miércoles, 18 de mayo de 2011

Novela Jemi 08 - Mas que una amiga 08


Ella arqueó una ceja y reprimió la sonrisa de placer que le tiraba de las comisuras de los labios.
—¿Qué has visto, Joe?
Él se irguió.
—No importa —respondió, y tomó aire con brusquedad—. Lo que importa es que todos los tipos del bar también están mirando.
—¿Y eso es cosa tuya? —le preguntó.
—Bueno... —comenzó a decir Joe, pero se quedó sin palabras. Giró la cabeza a su alrededor para fulminar con la mirada a todos aquellos que se estuvieran acercando más de lo que a él le parecía aceptable y después volvió a mirar a Demi—. Somos amigos, Demis —le dijo—. Sólo quiero cuidarte. Eso es todo.
—Entonces, ¿sólo has venido aquí por eso? —le preguntó ella. No se lo creía ni por asomo. Joe tenía en los ojos un brillo oscuro y peligroso que no tenía nada que ver con los sentimientos que pudiera albergar hacia uno de sus amigotes.
—¿Y por qué otra razón iba a haber venido?
Bien, bien. Iban a jugar. Ella jugaría también. De hecho, así era mejor. Cuanto más intentara resistirse Joe, peor se lo haría pasar.
Demi se apartó de la mesa de billar, tomó el taco y después recorrió el borde del escote de su camiseta con las puntas de los dedos, como si tuviera calor. No se le escapó que Joe dirigía la mirada exactamente al lugar que ella quería.
—Bueno, gracias, Joe —le dijo, lamiéndose los labios provocativamente—. Agradezco tu preocupación.
Él apretó los dientes, y Demi se dio cuenta de que apretaba las mandíbulas.
—No tienes que agradecérmelo. De hecho —añadió él—, si ya quieres marcharte, te llevaré a casa. Me aseguraré de que llegas a salvo.
Demi sonrió, pese a las ganas que tenía de romperle el taco en la cabeza. En vez de eso, le puso la palma de la mano en el pecho y sintió los latidos de su corazón.
—Eso es muy amable por tu parte —le dijo suavemente—. Pero no, gracias, todavía no quiero marcharme.
—No quieres...
—Mira, ahora que has asustado a mi compañero de billar, ¿no te apetecería jugar conmigo un rato?
Él frunció el ceño.
—¿Jugar contigo?
Ella chasqueó los dedos ante sus ojos vidriosos.
—Al billar, Jonas. ¿Quieres jugar conmigo al billar?
—Sí, claro. Al billar —balbuceó Joe. Se pasó ambas manos por la cara, volvió a mirarla y parpadeó como si estuviera intentado aclararse la visión—. Sería mejor que nos fuéramos y...
—Oh, si no te apetece no te preocupes, ve a casa —respondió ella, y paseó la mirada por la habitación, como si estuviera buscando un contrincante distinto de entre todos los hombres del bar—. Yo encontraré a otra persona para jugar.
—Eso seguro —murmuró él—. Mira, Demi, no creo que debas quedarte aquí sola esta noche. Y menos así vestida...
Ella arqueó de nuevo una ceja, y dio unos golpecitos con el pie en el suelo. A su alrededor, la gente se reía y hablaba, y unas cuantas parejas bailaban en la pista. Demi no le prestó atención a nada de todo aquello.
—¿Cómo? —preguntó—. ¿Cómo voy vestida, exactamente? ¿Bien? ¿Mal?
Joe frunció de nuevo el ceño.
—Diferente.
Demi se volvió para esconder la sonrisa que no había podido reprimir, mientras se felicitaba mentalmente por el éxito. Misión cumplida. Joe Jonas se había dado cuenta de que no todo era como él pensaba. De hecho, si se hubiera percatado aún más, estaría en mitad de un charco de baba. Tuvo una sensación de poder que nunca había experimentado y quiso conservarla.
Era una sensación embriagadora para ser un amigote.
Tomó el triángulo para colocar las bolas sobre la mesa y lo colocó sobre el tapiz verde. Sin mirar a Joe, le dijo:
—No nací con un mono, ¿sabes?
—Claro, ya lo sé —dijo él, y metió la mano por la esquina de la mesa para sacar un puñado de bolas—. Es sólo que...
Demi suspiró y murmuró algo entre dientes. Bien, había pensado en sorprenderlo, pero aquello era ridículo. Era como si estuviera mirando a un perro que acababa de aprender a hablar. ¿Cómo iba a seducirlo y conseguir que perdiera aquella estúpida apuesta si no podía conseguir que pasara de estar asombrado a estar hambriento?
Ella se irguió y se acercó a él.
—Mira —le dijo—, yo quiero jugar al billar. Si no te apetece jugar, se lo pediré a Mike, o alguno de los chicos, y...
—Deja a los demás fuera de esto —farfulló Joe, mirándola fijamente—. Yo jugaré contigo.
—Está bien. Nos apostamos veinte dólares en cada partida. A ocho bolas.
—De acuerdo.
—Entonces —dijo ella, mientras pasaba al otro lado de la mesa—, empieza.
—Sí, señora.
Joe no podía quitarle los ojos de encima.
Demonios, ¿quién habría pensado que la pequeña Demi Lovato tenía armas escondidas?
Y, Dios, sí que tenía buenas armas. Los pechos empujaban juguetonamente contra la camiseta ajustada. Cuando caminaba, el balanceo de sus caderas hacía que se le subiera aquella falda tan corta que apenas cubría el camino hacia el paraíso. Y las piernas. Dios santo, qué piernas.
A Joe se le cayó una de las bolas de billar y tuvo que agacharse a recogerla. Aquello le dio una buena perspectiva desde la que contemplar aquellas piernas asombrosas mientras ella se alejaba. ¿Y por qué nunca se había dado cuenta de que las curvas de su trasero eran tan preciosas?
¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta de nada?
Tenía el cuerpo entero tan rígido como una tabla. Sentía calor y ansiedad, y estaba a punto de perder el control. Había sido un error ir al bar. Antes de entrar lo sabía, y en aquel momento estaba seguro. Pero si no lo hubiera hecho, era posible que nunca hubiera conocido aquel lado de Demi.
Aquel lado que estaba haciendo que le resultara difícil andar. De repente, deseó que sus vaqueros fueran mucho más sueltos.
Y, mientras pensaba aquello, se incorporó, agarrando la bola con tanta fuerza que podría haberla reducido a polvo. «Es Demi», se recordó. «La buena de Demi». Su amiga. Su colega. La miró, y notó que se le encogía la garganta. Sus ojos negros eran más grandes aquella noche. Tenía una boca comestible. Y su piel morena y suave tenía el color de la miel caliente, y un aspecto igualmente apetecible.
Oh, Dios.
Ella lo estaba mirando con curiosidad, y él lo entendía. Demonios, llevaban siendo amigos dos años, y él nunca había tartamudeado en su presencia. De la misma forma que nunca se había fijado en que sus pechos tenían el tamaño perfecto para llenar la palma de la mano de un hombre.
Demonios.
Ella tenía el taco en la mano izquierda, y distraídamente, estaba acariciándolo de arriba abajo, tocando delicadamente la madera brillante y consiguiendo que Joe se preguntara cómo sería sentir aquellos dedos en su propio cuerpo.
«Contrólate, Jonas». Su voz sonó en un susurro grave, lo suficientemente suave como para que la música rock lo sofocara. Al menos, eso esperaba Joe.
No quería que Demi supiera que le estaba resultando muy difícil limitarse a mirarla.
«Sólo es la apuesta».
Eso era.
Sin embargo, él se sentía rígido, frustrado, caminando al borde de la cordura.
Pero, Dios, ella estaba tan guapa...





