domingo, 19 de junio de 2011

Mas que una amiga 28 - Jemi


A la mañana siguiente, Demi tenía que arreglarle el mecanismo de encendido a una camioneta y los frenos a una furgoneta. Y también tenía un dolor de cabeza que no cesaba.
Había llorado demasiado y había dormido muy poco.
Y tal y como se sentía, no creía que las cosas fueran a cambiar pronto.
Durante la mayor parte de la noche se había arrepentido amargamente de confesarle a Joe que lo quería. Seguramente, en aquel momento él sólo sentiría lástima por ella. Además, aquellas palabras sólo servían para inspirarle terror a los hombres de todo el mundo.
Mientras observaba la ciudad por el ventanal de su oficina, pensó que quizá debiera vender el negocio y marcharse de la ciudad. No, del estado.
Sin embargo, no podía hacer aquello. Ceder ante el pánico y huir.
Lo que iba a hacer era vivir su vida. Fingir que todo iba bien, con normalidad, hasta que finalmente aquello fuera verdad. Debía tener una actitud mental positiva. Aquél era el quid de la cuestión. Mantendría una actitud positiva en público, y lloraría sólo en privado.
 Todo saldría bien.
—Mentirosa —se dijo.
Con un suspiro, Demi pensó en irse a casa, pero sabía que no resolvería nada haciéndolo. Al menos allí, en el garaje, tenía cosas en las que concentrarse. Y podría adelantar trabajo administrativo.
Aunque lo que en realidad quería era tumbarse en algún lugar a oscuras y dormirse. Seguramente entonces, cuando se despertara de nuevo, su corazón estaría curado y podría pensar en Joe sin querer abrazarlo ni darle una torta.
No. Las cosas no serían tan fáciles.
Tendría que enfrentarse con Joe, al menos hasta que lo destinaran a otra base, o lo enviaran a otro país, o algo por el estilo. Tendría que aprender a vivir con lo que había sucedido entre ellos. Tendría que aprender a vivir con el corazón roto. Aquello no podía durar más de diez o veinte años.
—Pan comido.
La camioneta de reparto de una floristería se detuvo frente al garaje, y Demi estuvo a punto de soltar un gruñido.
Oh, Dios, más flores. La noche anterior le había llevado el ramo de perdón. ¿Qué le había mandado aquel día? Quizá el ramo de «siento mucho que tú me quieras y yo a ti no».
—Esto es cada vez más humillante —se dijo, mientras iba hacia la furgoneta de la floristería bajo el sol abrasador.
—¿Demi Lovato? —le preguntó el chico del reparto. Había saltado del vehículo con una caja larga y blanca atada con un lazo rojo entre las manos.
—Sí, soy yo —respondió, acordándose de que aquel muchacho no tenía la culpa de nada. Sólo estaba haciendo su trabajo—. Pero si son para mí, puedes llevártelas.
—¿Eh? ¿No las quiere?
—No.
«Sé fuerte», se dijo. «Sé firme. Sé positiva».
El muchacho se rió suavemente.
—Él me dijo que probablemente ocurriría esto, y que le diera un mensaje.
—¿Qué mensaje? —le preguntó Demi, estupefacta.
—Me dijo que le dijera... —el chico entrecerró los ojos, como si estuviera intentando acordarse de las palabras exactas—. ¿Eres demasiado gallina como para mirar lo que hay dentro?
—¿Gallina? —repitió Demi, más asombrada aún—. ¿De verdad ha dicho «gallina»? Es como si estuviera en quinto curso.
El chico se encogió de hombros, con la caja entre las manos.
—Bueno, entonces, ¿es usted una gallina? No se ofenda, por favor.
—No, no —dijo ella.
—Bien. Entonces, firme aquí.
Ella lo hizo y tomó la caja, que resultó ser mucho más pesada de lo que había imaginado. Miró al chico, intrigada, y él se encogió de hombros.
—No sé nada, señora. Yo sólo he venido a hacer la entrega —dijo. Después entró en la furgoneta y se despidió.

