sábado, 18 de junio de 2011

Novela Jemi 25 - Mas que una amiga



Demi se enterró en el trabajo durante los tres días siguientes.
Les dio tiempo libre a sus mecánicos y se ocupó por sí misma de todo lo que había que hacer en el taller para asegurarse de que estaba ocupada. Y cuando terminó de arreglar todos los coches que tenía pendientes, replantó los macizos de flores del jardín.
Quería hacer cualquier cosa que le impidiera pensar en Joe.
Sin embargo, no servía de nada.
Mary Alice se había solidarizado con ella, e incluso le había ofrecido a su marido para que le diera una paliza a Joe. Pero Demi no quería que Joe tuviera moretones, sino que la quisiera. Y aquello no iba a suceder.
Allí de pie, en el taller, miró hacia el lugar donde había estado aparcado el coche donde habían hecho el amor. Y aunque el coche ya no estaba allí, los recuerdos sí.
Ella conservaba en la mente todas las caricias, los suspiros y los susurros, con tanta claridad como si todo aquello acabara de suceder. El cuerpo le dolía por Joe. Y el corazón también.
 —Oh, Dios...
Se frotó los ojos con las puntas de los dedos. Apenas había conseguido dormir durante aquellos tres días. Trabajaba hasta la madrugada en el garaje porque cada vez que cerraba los ojos, Joe aparecía a todo color.
Demi sabía que había sido ella misma la que había provocado aquella situación. Había caminado hacia Joe con el corazón desprotegido, porque ni siquiera se le había ocurrido pensar que pudiera estar en peligro. ¿Cómo iba a pensar que el amor con el que soñaba iba a encontrarlo en los brazos de su mejor amigo?
—Y lo peor —se dijo en voz alta—, es que no puedo hablar con mi mejor amigo de ello. Y maldita sea, te echo de menos, Joe.

El sol brillaba en el cielo azul, y el océano estaba en calma. Era el día de pesca perfecto. Un par de veces por temporada, Kevin le pedía prestado el bote a uno de sus amigos pilotos y los cuatro hermanos Jonas pasaban el día en alta mar, alejados de los teléfonos móviles y del trabajo. Y normalmente, Joe habría disfrutado pescando con sus hermanos.
Sin embargo, aquel día tenía que obligarse a prestarles atención. Disgustado, Joe volvió la cabeza del mar azul a la cubierta del barco, donde sus hermanos estaban reunidos alrededor de una nevera portátil.
—El viento era tan fuerte —estaba contando Nick, que se interrumpió un momento para tomar un trago de cerveza—, que arrastraba al helicóptero hacia los lados. J.T. tenía que sujetar el mando con las dos manos para no perder el control y mantenerlo erguido. Justo debajo de nosotros estaba aquel marinero de domingo colgado del casco de su bote, que había volcado, a punto de ahogarse.
—Entonces, seguramente se alegró mucho de verte, ¿no? —le preguntó Kevin con una sonrisa, y lanzó el sedal al agua con un golpe de muñeca seco.
—Eso es lo curioso —continuó Nick, mirando a sus hermanos con una expresión de indignación fingida—. Ahí estaba yo, tirándome del helicóptero a las olas de la tormenta, unas olas de dos y tres metros, para salvarle el pellejo a aquel tipo, ¿y cómo me lo agradece? Demonios, intentando darme un puñetazo cuando me acerqué a él e intenté meterlo en la cesta de rescate.
—¿Qué? —le preguntó Frankie sin dar crédito. Sin embargo, aquella historia no sorprendió a Joe. La gente siempre reaccionaba de un modo muy extraño en las situaciones de pánico. Por esa razón, los marines resultaban tan útiles durante un desastre. Mantenían fría la cabeza.
Nick se rió.
—De verdad. El tipo estaba muerto de miedo, y no quería soltarse del casco del bote. Las olas lo golpeaban, el viento estaba aullando a su alrededor, pero no quería soltarse. Finalmente, soltó una mano, intentó darme un puñetazo y después me dijo que tenía mucho miedo a las alturas y que le enviáramos un barco.
—¿Un barco? —preguntó Frankie, riéndose—. ¿Te refieres a uno como el suyo, que acababa de volcar?
—Exacto —respondió Nick.
—¿Y cómo conseguisteis meterlo en la cesta? —intervino Joe, que se había metido en la historia pese a lo agitada que tenía la mente.
—Entré yo mismo en la cesta y le dije adiós. El tipo se asustó tanto de que yo fuera a dejarlo allí, que soltó el casco y se tiró a la cesta. Yo salí, lo ayudé a subirse y Monk lo izó hasta el helicóptero —explicó Nick. Después sacudió la cabeza y suspiró cariñosamente—. Vaya vueltecita.
—Sí, sí, señor héroe —le dijo burlonamente Kevin, y caminó hacia la trampilla para bajar a la cocina—. Venga, acompáñame. Tienes que ayudarme a subir la montaña de sándwiches que nos ha preparado Danielle.
—¿Danielle ha hecho la comida? —preguntó Nick, preocupado—. ¿Y es seguro?
—Eh —protestó Kevin mientras bajaba los escalones—. Está mejorando mucho.
Nick gruñó y farfulló:
—No podría empeorar sin matarnos.
—Sí, bueno —dijo Kevin, riéndose—. Danielle no te tiene mucho aprecio, así que deberías tener cuidado con lo que comes.
—¿Qué quieres decir con eso de que no me tiene cariño? —le preguntó Nick indignado—. ¡Yo soy el más divertido!
 Bajó detrás de Kevin y dejó a Joe y a Frankie en la cubierta, a solas. Joe suspiró y concentró la mirada en el horizonte azul. El suave chapoteo de las olas contra el casco del bote era muy relajante, pero aquello no conseguía calmar la agitación que sentía.
Probablemente, no debería haber ido a pescar con sus hermanos aquel día. Pero si hubiera intentado escabullirse, le habrían pedido muchas explicaciones y él no estaba preparado para dárselas.

3 comentarios:

  1. chik!
    como te adoro0o jeje :)
    muy buenos caps!
    aah! como me fascinan tus noves jeje! :)
    kuidathe chik!
    ya sabes k te kiiiero :D!

    ResponderEliminar
  2. Que lindo cap, Nick es el mejor jajaja , pobre Demi y pobre Joe son testarudos jajaja

    ResponderEliminar
  3. Pobres... que mal...Nick divertido?? jjajaj

    ResponderEliminar

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..