holap chicas revisen ese link miley afectada por nueva relacion de nick la verdad me dolio leer esto pero bueno.. si nick es feliz esta bien... miles debe de aprender a vivir con esto... asi como a nick le toco cuand ella empezo con liam... amo a miles y a nick los quedre siempre... :)

7 comentarios:

  1. :) O x dios q triste..!! jeje mm noc q pensar no m gusta esto y m gustaria q vuelva niley... y q ya no estan mal ni el uno ni ella,y otro creo q tendrian que arregralo hablando... pero bue... un beso Katty te quedo super lindo el cap siguelo pronto... bye :)t kiero Amiga!!! :P

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  2. jejejeje
    pobre Joeee
    jejeje
    me encantoo
    esta genial

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  3. aa genial siguelaaaa

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  4. :/ pobre miley pero si tienes razon si nick es feliz tendra que acceptarlo ...

    eemm.. sube luego otro capi :)

    anonima Fiel

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  5. wwooow ke beiio me encanntaa!!! :)
    siiguela proontoo!!!;)

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  6. sos genial escribiendo, me encanta la forma de vengarce de demi jajaja es la mejor :)

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  7. AWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWW!!!
    Hahahahha
    Demi
    azlo zufrir!!!
    hehhee
    Nick
    zonzo!!!
    x zu nueva novia!!!
    Grrrrrr!!!
    ¬¬
    Weno
    loz qapz!!!
    Eztuvieron zuperr!!!
    xD
    tQd!!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..