lunes, 25 de julio de 2011

Novela Niley 19 - La ultima prueba


Los vecinos colaboraron.
Parecía que, en época de huracanes, no había ex­traños en la ciudad.
La lluvia llegó a Baywater con tanta fuerza que apenas podía verse por las calles. El viento azotaba los árboles y se llevaba a su paso las tejas sueltas de al­gunos de los tejados.
Selena se había preparado para ello. A Miley no le quedaba duda. Todos los listones de madera que había utilizado para cubrir las ventanas y puertas es­taban apilados y etiquetados en el garaje de forma que Miley supo en todo momento dónde iba cada pieza. Con la ayuda de unos vecinos, consiguió que la casa de Selena estuviera completamente protegida en tan sólo un par de horas.
Pero entonces ya no quedaba nada más que ha­cer sino esperar.
Se preparó una taza de café y, mientras se estre­mecía por los estruendos de la tormenta, puso la te­levisión para ver los avances de noticias tal y como uno de los vecinos de Selena le había aconsejado.
Sentía un nudo en el estómago. Estaba nerviosa. Sostuvo la taza de café entre sus manos y trató de ig­norar las ráfagas de viento que estaban azotando la casa.
-Vale, la aventura es una cosa -dijo mirando al techo como si fuera capaz de ver la tormenta a través del tejado-, pero esto es una locura.
Y Nick estaba inmerso en ella.
Hacía horas que se había marchado para atender aquella emergencia. Horas desde que la había deja­do sin aliento. No debía preocuparse. Era su profe­sión. Estaba entrenado para ello y era muy bueno en su trabajo. Lo había visto con sus propios ojos esa misma mañana. Sin embargo, al escuchar en ese mo­mento el parte meteorológico, aún no podía creer cómo había sido tan estúpida como para salir a na­vegar aquel día.
Pero parecía no importarle saber que Nick esta­ba bien formado y que era muy buen profesional. Sentía una punzada en el corazón al recordar las imágenes de Nick saltando desde el helicóptero ha­cia la feroz marea. Se lo imaginaba yendo hacia el pescador perdido y siendo tragado por el océano.
Con todas aquellas imágenes pasando por su ca­beza, Miley se estremeció, apoyó la taza de café sobre la encimera de la cocina y salió de la habitación. Cru­zó el salón. A pesar de que las lámparas estaban en­cendidas todo estaba a oscuras. Con las ventanas apuntaladas, se sentía como si estuviera en una jaula.
Sola.
Asustada.
Agitó la cabeza y, agarrando el pomo, se dispuso a abrir la puerta. Al instante, la lluvia y el viento la golpearon.
La fuerza del huracán era salvaje. Los árboles se zarandeaban como si fueran peca­dores desesperados suplicando el perdón. Todas las casas estaban protegidas con madera. No había na­die por la calle. Todo el mundo estaba encerrado en sus casas rezando para que la tormenta pasara pronto y dejara el menor rastro posible.
Miley anduvo hasta el borde del porche e intentó avanzar hacia delante aunque el viento se lo impedía.
Era una insensata. Debería permanecer dentro, Calentita. Seca.
Dentro de la casa se sentía sola. Estar dentro le recordaba que era una mujer que no formaba parte de aquella pequeña comunidad a punto de ser arrasada por la tormenta. Todo el mundo estaba con sus fa­milias y todos aquéllos a quienes querían o les importaban.
Pero Miley no tenía a nadie.
Ella así lo había querido, naturalmente. Durante años, había hecho todo lo posible para distanciarse de todo lo que pudiera resultarle una atadura. En el pasado, había amado, había sufrido la pérdida y se había prometido a sí misma no volver a correr ese riesgo otra vez.
Bueno, al menos había funcionado.
Ya que, en ese momento, se sentía más sola que nunca.
La familia se encontraba a salvo.
Nick condujo con cuidado. Los parabrisas esta­ban a pleno rendimiento para que él pudiera ver al­go entre la lluvia. Todo estaba empañado, pero él te­nía la mente despierta.
Había comprobado que todos los Jonas estaban a salvo. Su madre estaba con abuela, Danielle y Kevin ayu­dando a la de Danielle a proteger la casa. Joe y Demi estaban en la iglesia ayudando a los feligreses de Frankie a reforzar con listones las ventanas de la iglesia.
Y eso hacía que Nick estuviese libre para hacer lo que el corazón le dictaba.
Estar con Miley.
Después de regresar a la base con un pescador empapado y muy enfadado farfullando de rabia e in­dignación y amenazando con poner una demanda, se había dirigido hacía la librería Frog House. Con la ayuda de otros paisanos, había protegido la tienda de Selena y había ayudado a Selma a hacer lo mismo con la suya. Ya habían hecho todo lo que podían. Ahora sólo quedaba esperar.
Y no había mejor lugar para hacerlo que en la ca­sa de Selena junto a Miley.
La había tenido en sus pensamientos durante to­do el día. Durante el rescate, durante los preparati­vos para el huracán... Había estado allí, recordándo­le que ahora tenía algo más en qué pensar que en sí mismo. Tenía alguien más que cuidar aparte de su familia.
Cosa que le resultaba bastante extraña.
Él no había pedido cuidar de nadie.
No tenía la intención de tener que preocuparse por una rubia con curvas y unos labios seductores.
