooo
    me encaantoo
    supeer el capii

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  3. jejejejjeje
    pobre Kevin
    pero tienen razon
    jejejeje
    me encantooooo

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..