jueves, 21 de julio de 2011

Novela Niley 17 - La ultima prueba



Miley suspiró cuando Nick la abrazó. Sus brazos la rodearon y ella se perdió en la inmensidad de sus ojos cafes.
Entonces sus labios se posaron sobre los de ella Miley cerró los ojos. Al hacerlo, le pareció estar vien­do las estrellas. Todo su cuerpo se estremecía y bri­llaba como una luz de neón en medio de la noche.
Él le separó los labios y su lengua se enredó con la de él en una danza de total desenfreno. El latido de su corazón era tan fuerte que su ruido era casi ensordecedor. La presión sanguínea le había au­mentado, su mente parecía haber caído en el olvido y ella se dejó llevar por la increíble sensación de en­trega.
Sus manos se deslizaron por su espalda hasta que, finalmente, se posaron sobre su trasero. Ella sintió la fuerza de sus dedos contra la frialdad y humedad del tejido de sus pantalones cortos, pero su tacto le pro­porcionó tanto calor que, si hubiera mirado, podría haber visto cómo el vapor empezaba a gestarse entre ellos.
Ella se acercó a él y le echó los brazos alrededor del cuello para atraerlo más cerca de sí. Sus bocas se entrelazaron perdiendo el aliento. Sus gemidos lle­naban el aire mientras ella sentía que él la abrazaba con una pasión que no había conocido antes.
Aquello era nuevo.
Aquello era increíble.
Aquello era aterrador.
Una pequeña parcela de su cerebro.
Por extraño que pudiera parecer, una pequeña parte de su cerebro se mantenía al margen y actuaba con racionalidad a pesar de la ráfaga de deseo que parecía haberse apoderado de ella. Cuando él apar­tó los labios de los suyos para deslizar la lengua a lo largo de su garganta, Miley inclinó la cabeza hacia atrás, miró hacia el techo e intentó escuchar a aque­lla parte de su mente que aún actuaba de forma ra­cional.
Sabía que aquello era un error. Sabía que no po­día haber nada entre aquel hombre y ella. Y sin du­da sabía que, si él dejaba de tocarla, ella se disolve­ría en un charco pegajoso de anhelo e indecisión.
Sintió un cosquilleo en la boca del estómago. Se giró hacia él y empezó a mover las caderas instintiva­mente contra las suyas acercándose, presionando, frotándole...
-Me estás matando -susurró Nick acariciándola hasta que consiguió hacer que se le erizara la piel.
-Confía en mí -logró decir ella-. No te quiero muerto.
Él se rió y ella sintió cómo la leve vibración de su risa recorría su cuerpo. Miley deslizó las manos por su espalda sintiendo la firmeza de sus músculos bajo el suave tejido de su camiseta. Y, oh, cuánto deseaba acariciar aquellos músculos. Quería deslizar suave­mente sus manos alrededor de su cuerpo y descu­brirlo lentamente y ver su mirada cuando ella llegó a acariciarle sus partes más íntimas.
-Oh, ¡Dios! -susurró mientras que su cuerpo se veía embargado por una sensación febril que casi es­tuvo a punto de dejarla sin respiración.
-Sí -murmuró él-. Es justo lo que estaba pensan­do. Yo también necesito tocarte.
-Oh, sí. Ahora. Por favor. Ahora -dijo ella olvi­dándose por completo de la vocecilla de su mente que le hablaba con racionalidad. Ahora no quería actuar con lógica. No quería pensar.
Sólo quería un orgasmo, ¡maldita sea!
Las manos de Nick supieron abrirse paso entre los dos cuerpos y llegar hasta la cinturilla de los pan­talones de Miley. El ritmo de su respiración aumen­tó cuando ella sintió que él buscaba a tientas el bo­tón y la cremallera. Miley gritó en silencio.
«Ahora, ahora. Deprisa. Date prisa».
Estaba muy cerca.
Hacía ya mucho tiempo.
Demasiado tiempo desde que no sentía las manos de un hombre acariciar su cuerpo.
Pero las otras veces no se habían parecido nada a aquélla.
Nunca antes se había sentido así.
Miley luchó por conseguir algo de aire. Luchó por permanecer derecha. Luchó por ser capaz de contener sus propias manos y no desabrocharse ella misma los pantalones.
Al fin sintió que el botón cedía y la cremallera se abría. Miley se estremeció al sentir que la mano de Nick se deslizaba por debajo de su abdomen.
-Nick...
-Tengo que tocarte, Miley. Tengo que sentir tu calor. Ahora.
-Ahora -asintió ella agarrándose fuerte de sus hombros. Mientras tanto, Nick deslizó una  mano por debajo de sus braguitas de seda yendo más y más abajo hasta que, con las yemas de sus dedos, tocó el punto exacto que la hizo estremecer entre sus bra­zos-. ¡Nick!
Él le mordió el cuello suavemente y después, con sus manos y su lengua, le acarició el cuerpo hacién­dola sentirse en el paraíso. Introdujo primero un de­do en sus partes más íntimas y ella empezó a conto­nearse contra él pidiendo más, queriendo que él fuera más lejos, anhelando sentir otra parte de su cuerpo mucho más poderosa dentro de ella.
Ella cambió de postura, se arrimó más a él, pero, aun así, no era suficiente.
-¡Oh Nick!
-Más -murmuró él y, antes de que ella pudiera darse cuenta, con su otra mano libre se las apañó pa­ra despojarla de los pantalones y las braguitas. Aga­rrándola por la cintura, la elevó y la dejó caer sobre la lavadora.
