lunes, 11 de abril de 2011

Novela Kenielle 17 - La tentacion vuelve a casa


Danielle estaba sentada al borde de la bañera, cubierta apenas por una toalla azul y recordándose a sí misma por qué había vuelto... y, sobre todo, qué hacía en el apartamento de Kevin.
Desde que llegó a Baywater, había empezado el día de la misma manera: tomándose la temperatura. Y cada día esperaba, preguntándose si era el momento adecuado para concebir o no. Y luego, cada día, se enfrentaba con una mezcla de desilusión y alivio.
Hasta aquella noche.
Danielle respiró profundamente. Estaba nerviosa, pero debía controlarse. Su temperatura era la adecuada, sus óvulos estaban listos. Era el momento. Si iba a hacerlo, no encontraría un día mejor.
Y si estaba un poco nerviosa por la emboscada romántica que iba a tenderle a su ex marido, era culpa de Kevin, que había estado evitándola a toda costa.
—¿Qué otra cosa puedo hacer? —murmuró para sí misma, más para oír su voz que por otra cosa.
Cruzó las piernas, las descruzó y luego volvió a cruzarlas, con los nervios en el estómago.
—Qué boba soy. Es Kevin. Estuvimos casados, por favor... No es como si nunca... —Danielle se quedó en silencio, recordando.
Recordaba su matrimonio; cómo se querían, recordaba que apenas podían estar separados unas horas. Después, recordaba los largos años de separación y por fin, las imágenes de la otra noche... y se le hacía un nudo en el estómago. De deseo.
Ningún hombre le había dado nunca tanto placer como él y después de lo de la otra noche, quería más. Quería que la tocase, quería sentirlo dentro como tantas otras veces.
Y quería un hijo suyo.
Danielle levantó la cabeza de golpe al oír un ruido. Era la puerta del apartamento.
Nerviosa, se levantó y pasó las manos por la toalla azul anudada sobre sus pechos. Intentando tranquilizarse, respiró profundamente y salió del cuarto de baño.
La mirada de Kevin se clavó en la suya. Estaba atónito.
—Sorpresa —sonrió Danielle.