Pero, a pesar de ello, en lugar de quedarse en la base como habría hecho habitualmente en caso de que hubiera alguna emergencia otra vez, estaba con­duciendo bajo un temporal tan sólo para conseguir verla. Y comprobar que se encontraba bien. Había intentado llamarla por teléfono, pero las líneas no funcionaban. No era extraño. Era la primera cosa que dejaba de funcionar en cuanto había una tor­menta grande.
Aquélla era la primera vez que recordaba que no poder hacer una llamada le había puesto nervioso.
Mantenía el volante firme para evitar que el co­che fuera sacudido por el viento y tomó la dirección hacia Elmwood, hacia la casa de Selena.
Su mirada se detuvo en una casa. Se dirigió hacia ella como si una poderosa fuerza lo arrastrara, pero él no tenía la menor intención de combatirla.
Y entonces la vio.
De pie, en medio del porche, sosteniendo la ba­randilla que se zarandeaba por la fuerza del viento. El corazón le dio un brinco al ver su dorada melena al viento. Ella alzó una mano para protegerse los ojos a medida que él se acercaba. Nick vio la expresión de bienvenida en su rostro al verlo cruzar la entrada.
Aparcó el coche lo más cerca del garaje que pudo para que, al menos, estuviera protegido por un late­ral de la casa. Después, se dirigió hacia el porche, agarró del brazo a Miley y la metió en casa. Una vez hubieron cerrado la puerta con llave, la rodeó con­tra sus brazos y la abrazó disfrutando de la sensación de sentir su frío y húmedo cuerpo contra el suyo.
-¿Qué estabas haciendo ahí fuera?
-No podía soportar estar aquí ni un minuto más -admitió-. Me sentía vacía estando aquí. Todo está tan tranquilo...
Él se rió. Levantó la cabeza y escuchó la furia del viento, la fuerza de la lluvia y el sonido de la televi­sión.
-¿Tranquilo?
-Me sentía muy sola.
-Ahora ya no estás sola -señaló él.
-No -sonrió ella-. No sabes cuánto me alegro de verte.
Levantó una mano para acariciarle la mejilla.
-Lo mismo digo.
Las manos de Miley le acariciaron la espalda y el pecho, pero, a pesar de que tuviera la camiseta em­papada, el calor de sus caricias le calaba los huesos.
-Has estado fuera mucho tiempo.
Él tomó aire.
-No ha sido nada fácil encontrar al pescador.
-Pero lo has logrado.
-Sí -respondió deslizado una mano por su espal­da mientras que notaba cómo ella se estremecía. Fi­nalmente, su mano se detuvo en la curva de su trasero. La miró a los ojos-. J.T. ha sobrevolado mil sitios hasta que Monk y yo hemos podido divisar al ti­po gracias a que llevaba un chaleco naranja.
Ella se humedeció los labios, cerró los ojos por un instante y le susurró.
-¿Se encuentra bien?
-Sí, pero es un maldito desagradecido. No para­ba de hablar acerca de demandar al capitán del bar­co e incluso a nosotros.
-¿Y por qué?
-Se ha hecho daño en el cuello al subir a la cesta de rescate.
-Qué idiota.
-Eso lo resume todo -volvió a deslizar su mano hasta la cinturilla e introdujo la mano bajo sus em­papados pantalones. Nick tomó aire-. ¿No te has puesto la ropa interior?
Miley negó con la cabeza y cerró los ojos mientras que sus manos le acariciaban el trasero.
-Lo olvidé. He estado ocupada... Oh...
-Me estás matando otra vez.
Ella le sonrió.
-No me lo parece.
Con su otra mano, le sostuvo la cabeza por la nu­ca y se inclinó para besarla. Una y otra vez.
-Tengo la sensación de que no vamos a parar aquí.
-A mí también me lo parece -fue capaz de decir tragando saliva.
-Así que antes de que nos pongamos a ello quie­ro que sepas que he protegido debidamente la libre­ría.
-Oh, estupendo. Gracias.
El sonrió rápidamente.
-¿No vas a enfadarte por no haberte llevado con­migo?
-No -murmuró ella.
-Estamos atrapados aquí, ¿sabes? No podemos sa­lir.
Ella abrió los ojos y le miró.
-¿Quién quiere marcharse?
-Desde luego, yo no, nena.
-Tienes que dejar de llamarme nena.
Nick volvió a sonreír.
-Intentaré hacerlo. Después.
-Oh, sí. Después.
Nick inclinó la cabeza y la besó con una pasión que ponía de manifiesto cuánto la deseaba, cuánto había estado pensando en ella.
 
 capi dedicado a pris, sis te quiero millon, recien puedo publicar jeje, besitos cuidate muchop!!

9 comentarios:

  1. me reeencaaantooooooooooooo♥
    atte briannamichelle

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  2. Que tiernos, me encanta, que linda pareja la mejor que hay sin dudas :) Linda también te quiero y te extraño :) espero que podamos volver a hablar :D besitossss :)

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  3. Me super encanto <3 pero porque lo dejaste hasta alli? jaja ya quiero ver el otro :D

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  4. wow wow mw super encanaron los dos y me dgaron con ganas d mas por fas sube otro t lo suplico d rodillas hehe :p te mega ultra quiero cuidate bysin

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  5. wauu jeje al diablo la apuesta jejeje m fascino esta nove.. jeje un beso muy grande amiga.. tkmmmm :D

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  6. Hola!
    Lamento pasame recien!
    aunque no me gusta mucho esta pareja..
    Me gusta mucho como escribes!
    Me gusto mucho la historia

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  7. oooohh me encaantho la novee siiiss supeeer megaa geneall komo siemppreciiin

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..