domingo, 15 de mayo de 2011

Novela Niley 12 - Camino al altar



Descolgó el teléfono y llamó inmediatamente al director del colegio de enseñanza primaria de Bighorn.
La señora Jameson se sorprendió al oír la voz de Nick Jonas al otro lado del aparato. Hasta entonces no había interferido nunca en los asuntos del colegio, aunque Maggie tuviera problemas con otros alumnos.
—Me gustaría saber cómo es posible que per­mitan que una profesora insulte a una niña, lla­mándola vaga y estúpida—exigió.
—¿Cómo dice?—preguntó la directora, sor­prendida.
—Maggie acaba de decirme la señorita Cyrus le dijo que era vaga y estúpida. Quiero que hable con esa profesora, y muy en serio. No me gus­taría tener que ir yo mismo. ¿Está claro?
La señora Jameson conocía a Nick Jonas, y la asustó tanto que se mostró de acuerdo en hablar con Miley el lunes.
Y de hecho lo hizo, aunque a regañadientes.
—Recibí una llamada del padre de Maggie Jonas el viernes, poco después de que te marcharas—le informó la directora—. No he creído ni por un momento que insultaras deliberada­mente a esa niña. Sé muy bien que todos los profesores han tenido problemas con Maggie, excepto la señorita Donalds. Pero Jonas no había intervenido nunca. Me sorprende bastante que ahora tenga intención de hacerlo. Y, desde luego, me sorprenden las acusaciones de la niña.
—Yo no la llamé estúpida—espetó Miley con tranquilidad, sentada al otro extremo del escritorio—. Le dije que si se niega a hacer los deberes y a contestar las preguntas de los exámenes tendré que suspenderla. No tengo por costumbre aprobar a los alumnos sin un mínimo esfuerzo por su parte, y no acepto favoritismos con ellos.
—Estoy segura de eso. Tu expediente en Tucson es intachable. Hasta hablé con tu antiguo director, que parecía realmente decepcionado por haberte perdido. Habló muy bien acerca de tu inteligencia y de tu competencia.
—Me alegra saberlo. Pero en todo caso, no sé qué hacer con Maggie. Es evidente que no me traga. Lo siento mucho, pero no veo cómo puedo conseguir que cambie de opinión. Ojalá colaborara tanto como su amiga Julie. A dife­rencia suya, es una magnífica estudiante.
—Todo el mundo quiere a Julie—declaró la directora—. De todas formas, no te molestes si te hago cierta pregunta. ¿No estarás saldando viejas deudas con la niña, de manera inconsciente? Sé que estuviste comprometida con su padre en cierta ocasión. Ten en cuenta que éste es un pueblo muy pequeño y todo se sabe. Y también sé que su madre te traicionó y que se dedicó a contar terribles mentiras sobre ti.
—Ciertas personas aún creen que sus difama­ciones eran ciertas. De hecho, mi madre murió por la presión que ejerció sobre ella la mayor parte de los miembros de la comunidad.
—Lo siento mucho. No lo sabía.
—Sufría del corazón. Tuve que marcharme del pueblo para poner fin a las habladurías, pero no se recobró nunca—dijo, haciendo un esfuerzo por sonreír—. Era inocente de todas las acusa­ciones, pero pagué un altísimo precio.
La doctora parecía profundamente emocio­nada.
—Perdóname, Miley. No debí sacar el tema.
—Al contrario. Has hecho bien. Tenías dere­cho a saber si estaba persiguiendo deliberadamente a una alumna. Desprecio a Selena por lo que me hizo, y te aseguro que siento algo muy parecido por Nick. Pero no soy tan mala per­sona como para hacer pagar a la niña por las culpas de sus padres. Jamás permitiría que sufriera por algo que no ha hecho.
—Lo sé. Sin embargo, es una situación com­prometida. El señor Jonas tiene mucha influencia en la comunidad. Es rico, y su mal carácter es legendario. No le preocupa en absoluto dar un espectáculo público, y ha amenazado con venir personalmente si no resuelvo la situación—rió con nerviosismo—. Miley, tengo cuarenta y cinco años. He trabajado mucho para llegar a este puesto, y me resultaría muy difícil encontrar otro trabajo si lo perdiera. Por si fuera poco, tengo que cuidar de un marido inválido y de un hijo que está estudiando en la universidad. Te ruego que no pongas en peligro mi empleo.
