sábado, 25 de junio de 2011

Novela Jemi 03 - Un asunto de familia



—Entonces no sé por qué te afecta tanto volver a casa conmigo.
—No pienso hacer de carabina con esa viuda. Si tanto deseas esas tierras...
—No puedo comprarlas si ella no me las vende. Y no me las venderá si no la entretengo.
—Me parece una bajeza, sólo por conseguir unas cuantas hectáreas de tierra.
—Es la única tierra que tiene agua en todo Bighorn —dijo Joe—. Cuando su marido vivía yo tenía libre acceso al agua, pero o yo compro esas tierras o lo hará Nick Jonas, las cercará y se acabó el agua para mi ganado. Me odia.
—Sé lo que siente —señaló Demi.
—¿Sabes lo que hará la viuda si no estás allí? Tratará de seducirme, piensa que no hay hombre que se le resista, y cuando la rechace, irá a hablar con Nick Jonas y le hará una oferta que no podrá rechazar. Tu amistad con Miley no le detendrá y cercará las tierras por las que cruza el río. Sin agua per­deremos el ganado y la propiedad. Tendré que ven­derla por nada. Una parte de ese rancho es tu heren­cia, puede que pierdas más que yo.
—No creo que ella haga eso —dijo Demi.
—No te engañes. Le gusto —le interrumpió Joe, y luego añadió con deliberado sarcasmo—. ¿O es que ya no te acuerdas de lo que es eso?
Demi se sonrojó, pero le miró fijamente a los ojos.
—Estoy de vacaciones.
—¿Y qué?
—¡No me gusta Sheridan, no me gustas tú y no quiero pasar las vacaciones contigo!
—Pues no lo hagas.
Demi dio un golpe sobre la barandilla.
—¿Y a mí que me importa si pierdo mi herencia? Tengo un buen trabajo.
—Sí, por qué tendría que importarte.
Pero Demi empezaba a flaquear. Había perdido el trabajo a tiempo parcial y tenía problemas de dine­ro. Además, no sabía lo que una mujer como la seño­ra Holton podría hacer para hincarle el diente a Joe. La viuda podría comprometerlo si ella no hacía algo.
—Sería tan sólo por unos cuantos días —dijo.
Joe la miró sorprendido.
—¿Has cambiado de opinión? —le preguntó a Demi.
—Lo pensaré repuso ella.
—Creo que podremos vivir bajo el mismo techo algunos días sin llegar a las manos.
—No lo sé —dijo ella apoyándose en la barandilla—. Y si me decido a ir, lo que todavía no he hecho, cuando ella se vaya, me iré yo, tengas o no tengas tu trozo de tierra.
Joe esbozó una sonrisa extraña y calculadora.
—¿Te da miedo quedarte sola conmigo?
Demi no tenía que responder. La expresión de sus ojos era elocuente.
—No sabes cómo me halaga ese temor —dijo Joe mirándola a los ojos. Luego sonrió burlonamen­te—. Pero es infundado. Yo no te deseo, Demi.
—Hace años sí me deseabas —le recordó ella con enfado.
Joe asintió, se metió las manos en los bolsillos y se encogió de hombros.
—Hace mucho tiempo de eso —dijo secamente—. Ahora tengo otros intereses, y tú también. Todo lo que quiero es que me ayudes a conseguir esas tierras. Que es algo que también a ti te conviene. Cuando George murió heredaste la mitad de Bighorn. Si perdemos el derecho sobre el agua, la tierra no valdrá nada. Será lo mismo que si no hubieras heredado nada, y tendrás que depender de tu trabajo por completo.
Demi lo sabía bien. Los dividendos que recibía por la explotación de Bighorn la ayudaban a pagar sus gastos.
—Oh, aquí estás, Joe, querido —dijo una melo­sa voz a sus espaldas—. ¡Te he estado buscando por todas partes!
Era una provocativa morena, varios años más joven que Demi. Sonrió de oreja a oreja y se agarró al brazo de Joe, apoyando su generoso pecho contra él.
—¡Me encantaría bailar contigo! —dijo efusivamen­te.
De no haberlo visto por sí misma, Demi no hubie­ra creído lo que sucedió. Joe se puso muy rígido y con las facciones tan duras como si estuvieran gra­badas en piedra, apartó a la chica de sí y dio un paso atrás, diciendo con aspereza:
—Disculpa, pero estoy hablando con mi hermana.
La chica se quedó de piedra. Era muy guapa y, obviamente, estaba acostumbrada a engatusar a los hombres con su coquetería, pero el hombre más apuesto de la sala se comportaba como si no le gustara.
—Claro —dijo riendo nerviosamente—. Lo siento, no quería interrumpir. ¿Más tarde, quizás?
Se dio la vuelta y volvió al salón.
Demi bajó las escaleras y se puso frente a Joe, mirándolo a los ojos.
—Ya te he dicho que no estoy a disposición de ninguna mujer. Ni de ti ni de ninguna otra —dijo Joe apretando la mandíbula.
Demi se mordió el labio inferior, una antigua manía que él le había reprendido en muchas oca­siones, lo que no parecía haber olvidado.
—Para ya, te vas a hacer sangre —le dijo Joe dándole unos golpecitos en el labio con el dedo.
—Lo he hecho sin querer —dijo Demi, y suspiró—. Antes te encantaban las mujeres. Iban detrás de ti como las abejas a la miel.
Joe se mantenía impertérrito.
—Ya no me gustan tanto —dijo.
—Pero ¿por qué?
—No tienes derecho a invadir mi intimidad —re­plicó Joe fríamente.
—Nunca lo he hecho —dijo Demi con una triste sonrisa—. Siempre has sido muy misterioso, nunca quisiste compartir nada conmigo. Más bien querías mantenerme a distancia.
—Menos una vez. Y mira lo que pasó.
Demi avanzó un paso hacia la sala.
—Sí.
Guardaron silencio, pero se oían las risas y el soni­do del hielo en los vasos.
—Si te pregunto algo, ¿me dirás la verdad? —pre­guntó Joe de repente.
—Depende de qué me preguntes. Si tú no res­pondes a preguntas personales no sé por qué iba a hacerlo yo.
—No, claro —dijo Joe.
Demi hizo una mueca.
—Está bien, ¿qué quieres saber?
—Quisiera saber —dijo Joe con tranquilidad—, con cuántos hombres has estado desde que estuviste conmigo.
Demi estuvo a punto de dar un respingo ante la audacia de la pregunta. Observó a Joe. Tenía la misma mirada calculadora que había tenido toda la noche.
—Vas vestida como una mujer fatal —añadió él—. No recuerdo haberte visto nunca así vestida. Flirteas y bromeas con los hombres, pero es todo superficial, simulado. Demi...
Ella se sonrojó.
—¡Deja de leerme el pensamiento! ¡Lo odiaba cuando tenía quince años y lo sigo odiando ahora!
Joe asintió lentamente.
—Siempre ha sido así. Sí, sabía incluso lo que esta­bas pensando. Había una especie de complicidad entre nosotros, algo que perdimos hace tiempo.
—Tú lo echaste a perder —dijo Demi.
—No me gustaba tenerte en el interior de mi cabe­za—dijo.
—Eso nos ocurría a los dos.
Joe le acarició la mejilla. La piel de Demi era suave y sedosa. Que ella no se apartara le pareció un buen principio.
—Ven aquí, Demi —le dijo sin la menor sonrisa. Su mirada, sin embargo, la hipnotizó, la sedujo.
Cuando Demi se quiso dar cuenta, estaba a su lado. Le miró con una expresión que ni siquiera era reconocible.
—Ahora —le dijo Joe con suavidad—, dime la verdad.
Demi sabía que no podía escapar. Él estaba dema­siado cerca.
—Yo... no pude, no pude hacerlo con otro —su­surró—. Tenía miedo.
Joe se quedó perplejo. Los años de amar­gura, de culparla por lo que pensaba que había hecho de ella, se basaban en una mentira. Había pasado muchos años atormentado por la culpa y la vergüenza cada vez que oía rumores sobre ella y sus admiradores, cada vez que la veía con otros hombres. En aquel momento supo la verdad: la había destruido como mujer. Había mutilado su sexualidad. Y sólo porque, igual que su padre, una noche perdió el control de sus actos. Y hasta la semana anterior no había sabido lo mucho que ella había sufrido.
Joe no podía decirle que había acudido a aquella fiesta sólo porque necesitaba una excusa para verla. Ella había ocultado su dolor tan bien que habían pasado largos años sin que él llegara a ima­ginar lo que le había hecho.
