miércoles, 8 de junio de 2011

Novela Jemi 19 - Mas que una amiga


Joe tenía atrapada a Demi contra el colchón bajo su peso, y hacía que cada respiración fuera una aventura. Pero a ella no le preocupaba. De hecho, adoraba la sensación que le producía tenerlo sobre su cuerpo.
Adoraba el murmullo que todavía vibraba en su organismo. Adoraba cómo hacía que se sintiera cuando la acariciaba. Adoraba acariciarlo y ver en sus ojos su reacción.
Y estaba usando la palabra adorar en demasiadas ocasiones.
Se obligó a controlar la situación. Abrió los ojos y miró ciegamente al techo para intentar dominar todo lo que estaba sintiendo. Sin embargo, no era fácil. La respiración de Joe le acariciaba el oído y los latidos de su corazón seguían el mismo ritmo que los del corazón de Demi. Y ella se preguntó si él tendría también el estómago encogido.
Probablemente no.
Los hombres no pensaban demasiado en las repercusiones del sexo. Los hombres sólo pensaban en conseguir tener relaciones sexuales, y una vez que lo habían logrado, se preocupaban de tenerlas de nuevo. La vida era más simple para aquéllos que llevaban el cromosoma Y en los genes.
Sin embargo, para Demi las cosas se habían complicado.
—Te estoy aplastando.
—Sólo un poco.
Tonta. No debería haber dicho eso. Debería haberle dicho que sí la estaba aplastando y que se echara a un lado. Pero ella no quería que se moviera, y, ¿qué significaba aquello? No quería pensarlo.
Al instante, recordó al padre Frankie advirtiéndole de lo fácilmente que podía verse atrapada en su propia trampa.
Cerró los ojos con fuerza y apartó aquello de la mente. Su trampa había funcionado perfectamente, tal y como ella había planeado. Había conseguido acostarse con él, ¿no? Le había demostrado a Joe que era tan mujer como cualquier otra, y se había asegurado de que perdiera aquella estúpida apuesta con sus hermanos.
Lo había conseguido sin problemas.
Demi tuvo que contener un gruñido. Si todo era tan estupendo, ¿por qué no se sentía con ganas de celebrar nada?
Joe alzó la cabeza y colocado sobre ella, le bloqueó la vista del techo y la obligó a que lo mirara a los ojos. A Demi se le aceleró el corazón.
Oh, Dios.
—Demonios, Demi... esto ha sido... asombroso —le dijo él, con una sonrisa.
Oh, sí, había sido asombroso, pensó ella mientras sentía el poder de aquella sonrisa en el alma. Asombroso, abrumador, trascendental. Demi contuvo el gruñido que se le formó en la garganta. No podía poner ninguna esperanza en aquella noche. Aquella noche no era un asunto del corazón.
Ella no estaba enamorada de Joe Jonas.
No quería estar enamorada de él.
Aquél no era el plan.
Y ella se haría un gran favor si lo tuviera en cuenta.
Intentó hacerlo, y con una sonrisa forzada, le dio una palmadita en la espalda.
—Entonces, supongo que no soy como uno de tus amigotes, después de todo, ¿no?
Él frunció el ceño y se apoyó sobre los hombros, descargando a Demi de la mayor parte de su peso. Demi habría preferido morirse antes que admitir que echaba de menos el contacto de su cuerpo.
—¿Uno de mis amigotes?
—¿No te acuerdas? Hace una semana, más o menos, estábamos hablando de la apuesta y tú dijiste que no corrías ningún peligro de perderla estando conmigo.
—¿Dije eso? —preguntó él, con el ceño fruncido, y cambió ligeramente de posición.
—Sí. Lo dijiste.
Él movió una mano y se puso a juguetear con la goma de la trenza de Demi, pero ella se negó a dejarse distraer.
—Y —continuó, aunque le falló la voz al notar que la cadera de Joe se movía contra la suya— también dijiste que yo no era una mujer, sino un mecánico.
—Vaya.
¿Ella le recordaba el momento más humillante de toda su vida, y lo único que a él se le ocurría decir era «vaya»?
Él le desató la trenza y se la deshizo, pero ella intentó concentrarse para seguir con su venganza.
—¿No te acuerdas? —le preguntó.