Demi llevó la caja al despacho y la colocó sobre el escritorio. Pasó los dedos por la tapa mientras decidía si debía abrirla o no.
—Está bien —murmuró, mirando el paquete como si fuera un reto personal. Y tuvo que admitir que lo era—. Lo miraré. Eso no quiere decir que vaya a quedármelas.
Sin embargo, al destaparla y apartar varias capas de papel de seda, se le llenaron los ojos de lágrimas y comenzó a temblarle la barbilla.
Dentro del paquete había un solo clavel rojo sobre una colección de llaves inglesas brillantes, de las más caras del mercado.
—Oh, Joe —dijo, pasando las yemas de los dedos por las herramientas—. Maravilloso loco.
Había conseguido conmoverla, demonios. Había sabido lo que tenía que hacer para tocarle el corazón. ¿Y por qué? ¿Por qué lo estaba haciendo? ¿Qué significado tenía aquello? ¿Y cómo podía evitar que su corazón sacara conclusiones apresuradas?
—¿Qué estás haciendo, Joe? ¿Y por qué?
Se sentó en la silla de su escritorio con el clavel apoyado en el pecho, e intentó desesperadamente no hacerse demasiadas ilusiones con aquello.
Joe tenía un plan.
Había pasado la noche trazándolo, y sabía que lo único que tenía que hacer era esperar. Funcionaría.
Separarse de Demi la noche anterior era lo más difícil que hubiera tenido que hacer en su vida. Apartarse de una mujer a la que se había hecho daño era muy peliagudo, sobre todo cuando aquella mujer era más de lo que uno hubiera podido imaginar.
Se había pasado toda la noche despierto, pensando en qué podía hacer y en qué quería hacer.
Y cuando se había enfrentado a la verdad, había sabido que aquel problema sólo tenía una solución: Demi.
Siempre había sido Demi.
Ya no podía imaginarse su vida sin ella. Durante dos años había sido su amiga, y finalmente por aquella estúpida apuesta, había descubierto la magia con ella. Una magia que había estado a punto de perder por su propia estupidez.
Lo único que le quedaba por hacer era convencer a Demi de que era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que ella era lo mejor que le había pasado en la vida.
Al día siguiente, Demi se levantó un poco antes del amanecer y fue a la cocina a tomar un café. Se apartó el pelo de la cara y miró al silencioso teléfono.
Se había esperado que Joe la llamara la noche anterior.
Naturalmente, él no lo había hecho.
—El hombre nunca hace lo que una espera —murmuró, y tomó una taza del armario. Se sirvió el café y fue hacia el porche para tomárselo. Se sentó en el primer peldaño de las escaleras y suspiró mientras la brisa fresca le acariciaba las piernas. El rico aroma del café le despertó la mente y le abrió los ojos. Tomó un sorbito y sintió que la cafeína líquida se extendía por su organismo como una bendición.
Había pasado la noche, de nuevo, pensando en Joe, pero había habido menos lágrimas y más preguntas. Las llaves inglesas habían sido como un bálsamo para su corazón dolorido. Él la había visto. Le había prestado atención.
—Eso ya es algo, ¿no? —se preguntó en voz alta.
—Hablar solo es una mala señal.
Ella inhaló bruscamente y volvió la cabeza.
—¿Joe? ¿Qué estás haciendo aquí?
 holap a todas.... bueno quisiera agradecerles por los comentarios aqui los ultimos capitulos de la nove, jejeje espero que la esten pasando super chevere, aca es el dia del padre y la e pasado super con el mio, y eso me tiene feliz aunq cierto personaj volvio a lastimar mi corazon pero trato de no pensar en ello... 
jejeje......

4 comentarios:

  1. aaaaahhh jeje super lindo el cap!!! jeje
    wau espero q tu papi lo este pasando super lindo en su dia!!! :D como yocn el mio.. jeje te kiero amigaa y se te extraña mucho hee!!!!... :D

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  2. jajajjj...
    es feo que vengan y te
    hable de atras...
    que miedo...
    ajajajja

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  3. Primero; me encanto como enchulaste la pagina esta BUenisimaa!! :D

    Segundo: el capitulo me encanto ahora que ya termino D: no se que sera de MI!!

    anonima fiel

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  4. Me encantooo :) ya voy a leer el final que intriga jajaja

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..