sábado, 2 de abril de 2011

Novela Niley 05 - El hombre mas atractivo


«¿Señor Jonas por favor?»
¿Qué estaba pasando allí? Ese hombre había entrado como un intruso en su oficina, y era suya hasta que él la despidiera, la estaba humillando. Y ella, como una idiota, se lo estaba permitiendo.
Levantó la barbilla y le dijo:
—La verdad es que debo darle las gracias.
Ahora fue él quien parpadeó sorprendido y ella casi se rió.
—¿Darme las gracias?
Miley asintió.
—Por esta demostración.
Nick retrocedió frunciendo el ceño, Miley vio su oportunidad y la aprovechó. Se coló por su lado y es­capó de su proximidad.
—De hecho, como usted ha dicho, he hecho algunos comentarios públicos sobre usted, así que, encantada, me retractaré igualmente en público.
—¿Retractarse?
Ella asintió de nuevo. Ahí lo tenía. Disfrutó de la mi­rada de confusión de su atractivo rostro.
—Le diré encantada al mundo entero que estaba equi­vocada. Usted no es, definitivamente, un chulo —dijo mi­rándolo de arriba abajo—. Ni siquiera creo que se pudiera conquistar a una mujer de verdad si lo intentara.
Él se puso pálido y se le escapó algo parecido a un gruñido. Una sirena de alarma sonó en el cerebro de Miley, pero estaba demasiado lanzada como para parar.
—Pero mantengo todo lo demás que dije acerca de us­ted. Es un arrogante y, ahora que nos hemos conocido, entiendo su preferencia por las rubias. Por las rubias ton­tas, quiero decir. Afrontémoslo, señor Jonas. Son las únicas que pueden soportar su ego excesivamente infla­do.
Lo que ella oyó ahora fue definitivamente un gruñi­do. Él se estaba moviendo hacia ella, con una mirada te­rrorífica en los ojos.
Miley aceleró. No era fácil retroceder de espaldas hacia la puerta y descalza de un pie, pero continuó hasta que se imaginó que sólo tenía que extender la mano para alcanzar el picaporte.
—Y, con respecto a este trabajo y su revista, ya sabe lo que puede hacer con ellos, señor Jonas. Ah, de paso, mi apellido no es Clinton. Es Cyrus, como Billy Ray Cyrus uno de los cantantes de country mas reconocidos del pais, que de hecho es mi padre . Cuando escriba el talón con mi finiquito, por favor, ponga bien mi nombre y apellido. Cyrus. Miley Cyrus. Con C mayúscula.
Miley se rió, no lo pudo evitar. La chulería había dado paso a la furia, y eso le alegró el corazón.
—Adiós, señor Jonas. Que tenga un buen... ¡Whoa...!
El pie descalzo de Miley se apoyó en algo blando y resbaladizo. En fracciones de segundo, había despega­do del suelo.