—Creo que no.
—Pero lo dijiste —insistió Demi, sin querer hacerle caso al cosquilleo que sintió en el vientre cuando él se colocó de nuevo sobre ella.
—Si tú lo dices...
—¿Si yo lo digo? —Demi lo miró con los ojos muy abiertos, y siguió intentando no prestar atención mientras él extendía su pelo suelto por los hombros y bajaba la cabeza para esconder la cara entre la melena—. En serio, ¿no te acuerdas de habérmelo dicho?
—Vagamente —respondió él, y se movió de nuevo, en aquella ocasión para regarle la garganta de besos cálidos y húmedos.
—¿Vagamente?
—¿De verdad quieres hablar ahora? —murmuró él.
—Joe, estoy intentando decirte que te he llevado a la cama deliberadamente. Te he engañado.
—¿De verdad? —respondió él, y le guiñó el ojo—. Pues gracias —dijo. Bajó la cabeza y tomó uno de sus pezones entre los labios.
 Ella emitió un siseo mientras experimentaba dardos de calor en el cuerpo. Tuvo que luchar por recuperar la respiración, y cuando lo consiguió, lo empujó suavemente por los hombros.
—No me estás escuchando.
—Prefiero besarte —admitió él, mientras levantaba de mala gana la cabeza y la miraba—. Preferiría saborearte de nuevo. ¿Por qué tienes esa repentina necesidad de charlar?
—¿Es que no lo entiendes, Joe? —le preguntó Demi, capturando su cara entre las manos—. Te he tendido una trampa. Y tú has caído en ella.
Joe soltó una carcajada que le salió del alma.
—¿Y se supone que tengo que sentirlo?
—Has perdido la apuesta —le recordó ella.
Él frunció el ceño.
—Oh, sí.
—Yo quería que perdieras la apuesta.
—¿Por qué?
—Para darte una lección —respondió Demi, y deslizó las manos de sus mejillas a su cuello, por sus hombros, acariciándole los músculos duros y disfrutando de su piel—. Para demostrarte que sólo por el hecho de que sea mecánica no tengo por qué ser menos mujer.
Él la miró durante un largo instante, y después se rió suavemente.
—Bueno, pues me lo has demostrado, Demis. Estoy convencido —le dijo, y sonriendo, le dio un beso rápido y fuerte.
—¿Y no estás enfadado?
 —¿Por qué iba a estarlo? —le preguntó Joe. Con un movimiento ágil, rodó por el colchón y se tumbó de espaldas, colocándosela encima.
—Has perdido la apuesta.
—Eso parece.
—Yo te he engañado.
—Y has hecho un trabajo excelente, sí.
Ella se sentó a horcajadas y sintió la longitud de su miembro latiendo dentro de ella. Inconscientemente, comenzó a balancear las caderas y sonrió al oír que él respiraba entre dientes. Lo observó, buscando alguna señal de ira en la expresión de su rostro, pero no las halló. Joe no estaba enfadado por haber perdido la apuesta. Ni tampoco estaba enfadado porque ella lo hubiera engañado.
Era insaciable.
Gracias a Dios.
—Pero el dinero, Joe —persistió Demi—. Era para ti o para Nick.
Él le cubrió los pechos con las manos y se los acarició, pellizcándole con delicadeza los pezones hasta que consiguió que Demi gimiera y dejara caer la cabeza hacia detrás.
—¿Y crees que me importa esa apuesta en éste momento?
Con la respiración entrecortada, ella bajó la cabeza de nuevo y lo miró.
—¿No te importa?
—Nunca lo habría conseguido, Demis —dijo él, sonriente—. No si estaba contigo, de cualquier modo. Y, demonios, es difícil que a uno le importe perder una apuesta cuando perder es tan divertido.
Demi se encogió de hombros, y el pelo se le deslizó sobre la piel como una seda negra.
—Bueno.
Él elevó las caderas y Demi jadeó mientras se alzaba en el aire, como si fuera sobre un mustang salvaje. Salvo que aquello era mucho mejor. Su cerebro encendió el piloto automático, y cada célula de su cuerpo se puso en alerta y pidió a gritos atención.
Sin embargo, ella no podía dejar así las cosas. Tenía que saber una cosa más.
—Joe, ¿adónde vamos desde éste punto?
Él se quedó inmóvil bajo ella y la miró a los ojos. La agarró fuertemente por las caderas, hundiendo los dedos en su carne como si la estuviera marcando. Al menos, por el momento.
