sábado, 16 de julio de 2011

Novela Niley 15 - La ultima prueba

-Es uno de los barcos de Bucky -gritó Monk a pe­sar de que llevaba un micrófono incorporado al cas­co-. El pobre idiota que lo ha alquilado ni siquiera puede utilizar la radio para pedir socorro porque no funciona. Ha tenido que utilizar su teléfono móvil.
Indignado, Nick dijo;
-Me sorprende que los barcos de Bucky aún se mantengan a flote. Ese hombre es una amenaza.
Monk asintió.
-Alguien debería hacer que ese viejo estúpido ce­rrara el negocio.
-Sí, pero si no tuviéramos los barcuchos de Bucky, ¿a quién rescataríamos nosotros?
Monk agitó la cabeza con gravedad. Se inclinó hacia adelante y examinó el océano mientras pasaban tumbando por encima de él.
-La cosa se está poniendo fea, Jonas.
A pesar del ruido que generaba el helicóptero, Nick recibió la voz de Monk a través del auricular que llevaba.
Nick decidió echar un vistazo y sacar sus propias conclusiones. La marea había subido y había un gran oleaje. La tormenta se estaba gestando en el Atlánti­co y se estaba acercando. Podía sentir cómo el heli­cóptero avanzaba con dificultad con el viento en contra, En un par de días, el huracán avistaría tierra y entonces sí que sería una pesadilla.
-Tiene muy mala pinta -dijo Monk agitando la cabeza.
-Relájate, Monk. Tú no tienes que ir ahí abajo y bucear, ¿recuerdas?
-¡Claro que lo recuerdo! -respondió mirándo­lo fijamente-. De ninguna manera nadaría estan­do el mar de esta forma. Los submarinistas estáis locos.
-Sabes que la mayoría de la gente tiene miedo a volar...
-La gente está loca -dijo agarrando un paquete de chicles de su bolsillo. Desenvolviendo uno, aña­dió-. Se atreven a nadar junto a los tiburones, mon­tan en barcuchos para ir a saludar a las ballenas y ¡tienen miedo de un avión! ¡De la precisión de la ae­ronáutica! -agitando la cabeza empezó a mascar el chicle-. No tiene sentido.
-Ya casi estamos -anunció J.T. a través del micró­fono del asiento del piloto-. Llegaremos en dos mi­nutos aproximadamente.
Agarrándose de una de las asas, Monk asomó la cabeza.
-Sí, ahí está. ¡Dios! Quienquiera que esté ahí aba­jo tiene suerte de no haberse hundido todavía. ¡Mal­dito Bucky! Probablemente haya un par de tiburones hambrientos esperando.
-¡Por amor de Dios, Monk! -gruñó J.T.-, Déjalo, ¿quieres?
Nick se rió mientras se preparaba, comprobaba su equipo de buceo y se ajustaba la máscara.
-Estad preparados con la cesta. Subiré a los pasa­jeros para poder abandonar el barco lo antes posi­ble. Dejemos que sea Bucky quien se encargue de re­cuperarlo.
-Es lo justo -murmuró Monk-. Hagamos que ese bastardo se encargue de uno de sus viejos barcos.
Nick sonrió y se dirigió hacia la escotilla. J.T. hi­zo que el helicóptero descendiera a pesar de que el viento trataba de empujarlos hacia la orilla con fuerza. Mirando hacia el océano revuelto, Nick echó un vistazo a la pequeña embarcación que se balanceaba peligrosamente sobre las olas y le hizo una señal a Monk mientras se ajustaba la máscara y saltaba.
En ese mismo instante sintió el mayor azote de adrenalina que jamás había sentido. En aquel mo­mento se sintió volar. Se sentía libre y vivo. Mucho más de lo que podría estarlo teniendo un trabajo ru­tinario con jornada de nueve a cinco.
El agua lo golpeó y se vio inmerso en la oscuridad. Comenzó a nadar hacia la superficie y cuando lo hi­zo vio que se encontraba a unos tres metros de dis­tancia del barco. La embarcación tenía pinta de estar a punto de venirse abajo en cualquier momento.
Y siendo uno de los barcuchos de Bucky, proba­blemente lo haría.
Se apresuró y en tan sólo unos segundos fue capaz de llegar a uno de los laterales del barco. Intentó su­bir, pero alguien desde la cubierta le agarró las ma­nos para ayudarlo. Cuando se descubrió el rostro para decir hola, su sonrisa se desvaneció por completo.
-¿Miley?
-¡Cielo santo! ¿Tú?
-Eso mismo me pregunto yo.
