domingo, 3 de julio de 2011

Novela Niley 06 - La ultima prueba



El mar se lo tragó.
Por un instante, cuando sumergió la cabeza bajo el agua helada, Nick se preguntó, como siempre hacía, si esta vez el mar lo arrastraría hasta las profundidades donde nunca llegaba el sol, donde no nadaban los peces, donde la oscuridad era tan honda como el frío.
Pero rápidamente se libró de aquellos pensamien­tos y se dispuso a hacer el trabajo para el que había si­do entrenado. Dio un par de enérgicas y potentes pa­tadas, echó la cabeza hacia atrás y subió hacia la su­perficie.
El sol, que estaba rodeado de nubes, le dio la bienvenida. Le llevó un momento orientarse. Miró hacia la izquierda y divisó la embarcación que había volcado a unos tres metros de distancia. Después, al­zó la vista hacia el helicóptero que sobrevolaba la zo­na. Las hélices azotaban el aire haciendo que las aguas se alborotaran y empezaran a crear espuma. El ruido era estruendoso. Levantó un brazo para hacer una señal a Monk y después se dirigió hacia la em­barcación en cuyo casco permanecían dos hombres.
-¡Dios! -gritó el mayor de los dos cuando vio que se acercaban-. Nos alegramos de veros, chicos.
Nick sonrió. Sujetando la embarcación, miró a los dos hombres. Debían de ser padre e hijo. El me­nor no debía de tener más de diecisiete años. Estaba asustado y tenía frío. ¿Quién podría culparlo? Desde luego, estar en el casco de un barco que ha volcado no es una situación muy alentadora.
Tiró del barco hacia un lado.
-¿Necesitáis que os llevemos a algún sitio?
El helicóptero se acercó de manera que la cabina estaba al borde de la superficie del mar. Desde el in­terior, descendieron una cesta que utilizaban para transportar a las víctimas en los rescates.
-Por amor de Dios, ¡sí! -gritó el hombre mayor dándole una palmada a su hijo en la espalda-. Lle­vaos a Danny primero.
Nick hizo una señal con la cabeza y el helicóp­tero acercó la cesta todo lo que pudo. Agarrándola con fuerza, Nick siguió pataleando para mantenerse a flote.
-No es necesario. La cesta es lo suficientemente grande. Hay sitio para todos nosotros.
El chaval parecía estar un poco inquieto, pero era normal. Para darle confianza, Nick dejó a un lado sus propios temores y empujó el barco para que se hundiera en el agua. Estaba listo, así que agarró al muchacho del brazo con su mano libre y lo arrimó hacia él. En ese momento oyó que Monk murmura­ba algo a través de la radio.
-¿Quieres moverte ya, Jonas?
-Ya voy. Un momento.
-¿Con quien estas hablando?-gritó el chaval en medio de aquella confusión mientras que Nick lo ayudaba a meterse en la cesta.
-Con ellos- le contestó Nick señalando hacía el helicóptero. Después, volviendo la mirada hacía el otro hombre, gritó -. ¡Vamos!
El padre subió a la cesta con mucha menos dificultad que su hijo. Después subió Nick y cuando to­dos estuvieron listos chilló.
 -Llévanos a casa J.T.
A medida que el helicóptero empezaba a moverse, la cesta se balanceaba suavemente en el aire. Monk comenzó a subir la cesta hasta que, al llegar a la altura del helicóptero, la sujetó a él y los ayudó a subir a bordo.
-¿Todo el mundo está bien? -gritó entre el ruido del motor del helicóptero.
-Sí -dijo el padre mientras subía al helicóptero-. Muchas gracias por salvarnos.
Monk envolvió a los dos hombres en mantas mientras que Nick sonreía y salía de la cesta secán­dose el rostro.
-Siempre es un placer -dijo sintiendo aún la rá­faga de adrenalina que recorría su interior-. ¿Qué es lo que le ha sucedido a vuestra embarcación?
El padre agitó la cabeza y se recostó contra el he­licóptero.
-El maldito barco empezó a hacer aguas. Casi antes de que pudiéramos terminar de pedir ayuda a través de la emisora, había tanta agua en cubierta que volcó y caímos al agua. Después conseguimos subirnos al casco y esperamos allí hasta que llegasteis.
-No me gustan los barcos -gritó Monk-. Si Dios hubiera querido que estuviéramos en el agua nos ha­bría dotado con agallas.
Nick se rió ante el comentario de su compañero. Aquel hombre odiaba el agua. Era extraño que hu­biera terminado destinado en Rescate y Salvamento.
-¿Y volar sí te gusta? -le pinchó aunque sabía per­fectamente la respuesta.
-Sí, claro. Es más seguro. ¿Has visto alguna vez marea en el cielo?
Mientras padre e hijo se relajaban y empezaban a disfrutar del trayecto en helicóptero, Nick se río con Monk y se dijo a sí mismo que era un hombre afortunado. Saltar desde helicópteros para ganarse la vida, ¿había algo mejor que eso?