—Dios mío —dijo Joe entre dientes.
Retiró la mano de su mejilla y se sintió más viejo.
—¿Te sorprende? —le preguntó Demi con la voz temblorosa—. Siempre has pensado de mí lo peor. Incluso aquella tarde en la playa, antes de... antes de que ocurriera, pensabas que sólo quería exhibir mi cuerpo.
Joe no apartó la mirada de los ojos de Demi.
—Querías exhibirte ante mí —dijo con voz grave—. Yo lo sabía, pero no quería admitirlo, eso es todo.
Demi sonrió con frialdad.
—Dijiste lo suficiente —le recordó—. Dijiste que era una fulana, que estaba tan excitada que no podía...
Joe la impidió seguir hablando poniéndole un dedo en la boca.
—Puede que no te des cuenta, pero no eres la única que ha pagado muy caro lo que sucedió aque­lla noche —dijo él al cabo de unos instantes de silencio.
—No me digas que tú lo lamentaste, o que te sen­tías culpable. No tienes corazón para sentirte cul­pable, Joe. ¡Ni siquiera creo que seas humano!
Joe se rió.
—A veces yo también lo dudo.
Demi se estremeció. Los dolorosos recuerdos del pasado estaban tan vivos que le causaban un gran dolor.
—¡Yo te quería! —dijo.
—¡Dios mío, y crees que no lo sé! —dijo con un brillo inquietante en los ojos.
Demi se puso blanca como la nieve y apretó los puños. Quería pegarle, golpearlo, darle patadas, hacerle tanto daño como el que él le había hecho.
Sin embargo, recordando el lugar en que se encon­traban, se calmó.
«No es ésta la ocasión ni éste el lugar apropiados», pensó.
Joe se metió las manos en los bolsillos y la miró a los ojos.
—Ven conmigo a Wyoming. Es hora de que te libres de eso. Ya has sufrido bastante por algo que no fue culpa tuya.
Demi se vio sorprendida por aquellas palabras. De alguna manera, algo había cambiado en la actitud de Joe, aunque no podía entender por qué. Incluso su hostilidad inicial no había sido tan cruel como otras veces, como si sólo la reprendiera porque tenía la costumbre de hacerlo. Joe no parecía especialmente peligroso, aunque ella no podía ni que­ría confiar en él. No podía querer que lo acompañara a Wyoming sólo para hacer de carabina.
—Me lo pensaré —le dijo—, pero no lo decidiré esta noche. No sé si quiero volver a Sheridan, aunque sea para salvar mi herencia.
Joe quiso decir algo para convencerla, pero la crispación anterior había dejado huella en la expre­sión de Demi, y él no podía soportar que aquel rostro perdiera su esplendor.
—Está bien —dijo encogiéndose de hombros—, piénsatelo.
Demi suspiró y se dirigió al salón. Durante el resto de la velada fue el alma de la fiesta, aunque Joe no pudo verlo, porque se marchó a su hotel un par de minutos después de aquella conversación.
 capi dedicado a sarys... corazon te quiero muchisimo.... 

6 comentarios:

  1. ay me encanta. Pllease sube pronto . kazz - Gracias por lso comeents.
    Seria genial chatear contigo. Hber si dentro de unos días nos encontramos ! :)

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  2. me encantó... sube el proximo pronto please!! voy a estar pendiente jejeje
    besos :)

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  3. aaaa lo ame espero q la sigas prontoooo

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  4. hola!!! me gustan mucho tus noves (ya me las lei todas jeje) son muy bonitas y originales ers muy buena escritora... continua pronto esta .... :D

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  5. Me reee gusto :) es genial :D , veremos que pasa en la casa de Joe :) jajaja

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  6. wauu m encanto muchisimoo Amiga siguela plis q esta genial... ;) un besoo ;D t kiero

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..