sábado, 16 de julio de 2011

Novela Jemi 12 - Un asunto de familia



Demi se miró las manos, que tenía apoyadas en el regazo. A pesar de todo lo que había ocurrido, seguía amando a Joe. Pero los recuerdos eran demasiado dolorosos, demasiado reales. No podía olvidarse de los años de relaciones tensas, llenas de sarcasmo y palabras crueles.
No sabía qué le ofrecía Joe, aparte de que volvieran a intentar una relación física. No había dicho nada de que la quisiera, aunque sabía que lamentaba la pérdida del niño. Podría ser que cuando ese dolor, tan reciente para él, hubiera pasado, des­cubriera que sólo sentía pena por ella. Y ella deseaba mucho más que eso.
—¿Y bien? —preguntó Joe con impaciencia.
Demi lo miró a los ojos.
—Acepté fingir que soy tu prometida —dijo Demi manteniendo la tranquilidad—, pero no quiero que­darme a vivir en Sheridan el resto de mi vida ni dejar el puesto de trabajo que me han ofrecido en Tucson.
Joe iba a decir algo, pero Demi le interrum­pió con un ademán.
—Sé que eres muy rico, Joe —prosiguió—, y sé que podría tener todo cuanto quisiera, pero estoy acostumbrada a trazar mi propio camino y no quiero depender de ti.
—También en Sheridan hay colegios.
—Sí. En Sheridan hay buenos colegios y sé que podría conseguir trabajo en alguno de ellos, pero conocen mi relación contigo y nunca sabría si consigo el trabajo por mis méritos o gracias a ti.
—¿No sientes nada por mí? —le preguntó.
Demi se quedó mirando la sortija de esmeralda.
—Me importas mucho, por supuesto, y siempre me importarás, pero el matrimonio es más de lo que puedo ofrecerte.
Joe se levantó de la mesa y fue hasta la ven­tana.
—Me echas la culpa de lo del niño, ¿verdad?
—No le echo la culpa a nadie. Fue algo impredecible.
Joe levantó la cabeza. Tenía el pelo de la nuca más largo que de costumbre y con algunas ondas. No podía evitar mirarlo con afecto. No había nada que deseara más que vivir con aquel hombre y amar­lo, pero lo que él estaba ofreciendo no era más que una relación vacía. Quizá cuando se hubiera librado de su sentido de culpa volviera a ser capaz de acos­tarse con una mujer. Demi sabía que aquel problema era sólo temporal, causado por el descubrimiento inesperado de que había perdido un hijo sin siquiera saberlo. Pero el matrimonio no era la respuesta a sus problemas.
—Podemos ir a un médico —dijo Joe al cabo de un largo silencio—. Puede que encuentren una solución para mi impotencia y para tus miedos.
—No creo que necesites un médico para resolver tu problema —dijo Demi—. Sólo lo tienes porque te sientes culpable por lo del niño...
Joe se dio la vuelta. Le brillaban los ojos.
—¡Hace cinco años no sabía lo del niño!
Demi se le quedó mirando por unos instantes, hasta que finalmente comprendió lo que aquello significaba.
—¡Cinco años! —exclamó.
—¿Pero es que no te dabas cuenta de lo que quiere decir? —dijo Joe mirándola a los ojos.
—No tenía ni idea —replicó Demi y luego volvió a exclamar—: ¡Cinco años!
De repente, Joe se sintió muy violento. Se dio la vuelta y volvió a mirar por la ventana.
Demi no podía encontrar palabras adecuadas para aquel momento. Nunca se le había ocurrido que un hombre pudiera pasarse cinco años sin sexo. Demi decidió que lo mejor era acercarse a él y decir algo, cualquier cosa.
—No tenía ni idea —le repitió.
Joe tenía las manos entrelazadas por detrás de la espalda y miraba hacia el horizonte sin la menor expresión en su rostro.
—No deseaba a nadie —dijo por fin—. Y cuando averigüé lo que le había pasado al niño me quedé destrozado. Y sí, también me sentía culpable. Una de las razones por las que te pedí que volvieras era porque quería compartir mi pena contigo, porque sabía que tú también la sentías y que nunca habías podido compartirla con nadie.
Después de decir aquellas palabras se dio la vuelta y la miró.
—Puede que también tuviera esperanzas de volver a sentir algo por ti. Deseo volver a ser un hombre completo otra vez, Demi, pero incluso eso ha fallado —dijo volviendo a mirar por la ventana—. Quédate hasta que se vaya Leslie. Ayúdame a conservar el poco orgullo que me queda. Luego te dejaré mar­char.
Demi no sabía qué decirle. Era evidente que esta­ba deshecho. Y ella también lo estaba. Después de estar cinco años sin una mujer, Demi sólo podía hacerse una pequeña idea de lo maltrecho que estaba su orgullo. Pero no podía consolarlo, porque ella misma tenía conciencia de cuánto había sufrido su propia dignidad.
—Todo habría sido distinto si no hubiéramos pasa­do aquel verano en Francia —dijo Demi ausente.
