sábado, 14 de mayo de 2011

Novela Jemi 04 - Mas que una amiga


Mary Alice Flanagan, la mejor amiga de Demi desde el quinto curso, se había casado cuatro años antes con Tom Malone, un marine, y en aquel momento estaba destinado en California. Sólo gracias a Mary Alice, Demi había descubierto los misterios de ser una mujer.
La madre de Demi había muerto cuando ella era niña, y después de aquello, la había criado su padre. Era un hombre magnífico que había querido mucho a su hija, pero que no tenía ni idea de enseñarle cómo ser femenina. La madre de Mary Alice había llenado aquel vacío, y cuando se habían hecho mayores, la misma Mary Alice había ayudado a Demi a arreglarse para conquistar al hombre que después le había roto el corazón.
Las dos estaban constantemente en contacto a través del teléfono y del correo electrónico, pero aquella noche, Demi deseaba que su amiga hubiera estado con ella. Necesitaba sentarse a su lado y desahogarse.
 —Está bien, si no quieres que muera, ¿qué es lo que quieres? —le preguntó Mary Alice.
Demi observó en el reflejo del espejo cómo se endurecía la expresión de su rostro.
—Quiero que lamente lo que ha dicho. Quiero que lamente no haber sabido valorarme. Quiero que lamente haberme conocido, demonios.
—¿Estás segura? —le preguntó su amiga, con una preocupación evidente—. Me refiero a que... mira cómo salieron las cosas con Tony.
Demi se estremeció al recordarlo. Tony De Marco le había hecho algo peor que romperle el corazón. Había destruido la seguridad en sí misma que ella acababa de conquistar y había terminado con su capacidad de confiar en los demás. Sin embargo, aquello era diferente, y Demi se lo dijo a su amiga.
—Yo quería a Tony. A Joe no lo quiero.
—¿Sólo quieres conseguir que se ponga triste?
—Exacto.
—¿Y cuál es tu plan?
—Voy a volverlo loco —respondió Demi, y sonrió al pensar en Joe Jonas de rodillas, rogándole una migaja de atención.
—Vaya, vaya.
—Voy a hacer que pierda esa apuesta.
—¿Durmiendo con él?
—Dormir no tiene nada que ver con lo que tengo en mente —afirmó Demi, e hizo caso omiso de la sensación que le produjo algo cálido y líquido que cobraba vida dentro de ella.


La iglesia católica de San Sebastián parecía un pequeño castillo plantado en mitad de la zona rural de Carolina del Sur. Era una construcción de ladrillo gris desgastado por el tiempo, y tenía unas ventanas emplomadas que brillaban a la luz de la mañana. En el porche de la entrada principal había macetones cuajados de petunias blancas, rojas y moradas, y el patio estaba lleno de viejos magnolios que sombreaban el césped recién cortado.
La puerta doble de la iglesia estaba abierta para darle la bienvenida a cualquiera que necesitara entrar a rezar. Sin embargo, Demi pasó por delante de la iglesia y la rodeó. Apagó el motor junto a la puerta de la rectoría y salió a la humedad sofocante del verano. Demi apenas notó la bofetada de calor. Había crecido en el sur, y estaba acostumbrada a aquellas temperaturas.
Además, si hubiera querido evitar el calor, podría haberse quedado en el esplendor del aire acondicionado de su oficina y haber enviado a uno de sus mecánicos a entregarle el coche al padre Frankie. Sin embargo, Demi quería hablar con el hermano mayor de Joe.
Desde que había tenido aquella conversación tan reveladora con Joe el día anterior, Demi había estado furiosa. Además, no había dejado de pensar. Y aquélla era una combinación inflamable. No había podido pegar ojo en toda la noche, dividida entre el insulto y la ira, y ni siquiera en aquel momento estaba segura de cuál de las dos emociones era más fuerte.
Había pensado que quizá hablando con Frankie consiguiera calmarse. Sin embargo, una vez que había llegado a la iglesia, no tenía idea de qué podía decirle al hombre.
Llamó a la puerta, y casi inmediatamente abrió el ama de llaves, una mujer mayor de pelo rojizo y canoso, los ojos verdes de mirada penetrante y la boca fruncida a perpetuidad.
—Señorita Lovato.
—Hola, señora Hannigan —dijo Demi, sin hacer caso de la fría bienvenida. Aquella mujer era el estereotipo del ama de llaves de una novela gótica, así que Demi no se lo tomó personalmente—. He traído el coche del padre Frankie. Sólo quería darle las llaves y la factura.
—Está en la biblioteca —respondió el ama de llaves, mientras se daba la vuelta y se encaminaba hacia la cocina—. Pase. Les llevaré el té.
—No se moleste... —dijo Demi, horrorizada, todo lo rápidamente que pudo.
Todo el mundo sabía en Baywater que lo mejor era rechazar el té de la señora Hannigan. Pero ya era demasiado tarde. El ama de llaves hizo caso omiso de las palabras de Demi y se alejó por el pasillo. Y Demi supo que tendría que beberse el peor té del mundo sólo por ser amable.
Refunfuñando para sí misma, recorrió el vestíbulo, abrió la puerta de la biblioteca y se quedó inmóvil, esperando a que el cura se diera cuenta de que ella estaba allí.
El padre Frankie Jonas no tardó demasiado en hacerlo. Dejó su libro a un lado, se levantó de la butaca y le sonrió, y entonces, Demi tuvo que recordarse de que era un sacerdote dedicado a su vocación. Tal y como, seguramente, tendrían que hacer todas las mujeres cuando estaban cara a cara con Frankie.
Era tan alto como sus hermanos e igualmente guapo. Tenía el pelo negro, un poco más largo que los trillizos, ondulado y espeso, y los ojos azules, rodeados por unas pestañas largas y oscuras que cualquier mujer envidiaría. Su boca generosa estaba generalmente curvada en una sonrisa que hacía que la gente se relajara al instante, y aquel día no fue una excepción.
—¡Demi! Supongo que tu llegada significa que has sido capaz de salvar mi coche otra vez, ¿verdad? —le preguntó él. Se acercó a ella y le puso un brazo sobre los hombros para guiarla hacia una butaca que había junto a la chimenea.
—Lo he traído del más allá otra vez, Frankie —respondió ella, mientras le tendía la factura y se sentaba—. Pero no le queda mucho tiempo. Vas a tener que comprar otro.
Él sonrió. Después miró la factura e hizo un gesto de dolor.
—Lo sé. Pero siempre hay usos más importantes para el dinero. Y Joe me ha prometido que me revisaría todo el motor cuando pudiera, así que voy a esperarlo.
Joe.
Justo el hombre del que ella quería hablar. Sin embargo, no sabía qué decir. ¿Cómo iba a explicarle a un sacerdote que quería matar a su hermano?
—¿Ocurre algo? —le preguntó Frankie, mientras se sentaba frente a ella.
—¿Por qué me lo preguntas?
Frankie sonrió de nuevo.
—Porque en cuanto he mencionado el nombre de Joe has empezado a echar chispas por los ojos.
 jummm.... demi arriba.. awwww jejeje...
capi dedicado a elbita... te quiero muchop amiwis...

4 comentarios:

  1. uhuhu chispas quiero que se pueda vengar XD la mejor parte (6)

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  2. me encantoooo
    jejejej voy a leer
    el ultimoooo!!

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  3. hermoso el cap.. y m imagino a demi... :P jeje un beso t kiero amiga..!! ;)

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  4. Adoro a Demi, asi que la apoyo jajajaja :)

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..