viernes, 22 de abril de 2011

Novela Kenielle 26 - La tentacion vuelve a casa



Unos días después, Danielle tenía que cerrar ciertos contratos, aunque estuviera a miles de kilómetros de California.
Sentada frente a la mesa de la cocina, se colocó el teléfono en el hombro y tomó notas mientras hablaba con su ayudante.
—El contrato con Mannerly está a punto de cerrarse —estaba diciendo Selena—. ¿Estarás de vuelta el día de la firma?
Una semana, pensó Danielle.
—Sí, estaré de vuelta.
Estaría en casa. En su dúplex, en su pequeño mundo, con alguna cita ocasional para cenar e ir al cine. Y quizá, sólo quizá, estaría embarazada.
—Estupendo —dijo Selena—. Suzanna Mannerly llamó esta mañana. Quería darte las gracias por haber encontrado la casa de sus sueños. Está embarazada, por cierto.
—Ah, no lo sabía —murmuró Danielle.
—Dice que quiere decorar la habitación de los niños como tú sugeriste cuando vino a verla con su marido...
Danielle apenas escuchaba. Estaba recordando la preciosa casa en Manhattan Beach de la que Suzanna Mannerly se había enamorado al instante. Y Danielle, que llevaba tres años seguidos siendo la mejor agente inmobiliaria de Los Ángeles, supo que tenía una venta entre las manos.
Pero cuando le enseñó esa habitación, la habitación de los niños, tuvo una epifanía. La que la había llevado de vuelta a Baywater para acostarse con su ex marido y quedar embarazada.
Llevaba años, pensó, ayudando a familias a encontrar casa, a invertir en su futuro, a hacer realidad sus sueños... y se había olvidado de los suyos.
Mientras Suzanna miraba, encantada, las ventanas emplomadas, el jardín, los techos altos, Danielle empezó a sentir el tic-tac de su reloj biológico. Y entonces supo con toda certeza que lo que necesitaba no iba a encontrarlo en Los Ángeles, ni en la venta de casas ni en su cuenta corriente.
Lo que necesitaba, lo que deseaba, era una familia. Niños. Un marido.
Ahora tenía la oportunidad de tener un hijo, pero había perdido la posibilidad de volver con Kevin.
—Gracias, Selena —la interrumpió. No quería seguir hablando de los sueños de los demás. Quizá eso la convertía en una persona pobre de espíritu, pero tendría que vivir con ello—. Dile a Suzanna que volveré para darle las llaves de la casa de sus sueños personalmente.
Ojalá a ella le pasara lo mismo.
En cuanto colgó, sonó el timbre de la puerta y se levantó de mal humor para abrir. No le apetecía tener compañía.
Especialmente si era Kevin, que iba por allí todos los días para preguntarle si le había bajado el período, si tenía mareos...
Pues no, no le había bajado el período. Y aunque por una parte seguía soñando con tener un hijo, por otra le gustaría mesarse los cabellos.
Porque sería terrible tener un hijo y no tener a Kevin.
Había sido una idiota, desde luego. Pensar que podría quedar embarazada y marcharse de allí como si no hubiera pasado nada... Nicole tenía razón, la tuvo desde el principio.
Una pena que no la hubiera escuchado.
Porque saber que seguía amando a Kevin, que seguramente lo querría siempre, haría que su vida fuera insoportable.
Danielle abrió la puerta y estuvo a punto de gritarle a la mujer que estaba en el porche, pero se quedó helada al ver a su ex suegra.
—¡Denisse!
—Danielle, cariño —exclamó la mujer, sonriendo como una niña el día de Navidad—. Cuánto me alegro de verte.
Denisse Jonas era una mujer de corta estatura, más bien gordita, de ojos azules y pelo negro. Era comprensiva y cálida, la suegra perfecta, y Danielle la había echado muchísimo de menos.
Después de abrazarse, Denisse se inclinó para saludar a Muffin y Peaches, que se habían acercado a decir hola.
—He estado de viaje por Nueva Inglaterra, por eso no he pasado antes por aquí —le explicó—. Bueno, ¿has venido a Baywater para meter un poco de sentido común en la cabezota de Kevin?
Danielle rió, pero la risa se le quedó atragantada en la garganta y, sin que pudiera evitarlo, las lágrimas que llevaba días conteniendo escaparon de sus ojos.
Denisse la abrazó.
—No te preocupes, cariño. Yo le pegaré por ti —murmuró, con su delicioso acento irlandés—. Ven conmigo —dijo entonces, llevándola a la cocina. Una vez allí, puso agua a calentar—. Vamos a hacer un té. Y mientras lo tomamos, puedes contarme lo que ha hecho ahora el idiota de mi hijo.
Danielle sonrió entre las lágrimas
capi dedicado a ro!!!!.

3 comentarios:

  1. waaauu te quedo super... jejeje ahora leere el ultimo jeje bye t quierooo :)

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  2. me encantoooo
    sissss
    estuvo genial
    ya quiero leer
    el siguienteee
    i miss you

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  3. aaahh!!
    me encaanto
    super
    geneal el capii
    me encaantoo

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..