martes, 28 de junio de 2011

Novela Jemi 04 - Un asunto de familia


Era un sábado muy aburrido. Demi ya había hecho la colada y acababa de volver de la compra. Tenía una cita, pero la canceló. Ya no soportaba salir con un hombre que no le importaba. Nadie estaría a la altura de Joe, por mucho que pre­tendiera encontrarlo. Él era su dueño. Estaba tan segura de ello como de que era dueño de media docena de ranchos y de una flota de coches. Era su dueño, aunque no la quisiera.

Demi había dejado de esperar milagros. Después de la noche anterior era obvio que el rechazo que sentía desde que ella tenía quince años, no iba a disminuir. Lo cierto era que ni siquiera ella tenía ganas de pensar en él como amante. La había ofen­dido para luego acusarla de ser una buscona. Joe trataba bien a la gente que le gustaba, pero ni ella ni su madre le habían gustado nunca. Ellas habían sido las extrañas, las intrusas en la familia Miller. Joe las había odiado desde el momento en que entraron a formar parte de su familia.

Once años habían pasado desde la muerte de sus padres, pero nada había cambiado, aparte de que ella había desarrollado al límite su instinto de con­servación. Había evitado a Joe como a una plaga. Hasta la noche anterior, en que su arrebato de furia la había traicionado.

Aquella mañana se sentía avergonzada y aturdida por haberse dejado llevar de aquella manera. Su úni­ca esperanza era que Joe ya estuviera camino de Sheridan, y que no tuviera que verlo de nuevo hasta que aquel incidente estuviera olvidado, hasta que las nuevas heridas se hubieran cerrado.

Acababa de fregar el suelo de la cocina y de sacar la fregona a la terraza de su pequeño apartamento, cuando sonó el timbre de la puerta.
Era la hora de comer y, después de una mañana tan atareada, tenía hambre. Ojalá no fuera el hombre con el que había anulado la cita.

Su pelo suelto flotaba sobre la espalda. Era su mayor encanto, junto a sus ojos marrton. Tenía la boca redonda y la nariz recta, pero su belleza no era con­vencional, aunque tenía un gran tipo. Llevaba una camiseta y unos vaqueros viejos, que acentuaban las formas perfectas de su cuerpo. No se había puesto maquillaje, pero tenía las mejillas sonrosadas y le brillaban los ojos.
Abrió la puerta y fue dar la bienvenida cuando se dio cuenta de quién era. No se trataba de Phil, el vendedor con el que no quería salir.

Joe no había cambiado, le seguían gustando las apariciones repentinas. El corazón comenzó a latirle muy deprisa y se le hizo un nudo en la garganta. El cuerpo le ardía como si estuviera en una hoguera.

Unos ojos de un verde marron más oscuro  le devolvían su sorprendida mirada. Llevara lo que llevara, Joe siempre estaba elegante. Vestía unos vaqueros de marca, camiseta blanca y chaqueta gris. Se había puesto unas botas grises de cuero, cosidas a mano, y llevaba un sombrero Stetson en la mano. Joe la observó de la cabeza a los pies sin la menor expresión en su rostro. Nunca permitía que sus gestos revelaran sus sentimientos, mientras que la cara de Demi era como un libro abierto.