—Nunca lo haría—prometió—. Preferiría renunciar al puesto antes de ver que una persona inocente paga las consecuencias de mis acciones. Pero el señor Jonas se equivoca con respecto a la forma en que trato a Maggie. De hecho, es una interminable fuente de problemas. Se nie­ga a hacer el trabajo, y sabe que no puedo obli­garla a hacerlo por la fuerza.
—Es cierto, lo sabe. Correría a pedir ayuda a su padre, y no dudo que se presentaría aquí y hablaría con el consejo de administración del colegio. Creo que uno de los miembros le debe dinero, y otros tres le tienen pánico—comentó, aclarándose la garganta—. En realidad, si he de ser sincera, yo también tengo miedo de él.
—Observo que en este lugar no existe la liber­tad de expresión.
—Si choca con sus intereses, no. Es un maldito tirano. Aunque supongo que no podemos cul­parlo por interesarse por su hija.
—No, claro.
Miley suspiró. Sin embargo, aquel asunto no le preocupaba en exceso. Tenía sus propias preocupaciones, y mucho más graves. No temía a Nick Jonas. Temía a su enfermedad.
—¿Intentarás solucionar el asunto de Maggie?—preguntó la directora.
—Por supuesto que sí—sonrió—. Pero si no consigo resolver el problema, ¿puedo contar con tu ayuda?
Sí, si puedo ayudarte en algo—puntualizó—. Pero dudo que Maggie quiera cooperar. Y ambas sabemos que tenemos mucho que perder si su padre no está contento.
—¿Pretendes que la apruebe así como así? ¿Pretendes que la apruebe sin haber estudiado nada, sólo porque su padre puede enfadarse?
La directora se ruborizó.
—No puedo pedirte que hagas algo así. Se supone que educamos a los niños sin ningún favoritismo.
—Eso pensaba.
—E imagino que te estarás preguntando si yo lo haría. Pues sí, la aprobaría. Tengo miedo de perder mi trabajo. Y cuando llegues a mi edad, tú también tendrás miedo de perderlo.
Miley la miró con profunda tristeza. La directora adoptaba una posición inmoral e indig­na en una persona que ocupara su puesto; la cobardía no tenía nada que ver con la edad. Pero en todo caso, nunca tendría aquel proble­ma. Era probable que jamás llegara a cumplir sus años. Dio las gracias a la señora Jameson y regresó a la clase, deprimida y decepcionada.
Maggie la observó mientras se sentaba en su escritorio y empezaba a dar la clase de lengua.
No parecía estar muy contenta. Supuso que su padre la habría puesto en su sitio y sonrió, vic­toriosa. No pensaba hacer los deberes, ni con­testar a las preguntas del examen. Y cuando sus­pendiera, su padre se presentaría en el colegio, porque nunca dudaría de la palabra de su hija. Echaría a la señorita Cyrus. Con un poco de suerte, la señorita Donalds regresaría cuando tuviera su niño y todo volvería a la normalidad.
Miró a Julie, que no le hacía caso. Estaba harta de ella. Se pasaba la vida haciendo la pelota a la señorita Cyrus. Ya no sabía si le disgustaba más la profesora o la niña que había sido su amiga.
Antes de que terminara la clase, obtuvo otro pequeño triunfo. La señorita Cyrus le concedió de plazo hasta el viernes para que entregara los deberes.
La semana transcurrió con extremada lenti­tud, pero al fin que llegó el día en que Miley pidió los deberes que había puesto a principios de semana. Y Maggie no entregó los suyos.
—Tendré que ponerte un cero si no los traes esta misma tarde, incluyendo la redacción.
capi dedicado a jeni.. me encanta su nove!!!

6 comentarios:

  1. estoy angustiada x la enfermedad de Miley. :S DIME QUE TODO ESTARÁ BIEEEN! XFAAAAAAA! :S ;)

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  2. OH! Que chulo, me gusta! Te sigo!
    Pasate por mis blogs y si te gusta, ya sabes, dale a seguir! http://nodejarehuellasolopolvodeestrellas.blogspot.com/
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  3. aaaaaaaa
    me encantooo
    ya quiero saber
    que pasara
    jejeje
    sube prontooo!!

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  4. wauu eso si es ser profesora... jeje amo a Miley... :) y noc q pensar d Nick.... :/
    te quedo super lindo el cap... jeje :) un beso

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..