sábado, 25 de junio de 2011

Novela Jemi 02 - Un asunto de familia



Joe retrocedió y ella se tranquilizó un poco, aunque su postura seguía sin ser completamente natural. Joe quería pensar que la actitud de Demi era deliberada, como si quisiera revivir en él el sentido de culpa. Pero no era así. Su mirada era muy vulnerable. Le tenía miedo.
Al darse cuenta, Joe se sintió incómodo. Más incómodo de lo que estaba normalmente. Lo había hecho durante tanto tiempo, que mofarse de los sentimientos de su hermanastra se había convertido en un hábito. Incluso la noche en que él perdió la cabeza y ella la inocencia se había mofado de ella. Luego se comportó cruelmente, luchando con­tra su sentido de culpa y su vergüenza por haber perdido el control.
En realidad, ni siquiera en aquella fiesta era su intención atacarla. No después de la discusión que habían tenido unos meses atrás. Su intención era hacer las paces, pero su intento se había malogrado. Probablemente por la forma en que Demi iba ves­tida, y por los dos hombres que la cortejaban, que habían despertado sus celos.
No había querido ser tan hosco con ella, pero ella no podía saberlo porque estaba acostumbrada a aquel trato. No estaba muy satisfecho de su com­portamiento, sobre todo después de averiguar lo que le había ocurrido por su culpa...
Agachó la mirada y se fijó en sus brazos cruzados. Demi parecía una niña desamparada. Había adop­tado aquella misma postura la noche que la sedujo. Era una imagen que se le había quedado grabada y todavía le dolía.
—Sólo quiero hablar —dijo—. Tranquilízate.
—¿Pero es que todavía queda algo que decirnos? —le preguntó Demi fríamente—. Ojalá no volviera a verte nunca, Joe.
Él la miró fijamente.
—Por el infierno que lo harás.
Demi sabía que no podría vencerlo en una dis­cusión, así que no la inició.
—¿De qué quieres hablar?
—¿De qué podría ser? Quiero que vengas a casa una o dos semanas.
—¡No!
Joe esperaba aquella reacción y estaba pre­parado para combatirla.
—Tendrás muchas carabinas —le dijo—, Rodge, Corlie y la viuda Holton.
—¿Todavía? —dijo Demi con sarcasmo—. ¿Por qué no te casas con ella y acabas con el asunto de una vez?
—Sabes que tiene unas tierras en Bighorn que quie­ro comprar. Sólo querrá discutir el asunto si la invito a pasar unos días en Sheridan.
—He oído que se pasa la vida en el rancho.
—Nos hace muchas visitas, pero nunca se queda a dormir —dijo Joe—. La única manera de resol­ver el asunto de una vez es invitándola a pasar unos días en el rancho. Pero no puedo hacer eso si tú no estás.
—Debe gustarte si quieres que se quede a pasar la noche en el rancho —dijo—. ¿Por qué quieres que vaya a hacerte de carabina?
Joe la miró a los ojos.
—No quiero acostarme con ella. ¿Te ha quedado claro?
Demi se ruborizó. Normalmente él no le hacía aquel tipo de observaciones. Nunca habían discutido asuntos personales.
—Te sigues ruborizando como una virgen —dijo él con calma.
Un brillo cruzó la mirada de Demi.
—Y tú eres el único hombre del mundo que no puede dudar de que no lo soy —dijo con aspereza.
Joe guardó silencio, apuró su copa y se inclinó sobre la barandilla para dejarla sobre una mesa que había al otro lado.
Demi se apartó. Por un momento, la bronceada cara de Joe rozó la suya y pudo fijarse en el pequeño lunar que tenía en la comisura de los labios y en el hoyito de la barbilla. Su labio superior era más delgado que el inferior. Recordó con tristeza el sabor de aquellos labios. Había llorado mucho por él y nunca había dejado de amarlo a pesar del dolor que le causaba, a pesar de su abierta hostilidad. Algu­nas veces se preguntaba si Joe cambiaría alguna vez.
—¿Por qué no te casas? —le preguntó a Demi de repente.
—¿Y por qué iba a casarme? —replicó Demi.
—Porque tienes veintiséis años —le dijo él con cal­ma— y cuantos más años pasen más difícil te será tener niños.
Niños... niños. Demi se quedó pálida. Tragó saliva al recordar la angustia y el dolor que había sentido, el trayecto en ambulancia, la llegada al hospital. Él no lo sabía, y nunca lo sabría, porque no pensaba decírselo.
—No quiero casarme con nadie. Disculpa, tengo que...
Trató de levantarse, pero Joe se lo impidió agarrándola del brazo. Estaba tan próximo que podía distinguir el aroma de su exótica colonia y el aliento sobre su cara, con un ligero olor a whisky.
—¡Deja de huir de mí! —gruñó Joe.
—¡Quiero irme!
Joe la tomó con más fuerza y la miró con dureza. Demi se sintió como una idiota al borde de la histeria, pero quería librarse de él.
Aquella lucha desigual acabó cuando Joe le dio un ligero tirón y ella acabó sentada de un golpe sobre los escalones.
—Ya basta —dijo él con firmeza.
Demi le miró con ira, pero se sonrojó.
—Por lo menos parece que estás viva —dijo él sol­tándola—. Y vuelves a fingir que me odias, como de costumbre.
—No finjo nada, te odio.
 capi dedicado a mi sis aracely... te quiero muchop!!!

1 comentario:

  1. que lindo cap :), que pasa con los niños?, me quedo la intriga :S bueno me queda por leer uno :)

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..