Kevin se quedó mirándola, boquiabierto.
Intentó hablar, pero no le salían las palabras.
Había estado pensando en ella desde que salió del restaurante. Las palabras de Frankie se repetían en su cabeza hasta que tuvo que preguntarse si su hermano tendría razón. Pero si tenía razón, eso significaba que había desperdiciado cinco años de su vida y de la de Danielle. De modo que no tenía razón. Frankie no sabía que se había divorciado. Todo su cuerpo se puso en alerta. Sentía como si estuviera en la cabina de un jet, a punto de despegar, con la adrenalina saliéndole por las orejas.
Entonces se dio cuenta de que ella estaba hablando:
—...me he dejado la llave dentro.
—¿Eh?
—Que me he dejado la llave dentro y no podía entrar...
—¿Y has salido así a la calle?
—No se me ve nada —sonrió Danielle—. Y tampoco es que haya ido a dar un paseo por la calle Mayor. ¡Además, es una toalla grande!
«No lo suficiente», pensó Kevin. Y estaba... preciosa. Para comérsela. Irresistible. Y tantas otras cosas que no podría nombrarlas todas.
El pelo castaño caía sobre sus hombros desnudos y sus ojos brillaban con un ansia que él conocía muy bien. Habría deseado tocarla por todas partes, quitarle esa toalla y...
Entonces miró el nudo de la toalla. ¿Se estaba deshaciendo?
¡Por favor!.
«Deshazte»
—Bueno —Danielle se sentó al borde de la cama— sé que tú tienes una llave y pensé que no te importaría que te esperase aquí.
Kevin se preguntó si lo habría hecho a propósito. La luz de la luna le daba de lleno, envolviéndola en su halo plateado...
—No, no me importa —suspiró, tragando saliva. Su cerebro parecía haber dejado de funcionar, pero otras partes de su cuerpo estaban funcionando a toda máquina.
Entonces Danielle se tumbó sobre la cama, con la espalda apoyada en el cabecero y los pies cruzados, como si no tuviera una sola preocupación en el mundo. Como si no estuviera medio desnuda en su cama.
—Éste apartamento es muy agradable. Me gustan los muebles.
¿Ahora le daba por charlar sobre la decoración? ¿Él estaba a punto de perder la cabeza y ella se ponía a hablar de muebles? No, lo estaba haciendo a propósito para torturarlo. Sabía lo que hacía.
Muy bien, la clave para sobrevivir era sacar a Danielle de allí de inmediato. Preferiblemente, sin tocarla y sin oler su perfume, que parecía llenar todo el apartamento.
—Vamos —dijo, tomando las llaves de un cajón—. Te acompaño abajo.
—¿Tienes prisa?
Kevin la miró.
Ella se puso de lado, despacio.
Él contuvo un gemido.
Con la cabeza apoyada en una mano, Danielle no dejaba de mirarlo, mientras que con la otra tiraba de la toalla  hacia arriba.
Kevin se olvidó de respirar.
Entonces el nudo se deshizo y la toalla se abrió, mostrando su cuerpo desnudo.
—Me estás matando —consiguió decir él, con los dientes apretados.
—Pues no era eso lo que yo tenía en mente —dijo Danielle sin taparse.
Kevin se pasó una mano por la cara.
—Se te ha caído la toalla.
—Lo sé.
—Sé que lo sabes.
¿Por qué estaba haciendo aquello? ¿A qué estaba jugando? ¿Era una venganza por haber pedido el divorcio? Pero si era eso, ¿por qué había esperado cinco años?
¿Y si era algo más?
Pero si seguía haciéndose preguntas sin respuesta, perdería la cabeza.
—Esto es absurdo.
—Es posible.
Kevin la miró a los ojos, intentando evitar  por todos los medios mirar otra cosa.
—Lo lamentarás.
Danielle sonrió sacudiendo la cabeza.
—Si eres tan bueno como antes, no.
Esas palabras fueron como un puñetazo en estómago. Al fin y al cabo, era humano ¿no? Un mero mortal. Y enfrentado con Danielle Delease, Kevin estaba seguro de que ningún hombre podría haberse marchado.
Pero aún tenía una esperanza.
—Yo... esto... no tengo preservativos.
En realidad, los había tirado a propósito después de hacer la apuesta con su hermano Frankie.
—Eso no importa.
—Pues... sí, yo creo que sí.
—Kevin... —dijo Danielle entonces, con voz ronca— mientras no tengas ninguna enfermedad contagiosa, no tienes que preocuparte.
“No tienes que preocuparte”. O sea que tomaba la píldora. Muy bien, había caído el último obstáculo entre él y la gloria.
Daba igual por lo que estuviera allí o lo que quisiera. Quizá nunca había importado. Quizá desde que llegó a Baywater estaban desDanielledos a acabar allí. Quizá era algo que los dos necesitaban.
Danielle deslizó una mano por su muslo, apartando la toalla del todo.
A Kevin se le quedó la boca seca.
Y le latía el corazón como si quisiera salírsele de su pecho.
—¿Eres tan bueno como antes?
Incluso un marine, sabía cuando debía rendirse.
Kevin sonrió mientras se quitaba la camisa.
—Cariño, soy mucho mejor.
—Demuéstramelo.
Unos segundos después, estaba a su lado, en la cama, acariciando sus pechos.
—Kevin... —susurró ella, acercándose—. Te deseo tanto...

hola chicas, como estan.. bueno necesito darles una explicacion, no e estado conectada y al menos esta semana no puedo, la verdad estoy con depre, esto me esta matando, realmente me siento mal bueno muy muy mal... espero que me entiendan, ahora les voy a poner una marathon de cada nove, tres capis de cada nove, y como e estado mal me e inspirado y tambien les e hecho un one shot...

3 comentarios:

  1. nooooooo jeje no pudiste dejarla hayyyy jeje yahora q pasa???? heee??? jeje plis siguelaaaa :P
    bue espero q te mejores t kiero muuuuuchooo je cuidate bye ;)

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  2. que que por queee
    la dejas asii hay nooo.......
    quiero saber que pasara aaaayy
    la curiosidad mata

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  3. bueno espero que te mejores
    y superes tu depresion
    me encanto
    sis
    Kevin tiene que caer
    si o si
    jejeje
    sube pronto!!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..