domingo, 10 de julio de 2011

Novela Niley 10 - La ultima prueba



Una repentina ráfaga de calor se apoderó de Miley. Tomando aire, recobró el control de sus hor­monas y se dijo a sí misma que mantuviera la calma. Ella no estaba buscando tener una aventura y si lo hi­ciera, desde luego no querría tenerla con Nick Jonas. Así que, ¿por qué ponerse histérica?
Vale, podía controlarse y actuar como una adulta. Pero, de repente, una gota le cayó sobre la cabeza. A Nick no le faltaba razón. Si la llevaba a casa en aquella poderosa máquina sexual escaparía de la llu­via mucho antes que si seguía siendo una cabezota e insistía en ir andando.
Aquello era un mero acto de necesidad.
No había nada malo en aceptar que el amigo de una amiga te llevara a casa.
Nick sólo le estaba haciendo un favor.
Pero no el favor que ella en silencio añoraba y que él no debía saber nunca.
-Vale. Acepto tu oferta. Gracias.
Él le dedicó una sonrisa y después, antes de arrancar la moto, sacó un casco negro del asiento trasero.
-Genial -le dijo entregándole el casco-. Ponte esto.
-¿Por qué tengo que llevar yo casco y tú no?
-Porque mi cabeza es más dura que la tuya.
-No lo dudes -murmuró ella poniéndose el casco y abrochándoselo bajo la barbilla.
-Te sienta muy bien.
-Oh, estoy segura -dijo apoyando un pie en uno de los estribos laterales para subirse a la moto. Me­nos mal que ese día había optado por llevar pantalo­nes de lino y no falda...
Él la miró por encima del hombro.
-Sujétate fuerte a mi cintura.
Oh, Dios.
Debajo de ella, sentía el rugir del motor. Las vi­braciones resultantes enviaban una serie de temblo­res a través de su cuerpo que le estaban haciendo ex­perimentar algo muy interesante.
Eso que ni siquiera le había tocado todavía.
-¿No vas a agarrarte o qué?
Miley apretó los dientes y lo abrazó por la cintu­ra. No necesitaba rodearle con los brazos ni nada pa­recido. Se dijo a sí misma que con tan sólo apoyar una mano en su costado sería suficiente. Quería evi­tar todo lo que fuera posible el calor del contacto de su cuerpo.
-Estoy bien -insistió ella evitando pensar que sus muslos estaban alineados con los de él y que la po­derosa máquina vibraba bajo ella.
-¿Qué te pasa, nena? ¿Qué es lo que te preocupa?
-Nada en absoluto. ¿Por qué no te preocupas de conducir? Sé cuidar de mí misma.
-Lo que tú digas -él se encogió de hombros, vol­vió el rostro hacia delante y cuando el semáforo se puso en verde, salió disparado.
-¡Hey! -ella dio un chillido e, instintivamente, se agarró con fuerza de él.
Él se rió y ella sintió cómo su cuerpo se estreme­cía al silenciar sus carcajadas.
«Deja que se ría», pensó ella. Ahora lo único que le interesaba era mantener su postura sobre la moto. No estaba pretendiendo mantenerse distante.
Condujo la moto hasta la calle principal metién­dose entre los coches. A medida que ganaban velo­cidad, el viento la golpeaba y las gotas caían sobre ella como pequeñas balas de hielo. Miley se relajó lo suficiente como para sonreír y disfrutar del aire, la sensación de libertad y la pequeña dosis de ries­go.
Hacía mucho tiempo.
Antes de que su vida se hubiera convertido en una constante gala benéfica, siempre le había gusta­do disfrutar de cosas como aquélla: motocicletas, pa­racaidismo, buceo, escalada...
No siempre había sido una mujer aventurera e in­trépida. Sin embargo, cuando su mundo se vino aba­jo, Miley dejó de preocuparse. Decidió vivir cada mo­mento intensamente. Sólo buscaba lo más excitante y peligroso, todas las actividades arriesgadas que pu­diera encontrar para poder enajenarse y sobrellevar el dolor con la fuerza de la adrenalina. Hasta hacía cinco años.
Cuando una mañana se despertó en un hospital y descubrió que tenía una pierna y un brazo rotos. Así fue cómo se dio cuenta que perseguir la muerte no era una forma de vida. Querer enterrar su dolor no iba a hacer que desapareciera. La única forma de poder vivir con ese dolor de forma llevadera era ayudar a la gente siempre que pudiera.
Desde aquella mañana, se convirtió en embajadora de las causas perdidas. Miley Cyrus se convirtió en la chica de moda de la mayoría de las organizaciones benéficas de Manhattan. Organizaba eventos para recaudar fondos, lograba intimidar a los multimillonarios para hacer contribuciones millonarias que jamás habían tenido intención de donar y conseguía hacer que cualquier subasta se convirtiera en el acontecimiento del año. Y todo lo hacía con calma y una agradable sonrisa con la que conseguía escon­der a la verdadera Miley.
Tenía montones de conocidos, pero muy pocos amigos. Todos los amigos que tenía eran casi como su familia aunque no estuviera emparentado con ellos a través de la sangre.
Y así fue como acabó en Baywater, en Carolina del Sur, montada en una moto con un tío cachas.
