sábado, 21 de mayo de 2011

Novela Niley 17 - Camino al altar


Lo limpió todo, esperando que Nick se pre­sentara de nuevo. Pero no fue así. Regresó a casa y pasó una velada aparentemente tranquila con su padre. Aunque en el fondo estaba muy nerviosa, esperando que se produjera una visita que al final no se produjo.
Pero la mayor de las sorpresas la recibió el lunes siguiente. Maggie apareció, dejó unos papeles sobre el escritorio y se sentó en su pupitre sin mirarla. Estaban revueltos, pero eran los deberes que le había pedido. Y por si fuera poco, bien hechos.
Miley no dijo nada. Era una pequeña vic­toria, a todos los efectos. No quería admitir que estaba encantada. Pero en todo caso, le puso un diez. Muy merecido.

JULIE empezó a sentarse con Miley en los recreos, y compartía con ella los pasteles y bollos que su madre le daba cuando iba al colegio.
—Mi madre dice que está haciendo un gran trabajo conmigo, señorita Cyrus—dijo la niña—. Mi padre la recuerda del colegio, ¿lo sabía? Dice que era una niña encantadora, y muy tímida. ¿Es cierto?
Miley rió.
—Eso me temo. Yo también me acuerdo de tu padre. Era el bromista de la clase.
—¿Mi padre? ¿De verdad?
—De verdad. Pero no le digas que te lo he dicho, ¿quieres?—bromeó, sonriendo.
Maggie las observó, desde cierta distancia. Como siempre, estaba sola. No se llevaba bien con los otros niños. Las niñas la odiaban, y los niños se reían de ella porque tenía las piernas muy delgadas, y siempre llenas de rasguños por sus correteos por el rancho. Uno de los chicos, Jake Weldon, era particularmente hiriente, aun­que Maggie intentaba no hacerle caso. Y su sole­dad se había incrementado porque Julie ya no pasaba tiempo con ella.
Maggie las odiaba a las dos. Julie era querida por todo el mundo, y ahora prefería la compañía de la profesora a la suya. Pero quería demostrar a la señorita Cyrus que era no era tan mala como su madre. Sabía lo que había hecho su madre porque había escuchado una conversa­ción en cierta ocasión, sin que nadie lo notara. Recordó que había acusado a su padre de no amarla, y que su padre había contestado a su vez que había echado a perder su vida por culpa suya y de su hija prematura. Por desgracia, tam­bién había escuchado otro comentario. Su padre había dicho que de no haber estado borracho no se habría acostado con ella, y que, en tal caso, nunca habría nacido.
En aquella época no comprendió el sentido de aquellas palabras. Pero más tarde oyó que su padre decía algo parecido al ama de llaves. Después de aquello, dejó de escuchar a hurtadillas las conversaciones de los demás. Sabía que su padre no la quería, y dejó de intentar ser buena.
También sabía que conocía a la señorita Cyrus. Había comentado al ama de llaves que había regresado a Bighorn para hacerle la vida imposible, y que no deseaba que permaneciera allí. De haber sido capaz de hablar con su pro­fesora, le habría dicho que su padre las odiaba a las dos. Algo que, en cierto modo, las unía.
Empezaba a pensar que su padre no había querido casarse con su madre, pero se preguntaba por qué lo habría hecho. Fuera cual fuese la razón, tenía algo que ver con que no la qui­siera. La gente decía que Selena no quería a su hija, que Maggie sólo había sido una trampa para cazar a Nick Jonas. Y tal vez estuvieran en lo cierto, porque su madre nunca pasaba tiem­po con ella. Resultaba evidente que no la quería.
Se sentó en el suelo, apoyándose en un árbol y manchándose con ello los vaqueros. La seño­rita Bates, el ama de llaves, se habría puesto furiosa si la hubiera visto, pero no le importaba. Había tirado casi toda su ropa, con la excusa de que estaba demasiado sucia como para lim­piarla. Pero no se lo había dicho a su padre. Pensó que era posible que, cuando empezara a ir desnuda, alguien advirtiera su presencia.
Le habría gustado caer bien a la señora Bates, como Julie, que hasta se quedaba con ella en el recreo para obtener beneficios. En el fondo Julie le caía bien, a pesar de que era una pelota, siempre dispuesta a hacer cualquier cosa para gustar. A veces se preguntaba por qué razón se habría hecho amiga suya. No necesitaba ami­gos. Se bastaba a sí misma. Estaba dispuesta a demostrarle a todo el mundo que era una per­sona muy especial. Estaba decidida a que todos la quisieran, algún día. Pero de momento, se limitó a suspirar y a cerrar los ojos. Le habría gustado conocer el secreto de Julie. Saber por qué gustaba tanto.
—Ahí está Maggie—dijo Julie, haciendo un gesto hacia su compañera de clase—. No le cae bien a nadie, salvo a mí. Es capaz de ganar a los chicos jugando al béisbol, así que no se lleva bien con ellos. Y las chicas son tan simples que la odian porque no quiere jugar a cosas tontas. Lo siento mucho por ella. Dice que su padre no la quiere, que siempre está de viaje. Nor­malmente, se queda con nosotros cuando él se marcha, pero no ha querido venir a casa esta semana porque...
Julie se detuvo, como si tuviera miedo de haber hablado más de la cuenta.
—¿Por qué?—preguntó Miley.
—Oh, no es nada importante. El caso es que casi siempre se queda en casa de mi familia cuan­do su padre se marcha.
La niña no quería decirle a la profesora que había discutido con su amiga.
De forma involuntaria, Miley miró a Maggie, que estaba observándolas con aquellos fríos ojos. Rápidamente recordó a su madre. Selena, celosa de su Lovatoeza, celosa de sus notas, celosa de sus amigas, celosa de la relación que mantenía con Nick.
Se estremeció y apartó la mirada de la niña, cansada. Se preguntó si podría hacer algo para conseguir que la cambiaran a otra clase. Pero si no podían hacerlo, no tenía más opciones. Tal y como estaban las cosas, no tenía tiempo de buscar otro puesto de trabajo, que en todo caso no conseguiría en Bighorn. Cerró los ojos y se preguntó qué diablos estaba haciendo con lo poco que le quedaba de vida. Se había inten­tado convencer de que había regresado para enfrentarse a los recuerdos, pero eran demasiado pesados. No podía luchar contra el pasado. Ni siquiera podía luchar contra el presente. Tenía que detenerse y considerar con seriedad qué iba a hacer con su futuro.
¿Señorita Cyrus?
Miley abrió, los ojos y notó que Julie la miraba con preocupación.
—¿Se encuentra bien?—preguntó.
—Sí. Estoy cansada, eso es todo—contestó, sonriendo—. Será mejor que nos vayamos.
Entonces dio por terminado el recreo, llamó a los niños y esperó a que entraran en el edificio.
 miles es muy guapa... awww la adoro... jejeje...capi dedicado a emilse... amiga por fis pon otro capi en tu nove... por fis por fis...

4 comentarios:

  1. primera en comentar!!

    Me encantan los capis! :D

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  2. wauu!!! jeje que lindo el cap m re gusto.. jeje y ya e subido cap d mi nove.. hoy subire otro jeje espero q t gust xq ya falta poco para q termine.. jeje un beso grande Amiga.. tkmmmm. :)

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  3. que lindooo :) pobre maggie a mi me cae bien pobresita jajaja

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..