sábado, 25 de junio de 2011

Novela Jemi 01 - Un asunto de familia 01



Se había convertido en una regla socialmente aceptada que nunca se invitara a la misma fiesta a Demi Lovato y a su hermanastro, Joe Miller. Ya que los dos no tenían muchos amigos comunes y vivían en distintos estados, esa norma no solía rom­perse. Pero aquella noche Demi descubrió que la regla también podía tener su excepción.

Ni siquiera había tenido interés en salir, pero Mar­ta y John Mercer, viejos amigos de los Miller con los que había trabado gran amistad desde que éstos se establecieron en Tucson, insistieron en que necesitaba divertirse. Aquel verano no había podido dar clases y el trabajo a tiempo parcial que le había permitido disponer de algún dinero había concluido. Necesitaba un poco de alegría y la fiesta de Marta iba a proporcionársela.

Así era. Aquella noche, Demi se sentía más feliz que en los últimos meses. En los escalones de la entrada fue secuestrada por dos admiradores: el eje­cutivo de un banco y un guitarrista de jazz.
Llevaba un vestido diseñado para elevar la presión sanguínea. Plateado y con unos finos tirantes que dejaban al descubierto la piel bronceada de sus hom­bros. Le caía hasta los tobillos y tenía una larga y seductora abertura a un lado. Se había puesto unos zapatos de tacón alto que hacían juego con el vestido y llevaba el pelo suelto, que casi le llegaba a la cintura. En las suaves facciones de su rostro destacaba el ale­gre brillo de sus ojos marron chocolate.
Y conservaron aquel brillo hasta que vio aparecer a Joe Miller. Al verlo, interrumpió la ani­mada charla que mantenía con sus amigos y se con­virtió en un ser vulnerable y acosado.

Sus dos acompañantes no relacionaron el repen­tino cambio de su actitud con la entrada de su her­manastro. Al menos no hasta unos minutos más tar­de, cuando Joe localizó a Demi en la escalera y, después de excusarse ante la anfitriona, a quien estaba saludando, acudió junto a ella con una copa en la mano.

Joe destacaba sobre el resto de los hombres presentes en la fiesta. Algunos de ellos eran muy apuestos, pero Joe tenía algo más. Tenía el pelo corto, negro y ondulado, y la piel bronceada. Los rasgos faciales perfectamente modelados, y unos ojos marrones de profunda mirada. Era alto y delgado, pero musculoso, gracias a las horas que pasaba montando a caballo. Joe era multimillonario. No obstante, solía echar una mano en los numerosos ranchos que poseía. Era frecuente encontrarlo atrapando reses a lazo para marcarlas o conduciendo ganado a través de las inmensas llanuras de su rancho de Australia, de varios miles de kilómetros cuadrados de exten­sión. Sus pocas horas de ocio las pasaba trabajando con los pura sangre que criaba en su rancho principal, en Sheridan, Wyoming, eso si no tenía que estar vendiendo o comprando ganado por todo el país.

Era un hombre elegante, desde sus botas de cuero cosidas a mano a los elegantes pantalones y la camisa de seda que vestía con una chaqueta de diseño. Todo en él, desde el Rolex hasta la sortija de diamantes en forma de herradura de su mano derecha, le daba el aspecto de un hombre rico. Y además de sus edu­cadas maneras contaba con una fría y calculadora inteligencia. Joe hablaba francés y español per­fectamente, y era licenciado en economía.
Los dos acompañantes de Demi se sintieron cohi­bidos al verlo aparecer. Llevaba una copa en la mano. 

No solía beber y nunca lo hacía en exceso. Era de la clase de hombres a quienes no les gusta perder el control. Demi sólo le había visto perderlo una sola vez. Quizá por ello él la odiase tanto, porque era la única que le había visto perdiendo el control de sí mismo.