Miley sintió el frío metal contra su piel, pero na­da podía acabar con las llamas que la consumían. No estaba pensando lo que estaban haciendo. Y tampo­co se paró a pensar que, mientras ella estaba casi des­nuda en el porche de su amiga, él aún estaba vestido. La lluvia seguía golpeando el tejado y las venta­nas. El viento parecía estar arrasando toda la casa. Parecía que incluso la Naturaleza había ido más allá de lo que debería y se había visto obligada a doble­garse en aquel momento.
Miley deslizó las manos por el rostro de Nick. Su mirada estaba llena de deseo.
Él se inclinó y la besó apasionadamente, desespe­radamente, devorándole la boca en un feroz asalto que la dejó temblorosa y ansiosa por más. Sin embargo, a pesar de sus pequeños gruñidos en señal de protesta, él se apartó.
Pero al momento sus fuertes manos la agarraron de las caderas y la estrecharon con firmeza hacia el borde de la lavadora. Después, él le separó los mus­los con una dulce y total determinación.
-Nick -susurró siendo consciente del tono de súplica de su voz. Sin embargo, no se avergonzaba. Había ido demasiado lejos. Y ya no había marcha atrás. Ahora sólo le importaba dar rienda suelta al deseo y la pasión-. Tócame.
Él le sostuvo el rostro con la palma de su mano y se acercó a besarla. Después, la miró a los ojos mien­tras que volvía a introducir sus dedos dentro de ella. Una y otra vez, sus dedos tomaron un ritmo que amenazaba con volverle loca.
-Nunca he deseado a nadie de la forma en que te deseo. Jamás.
Ella sonrió levemente, desesperadamente.
-Entonces, tómame.
Él sonrió y ese hoyuelo suyo hizo que en el cora­zón de Miley se encendiera una llama de algo dulce y fuerte. Volviendo a agarrarla con ambas manos de las caderas, se arrodilló frente a Miley. Ella se quedó sin respiración. Sabía lo que iba a hacerle. Lo sabía, y lo deseaba con una intensidad que iba más allá de lo que jamás ella había sentido antes.
Sus fuertes manos le agarraron las caderas y la co­locaron en la posición correcta. El corazón se le pa­ró al ver cómo él se disponía a tomar la parte más ín­tima de su cuerpo.
Su boca supo cómo colmarla de placer. Y ella res­pondió moviéndose y gimiendo ante él. Echándose hacia atrás, apoyó las manos en los laterales de la lavadora para evitar caerse, pero las manos de Nick la sostenían fuertemente en su sitio aunque ella se sin­tiera caer en un abismo de anhelo y placer.
Nick la saboreó con su lengua, succionando, la­miendo, haciéndola llegar más y más lejos. Y más rá­pido. Una y otra vez se detenía en el centro, en la flor de su secreto, en aquel punto que la hacía llegar a lo más alto.
Miley lo miraba. Era incapaz de apartar la vista. Su cuerpo reaccionaba ante el placer que él le pro­pinaba. Hacía mucho tiempo y ahora se sentía en medio de una espiral que la transportaba más allá del placer. Se trataba de una tensión y de un gozo tan grande que casi rozaba el dolor. Su meta estaba cerca y se acercaba más aún a medida que los segun­dos pasaban.
Ella alzó una de sus manos y le agarró la cabeza. Sentía la suavidad de su pelo negro bajo la palma de su mano. Su lengua volvió a detenerse en su clítoris y, en una larga y precisa caricia, la hizo llegar al clímax que tanto había estado ansiando.
-¡Nick! -gritó su nombre al sentir el primero de los espasmos que hicieron que perdiera el control. Sujetándose fuerte a él, se concentró en sentirlo, en sentir lo íntimamente unidos que estaban en aquel instante. Su cuerpo tembló. Y el corazón le dolía.
Cuando todo hubo terminado, volvió a pronun­ciar su nombre.
Pero esta vez se trataba de un leve susurro.
Cuando vio que ya estaba relajada, Nick se le­vantó y la rodeó con sus brazos.
El corazón de él latía con la misma fuerza que el suyo. Él había disfrutado de su liberación sexual con toda su alma. Había sentido la alegría y había experimentado y compartido el placer con el mismo de­seo.
Pero ahora quería más.
Elevando las manos, le sostuvo el rostro y la miró con unos ojos vidriosos y llenos de pasión.
-Nick -le dijo ella intentando recuperar el aliento-. Ha sido...
-Sólo el calentamiento -terminó por ella besán­dola. Ella lo abrazó-. Te deseo -le dijo cuando por fin sus labios se separaron-. Te deseo tanto...
-Me alegra oír eso -le respondió sonriendo y mi­rándola a los ojos-. Pero, ¿qué hay de la apuesta?
La apuesta.
 chicas capi hot.. jejeje...
:)
las quiero millon...

4 comentarios:

  1. wow, hahaha. ya hasta se le habia olvidado!! porfa sube mas!!!!

    -demiloveMlovaticsMiler

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  2. ahahahahaha ya se habia olvidado no?? picaro....
    sube mas plis!!!!!!
    estubo increible...
    =)

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  3. me encantoo, pero perdio si apuesta :_ yo no queria :( bueno igual estuvo genial :D

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  4. siiss de mii vidaaaa ahhh regreseeep jejeje ok eso es obio jajaja ya leii todoos los capiss me fasiinaroonn ahhhhhhhhhhhh suuuupeeer

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..