sábado, 2 de julio de 2011

Novela Jemi 06 - Un asunto de Familia



Había tormenta y la lluvia golpeaba la ventanilla del pequeño jet mientras Joe iniciaba la manio­bra de aproximación a su aeropuerto privado en Sheridan. Joe no se inmutaba lo más mínimo a pesar de que la tormenta arreciaba. Era tan frío a los man­dos del avión como a los del volante de un coche, o en cualquier otra situación. Mientras atravesaba la tormenta, Demi lo había visto sonreír.
—¿No sientes como mariposas en el estómago? —le preguntó Joe cuando por fin aterrizaron.
Ella negó con un gesto.
—Nunca vacilas cuando la suerte está echada —res­pondió Demi sin darse cuenta de que parecía muy sentenciosa.
Joe la miró. Parecía cansada y preocupada. Le dieron ganas de acariciarle la mejilla, para que su cara volviera a recuperar su color sonrosado. Pero sabía que si la tocaba, podría causarle miedo. Tal vez, pensaba con tristeza, había esperado demasiado para tender un puente entre ellos. Las últimas dos semanas su vida había cambiado mucho, y sólo por­que se había encontrado por casualidad con un anti­guo amigo. Un amigo médico que cinco años antes trabajó en la sala de urgencias de un hospital de Tucson.
Demi se dio cuenta del gesto taciturno de Joe.
—¿Algo va mal? —le dijo frunciendo el ceño.
—Casi todo, si quieres saberlo —respondió Joe con la mirada ausente—. La vida nos da lecciones muy duras, pequeña.
Joe nunca había llamado así a Demi, en rea­lidad, ella nunca le había oído llamar así a nadie en una conversación normal y corriente. Joe había cambiado y desde que se habían visto la trataba con una ternura desconocida. Pero ella no entendía a qué venía aquel cambio de actitud y no se fiaba de él.
—Ahí viene Rodge —murmuró Joe indicando la carretera que provenía del rancho, por donde se aproximaba una ranchera—. Diez a uno a que se ha traído a Corlie.
Demi sonrió.
—Hace mucho tiempo que no los veo —dijo.
—Desde el funeral de mi padre —dijo Joe.
Bajó por la escalerilla del avión y esperó para ver si Demi necesitaba ayuda. Pero ella llevaba zapatillas deportivas y vaqueros, no zapatos de tacón. Bajó como si fuera una cabra montes. Acababa de pisar la pista cuando la ranchera se detuvo a escasos metros y se abrieron sus dos puertas delanteras. Corlie, pequeña y delgada y con el pelo completamente cano­so se bajó extendiendo los brazos. Demi corrió hacia ella, con ganas de recibir el afecto de la anciana.
Rodge estrechó la mano de Joe y esperó su turno para abrazar a Demi. Era por lo menos diez años mayor que Corlie, pero todavía conservaba el pelo moreno, aunque plateado en las sienes. En ausencia de Joe se ocupaba de dirigir el rancho, y cuando éste estaba en Sheridan se convertía en su secretario.
Corlie y Rodge llevaban tanto tiempo con los Miller que era como si fueran de la familia. Sólo al abrazar a Corlie, se dio cuenta Demi de lo mucho que la había echado de menos.
—Niña, estás más delgada —dijo la anciana—. Me parece que no comes como es debido.
—Seguro que tú me vas a dar bien de comer.
—¿Cuánto tiempo vas a quedarte?
Antes de que Demi pudiera responder, Joe tomó su mano izquierda y la sostuvo ante los ojos de Corlie.
—Ésta es la razón de que haya vuelto —dijo—. Esta­mos prometidos.
—Oh, Dios mío —exclamó Corlie antes de que una aturdida Demi pudiera proferir palabra. Los ojos de la anciana se llenaron de lágrimas—. Ya lo decía el señor Miller, y Rodge y yo también. No sabéis cuánto me alegro. Puede que ahora deje de estar tan serio y sonría de vez en cuando —añadió hacién­dole un gesto a Joe.
Demi no sabía qué decir. Seguía aturdida por las felicitaciones de Rodge y la intimidadora presen­cia de Joe. Sin embargo, era emocionante mirar a su alrededor. Había vuelto a Sheridan. El rancho no estaba en la ciudad, por supuesto sino a varios kilómetros de ella. Pero era el hogar de Joe des­de que ella le conocía, y lo amaba porque él lo amaba. Muchos recuerdos de aquel lugar eran dolorosos, pero a pesar de ello, la encantaba.
