sábado, 6 de agosto de 2011

Novela Niley 17 - A través de tus ojos



—¿Qué dirá tu tía Victoria?
—Te reprenderá por empañar mi virtud —predijo Nick con una sonrisa, y recibió un suave golpe en la barbilla por su broma. Eso derivó en una pelea juguetona que terminó con los dos tendidos en el suelo.
Allí permanecieron, Nick encima de Miley, sonriéndose tontamente uno al otro, cuando al abrirse de manera inesperada la puerta de la cocina, los dos se sobresaltaron y se llenaron de bochorno.
—¡Oh! —exclamó Sandra, mirándolos con ojos azorados.
—Vete, Sandra —pidió Nick con bastante suavidad.
La pobre muchacha parpadeó, se puso roja como un tomate y salió deprisa, dejándolos en un silencio total, que fue roto cuando Miley fue presa de un ataque de risa.
—Me pregunto qué pensará de ti Sandra ahora —comentó entre accesos de risa.
—En realidad nunca he sido un monje —declaró Nick, luego maldijo su estúpida lengua cuando Miley dejó de reírse. Lanzó un profundo suspiro—. No he querido decir eso —se disculpó—. Eres la única mujer que ha estado en posición de ser encontrada a solas conmigo en este apartamento.
—¿Otra excepción a tus reglas?
Nick la miró con los ojos entrecerrados por un momento, luego se incorporó y la ayudó a ponerse de pie.
—Iré a averiguar por qué ha llegado tan temprano —murmuró y salió.
Cuando él regresó a buscarla, ya vestido, Miley tenía puesta su ropa y estaba de pie junto a la ventana del salón.
—Quería hacer algunas fotos personales antes de que comenzara la jornada de trabajo —explicó Nick desde el umbral—. Vino a la cocina a preguntarme si no había problema.
Miley asintió, sin decir palabra.
—¿Quieres que te lleve a tu casa? —le ofreció él con cortesía. Se había desvanecido la magia—. Miles…
—Sí, por favor —ella se volvió y lo vio parado en el umbral, mirándola con ojos enigmáticos—. Tendré que llamar a Edward —indicó, con más jovialidad de la que sentía, caminando hacia él—. Debo informarle que ya estoy de regreso y pedirle que haga los trámites para la audición.
Nick estaba bloqueando la puerta; Miley no pudo mirarlo a los ojos. No tenía experiencia en ese tipo de despedida. Se ruborizó y se sintió muy tonta.
—Pensé que podríamos hacer juntos el equipaje —lo oyó murmurar—. Pero si lo prefieres…
—¿El equipaje? —ella alzó la mirada, reflejando en sus ojos el súbito sobresalto de su corazón.
—El equipaje —repitió él, sonriendo. Alargó una mano y le acarició el brazo antes de posarla en su hombro—. Ya sabes —bromeó—. El equipaje, maletas, baúles, cosas así. Hacer el equipaje como cuando alguien se cambia de casa… Miles —su voz se volvió insegura y casi suplicante—: ¿Querrías… vivir conmigo?
Miley lo miró con los ojos dilatados y tragó saliva.
—¿Cuánto… cuánto…?
—¿Cuánto tiempo? —terminó por ella—. No puedo responder a eso —declaró con sinceridad—. No puedo hacer predicciones sobre el rumbo que tomará nuestra relación. Lo único que sé es que quiero tenerte a mi lado. Quiero despertar todas las mañanas como ésta, contigo junto a mí. Quiero que estés conmigo todo el tiempo; el que te quede después de tus compromisos de trabajo, por supuesto. ¿Qué dices?
—Sí —musitó ella. Eso fue todo. Sólo «sí».
Nick la abrazó con fuerza y la magia regresó. Miley se reía. Para él había salido el sol.
Nick recorría el apartamento de Miley como un comprador en potencia. Miley lo observaba con indulgencia. Él acababa de regresar, después de dejarla allí antes, para luego ir a su estudio a trabajar durante un par de horas. Miley se había dado una ducha y se había puesto un pantalón de pana marrón y un jersey verde oscuro. Llevaba el pelo trenzado.
—¿Qué dijo Edward sobre tu decisión? —inquirió Nick, fingiendo interés en la colección de discos de la joven.
—Se mostró… resignado.
