sábado, 30 de julio de 2011

Novela Jemi 19 - Un asunto de familia


Demi tragó saliva. Sentir el contacto del cuerpo de Joe la ponía nerviosa, pero también la excitaba hasta el punto de desearle. Se vio presa de sensaciones confusas. Se sentía incómoda, pero al mismo tiempo estaba impaciente.
Joe dio un largo suspiro, gimió y luego soltó una carcajada.
—¡Dios, qué bien me siento!
Se estremeció, la miró a los ojos y movió a Demi contra sí mismo. Demi siguió con un pequeño movimiento rítmico, pero de forma inconsciente. Joe apretó los dientes y volvió a reírse.
—Ya había olvidado lo que era sentirse como un hombre.
El placer de Joe afectaba a Demi del modo más extraño. Apoyó la cabeza sobre su pecho, medio temerosa y medio excitada. Joe la abrazó y ella también se estremeció.
—Tú también lo sientes, ¿verdad? —le preguntó Joe al oído y agarrándola por las caderas, repitió el mismo movimiento rítmico. De modo que Demi gimió—. ¿Te gusta estar indefensa? ¿Te gusta desearme y sentir que no puedes hacer nada por evitarlo?
Demi se daba cuenta de la mezcla de resentimiento y ardiente deseo en las palabras de Joe. La besó, apoyando los labios sobre los suyos, con una presión tierna, pero exigente y voraz, que la dejó perpleja.
Joe, sin dejar de besarla, metió las manos debajo de la camiseta de punto y desabrochó el sujetador de seda. Luego apoyó ambas manos en sus pechos, acariciando los duros pezones. A Demi le tembló todo el cuerpo y Joe notó cómo gemía contra su boca. No podía parar. Le ocurría lo mismo que en Francia, lo mismo que aquella noche en la habitación de Demi. Se daba cuenta de que estaba cayendo sin remedio en el torbellino del deseo, pero sabía que no podía luchar contra ello. Hacía años que no se había sentido como un hombre y en aquellos momentos era presa del más desesperado deseo que había sentido nunca, y tenía que satisfacerlo. La deseaba, la necesitaba y debía tenerla.
Muy lentamente le quitó la camiseta, sin dejar de besarla y mordisquearla, con la clase de besos que eran un preludio de una intimidad aún mayor. Demi estaba tan excitada que no opuso la menor resistencia cuando Joe le quitó la camiseta y el sujetador y los dejó caer sobre la moqueta. Le acarició los pechos desnudos y Demi dejó escapar un suspiro.
—Son preciosos —susurró Joe con ternura, consciente de que Demi lo estaba mirando. La tomó por la cintura, la levantó del suelo y le besó los pezones—. Sabes a perfume y pétalos de rosa —dijo.
Demi gimió y Joe la miró a los ojos y vio en ellos la excitación y el placer. Reconoció en aquella expresión la angustia de la pasión, y supo que ya no podrían detenerse, aunque quisieran.
La echó sobre la moqueta, al lado del ventanal con vistas al jardín. El cuerpo de Demi, bajo aquella luz, tenía un brillo nacarado. Se arrodilló junto a ella y lenta y suavemente le quitó el resto de la ropa, dejándola desnuda y temblorosa. La besó y la acarició, sin que ella deseara que parara.
Luego Joe se desnudó, todavía con la incertidumbre de saber si su cuerpo reaccionaría. Había pasado muchos años de dolor y de sufrimiento. La miró y se estremeció al verla debajo de él, y tembló al ver la plenitud de su propia excitación.
Demi, recobró el juicio por un instante y lo miró con un débil temor. Nunca había tenido una intimidad semejante. En la oscuridad de aquella noche de su pasado, apenas lo había visto. En aquel instante vio la magnitud de su excitación y se sonrojó.
—Voy a tener mucho cuidado —dijo Joe.
Se echó junto a ella, reteniendo su propio deseo. Le apartó el pelo de la cara y se inclinó para besarla con ternura, apagando el torrente de palabras que pugnaba por salir de su boca. Demi quería decirle que no había tomado ninguna precaución y preguntarle si él lo haría. Pero él la besó en los pechos y ella se arqueó, temblando de placer, y la última llamada de su razón se desvaneció.