Se sentó en el asiento de atrás de la ranchera junto a Corlie. Joe se puso al volante y se pasó el camino hablando de negocios con Rodge.
La casa de los Miller era de estilo Victoriano. Había sido construida a principios de siglo en el mis­mo lugar en que se alzara la del bisabuelo de Joe. En Sheridan habían crecido tres generaciones de Miller.
A menudo Demi deseaba saber más sobre su pro­pia familia de lo que sabía sobre la de Joe. Su padre había muerto cuando ella tenía diez años, demasiado joven, pues, para interesarse por los antecedentes familiares. Luego su madre se casó con George Miller, y estaba tan enamorada de él que no tenía tiempo para su propia hija. Y lo mismo le había ocurrido a Joe. Muy pronto, Demi se dio cuenta de que la relación de Joe con su padre era respetuosa pero tensa. George esperaba mucho de su hijo, pero no sabía darle afecto. Era como si entre ellos existiera una barrera, y la madre de Demi sólo la había hecho más grande al casarse con George. Demi había pasado su adolescencia entre dos fuegos y se había convertido en la víctima del caos que el matrimonio de su padre había supues­to para Joe.
Rodge llevó las maletas de Demi a su antigua habitación, en el segundo piso. Ella se quedó en el vestíbulo, observando la casa, las puertas que daban al salón y al estudio y la escalera de caracol alfom­brada. Una enorme lámpara de cristal iluminaba el vestíbulo y su luz se reflejaba sobre el suelo de bal­dosas ajedrezado. El interior de la casa era elegante y la decoración algo inesperada para tratarse de un rancho.
—Ya me había olvidado de lo grande que era —mu­sitó Demi.
—Solíamos hacer muchas fiestas. Ya no —dijo Cor­lie mirando a Joe.
—Tomo nota, Corlie —dijo él—. Probablemente demos una fiesta cuando venga la señora Holton.
—Sería precioso —dijo Corlie y añadió, guiñándole el ojo a Demi—: Pero supongo que la señora Holton va a ser una molestia para una pareja de novios, así que prometo ayudar lo más posible —dijo y se fue para preparar café.
—Dios mío —murmuró Demi presintiendo que se aproximaban las complicaciones.
Joe se metió las manos en los bolsillos y la miró.
—No te preocupes —dijo—, todo saldrá bien.
—¿Seguro? ¿Y si la señora Holton se da cuenta?
Joe se aproximó a ella, lo suficiente como para que pudiera sentir el calor de su cuerpo.
—No nos tocamos, ni siquiera nos rozamos —dijo Joe al notar que Demi se ponía tensa—. Puede parecer muy raro.
A Demi le daba miedo aquella sugerencia, pero se suponía que estaban prometidos y no habría resul­tado natural que no se tocaran.
—¿Qué vamos a hacer? —le dijo.
—No lo sé —dijo, luego estiró el brazo y le acarició la larga melena morena. Le temblaban los dedos—. Puede que mejoremos con la práctica.
Demi se mordió el labio.
—Odio... que me toquen —susurró con voz grave.
Joe hizo una mueca de dolor.
Demi agachó la mirada.
—¿No te diste cuenta, en la fiesta? Había dos hom­bres junto a mí, pero yo mantenía las distancias. Siem­pre es así, ya ni siquiera bailo...
—Dios, perdóname —dijo con pesadumbre—. Yo no creo que me pueda perdonar a mí mismo.
Demi lo miró, asombrada. Joe nunca había admitido ninguna culpa, ningún error. Algo debía haber ocurrido para cambiarlo, pero qué.
—Tendremos que pasar algún tiempo juntos antes de que ella llegue —prosiguió Joe muy despa­cio—. Podremos conocernos un poco mejor. Pode­mos intentar agarrarnos de las manos, sólo para acos­tumbrarnos al tacto del otro.
«Como adolescentes en su primera cita», pensó Demi, y sonrió.
Joe respondió con otra sonrisa. Por primera vez, desde que Demi tenía memoria, fue una sonrisa sin malicia.
—Miley me dijo que la señora Holton es muy atractiva —dijo