Por Selena.
Desde aquel horrible momento hacía ya doce años en el que su mundo se vino abajo, Selena siem­pre había estado a su lado. Había sido su mejor ami­ga. Había llorado con ella, la había abrazado, y la había apoyado en los problemas que ella había teni­do con su familia. Selena Bieber era su nexo con el pasado. Un nexo que adoraba.
-¿Cómo vas ahí atrás?
Nick interrumpió sus pensamientos. Miley ins­piró hondo y se recordó a sí misma que el pasado era sólo pasado.
-Estoy bien -le gritó para que pudiera oírla a pe­sar del ruido del motor.
Aún chispeaba. Parecía que la tormenta no tenia la fuerza suficiente como para romper a llover. Mientras se deslizaban por la carretera y dejaban atrás los semáforos, veían cómo las gotas de lluvia se refleja­ban en el pavimento mojado.
Un coche pasó zumbando por su lado con la radio a todo volumen salpicándoles de agua a su paso. Miley escondió la cabeza sobre el hombro de Nick  y permaneció mirando hacia un lado.
El sonido del motor bajo ella, la fuerza del vien­to contra ella y mantener las manos alrededor de la cintura y sentir el contacto de su piel era tan cautivador, que le llevó un par de minutos darse cuenta de algo.
-¡Hey! -gritó alzando la cabeza-. Te has pasado la calle de Selena.
-No. No me la he pasado.
-Te la has pasado.
-Bueno, sí, tienes razón. Pero sé perfectamente cuál es su calle.
Apretando los brazos fuertemente contra él, gru­ñó:
-¿Qué es lo que estás haciendo?
-¿Es que no puedes relajarte y disfrutar del pa­seo?
-No hasta que me digas qué está pasando.
Maldita sea. Había bajado la guardia. Nunca de­bería haber aceptado su oferta. Sabía que era un error desde el mismo momento en que había subido a la moto. Pero, ¿qué mujer hubiera sido capaz de decirle no a semejante hombre?
-Nick...
-Relájate, nena.
-Deja de llamarme nena.
Él se rió. Miley sentía cómo se reía y eso la hacía apretar con más fuerza los dientes. En el preciso instante en que detuviera la motocicleta, saltaría y andaría si tenía que hacerlo, para regresar a casa de Selena.
La magia del paseo en moto se fue desvaneciendo a medida que crecía su mal humor. Para cuando él había parado la moto, Miley ni siquiera se detuvo para ver dónde estaban. Simplemente se bajó de la moto, se quitó el casco y lo miró fijamente.
-Realmente estás loco, ¿verdad? El sonrió y ella se dio cuenta de que, por muy sexy que pudiera resultarle, su risa también podía ser muy irritante.
-Pensé que te gustaría dar una vuelta y disfrutar del paisaje.
-¿Lloviendo?
Él levantó una mano y se encogió de hombros.
-Dejamos la lluvia atrás hace un rato.
Frunciendo el ceño, Miley alzó el rostro hacia el cielo y vio que él tenía razón. Se habían alejado lo suficiente de Baywater para dejar la tormenta de vera­no tras ellos. Entonces, Miley se dedicó un minuto y echó un vistazo a su alrededor. Estaban en un acan­tilado y el océano estaba a sus pies. La carretera que se encontraba tras ellos estaba desierta y los árboles que la flanqueaban se mecían suavemente al ritmo del viento.
Cuando finalmente volvió a mirar a Nick, Miley descubrió que él se encontraba a su lado mirando hacia la inmensidad del océano. La luz de la luna se filtraba entre las nubes y, haciendo sombras, se re­flejaba en el mar.
-El paseo merece la pena, ¿eh?
Miley alzó la mirada y no tuvo más remedio que admitir que aquello era precioso.
-Es muy bonito.
-Es uno de mis lugares favoritos -dijo aproxi­mándose al borde del acantilado-. Vengo aquí cuan­do necesito escapar de la gente y estar solo un rato.
Ella lo acompañó dando pequeños pasos insegu­ros.
-Entonces no deberías traer gente contigo.
Él la miró y se encogió de hombros.
-Normalmente no lo hago.
Miley balanceó el casco con la mano golpeándo­lo suavemente contra su muslo.
-¿Y por qué me has traído a mí?
 capi dedicado a tiff... sis te quiero muchop me encantan tus noves...

4 comentarios:

  1. Me encantoooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!
    pero pork hasta ahi???
    jeje espero el otro sis :)

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  2. wauu q lindo en serio m encanta cada nove q subes.. son geniales... como vs!!! te kiero amiga un besoo grande y espero q subas la d Jami tambien!!!

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  3. Que lindo cap, me gusto mucho la parte de Selena me gusta que sean mejores amigas...Y porque la llevo a ella a ese lugar? que tierno

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  4. me encaantho sis muxo muxoo el capii ablando de tiif no ehh ablado con ella ammm donde se abra metiidoo buenoooo me voy sis te queloo madre mia jajaj graxias por adoptarme

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..