sábado, 21 de mayo de 2011

Novela Niley 20 - Camino al altar


Miley miró todos los vestidos que tenía en el armario antes de elegir uno de color negro, bonito pero sencillo, de manga corta y escote modesto. Le llegaba justo por debajo de las rodillas, y aunque remarcaba su figura tal vez le quedaba demasiado holgado. En realidad, no tenía casi nada que le quedara bien. Hacía frío, de modo que decidió ponerse un abrigo de cuero que había comprado el año anterior en unas rebajas. De aquel modo cubriría el ves­tido, y cuando estuviera sentada, no se notaría que era una o dos tallas más grande de la que le correspondía. Como complemento se puso un cinturón, unos pendientes de oro y una pequeña cadena que le había regalado su madre cuando terminó los estudios en el instituto. No llevaba otras joyas, salvo un reloj normal en la muñeca. Entonces reparó en al anillo de compromiso que le había regalado Nick, de oro y con un modes­to diamante. Había intentado devolvérselo, pero se negó a aceptarlo. De manera que lo había guardado en una cajita, junto con la cadena de su madre.
Tomó el anillo y lo miró con sus ojos grises. Su vida, y la de su antiguo novio, habría podido ser muy diferente si él no hubiera llegado a con­clusiones apresuradas y si ella no hubiera huido.
Dejó el recuerdo en la cajita, encerrado en el pasado, a donde pertenecía. Aquélla iba a ser la última vez que vería a Nick. Sólo quería hablar sobre Maggie. Si quería casarse con la viuda de Holton, tal y como había oído, no querría repetir aquella cita. Y aunque se lo pidie­ra, se negaría. Su corazón aún era demasiado vulnerable. Pero en todo caso, se maquilló con sumo cuidado y dejó suelto su cabello. Aunque delgada, seguía siendo atractiva, y esperaba que Nick también lo creyese así.
Se sentó en el salón con su padre, que per­manecía en silencio aunque lo carcomía la curio­sidad, y esperó a que el reloj marcara las seis. Faltaban diez minutos. En el pasado, Nick era siempre bastante puntual. Se preguntó si aún lo sería.
—¿Nerviosa?—preguntó Ben Cyrus.
Miley sonrió y asintió.
—No sé por qué quiere hablar sobre Maggie en otro sitio. Podríamos hablar aquí, o en el colegio.
Su padre se cruzó de piernas y pasó una mano por una dé sus botas.
—Puede que intente arreglar las cosas contigo.
—Lo dudo—espetó—. He oído que pasa mucho tiempo con la viuda Holton.
—Joe también pasa mucho tiempo con ella, pero el amor no es la razón de su interés. Ambos quieren hacer un negocio. Obtener unas tierras que lindan con sus ranchos.
—Pero todo el mundo dice que es una mujer muy guapa.
—Es cierto. Pero Joe no tiene intención de mantener una aventura, y Nick se limita a ser amable.
—Me han dicho que tiene intención de casarse.
—¿De verdad?—preguntó, frunciendo el sue­ño—. Me sorprende.
—La señora Jameson dijo que su hija se escapó de su casa porque pensó que quería casarse con la viuda.
Su padre negó con la cabeza.
—Eso no me sorprende tanto. Maggie no se lleva bien con nadie. Si alguien no se encarga de ella, acabará mal.
Miley jugueteó con el bolso negro que había elegido.
—Temo no haber sido justa con ella—con­fesó—. Se parece mucho a Selena. Debe echarla de menos.
—Lo dudo. Su madre la dejaba con una niñera siempre que podía, y se dedicaba a beber hasta que no podía más. Nunca fue buena conductora. Tal vez ésa fue la razón de que acabara en el río.
En el río. Miley recordó haber oído una reseña sobre el accidente en las noticias. Nick era un hombre rico, y la muerte de su esposa merecía la atención de los medios de comuni­cación. Cuando lo supo, lo sintió por ella, pero no asistió al funeral. No tenía sentido. Selena había sido su enemiga durante mucho tiempo. Mucho tiempo.
El sonido de un coche que aparcaba en el vado interrumpió sus pensamientos. Se levantó para abrir la puerta y lo hizo en el preciso momento en que Nick llamaba.
Cuando vio cómo iba vestido se avergonzó de haberse arreglado. Llevaba vaqueros, una camisa de franela, chaqueta y unas viejas botas.