—¿Qué quieres? —preguntó Demi con aspereza.
Joe hizo una mueca de sorpresa.
—Una palabra amable, pero me temo que sea espe­rar lo imposible. ¿Puedo entrar o... no es convenien­te?
Demi se apartó de la puerta.
—¿Quieres mirar en el dormitorio? —le dijo con sarcasmo.
Joe la miró a los ojos y entró en el apar­tamento. Normalmente, habría aceptado el reto y hubiera respondido con otra frase cortante, pero la noche anterior había decidido no volver a provocarla. Ya la había ofendido bastante. Apoyó el sombrero en el picaporte de la puerta de la cocina y dijo:
—¿Has decidido ya si vienes a Sheridan? —le pre­guntó—. Sólo será una semana. Estás de vacaciones y John me dijo que ya no tenías ese trabajo de media jornada. ¿No puedes sobrevivir una semana sin tus admiradores?
Demi no le replicó ni le dio con la puerta en las narices, que era lo que él esperaba. Sabía que si mantenía la calma, él quedaría desconcertado.
—No quiero hacer de carabina —dijo—. Búscate a otra.
—No hay otra, y tú lo sabes —dijo Joe—. Quiero esas tierras, lo que no quiero es que la señora Holton tenga oportunidad de hacerme chantaje. Es una mujer acostumbrada a conseguir lo que quiere.
—Pues ya sois dos. Congeniaréis, ¿no? —replicó Demi.
—Yo no consigo todo lo que quiero —dijo Joe—. Corlie y Rodge siguen en la casa y te echan de menos.
Demi no respondió. Se quedó mirándolo. Lo odiaba y lo amaba al mismo tiempo, y no podía evitar que los recuerdos acudieran a su mente.
—Tus ojos son muy expresivos —dijo Joe. Tras la pretendida aversión de Demi se escondía un gran dolor, y él lo sabía—. Tus ojos están tristes, Demi.
El tono de Joe era misterioso, oscuro. Demi percibía un cambio en él, un asomo de sentimiento que sin embargo se empeñaba en ocultar.
—Te he comprado un caballo —le dijo él pasando los dedos por el ala del sombrero.
—¿Por qué?
—Porque pensé que podría sobornarte —dijo Joe—. Pero en realidad es medio caballo, está cas­trado. ¿Todavía sabes montar?
—Sí.
—¿Entonces? —dijo Joe mirándola a los ojos.
—Corlie y Rodge pueden hacer de carabinas, a mí no me necesitas.
—Sí te necesito, más de lo que piensas.
Demi tragó saliva.
—Mira Joe, sabes que no quiero volver, y sabes por qué. Vamos a dejar las cosas como están.
—Ya hace cinco años. ¡No puedes vivir en el pasado para siempre! —dijo Joe con un brillo en los ojos.
—¡Claro que puedo! —le replicó ella con una mira­da de odio—. No voy a perdonarte. No voy a per­donarte, ¡nunca!
Joe agachó la mirada y apretó la mandíbula.
—Supongo que tenía que esperarme algo así, pero la esperanza es eterna, ¿no es así? —dijo Joe poniéndose el sombrero.
Demi tenía los puños apretados, porque le cos­taba mantener el control.
Joe dio unos pasos para irse pero se detuvo a su lado. Era mucho más alto que ella. A pesar de su pasado, Demi se estremeció al tenerlo tan cerca y retrocedió.
—¿Crees que yo no tengo cicatrices? —preguntó Joe.
—Los hombres de hielo no tienen cicatrices —dijo Demi con un temblor en la voz.
Joe guardó silencio. Se dio la vuelta y fue hasta la puerta. Demi estaba muy extrañada. Aquel no era el Joe que ella conocía. Estaba evitando una pelea y ni siquiera parecía dispuesto a insultarla.
Aquel silencio era nuevo y la desconcertaba lo bas­tante como para llamarlo.
—¿Qué ocurre? —le preguntó.
Joe se detuvo, sorprendido por la franqueza de la pregunta.
 capi dedicado a sarita.. jejeje sis te quiero muchop... :) felices vacaciones

4 comentarios:

  1. OLIIS MI CORAXONXIITHOO
    OWW ME ENCAANTHO EL CAPII GENEALL
    SIS NO TARDEES ENN SUUUBIIRI CAPII CORAAZOON Y MUCHAAS GRAXIAS TE QUELO MIILLONEESS

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  2. me encanto el cappp :D; es muy lindo :D , Joe ama a demi jajajaj

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  3. a me encantooo subelaaaaa
    porfaaaaaa

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  4. super!!! m encantoo siguelaa plisss t kiero amigaaaa :D

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..