Nick agitó la cabeza e hizo una señal a Monk, quien aún permanecía colgado de uno de los latera­les del helicóptero. Un segundo después, Monk ya le había lanzado la cesta de rescate y, aunque se balan­ceaba por la intensidad del viento, pudo bajarla cui­dadosamente.
Volviendo la mirada hacia Miley, Nick se apoyó contra un lateral del barco y dijo:
-¿En qué demonios estabas pensando cuando te hiciste a la mar?
Ella se apartó el pelo de los ojos y lo miró fija­mente. Menuda bienvenida le daba el tipo que había venido a rescatarla.
Apretó los labios como si realmente no quisiera contestar, pero lo hizo.
-Simplemente quería salir a navegar durante un par de horas.
-¿Acaso no has visto el pronóstico del tiempo úl­timamente?
-No.
-Supongo que no. ¿No has oído hablar del hura­cán Igor?
-¿Huracán? -gritó para qué el pudiera oírla a pe­sar del ruido que hacía el helicóptero.
Medio estupefacto y furioso por las muestras de asombro de su rostro, Nick contestó:
-Recoge tus cosas. Tenemos que salir de aquí.
-¿Y qué me dices del barco?
-Daremos el aviso por radio. Bucky podrá venir a buscar su barco cuando lo desee. Miley lo miró fijamente.
-¿Cómo sabes a quién se lo alquilé?
Él apretó los dientes.
-Un barco tan viejo y oxidado como éste no pue­de ser de nadie sino de Bucky. Ahora vámonos, ¿quie­res?
Miley se dio medía vuelta y fue a buscar su bolso y un pequeño termo.
-¿Estás lista? -gritó Nick mientras agarraba la cesta de rescate y la traía hacia sí.
-Como jamás antes lo he estado.
-Sube las piernas -le dijo mientras se acercaba y ella se disponía a hacer lo que él le decía. Con una mano sostenía la cesta y la mantenía firme, pero no la quitaba la vista de encima-. Vas a mojarte.
Por primera vez desde que había llegado, ella sonrió.
-No tanto como pensaba.
En aquel momento Nick la admiró. Era una mu­jer sorprendente. No se había puesto histérica ni llo­riqueaba. Tampoco parecía tener miedo. Simple­mente mantenía la calma y aceptaba con obediencia todas sus órdenes.
Nick se rió mientras sujetaba la cesta para que ella subiera. Lo hizo elegantemente, pero la furia de las olas la salpicó y le empapó los pantalones cor­tos de color verde y la mitad de la camiseta que lle­vaba.
¡Ah! -gritó cuando sintió que le alcanzaban las olas.
Mantuvo el bolso en alto para evitar que se mojara, mientras que con la otra mano se sostenía con fuerza a la canasta. Una vez ella estuvo dentro, Nick subió y le hizo una señal a Monk. Empezaron a izar la cuerda y la cesta se elevó en el aire meciéndose salvajemente por la fuerza del aire. Miley se sostenía con tanta fuerza que los nudillos se le estaban poniendo blancos.
Nick la observaba. Percibió la excitación que brillaba en sus ojos a pesar de que era un sentimiento mezclado con una buena dosis de miedo. Enton­ces... sintió algo. Su corazón había estado inquieto desde que había mirado esos ojos verdes. Haberla encontrado sola allí abajo le había asustado por un momento. Pero verla ahora disfrutar de aquel paseo en el aire le hacía sentir el entusiasmo de un chiqui­llo en un parque de atracciones. Sin embargo, había una parte de él que sentía lo contrario.
Y sentía algo más profundo.
Algo más cálido.
Algo peligroso.
Para cuando llegaron a la base, Miley temblaba a pesar de la manta que Monk le había proporciona­do. No había puesto ninguna pega a que Nick la lle­vara a casa y permaneció callada durante todo el tra­yecto.
A pesar de que, de vez en cuando, la miraba de reojo, Nick se concentró en la conducción.
 
 awwww me encanta nick.. jejeje en serio es un amor aunque ande con la delta...

4 comentarios:

  1. wau!!! estupendo el cap... y pobre Miley q susto se habrá llevado estando sola... aahaha q miedo jeje pero valdría la pena si te rescataría alguien como Nick... jejeje pero bue... un beso amiga t kiero muchisimooo :D

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  2. tambien me encanta Nick :) es totalmente un amor, y como dije, el la iba a salvarr :D que ternura me dio

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..