Las lentas y dulces caricias y los besos de Joe la relajaron. Contemplaba cómo la tocaba, oía sus suaves quejidos y susurros. Eran palabras cariñosas, que pronunciaba sin dejar de acariciarla. Le tembló el cuerpo y se ofreció a él. Se miraron mientras el placer alcanzaba un inesperado ardor y tembló en el borde del éxtasis cuando se puso sobre ella y empezó, muy lentamente, la unión de sus cuerpos.
—No
—No te haré daño, nena. Trata de relajarte.
—Eres tan... tan... —titubeó—. ¿Y si no puedo...?
Joe gimió, porque estaba perdiendo el control cuando había jurado no hacerlo. Pero no podía mantener su palabra, el tacto del cuerpo de Demi era demasiado ardiente.
Se movió contra ella sin poder contenerse.
—Dios, Demi, no te pongas tan tensa. Oh, nena, no puedo parar —dijo y deslizó la mano entre sus cuerpos, para acariciarla en su lugar mas íntimo. Demi respondió al instante, sin remedio—. ¡Sí, sí, sí!
Demi suspiró. Los movimientos de Joe la estremecían de placer, eran como flechas que penetraban su cuerpo, ansioso por recibirlas.
Sintió una gran sensación de plenitud dentro de sí. Estaba vacía, pero al cabo de un instante, fue como si estallaran fuegos artificiales en su interior. Comenzó a moverse con un ritmo nuevo y desconocido. La sangre le corría más deprisa. Respiraba con dificultad, jadeaba. Sentía la cadera de Joe contra la suya y el roce de su piel, mientras su cuerpo estaba cada vez más próximo. Casi no podía respirar. Le clavó las uñas en los brazos y abrió los ojos para mirar hacia su vientre y observar lo que le estaba ocurriendo.
—No, no mires —le dijo Joe y le besó los párpados y luego la boca. No había apartado la mano y Demi tenía unas sensaciones tan intensas que la cabeza le daba vueltas.
—¿Qué estás haciendo? —susurró ella temblando de placer.
—¿Dios mío... qué crees que estoy haciendo? —dijo Joe temblando empujando con tal fuerza que el sol se ocultó sobre los párpados de Demi que sintió una oleada de placer tan intenso que tuvo que sollozar como una niña.
Ya no le importaba saber lo que la estaba haciendo. Se movía con él, al mismo ritmo. Su cuerpo estaba ardiente y lleno. Sintió que se abría a un empuje que era extraño y familiar al mismo tiempo.
Joe no dejaba de besarla. Demi estaba inmersa en un ritmo que aumentaba el empuje y la plenitud cada vez más. Llegó un momento en que no le bastó sentirse llena. Notó un empuje aún mayor y oyó el gemido de angustia de Joe. Ella también gimió y su propia voz le pareció extraña. De repente sintió una extraña sensación que la recorrió de la cabeza a los pies y se puso rígida por un instante, para dejarse llevar por la más increíble oleada de ardiente placer que nunca había conocido.
Notó que sus músculos más íntimos se relajaban y su cuerpo cayó en rítmicas contracciones que amenazaban con partirla en dos. Y aunque la llevaron a un éxtasis con el que jamás había soñado, la sensación que había alcanzado desapareció y dejó paso a otra aún más intensa...
Gritó, temblando, sollozando, ahogándose en el placer.
Abrió los ojos y miró a Joe. Tenía la mandíbula apretada y parecía haber perdido el control. De repente, la presión que sentía en su interior estalló y Joe gritó y se puso tenso y se convulsionó ante la fascinada mirada de Demi. Joe gimió en una incontenible expresión de placer. Se arqueó y le temblaron los brazos. Se estremeció varias veces. Demi no dejaba de mirarlo.
:) odio estar con gripa!!! ashhh

4 comentarios:

  1. y ami!° espero que te recuperes :) ah y
    WOW ame la nove :) }
    me aroddillo ante a ti xD estaba esperando el capi
    Te dejos saludiños :D

    tu anonima!

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  2. Al fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin, esperaba este momento con ansias aunque con nervios por miedo a si pasaría o no... Pero paso genial jajajajaja, me fascino el cap :) genial totalmente genial :D

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  3. aww... por fin!!!
    heheh, que desubicada yo, hahah wow, jemi!!!!
    -demiloveMLovaticSMiler

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  4. ahhhh capiiii pervee ahhhhhhh jejejejeje

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..