A la tarde siguiente Miley estaba dispuesta a tomarse un descanso. Había pasado los últimos días encerrada en la librería y en la pequeña casa de estilo rural de Selena. No conocía a nadie en la ciudad.  Salvo a Nick Jonas. Pero no le había visto desde la tarde anterior en la que se había marchado apresu­radamente de la librería sin decirle nada.
Por supuesto, no es que quisiera verlo.
Pero pasar tanto tiempo sola hacía que tuviera mucho tiempo para pensar. Yeso no era necesaria­mente algo bueno.
Además, sólo porque estuviera sola en una cui­dad que no conocía no significaba que no pudiera salir a divertirse y conocer gente. Por eso decidió ir a dar una vuelta por el paseo marítimo a la hora de co­mer mientras miraba, sin demasiado interés, algunos escaparates.
Pero ahora se estaba arrepintiendo de haber sali­do a pasear. Hacía un calor horrible.
Incluso llevando una camiseta y unos pantalones cortos de lino, sentía que el calor crepitaba en su in­terior. Se dio cuenta de que el bochorno de Caroli­na del Sur era bastante diferente del de Nueva York. Se levantó el pelo por encima de la nuca para dejar que la suave brisa del océano refrescara su humedecida piel. Como recompensa tuvo un breve momento de frescura, pero se terminó antes de que pudiera empezar a disfrutarlo.
Alrededor de ella, familias enteras charlaban y reían juntas. Las parejas se hacían carantoñas y se aga­rraban de las manos mientras el sonido de las cáma­ras de fotos era casi melodioso.
Llegó hasta una esquina y se detuvo en la acera. Cuando el semáforo se puso en verde, cruzó la calle y se dirigió hacia la bahía. Cuanto más cerca estuvie­ra del agua, más agradecería el frescor de la brisa.
Había un montón de barcos alineados en el puer­to. Había pescadores por todo el embarcadero. Un par de personas montando en monopatín se movían entre la multitud como si fueran bailarines. A una ni­ña pequeña se le acababa de volar el globo y su ma­dre la consolaba mientras que el globo ascendía ha­cia el cielo.
Miley se sonrió y siguió caminando. El ambiente olía a perritos calientes y bronceador. Al pasar por uno de los puestos, se detuvo. Se compró un perrito caliente y un refresco y continuó hasta unas escaleras que conducían hacia unas rocas y una pequeña cala. Estaba cerca del embarcadero, pero lo suficiente­mente lejos de la multitud como para poder disfru­tar de un momento a solas.
Se sentó sobre una roca y le dio un bocado a su perrito caliente mientras medio oía los sonidos que tenía a su alrededor y fijaba la vista en un par de surferos que se aproximaban a la costa. Cerca del mar, la temperatura era mucho más agradable.
-Qué extraño me resulta estar sentada en la pla­ya en mitad de un día de trabajo -murmuró miran­do a su alrededor rápidamente. Hablar sola era uno de los primeros signos de desvarío. Naturalmente; no quería que hubiera testigos de ellos.
Si ahora mismo estuviera en casa estaría corrien­do por la Quinta Avenida agarrando con fuerza su bolso y andado rápidamente acorde al ritmo de la ciudad de Nueva York. Estaría yendo de una reunión a otra para reunir voluntarios y donaciones para la organización benéfica en cuestión para la que estu­viera trabajando en aquel momento. Habría reunio­nes, comidas y demás en los restaurantes más de mo­da de la ciudad...
Pero aunque tuviera los días tan ocupados, sus noches estaban vacías.
Miley se estremeció, dio otro mordisco al perrito caliente y se dijo a sí misma que su vida era plena. Te­nía un buen trabajo. Un trabajo importante. En el gran esquema de la vida, ¿realmente importaba que durante los últimos cinco años ella hubiera dejado de vivir su propia vida?
-Genial -murmuró, doblando la servilleta y to­mando un trago de su refresco-. Fiesta de autocompasión en la bahía. Trae tu propio vino.
 capi dedicado a maria alejandra.. sis espero que te mejores.. te quiero muchop!!!!

7 comentarios:

  1. aaaaah!
    me encantooo! jaja!
    Nick todo un heroe!
    mientras la otra muriendose de soledad ¬¬' jajajaja
    chik te adoro0o0o kuidathe!
    te kiierop :P

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  2. aaa y
    por cierto!

    PRIMERAAAAA!!! wiii! jajaja

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  3. Ahhhhh me encantoo hahaha pobre miley toda solita :S ya quiero ver el otro :D

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  4. Jajaja de acuerdo
    con mi sis Ary (Aracely)
    y awww Nick es un heroe
    como superman ok no XD
    y Miley aww..
    Nick q pasaria si Miley
    tiene una cama de agua y
    le pasa algo y Miley se ahoga???
    Nick tienes q irte con ella a su casa
    y dormir con ella en una de esas se ahoga
    o se ahoga en la tina no se sabe...
    ok ya me acelere
    Bye sis cuidate y espero q pronto hagas maraton
    :'( Bye sis... jajaja desde ayer la palabra NILEY me da risa Jajajaja Niley JAJAJA
    BYE
    ILOVEYOUSIS

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  5. OLIIS SIS DE MI CORAXOON NO SABES CUANTHOO TE EXTRAAÑOO Y ME FASINAROON LOS CAPIIII SIS MOXITHA TE QUELOO

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  6. Me encantooo :D, espero el siguienteee es genial la nove :D

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..