viernes, 27 de mayo de 2011

Novela Niley 23 - Camino al altar



Entonces la abrazó de nuevo, pero esta vez sin pasión y sin enfado. La mantuvo apretada contra su cuerpo mientras la acariciaba suave­mente con sus manos, como si quisiera cuidarla, protegerla.
Era la primera vez en muchos años que usaba aquel nombre. No la había llamado «Miles» des­de su juventud. Y el sonido de su profunda voz la calmó un poco. Se dejó llevar, sabiendo que sería la última vez, y cerró los ojos. Quería creer que el tiempo no había pasado, que aún era una adolescente enamorada con toda la vida por delante.
—Ha pasado tanto tiempo...—murmuró ella.
—Toda una vida—dijo él, acariciando su pelo—. ¿Por qué no esperé? Un día, sólo un día más y...
Parecía que casi estaba hablando para sí mismo.
—No podemos cambiar el pasado.
Sus fuertes brazos eran cálidos en compara­ción con el frío que los rodeaba. Miley saboreó el instante sin intentar alejarse. No importaba lo que sintiera por ella. Podría llevarse el recuer­do de aquel momento a la oscuridad de su tumba.
Hizo un esfuerzo para evitar las lágrimas. En el pasado, habría sido capaz de hacer cualquier cosa por ella. O al menos, eso había creído. Resultaba una cruel ironía que sólo estuviera con ella para utilizarla.
—Estás en los huesos—dijo él, tras unos segundos.
—Ha sido un año muy duro.
—Todos estos años han sido duros—declaró suspirando—. Siento mucho lo que ha sucedido esta noche. Lo siento de verdad.
—No importa. Es posible que necesitáramos aclarar el ambiente.
—No estoy seguro de que hayamos aclarado nada. En el pasado, no te habría herido deliberadamente. He cambiado, ¿verdad, Miles?
Nick miró su cara y la acarició, arrepentido.
—Ambos hemos cambiado. Somos mayores.
—Pero no más sabios, al menos en mi caso—dijo, apartando un mechón de su rubio cabello—. ¿Por qué has regresado? ¿Por mí?
Miley no podía contestar la verdad.
—Mi padre ha estado enfermo—contestó, eva­diendo una respuesta más directa—. Me necesita. No me había dado cuenta hasta las Navidades pasadas.
—Ya veo. ¿Qué te ocurre? ¿No puedes decír­melo?
Miley miró sus oscuros ojos e intentó sonreír.
—Estoy cansada, eso es todo. Sólo cansada—contestó, mientras acariciaba su mejilla—. Aho­ra tengo que volver a casa. Nick... ¿podrías besarme una vez más, sólo una vez más, tal y como lo hacías antes?
Era una petición extraña, pero los aconteci­mientos de la noche habían eliminado la capacidad de raciocinio de Nick. Se inclinó sobre ella y como única respuesta la besó apasiona­damente, tal y como lo hacía cuando estaban comprometidos. Lo hizo con delicadeza, cautela y calidez, como si no quisiera asustarla. Y ella lo abrazó y lo atrajo hacia sí. Durante unos pre­ciosos segundos no hubo pasado ni futuro, sólo presente. Miley se dejó llevar y entonces notó la reacción de su cuerpo. Estaba excitado, y la besaba de manera insistente e íntima. Sabía que aquello no duraría, pero al menos podría recor­dar que durante unos segundos había sido suyo. Y lo amaba con todo su corazón.
Una eternidad más tarde se apartó de él sin decir nada y retiró los brazos de su cuello. Podía notar el olor de su colonia, y sentir aún el sabor de su boca. Sólo esperaba no olvidar nunca aquel instante.
Se las arregló para sonreír, estremecida.
—Gracias—dijo casi sin voz.
Lo miró con tanta intensidad que Nick tuvo la impresión de que pretendía memorizar su ros­tro. Y de hecho, acertó.
Quería cenar contigo porque tenía intención de que habláramos—dijo él.
—Ya hemos hablado—replicó, alejándose—. Aunque no hayamos arreglado nada. Hay dema­siadas heridas, Nick. No podemos cambiar el pasado, pero te aseguro que no haré ningún daño a Maggie, aunque para ello tenga que abandonar mi puesto de trabajo.
—No es necesario llegar tan lejos.
Miley sonrió.
—Si es necesario, lo haré. De todas formas, tiene todas las cartas en la mano, y lo sabe. Pero no importa—dijo, suspirando—. A largo plazo no importa nada. Es posible que hasta sea mejor así. Adiós, Nick. Me alegro mucho de que hayas tenido tanto éxito. Has conseguido todo lo que siempre quisiste. Sé feliz.
Antes de darse la vuelta lo miró un segundo más para empaparse de él. Entonces caminó hacia la casa. Se dio cuenta de que no le había dado las gracias por el café, aunque seguramente él no esperaba que lo hiciera. Cuando entró en la casa, se alegró de que su padre estuviera vien­do un programa de televisión; estaba tan con­centrado que no hizo preguntas acerca de la velada. Gracias a ello, le evitó un dolor innecesario. Le evitó el dolor de ver a su hija llorando.
 awwww se me salieron las lagrimas...

4 comentarios:

  1. A mi Igual esta es la
    nove mas triste que eh leido :(

    Sube sube y no dejes de subir :D

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  2. me encanto el cap, me puso sentimental jajaja, hermosa novela y como ya te dije sos una gran escritora :) te quiero amiga :D

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  3. OMG!! LLORE COMO MAGDALENA.. JEJE NO QUIERO Q SE MUERAAAAAAA!!! :'( LORO MUCHO CN ESTA NOVE... JE T QUIERO AMIGA :) ♥

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  4. malaaaaaaaaaaaa xq quiere verme llorar como magdalena pues lo lograste
    jiji otro cap esq m pica tu nove
    y estoy asustada q no m acachen jiji

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..