viernes, 13 de mayo de 2011

Novela Niley 06 - Camino al altar



Joe era un hombre encantador, a su modo. Le caía muy bien, pero lo sentía por Demi. A menos que se equivocara, su amiga estaba enamorada de él; en cuanto a los sentimientos de su hermanastro, no tenía idea de si aquel amor era recíproco.
Cuando se marchó, regresó con su padre. Estaba en la cocina, haciendo chocolate caliente. Al oírla entrar, se volvió para mirarla.
—¿Se ha marchado?
Sí. ¿Puedo ayudarte?
Ben negó con la cabeza. Sirvió el chocolate en dos tazas e hizo un gesto para que se sentara mientras llenaba la cacerola de agua para que los restos no se pegaran.
—Me ha regalado una pipa—dijo, tomando asiento—. No he tenido corazón para decirle que he dejado de fumar.
—¡Papá!—exclamó, alegre—. Es una noticia maravillosa.
Su padre rió.
—Supuse que te alegrarías. Puede que a partir de ahora no tenga tantos problemas pulmonares.
—Hablando de pulmones, sé que le has rega­lado un mechero a Joe. ¿Y sabes una cosa? No se ha atrevido a decirte que había dejado de fumar.
Ben estalló en una carcajada.
—Bueno, podrá utilizarlo para encender hogueras o para hacer barbacoas en su rancho.
—Buena idea. Se lo diré la próxima vez que lo vea.
—Pues ya puedes esperar. Viaja mucho últi­mamente. No lo veo casi nunca—comentó, mirándola fijamente—. Por cierto, Nick estuvo aquí la semana pasada.
Miley sintió una punzada en el corazón, aunque su expresión no varió.
—¿Para qué?
—Había oído que estaba enfermo y quería pre­guntar por mi salud. También quería saber dónde estabas.
—¿Sí?—preguntó, helada.
—Le dije que tú no sabías lo de mi bronquitis y que se metiera en sus propios asuntos.
—Ya veo.
Ben tomó un trago de su chocolate caliente.
—Iba con su hija. Una chica preciosa y muy callada. Ni siquiera se movió. Se limitó a sentarse y a mirarnos. Se parece muchísimo a su madre.
Miley miró su taza, furiosa. La hija de aque­lla mujer había estado allí, en su hogar, con el hombre del que había estado enamorada. La idea le parecía insoportable, casi una violación.
—Pareces triste—dijo su padre—. Supuse que no te gustaría, pero pensé que era mejor que lo supieras. Dijo que vendría de nuevo después de Navidad, para ver qué tal estaba. Y debía advertírtelo, aunque no lo invité. De hecho, me sorprendió que viniera a visitarme. Desde luego, tenía mucho cariño a tu madre. Le dolió que el escándalo la afectara tanto como para causar su primer ataque al corazón—añadió—. En cual­quier caso, parece que ha decidido convertirse en mi ángel de la guarda. Hasta envió al médico cuando me puse enfermo, conspirando con la señora Harper a mis espaldas.
 Parecía disgustarle aquel asunto, pero sonrió de todas formas.
Fue un bonito detalle por su parte—declaró su hija, aunque las acciones de Nick le sor­prendían—. Pero gracias por advertírmelo. Si aparece por aquí, me las arreglaré para tener que hacer algo en la cocina.
—Ya han pasado nueve años—le recordó.
—Y crees que debería haberlo olvidado. Eres muy comprensivo con las personas, papá. Per­donas a los demás con demasiada facilidad. Antes de que sucediera todo aquello, yo también era así. Puede que debiera ser más comprensiva, pero no puedo serlo. Nick y Selena convirtieron mi vida en un infierno.
—Pero en todo este tiempo no has salido con nadie más. No has tenido vida social, ni citas. Vas a convertirte en una vieja solitaria, sin mari­do o compañero, sin hijos, sin ninguna seguridad emocional.
—Me gusta estar sola—dijo con tranquilidad—. Y no quiero tener hijos.
En realidad era mentira, aunque sólo parcial­mente. Sólo quería tener hijos con Nick. No quería tenerlos con nadie más.
EL DÍA DE Navidad transcurrió sin dema­siados acontecimientos dignos de mención, salvo los regalos que intercambiaron y los recuer­dos de Tish.
Al día siguiente, Miley ya había hecho las maletas. Se había puesto un traje de punto color rosa, con pantys y zapatos de tacón bajos, dis­puesta para el viaje. Se había recogido el pelo en un moño y llevaba el abrigo de terciopelo sobre un brazo. Cuando dejó la maleta en el suelo para despedirse de su padre, el tejido de la prenda brilló bajo la luz.
Mientras avanzaba hacia el salón oyó voces que llamaron su atención. Y al llegar a la entrada, se quedó helada en el sitio. Reconocía perfec­tamente aquel tono profundo y grave, a pesar de los años que habían transcurrido. Era una voz tan familiar como la suya propia.
Cuando el alto y delgado hombre se volvió, unos ojos negros se clavaron en el rostro de Miley. Los de Nick.

 chicas, gracias a todas, les cuento que las cosas van mal en la oficina, pero como dice sary todo pasa por algo asi que hay que seguir adelante...gracias chicas

3 comentarios:

  1. hola!! katty esta muy lindo el cap.. jeje espero q se arreglen tus problemas... t kiero amigaa :) un besoo :)

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  2. me encanto de verdaaaaaaad :D eres una escritora genial :D

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..