viernes, 27 de mayo de 2011

Novela Jemi 10 - Mas que una amiga


Demi Lovato lo estaba volviendo loco, y estaba claro que estaba disfrutando mientras lo hacía.
Joe perdió dos partidas, y ni siquiera le importó que la gente que estaba presenciando la competición se riera. ¿Cómo iba a importarle? Demonios, si él hubiera estado entre los espectadores, también se habría reído del pobre tipo al que la morena de la camiseta azul estaba dando una buena paliza.
Pero él no podía evitarlo.
¿Cómo iba a concentrarse uno en un juego cuando no podía dejar de distraerse por los pechos de una mujer, por sus piernas, por su risa, por cómo caminaba?
Maldición.
Demi colocó el taco en la percha y maniobró entre la gente para acercarse a él. Alargó el brazo y puso la mano hacia arriba mientras esperaba a que él le diera sus últimos veinte dólares.
—Estabas usando armas secretas —dijo él, mientras dejaba el billete en su palma con cuidado para no tocarla. Aunque la idea de rozarle la palma de la mano con los dedos le envió una corriente de calor por todo el cuerpo, no podía arriesgarse. No estaba seguro de que pudiera dejar de tocarla si empezaba.
—¿De verdad? —le preguntó Demi, sonriendo. Aquella sonrisa suya era como un directo al estómago. Algo más de lo que Joe no se había dado cuenta. Demi le había sonreído cientos de veces durante los dos últimos días. ¿Por qué él no se había dado cuenta de lo preciosa que era su boca? ¿Qué... había estado ciego durante toda su vida, o algo así?
—Claro que sí —respondió—. No estabas jugando limpio.
Ella sacudió la cabeza, se rió y dijo:
—Y yo pensando que había ganado porque juego mejor que tú.
—Ya jugaremos otra vez —le prometió él. Siempre y cuando ella estuviera envuelta en un abrigo de esquimal, claro.
—Siempre estoy preparada para cualquier reto —respondió Demi, y se metió el billete en el escote de nuevo. Él observó cómo desaparecía el dinero y sintió que se le secaba la boca.
Tras ellos, un par de tipos de movieron para ocupar la mesa de billar. Demi se quedó mirándolo durante unos segundos, mientras Joe intentaba poner en marcha el cerebro de nuevo. Tenía que decir algo. Algo para convencerse a sí mismo, ya que a ella no podría convencerla, de que no era un imbécil baboso.
Pero parecía que su cabeza se había tomado el día libre.
Con aquellos tacones, Demi estaba mucho más alta de lo normal. Su boca quedaba a la altura perfecta para que él la besara, y era tan tentadora que tuvo ganas de arriesgarse. Casi podía saborearla, y aquel pensamiento lo aguijoneó hasta que tuvo que apretar los puños para no agarrarla.
Demonios, aquélla era Demi.
Tenía que ser la apuesta.
Entonces, ella dijo algo, y él la escuchó. Tenía una voz tan suave que él tuvo que hacer un esfuerzo para escucharla por encima de la música y de las conversaciones de la gente. Por no mencionar de los latidos ensordecedores de su corazón.
—Te has quedado mirándome embobado.
—No, no es cierto.
—Bueno —dijo ella, con una sonrisa—. Entonces, estás mirando embobado a la pared que hay detrás de mí, y yo estoy en medio.
Él se pasó la mano por la cara con la esperanza de salir del coma sexual en el que había entrado. Sin embargo, no lo consiguió.
—Lo siento. Estaba pensando.
Sí, pensando en echarla sobre la mesa de billar y quitarle la camiseta y la falda. Demonios, casi podía sentir sus piernas abrazándole por las caderas.
—Vaya —dijo Demi, y sacudió la cabeza de una forma que le dio a entender a Joe que no se había tragado el cuento de que estaba absorto en sus pensamientos. Mientras se daba la vuelta, le dijo—: Bueno, me lo he pasado muy bien, Joe, pero tengo que irme.
Demi se marchaba.
Y él debería sentirse agradecido.
Pero no era así.
—¿Por qué tienes tanta prisa? —le preguntó, con la voz tensa.
Ella se detuvo y se quedó mirándolo. Él soltó un suspiro y dijo:
—Te invitaría a una cerveza, pero alguien acaba de ganarme todo el dinero que llevaba.
Una sonrisa fugaz cruzó el rostro de Demi.
—Así que, si fuera una buena amiga, te invitaría a una cerveza, ¿no?
—Sí, algo así.
Cualquier cosa, pensó Joe. No quería que Demi se fuera. No estaba seguro de la razón, pero quería estar con ella. Por encima de todos los demás olores del bar, él percibía su esencia. Era un olor fresco, a cítricos, que le recordaba a las largas noches de verano bajo un cielo lleno de estrellas.
Y no podía creer que fuera Demi Lovato la que estuviera haciéndole sentir todas aquellas cosas. Quizá aquél fuera el motivo por el que no quería que se marchara todavía. Quizá tuviera que demostrarse que no era Demi la que le estaba afectando tanto. Que habría podido ser cualquier mujer en aquel punto de la apuesta. Que él sólo era un marine necesitado con un ataque de hormonas masculinas, y que cualquier mujer guapa habría podido ser la gota que colmara el vaso.
Y no cabía duda de que Demi era muy guapa. Por algún motivo, tenía algo que estaba haciendo que él se tambaleara.
—Lo siento —estaba diciendo ella—. Trabajo mañana, así que tengo que marcharme.
 continuamos con la marathon.. jejeje... espero que les guste!!!!

4 comentarios:

  1. me encanta tu nove, Demi es por demas hermosa :) amo su personalidad y su simpatía <3, hacen una pareja genial , lastima que en la vida real, ellos se hayan separado :_
    Bueno hermoso cap, besossss seguire leyendo

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  2. wauuu super mega hermoso el cap.. je je :P

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..