Su sorpresa fue tan grande como la de él. Miley estaba muy elegante con su vestido negro y su abrigo oscuro. De hecho, tuvo que contener la respiración al verla. A pesar de su excesiva delgadez, estaba tan atractiva como siempre.
—He llegado tarde a casa—mintió ella, para explicar su indumentaria—. Acabo de regresar del pueblo. Pero si esperas un momento me cam­biaré de ropa en un segundo. Puedes hablar con mi padre mientras tanto. Siento mucho...
Avergonzada y ruborizada regresó a su dor­mitorio y cerró la puerta. Todos sus sueños esta­ban rotos, una vez más. Se había vestido para ir a un restaurante y él tenía aspecto de querer compartir un café y unas tapas en cualquier bar. Había cometido un error al interpretar sus pala­bras. Tendría que haberle preguntado acerca de las intenciones que tenía.
Rápidamente se puso unos vaqueros y un jer­sey y volvió a colocarse el habitual moño. Enton­ces pensó, con ironía, que al menos los vaqueros se ajustaban mejor a su cuerpo que el vestido.
Nick la miró mientras se alejaba e hizo un gesto de desagrado.
—Tuve una emergencia en el rancho con una de las reses—murmuró—. No pensé que fuera a vestirse tan bien, de manera que ni siquiera, me cambié de ropa.
—No empeores las cosas—dijo Ben Cyrus—Respeta su orgullo y haz como si hubieras creído su explicación.
—Nunca hago ni digo lo correcto—suspiró, con ojos llenos de tristeza—. Ella ha sufrido más que nadie, y sólo consigo causarle más dolor.
Ben se sorprendió mucho al escuchar sus pala­bras, pero, en cualquier caso, no apreciaba en absoluto a Nick Jonas. No podía perdonarlo por el tormento que había causado a su hija, y no podía olvidar el comentario de Miley, en el sentido de que los había utilizado para hacerse rico. El supuesto interés que demostraba por su salud no había cambiado su opinión sobre él, ni la cita de aquella noche. No le gustaba ver cómo alguien avergonzaba a su hija.
—No la tengas hasta muy tarde por ahí—dijo con frialdad—. No se encuentra bien. Nick miró al padre de su ex novia.
—¿Qué le ocurre?—preguntó.
—Aún no ha pasado un año desde la muerte de su madre—le recordó—. La echa mucho de menos.
—Ha perdido peso, ¿verdad?
Ben se acomodó.
—Ahora que ha vuelto a casa, lo recuperará—contestó, mirándolo con intensidad—. No vuel­vas a hacerle daño. Si quieres hablar con ella sobre tu hija, perfecto. Pero no esperes nada. Aún está furiosa por lo que sucedió en el pasado, y no la culpo. Cometiste un terrible error y no quisiste escuchar. De nada sirve que te arrepien­tas. Fue ella quien tuvo que marcharse del pueblo.
Nick apretó los dientes y lo miró irritado, pero no contestó.
Cuando Miley regresó al salón la atmósfera era muy tensa. Su padre estaba visiblemente enfadado, y Nick tenía una expresión muy extraña.
—Ya estoy preparada—dijo. Se colocó de nuevo el abrigo de cuero y su antiguo novio asintió.
—Podemos ir al bar de Ted. Está abierto toda la noche y tiene buen café, si te parece bien.
Miley tomó el comentario como un insultó y se ruborizó.
—Te dije que me había vestido así porque aca­baba de llegar del pueblo. El bar de Ted me parece un lugar tan bueno como cualquier otro.
 Nick se sorprendió con su reacción. No había tenido ninguna intención de herirla. Le abrió la puerta de la casa y dijo:
—Muy bien, vamonos entonces.
 a que debemos masacrar a nick por tratar asi a miles...
ashhh...
odio a su novia....
capi dedicado a sarita...

3 comentarios:

  1. aww si yo igual sis
    y jejeje
    graxias sister
    muxas gracias por tu apoyooo
    te quieroo

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  2. auh q lindo y si yo te ayudo a masacrarlo jeje y obio q odiamos a esa vieja.. jeje bue un beso grande.. :P ♥

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  3. jajaja Miley se había esmerado y él ni se molesto en arreglarse...Bueno espero que las cosas mejoren...

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..