—¿Tú crees? Tarde o temprano habría ocurrido lo mismo, en cualquier parte —dijo Joe.
—Me quedaré hasta que se vaya la viuda. Pero ¿qué ocurrirá con esas tierras? No creo que tenga intención de venderlas.
—La tendrá cuando le haga una oferta. Sé que Nick Jonas no dispone de dinero en efectivo debido a unas inversiones que tuvo que hacer en su rancho, así que no podrá mejorar mi oferta. Y Leslie no puede esperar a que alguien le ofrezca algo mejor.
Aquella explicación despertó la curiosidad de Demi.
—Entonces, si sabes que venderá, ¿por qué estoy aquí?
—Por lo que te he dicho antes —dijo Joe—, no puedo dejar que averigüe que todo lo que dicen sobre mí es cierto. Quiero conservar el poco orgullo que me queda.
Demi hizo una mueca.
—Supongo que de poco servirá que te diga que...
Joe le puso el dedo índice en la boca.
—No, no serviría de nada.
Demi lo miró, se sentía incómoda, casi enferma. En el fondo sabía que la única esperanza que Joe tenía de recuperar una vida sexual normal era hacien­do el amor con ella. El problema había empezado en Francia y sólo ella tenía el poder de acabar con él. Pero no tenía el valor de intentarlo.
—No quiero que te apiades de mí —dijo Joe con voz grave—. He aprendido a vivir con ello. Me acostumbraré. Y tú también. Vuelve a Tucson y acep­ta ese trabajo.
—¿Y tú qué harás? Tiene que haber algún modo...
—Si lo hubiese, lo habría encontrado —dijo Joe, luego se dio la vuelta y se alejó hacia la puerta—. Será mejor que salgamos.
—Espera —dijo Demi.
Joe se detuvo. Ella se pasó la mano por el pelo, despeinándose, se desabrochó un botón de la camisa y la sacó de los pantalones.
Joe entendió lo que pretendía. Sacó el pañue­lo del bolsillo y se lo dio a Demi, que se lo pasó por la comisura de los labios y luego se lo devolvió.
Entonces, Joe abrió la puerta. Leslie estaba sentada en la escalera, esperando. Los miró con sus­picacia y cuando vio los intentos de Demi por arre­glarse, chascó la lengua para demostrar su impacien­cia.
—Perdona —murmuró Joe—. No sabíamos qué hora era.
—Está claro —replicó Leslie mirando a Demi—. Vine aquí para hablar de tierras.
—Por supuesto, estoy a tu disposición —dijo Joe—. ¿Te apetece charlar mientras tomamos una taza de café?
—No, me gustaría que me enseñaras la ciudad —di­jo Leslie, y luego miró a Demi—. Supongo que ella también viene.
—No si prefieres que te conceda toda mi atención —dijo Joe inesperadamente—. No te importa, ¿verdad, cariño?
Demi estaba desconcertada, pero trató de son­reír.
—Claro que no —dijo—. Podéis iros, yo me quedaré ayudando a Corlie en la cocina.
—¿Sabes cocinar? —preguntó Leslie con indiferen­cia—. Yo nunca me molesté en aprender, la mayoría de las veces como fuera de casa.
—Yo odio la comida de los restaurantes —dijo Demi—, así que el verano pasado hice un curso de cocina. Incluso aprendí a hacer postres franceses.
Joe se la quedó mirando.
—No me lo habías dicho.
—No me lo preguntaste —dijo Demi encogiéndose de hombros.
—Qué raro —dijo Leslie—. Yo creía que los novios se lo contaban todo. Además, es tu hermanastra.
—Hemos vivido mucho tiempo separados —le explicó Joe—. Todavía estamos dando los pri­meros pasos, a pesar del compromiso. No estaremos fuera mucho tiempo —le dijo a Demi.
—Tomaos vuestro tiempo.
Joe vaciló, Demi sabía por qué. No quería darle a Leslie pie para flirtear con él. Demi se acercó a él y lo abrazó por la cintura.
—Recuerda que estás prometido —dijo y se puso de puntillas para darle un beso en los labios.
Estaban tan fríos como el hielo, como sus ojos, incluso a pesar de que aparentemente trataban de devolverle el beso.
—Tennos preparado algo especial para cuando vol­vamos —dijo Joe refiriéndose a la cena y apar­tando a Demi con ternura.
Demi se quedó con una enorme sensación de vacío. Sabía que no era capaz de darle todo lo que él necesitaba, pero le hubiera gustado una muestra más cálida de su afecto. La miraba como si la odiara, y tal vez la odiaba todavía.

 marathon dedicada a mi anomia fiel... jejeje 
gracias por tus comentarios...

3 comentarios:

  1. AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH MEEE SUPER ENCCANTHOO SIS SUBEE MAS SII?'

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  2. me re encanto :) es genial, pobre Joe me da pena por el :S bueno sigo leyendo :)

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  3. graciasss no habia podido comentar por el internet ¬¬ pero bueno aqui estoy como siempre...fiel :D

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..