sábado, 18 de junio de 2011

Novela Jemi 26 - Mas que una amiga



—¿No quieres contarme lo que te sucede? —le preguntó Frankie, y se sentó al borde de la popa. Se agarró las rodillas con las manos y esperó.
Joe le echó una mirada, y después volvió a fijarse en el horizonte.
—No.
Frankie se quedó callado, con la mirada puesta en Joe, hasta que él se retorció, incómodo, bajo el escrutinio de su hermano.
—¿Qué estás mirando?
—A un hombre con un problema.
—Déjalo, Frankie.
—Eh, yo sólo estoy aquí sentado.
—Bueno, pues siéntate en otro sitio.
—Es un barco pequeño —replicó Frankie, encogiéndose de hombros.
—Y se hace más pequeño a cada segundo —farfulló Joe. Levantó el pie derecho y lo apoyó en la borda—. ¿No tienes que rezar el rosario, o algo así?
Frankie sonrió sin ofenderse.
—Me he tomado el día libre.
 —Qué suerte tengo.
—Pues sí.
—¿Qué?
Frankie sonrió de nuevo.
—Tienes suerte, Joe. Tienes un trabajo que te encanta, una familia dispuesta a soportarte y un precioso día de pesca por delante. Entonces, ¿quieres decirme por qué pareces un hombre que acaba de perder a su mejor amigo?
Aquella última frase fue la gota que colmó el vaso, y Joe hizo un gesto de dolor. Se puso de pie, se acercó a la borda y se agarró a la barandilla brillante. Le lanzó a Frankie una mirada rápida, y después fijó los ojos en el mar.
—Creo que he perdido a mi mejor amiga.
—Aah...
Joe resopló.
—No me eches ese suspiro evidente, genérico y comprensivo de padre Frankie.
—Si quieres una comprensión más específica, dime lo que pasa.
—Es Demi.
—Ya me lo imaginaba —dijo Frankie. Joe lo miró de nuevo, y él se encogió de hombros—. No es muy difícil de suponer, Joe. Perdiste la apuesta por ella, y ahora estoy empezando a pensar que perdiste algo más.
—¿Qué?
—¿El corazón?
Joe se puso rígido como si lo hubieran disparado. Se frotó la nuca con fuerza y después se metió las manos en los bolsillos del pantalón.
 —Nadie ha dicho nada de amor.
—Hasta ahora —musitó Frankie.
—¿Sabes una cosa? Puedes llegar a ser muy pesado como hermano, padre.
—Eso me han dicho. Cuéntame lo que pasa, Joe.
Con una rápida mirada a las escaleras, para asegurarse de que Nick y Kevin todavía estaban abajo, Joe dijo:
—Creo que me estoy volviendo loco. Y todo es por culpa tuya. Por esa estúpida apuesta. Eso fue lo que provocó todo esto.
—Aah... —Frankie se volvió para esconder la sonrisa que no había podido reprimir, pero no tuvo éxito.
Joe farfulló de nuevo:
—Estupendo. Ahora te ríes de las desgracias de tu propio hermano.
—¿Para qué están los hermanos?
El bote se mecía suavemente, la brisa corría refrescándoles con agua salada, y en el cielo, las gaviotas vigilaban la superficie del mar en busca de comida.
—¿Por qué estás triste? —le preguntó Frankie.
—Por Demi.
—Esto va mejorando.
—Maldita sea, Frankie. Algo va muy mal.
Frankie frunció el ceño.
—¿Con Demi? ¿Ella está bien?
—Ella está bien, sí. Yo soy el que tiene problemas.
—Oh.
Joe exhaló bruscamente. No podía creer que le estuviera sucediendo aquello a él, al hombre que creía firmemente, que la razón por la que Dios había creado a tantas mujeres guapas era para hacer que el amor y el matrimonio resultaran innecesarios.
Durante toda su vida, todas las mujeres habían sido iguales para él. Pensaba que, si perdía a una, habría otra a la siguiente esquina. Y sin embargo, en aquel momento la única mujer a la que deseaba no lo deseaba a él.
Hacía tres días que había dejado a Demi en su taller. Tres días y tres noches. Y no había podido quitársela de la cabeza. Sus sueños estaban llenos de imágenes de Demi. Joe sentía una opresión en el pecho al pensar en que quizá ella ya no quisiera volver a verlo. Inconscientemente, se frotó el torso, y después miró a Frankie.
—No quiere hablar conmigo.
—¿Y tiene una buena razón?
—Quizá.
Al recordar la expresión de su cara cuando le estaba contando lo de aquel idiota de Tony, Joe se estremeció. Él no estaba buscando una relación. No quería tenerla. No se había esperando que encontraría una.
Siempre había vivido la vida como quería, y nunca se había planteado cambiarla. Entonces, ¿por qué el hecho de que Demi no le hablara le hacía tanto daño?
¿Por amor?
Al pensarlo, sintió pánico.
Él no era capaz de querer.
—Demonios, ya no sé nada —dijo.
—Nunca pensé que dirías algo así.
—¿Qué? —le preguntó Joe secamente—. ¿Eres un cura que no cree en los milagros?
—Buena observación —dijo Frankie. Se apoyó contra la borda, se cruzó de brazos y miró fijamente a su hermano—. ¿Qué vas a hacer, Joe?
Él sacudió la cabeza.
—Creo que ya he hecho lo suficiente.
Había conseguido que su mejor amiga lo echara de su garaje. Se las había arreglado para que no volviera a hablarle. Para que no pudiera soportar verlo. Oh, sí. Ya había hecho su trabajo.
—Entonces, ¿te vas a rendir?
Joe le lanzó una mirada asesina.
—Me estás manipulando.
—¿En serio?
—¿Y quién ha dicho nada de rendirse?
—Entonces, ¿qué plan tienes?
—Si lo supiera, ¿estaría aquí mientras tú me insultas?
Frankie sonrió.
—Está bien, pero ¿no eres tú el que me dijo que el día que necesitara consejo de un cura sobre mujeres, se dejaría afeitar la cabeza e iría a Okinawa?
Joe bajó la cabeza.
—Está bien, soy idiota. Necesito consejo.
Frankie le puso una mano sobre el hombro.
—Muy bien. Ya has abierto los ojos en cuanto a Demi. Ahora necesitas abrir el corazón.
—¿Y eso es todo lo que tienes que decirme?
Frankie se rió.
—Piénsalo, pequeño saltamontes. Tú mismo hallarás la respuesta.
—¿Antes de que me vuelva un anciano?
—Probablemente —le dijo Frankie. Después se inclinó sobre la nevera—. ¿Te apetece una cerveza?

2 comentarios:

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..