TODO pareció suceder a cámara lenta. La mujer con una sola zapatilla, el donut con mer­melada en el suelo...
La caída.
Nick entró en acción, atrapándola en el aire antes de que llegara al suelo.
Por lo que había visto, ella no era gran cosa. Pequeña y delgaducha, sin curvas. Pero pesaba más de lo que se imaginaba. Tanto como para que el choque los dejara a ambos sin respiración.
—Ooof —exclamó él mientras sus brazos se cerraban alrededor de ella.
Trató de mantener el equilibrio y Miley soltó un leve grito. Se volvió y se agarró al cuello de él, logrando con eso terminar de dejarlo sin aire en los pulmones.
¿Qué le podría decir un hombre que estaba siendo es­trangulado a la mujer que lo estaba estrangulando?
—Aggg.
Nick retrocedió y perdieron el equilibrio hacia atrás. Recorrieron un cierto espacio así hasta que llega­ron de espaldas al sillón de la cabecera de la mesa, donde Nick había estado sentado cuando Miley hizo su entrada triunfal.
Allí cayeron.
El sillón gimió, rodó hacia atrás, le dio a la mesa, una lámpara cayó al suelo, seguida inmediatamente por el te­léfono.
Luego, por fin, se hizo el silencio.
Pero sólo por un segundo.
Alguien llamó a la puerta.
—¿Miles? —dijo la asustada voz de Selena—. ¿Estás bien?
Nick se soltó uno de los brazos de Miley de alrededor del cuello.
—Ella está bien —logró decir.
Miley lo miró fijamente.
—No...
Él la hizo callar poniéndole una mano en la boca.
—¿Quiere que vean este lío? —le susurró al oído—. ¿Tiene alguna explicación que pueda evitar que todo el mundo se imagine que nos hemos estado dando de bofe­tadas?
Miley echó un vistazo a su alrededor. El suelo es­taba lleno de papeles. La pesada mesa de conferencias estaba en una esquina de la pared. La lámpara se había roto y el teléfono emitía un patético sonido. Y, sobre todo, allí estaba ella, sentada amorosamente en el regazo de Nick Jonas.
Se quitó esa mano de la boca y dijo:
—Todo está bien, Selena. Está bien.
—¿Estás segura?
—Sí.
¿Que todo estaba bien? La habitación estaba como si un loco furioso se hubiera dedicado a reorganizar el mo­biliario del psiquiátrico. Por un segundo, Miley deseó echarse a reír.
—El señor Jonas... Ah, el señor Jonas ha tenido un pequeño accidente, eso es todo.
—¿Que he tenido un accidente? —susurró Nick in­dignado.
A ella se le puso la piel de gallina cuando su aliento la rozó.
—Él, hum, se ha dado con la mesa. Ah, y algunas co­sas se han caído.
Se produjo el silencio. Miley se pudo imaginar la forma en que Selena y los demás debían estar mirándose entre sí.
—De acuerdo —dijo Selena por fin—. Pero si me necesi­tas, estaré aquí, en mi despacho.
Miley asintió.
—Sí, muy bien.
Esperó un momento y luego se aclaró la garganta an­tes de añadir:
—Ahora ya me puede soltar, señor Jonas.
—¿Está segura de que está bien?
—Lo estoy.
—¿Qué pasa con ese tono de voz de mártir, Cyrus? Este lío no ha sido idea mía, ¿sabe?
—¡Ni mía!
—No. Eso es cierto. Su idea era más bien intentar un aterrizaje forzoso sobre el trasero.
Miley miró a Nick, que le devolvió la mirada. Entonces, ella se dio cuenta de que Nick tenía razón. Si no la hubiera sujetado...
—Supongo que en eso tiene algo de razón...
—¿Es eso una muestra de agradecimiento?
Miley suspiró y un rizo oscuro le bajó por la fren­te.
—Muy bien, gracias.
Nick sonrió. Ella lo había dicho como si fuera un condenado a muerte al que se le hubiera ofrecido cortarle la cabeza con un hacha recién afilada en vez de con una vieja.
—¿Ve? No le ha dolido, ¿verdad?
—No insista, señor Jonas —dijo ella mirándolo fría­mente—. Ya tiene sus «gracias». Déjelo así. Supongo que no se imaginará que siempre soy tan torpe.
—La verdad, señorita Cyrus, es que ha pisado algo.
Miley se movió un poco para mirarlo mejor. Nick pensó que moverse así mientras seguía sentada en su regazo no había sido una buena idea. ¿Qué lo había hecho pensar que ella era delgaducha? Tenía que admitir que no estaba gorda, ¿pero delgaducha? No con esos se­nos firmes que le rozaban el pecho. No con ese agradable y redondo trasero que notaba sobre los muslos.
—¿Qué he pisado? —le preguntó ella.
—Un donut con mermelada.
Miley arqueó las cejas.
—¿Un donut...? Ah, maldición...

 espero que me digan si les gusto o nop... y ps por fis por fis comenten....

9 comentarios:

  1. me encanntoo dee verdaddd q me enncannto :))

    ResponderEliminar
  2. jejejejeje
    me encanto
    jejeje
    sube pronto
    sis
    jejejee

    ResponderEliminar
  3. Me encanto esta novee Sube pronto otro :D

    ResponderEliminar
  4. hahaha!!
    ameee elcapii
    supeer
    megaa graxiosooo

    ResponderEliminar
  5. : ) !!!!
    me encantooo
    recien me puse al dia

    ResponderEliminar
  6. ME ENCANTA!!!!!!!.........0 )

    ResponderEliminar
  7. jejeje esta muy buenooo jeje y esta dibertidooo un beso muy grandee :D

    ResponderEliminar
  8. estubo genial y divertido.

    ResponderEliminar

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..