—Lo es —asintió Joe—, pero es muy fría. No física sino emocionalmente. Le gusta poseer a los hombres, pero no creo que sea capaz de tener sen­timientos profundos, a no ser por el dinero. Es muy agresiva y resuelta. Habría sido una gran mujer de negocios, aunque es perezosa.
—¿Tiene problemas de dinero? —preguntó Demi.
—Sí. Por eso está buscando un hombre que la mantenga.
—Debería ponerse a estudiar y aprender algo que le sirva para mantenerse.
—Eso es lo que tú hiciste, ¿verdad? —dijo—. No dejaste que mi padre te diera una asignación, o que yo te la diera.
Demi se ruborizó y apartó la mirada.
—Los Miller me pagaron la universidad, con eso fue suficiente.
—Demi, yo nunca he creído que tu madre se casó con mi padre por dinero —dijo Joe leyendo los tristes pensamientos que cruzaban la mente de Demi—. Lo quería, y él la quería a ella.
—No era eso lo que decías entonces.
Joe cerró los ojos.
—Y no puedes olvidarlo, ¿verdad? No te culpo. Estaba tan lleno de rencor y resentimiento que no dejaba de maldecir. Y tú eras la víctima que tenía a mano, y la más vulnerable... —dijo y volvió a abrir los ojos, que reflejaban el desprecio que sentía por sí mismo—. Tú pagaste por los pecados de tu madre, los pecados de los que yo la acusaba.
—Y cómo disfrutabas haciéndomelos pagar —re­plicó Demi con voz grave.
—Sí, es cierto —confesó con sinceridad—. Al menos durante un tiempo disfruté, luego fuimos de vaca­ciones a la Riviera, con George.
Demi no podía pensar en aquella época, no que­ría permitirse pensar en esos días. Se apartó de él.
—Tengo que sacar mi equipaje.
—No te vayas —le dijo Joe—. Corlie está hacien­do café, probablemente también haya hecho un pas­tel.
Demi dudó un momento. Luego lo miró, inse­gura y vacilante.
El gesto de Joe se endureció.
—No voy a hacerte daño —dijo—. Te doy mi pala­bra.
—¿Qué ha cambiado? —le preguntó con tristeza.
—Yo he cambiado —dijo él.
—¿Te levantaste una mañana y decidiste de repen­te que querías poner fin a una situación que ya dura­ba once años?
—No, descubrí lo mucho que había perdido —dijo con la voz grave por la emoción—. ¿Has pensado alguna vez que nuestras vidas dependen de una sola decisión? ¿De una carta perdida o de una llamada telefónica que no nos atrevimos a hacer?
—No, supongo que no lo he pensado —replicó Demi.
—Vivimos y aprendemos, y a medida que pasa el tiempo las lecciones son cada vez más duras.
—Últimamente estás muy reflexivo —dijo Demi con curiosidad. El pelo le caía sobre la cara y lo echó hacia atrás con un movimiento de cabeza—. Creo que desde que nos conocemos no hemos habla­do sinceramente, menos los últimos dos días.
—Sí, lo sé —dijo Joe con amargura, luego se dio la vuelta y se dirigió al espacioso salón.
 hi chicas capi dedicado a lore, una de mis super amiga de argentina a la que quiero muchop, ella siempre esta cuando mas la necesito, la quiero muchop y estoy feliz de haberla conocido...
i love you lore!!

7 comentarios:

  1. WoW!
    jaja me encantoooo!
    espero el siguiente chik!
    y pues no me he podido conectar, creo k mañana podré! :)
    espero coincidamos jaja!
    kuidathe te adoro0o0O! :)
    xP el maraton de la bella y la bestia es para thi sis!!! te kiiiero chik!! :D

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  2. wau amiga esta hermoso el cap... siguela pronto sii!!! te kiero muchisimo... un besoo :)

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  3. HERMOSO el cap, de verdad me encanto :), me pareció muy graciosa la foto del final, la cara de Demi jajaja, bueno espero a ver como sigueee :D byeee

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  4. aaaa sube pronto
    me encantooo

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  5. siguelaaa
    has maraton de esta nove es genial

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..