—¿Por qué tenemos que ir a algún sitio? —le preguntó él, con una voz tan baja que ella tuvo que esforzarse por oírlo sobre los latidos de su propio corazón—. ¿Por qué tiene que ser esto algo más que una noche de sexo magnífico?
Si había una parte de ella que se había sentido desilusionada, Demi la enterró. Después de todo, ella no estaba buscando ningún compromiso. No estaba buscando amor. Ya había intentado querer una vez y aquello había resultado ser un desastre de enormes proporciones.
Así que se dijo que tendría que sentirse agradecida por el hecho de que Joe fuera quien era. Su amigo. Un amigo que tenía la capacidad de hacer que le hirviera la sangre... pero un amigo, en primer lugar.
—No tiene por qué —respondió Demi, y deliberadamente, giró las caderas, frotando el centro de su cuerpo contra él, tomándolo más profundamente en su interior. Sintió un escalofrío, y cuando pudo hablar de nuevo, dijo—: Una noche, ¿verdad? Después de ésta noche volveremos a ser como éramos antes.
Él tomó aire, y se le encendieron los ojos con fuego entre las sombras. Luego asintió.
—Seguiremos siendo amigos.
—Amigos —convino ella, y se irguió de rodillas, sintiendo cómo el miembro de Joe se deslizaba fuera de su cuerpo antes de hundirse y atraparlo de nuevo, y disfrutar de la rica sensación de su dura longitud invadiéndola.
Joe la observó mientras se movía sobre él y se perdió en la gloria de aquel momento. ¿Cómo demonios iba a pensar adónde iban desde allí? ¿Cómo iba a preocuparse por algo tan tonto como aquella apuesta cuando Demi estaba montada sobre él, haciendo movimientos lentos y sensuales?
Ella era más bella de lo que nunca habría podido imaginarse.
Al día siguiente les confesaría a sus hermanos que había perdido la apuesta. A la mañana siguiente, las cosas volverían a ser igual que antes entre Demi y él. Serían amigos, porque su amistad era algo que él no quería perder. Pero aquella noche eran distintos. Eran amantes, y él tenía la intención de disfrutar de cada minuto.
Demi se arqueó hacia atrás y gimió. Él la agarró con más fuerza por las caderas e incrementó el ritmo que había entre ellos. Una y otra vez, ella liberaba su cuerpo y volvía a atraparlo, con un efecto casi hipnótico.
La luz de la luna bailaba en su carne desnuda. Tenía la cabeza echada hacia atrás mientras cabalgaba sobre él. Joe sintió que se acercaba a su propia liberación, y supo que no podría aguantar mucho más. Apenas podía respirar. Tenía el cerebro paralizado. Sentía electricidad en el cuerpo, con una potencia que nunca había experimentado.
Y Joe sabía que quería que Demi lo acompañara cuando su cuerpo explotara. Bajó una mano hasta el punto en el que sus cuerpos estaban unidos, y le acarició aquel calor húmedo, sabiendo que la enviaría salvajemente hacia el clímax.
—Joe... —dijo ella, con la pasión y la necesidad atenazándole la garganta.
Él siguió acariciándola y observando cómo cambiaban sus rasgos con las emociones que se agitaban dentro de ella. Demi se movió cada vez más deprisa, balanceando las caderas con una cadencia atemporal que los llevó a los dos hacia la plenitud del placer.
Y cuando su cuerpo se desplomó, él la tomó en el aire y la siguió.

4 comentarios:

  1. ahh aun no la leo pero ya me encaantoo waaaaa
    te queloo sister

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  2. Wwaaa Me gusto el capii
    me encantoooooooooo!!!!!!!!!!


    espero el otro :)

    Eres una geniio <3

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  3. wauu Amiga el cap t quedo genial... jeje un beso muy grande... t kierooo..:)

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  4. Que capitulo mas lindo :), aunque espero que no sean solo amigos jajaja

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..