miércoles, 8 de junio de 2011

Novela Niley 31 - Camino al altar



Mucho más tarde comieron y se dirigieron al apartamento de Demi. La amiga de Miley sólo necesitó una simple mirada para comprender lo sucedido. Rápidamente la abrazó.
—Felicidades. Te dije que algún día lo con­seguirías.
—Tenías razón.
Miley le contó entonces la verdadera razón que había tenido para regresar a Arizona. Al saberlo, Demi tuvo que sentarse. Sus ojos cafes la miraban con sorpresa absoluta, preocupada por el infierno por el que había tenido que pasar, en completa soledad.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Por la misma razón por la que no quiso decírmelo a mí—contestó Nick con ironía—. No quería que nos preocupáramos.
Será idiota... Te habría obligado a que fueras a ver al médico—continuó Demi.
—Precisamente por eso no te lo dije. Aunque tenía intención de confesártelo más tarde o más temprano.
—Vaya, muchas gracias.
—Tú habrías hecho lo mismo. O tal vez habrías sido peor—dijo Miley, sonriendo a su amiga—. Ahora tendrás que venir a la boda.
—¿Cuándo se celebra?
—Pasado mañana a las diez, en el juzgado de Tucson—rió Nick—. He conseguido la licencia y el doctor Claridge ha hecho los análisis de san­gre, de modo que regresaremos a Bighorn con los anillos puestos.
—Bueno, ya sabéis que tengo una habitación libre.
Nick hizo un gesto de negación con la cabeza.
—Gracias, pero Miley es mía ahora—dijo de forma posesiva, observando con apasiona­miento a su prometida—. No pienso perderla de vista.
—Lo comprendo—dijo Demi—. Bueno, ¿te­néis planes para esta noche o queréis ver una  película conmigo? Ponen una nueva en el cine que hay cerca de casa.
—Por mí, perfecto—dijo Miley, mirando a Nick.
—Siempre me han gustado los dramas—dijo él.
Miley estaba tan cansada entre su enfer­medad y los juegos amorosos que habían compartido que no podía hacer el amor, de modo que Nick consideró que ver una película podía ser una forma perfecta de matar el tiempo, siem­pre y cuando estuvieran juntos. Le preocupaba su salud, pero más tarde, Miley dijo que ya descansaría cuando llegaran a Bighorn.
Durante la proyección de la película, no soltó la mano de su amada. Más tarde durmieron jun­tos y ella no se apartó de sus brazos. Nick no le había dicho aún que la amara, pero al menos resultaba evidente que la deseaba. Pensó que con el tiempo también llegaría el amor. Sin embargo, le preocupaba pensar en cómo iba a tomárselo Maggie cuando lo supiera; sobre todo, cuando tuvieran el hijo que querían. No habían tomado ninguna precaución, aunque tenía la impresión de que era pronto para quedarse embarazada. En todo caso, Nick no pensaba en su hija. Sólo pensaba en recuperar el tiempo perdido, los años que habían pasado vanamente. Pero Miley no podía evitar preocuparse por el futuro que la esperaba.
La ceremonia de la boda fue sencilla, pero digna. Miley se puso un vestido de color crema y una pamela con un velo que cubría su rostro. Cuando el juez los nombró marido y mujer, Nick levantó el velo y la miró durante unos segundos antes de besarla. Nadie la había besado de aquel modo con anterioridad. Una simple mirada a sus ojos cafess bastó para que se estre­meciera. Lo amaba más que nunca.
Demi fue la madrina de bodas; y un sheriff que se encontraba en los jugados, el padrino. Firmaron todos los papeles y les dieron el acta, con la fecha y la hora de la boda. Por fin, se habían casado.
Al día siguiente, regresaron a Bighorn en el Mercedes de Nick. Estaba más tenso que durante los tres días anteriores, y Miley supuso que se debía a que su cuerpo aún no se había repuesto de los excesos amorosos. Se sentía mucho mejor, pero la intimidad, por pequeña que fuese, le resultaba molesta. Nick le había asegurado que era algo perfectamente normal en las mujeres, y que el ligero escozor desapa­recería, pero cada vez que la miraba lo hacía con un intenso deseo. Habían iniciado una nueva relación y Miley odiaba tener que negarle lo que deseaba. Sobre todo teniendo en cuenta que creía que era lo único que le podía dar.
Cuando llegaron a la frontera de Wyoming, horas más tarde, Nick se dirigió a ella.
—No te preocupes. El mundo no se ha ter­minado porque aún no puedas volver a hacer el amor conmigo.
—Estaba pensando en ti, no en mí—corrigió, ausente.
Nick miró hacia la carretera.
—Pensé que te gustaba acostarte conmigo.
Miley lo miró y se dio cuenta de que sin pretenderlo había herido su orgullo.
—Por supuesto que me gusta. Pero creo que aún no sé satisfacerte. Quiero decir que...
—No importa—dijo él, divertido—. Supongo que estás pensando en lo que dije. En que no podía vivir sin acostarme con una mujer. Pero me refería a años de castidad, Miley, no a días.
—Oh.
Nick rió.
Eres tan inocente como cuando tenías die­ciocho años.
—Ya no.
—Bueno, no tanto—dijo, agarrando una de sus manos mientras conducía—. Pero todo está saliendo bien, cariño. Y será aún mejor. No te preocupes.
—¿Qué hay de Maggie?—preguntó ella.
El gesto de Nick se endureció.
—Deja que me preocupe yo.
Miley no dijo nada. Sin embargo, tuvo la impresión de que aquélla iba a ser una fuente permanente de problemas.
En cuanto llegaron, se detuvieron en casa del padre de Miley, para informarle sobre lo suce­dido. La noticia cayó como una bomba.
—¿Os habéis casado?—preguntó Ben—. ¿Sin decírmelo? ¿Sin invitarme a la boda?
—Fue idea mía—confesó Nick, atrayéndola hacia sí—. No quería que se arrepintiera.
Ben Cyrus lo miró durante unos segundos. Sin embargo, no podía olvidar que Nick se había encargado de todo cuando supo que su hija estaba enferma. Aquello significaba que tenía coraje, y que la quería.
—Bueno, los dos sois mayores para saber lo que hacéis—dijo a regañadientes, antes de sonreír a su hija, que lo observaba con inseguridad—. Creo que me llevaré una enorme alegría si como resultado de vuestra unión me sorprendéis con unos cuantos nietos.
—Los tendrás—prometió Miley—. Incluyen­do a una muy crecidita, para empezar.
Nick frunció el ceño. Se refería a Maggie. Miley lo miró y sonrió.
—Hablando del rey de Roma, será mejor que nos marchemos, ¿no te parece?
Ben asintió y estrechó la mano.
—Cuidaré de ella—le prometió.
Ben permaneció unos segundos en silencio, al cabo de los cuales dijo:
—Sí, sé que lo harás.

1 comentario:

  1. Me encantooo, Un día me ausente y subiste un marathon jajajaaja bueno hermosa sigo leyendo :D

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..