—Bueno, bueno, me pregunto si Marta estaba pen­sando que las reglas están hechas para romperlas —dijo Joe dirigiéndose a Demi. Su voz era grave y aterciopelada y se oía con claridad a pesar del mur­mullo de la fiesta.
—Marta me invitó a mí, pero a ti no —dijo Demi con frialdad—. Seguro que fue John. Allí está, rién­dose.
Al otro extremo de la habitación estaba el marido de Marta; Joe saludó a su anfitrión alzando su copa y él respondió con el mismo gesto, pero ante la furiosa mirada de Demi dio media vuelta y desa­pareció de su vista.
—¿No vas a presentarme? —continuó Joe impertérrito.
—Oh, éste es Ted y éste... ¿cómo te llamabas?
—Bill —respondió el segundo.
—Éste es mi hermanastro, Joe Miller.
Bill sonrió y le ofreció la mano. Joe se limitó a asentir con sequedad. El otro, más joven, se aclaró la garganta y con una sonrisa bobalicona hizo un gesto con la copa.
—Uh, mi copa se ha quedado vacía —dijo apre­suradamente al ver un brillo extraño en los ojos de Joe.
—La mía también —añadió Ted con una sonrisa de disculpa. Y los dos se marcharon.
Demi se quedó mirándolos.
—Qué par de cobardes —dijo entre dientes.
—¿Es que ya no eres feliz si no tienes dos hombres a tu lado? —le preguntó Joe con desprecio mirán­dola de arriba abajo. Finalmente, su mirada descansó sobre el escote, que ofrecía una generosa vista de sus preciosos pechos.
Ante aquella mirada Demi se sintió desnuda. De haber sabido que vería a Joe no se habría puesto aquel vestido. Pero no pensaba estropear su imagen de mujer sofisticada dejando que pensara que su mirada la perturbaba.
—Así me siento más segura —replicó con una fría sonrisa—. ¿Cómo estás, Joe?
—¿Tú cómo me ves?
—Has prosperado —le respondió Demi con seque­dad.

Joe había ido a su apartamento hacía unos meses, con la intención de convencerla para que hiciera de carabina con Leslie Holton, una viuda, antigua actriz, que poseía unas tierras que quería comprar. Al negarse, habían discutido, y habían aca­bado por no hablarse. Demi pensaba que no volvería a verlo, pero allí estaba de nuevo. Debía ser porque la viuda todavía lo perseguía, al menos eso le había dicho su mejor amiga, Miley Cyrus Jonas.
Joe dio un trago a su copa sin apartar la mira­da de Demi.

—Corlie sigue haciendo tu cama de vez en cuando. Te sigue esperando.
Corlie era el ama de llaves de la casa de Joe en Sheridan. Ella y su marido, Rodge, ya servían en casa de los Miller mucho antes de que la madre de Demi se casara con el padre de Joe. Demi quería mucho a Corlie y a Rodge y los echaba de menos, aunque no lo suficiente para volver a She­ridan, ni siquiera para visitarlos.
—Ya no pertenezco a Sheridan —dijo con firmeza—. Ahora mi hogar está en Tucson.
—Tú ya no tienes hogar, y yo tampoco —le replicó Joe—. Nuestros padres han muerto y sólo nos tenemos el uno al otro.
—Entonces yo no tengo nada —dijo Demi con aspereza en la voz y en la mirada.
—Eso es lo que te gustaría, ¿verdad? —le preguntó Joe con una fría sonrisa. La afirmación de Demi le había dolido, así que añadió deliberadamente—. Bueno, espero que no sigas sufriendo por mí, nena.
Aquella acusación hizo que Demi se sintiera aún más vulnerable. En los viejos tiempos, Joe sabía lo que ella sentía por él y lo utilizaba para herirla.
—No quiero perder el tiempo pensando en ti —dijo mirándole fijamente—. ¡Y no me llames nena!
Joe examinó la cara de Demi y se vio atraído por su boca.
—Normalmente no me gusta usar palabras cari­ñosas, Demi. No en la conversación normal. Pero los dos recordamos la última vez que te llamé así, ¿verdad?
Demi deseó que la tragara la tierra. Cerró los ojos y le asaltaron los recuerdos. Recordaba la voz de Joe, grave y profunda por el deseo y la nece­sidad, susurrando su nombre con cada empuje de su poderoso cuerpo, «Nena, ¡oh, Dios!, nena, nena...!».
Profirió un sonido ronco y quiso alejarse, pero él estaba demasiado próximo a ella. Se sentó en el escalón superior y se apoyó en el codo, de modo que Demi quedó atrapada entre su cuerpo y la baran­dilla de la escalera.
—No huyas —le dijo Joe con una sonrisa—. Ahora eres toda una mujer y puedes hacer el amor con un hombre, Demi. No irás al infierno por ello. Seguro que tienes experiencia para saberlo.
Demi le miró con temor. Se sentía humillada.
—¿Experiencia?
—¿Con cuántos hombres te has acostado? ¿No te acuerdas?
Demi lo miró directamente a los ojos, ocultando el temor que sentía.
—Sí, me acuerdo, Joe —dijo con una sonrisa forzada—. He tenido uno, sólo uno —añadió con un temblor en la voz.
Ante la reacción de Demi, la hostilidad de Joe desapareció. Se la quedó mirando, observándola con atención.
Demi se puso muy rígida al sentir la proximidad de Joe y se tapó los pechos con las manos.
 capitulo dedicado  a elbita, fue bueno hablar con vos... te quiero muchisimo amiwis...

2 comentarios:

  1. hermoso cap :), se nota que el la desea ajjaja :) sigo leyendooo

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  2. wau m encantoooo!!!! t te kiero y t extraño amigaaa....... un besoo

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..