—Hmm —murmuró Nick.
—¿Y ese «hmm» qué se supone que quiere decir?
—Eso… hmm —él se encogió de hombros—. ¿Podemos llevarnos algunos de estos discos? —preguntó en tono desenfadado—. Tienes unos álbumes sensacionales, Miles.
—Nick —insistió ella con voz apacible, pero apremiante—. ¿Qué has querido decir con ese «hmm»?
Nick no respondió, sus dedos recorrían la hilera de discos.
—He querido decir… ¡maldición! —gruñó y se incorporó para volverse a mirarla con ojos furiosos—. ¡He querido decir que no confío en que tu agente no trate de hacerte cambiar de idea! He querido decir que no tiene sentido que renuncies a una película con John Crowther como director, cuando en el teatro ganarías una miseria en comparación.
Miley lo miró con gravedad.
—Trabajo en lo que me gusta y no por el dinero que pueda ganar. Hago lo que quiero, cuando quiero y como quiero.
—Estás hablando como Edward —declaró Nick con una risa extraña.
Ella lo miró sin parpadear.
—Si así lo quisiera, Nick, podría dejar de trabajar por completo y tendría suficiente dinero para vivir bien el resto de mi vida. ¿Entiendes lo que te quiero decir?
Nick se había encerrado en sí mismo. Miley sabía que estaba hablando de manera arrogante, pero no quería que Nick pensara que ella accedía a vivir con él para que la mantuviera con lujos. Según Edward, la ex esposa de Nick lo había arruinado y, en el mundo en el que los dos se movían, el dinero solía tener prioridad sobre otras consideraciones.
—Estoy tratando de explicarte lo que Edward ya sabe…
Señaló hacia un aparador de ébano, donde había dos grandes fotografías enmarcadas. Nick siguió la dirección del dedo que apuntaba y se inclinó a observar las fotos. Miley tocó uno de los marcos con la punta de los dedos.
—Mis padres —informó, y luego señaló al hombre rubio y delgado de la foto—. Billy  Cyrus —dijo—. El famoso pintor austríaco.
—¡Ca… ramba! —exclamó Nick, impresionado.
—Mi madre era Tish Finley, hija de Sir Alan Finley.
Nick silbó entre dientes, reconociendo el nombre de uno de los más condecorados héroes ingleses de guerra.
—Siendo muy joven, mi padre quedó atrapado en Alemania cuando se cerraron las fronteras austríacas. Con el tiempo regresó a Austria y, con la ayuda de mi abuelo, llegó por fin aquí, a Inglaterra… pero las cosas que vio antes de escapar, vivieron en sus pesadillas durante el resto de su vida. Su obra fue realizada con la vaga esperanza de sacar de su mente tales horrores al plasmarlos en los lienzos. No lo logró del todo —Miley se calló, contemplando con tristeza la fotografía, luego prosiguió—. No hace falta decir que cuando mi abuelo se lo presentó a mi madre, se enamoraron y se casaron. Taylor piensa que su amor por mi madre calmó algo sus tormentos interiores, y me inclino a pensar que tiene razón… los dos murieron en un accidente cuando estaban esquiando, hace poco más de cinco años.
—¿Quién es Taylor?
—Mi hermana —Miley tomó la otra fotografía y la sostuvo delante de ella, sonriendo con afecto—. Tiene seis años más que yo.
—Se parece a ti —observó Nick—. ¿Con quién se está casando aquí?
—Con Joe Miller.
—¡Caramba!
—Es con ellos con quienes he pasado mis tres semanas de vacaciones —comentó Miley—. Joe es de Rodas —sus labios esbozaron una extraña sonrisa, Nick la notó y se preguntó la causa—. Tiene propiedades allí y en Atenas. La mayor parte de sus negocios los atiende en Atenas, pasan casi todo el tiempo allí. Pero Joe logró organizar su agenda para que pudiéramos pasar juntos mis vacaciones en Rodas.
—Y los dejaste con la curiosidad sobre tus razones para regresar antes de lo previsto a Londres —dedujo él— ¿Cuáles son las posibilidades de que el gran griego me venga a pedir cuentas en su calidad de celoso cuñado?
—Muchas —Miley sonrió—. Joe es un hombre grande, poderoso. Con un arraigado sentido de la lealtad familiar. Es probable que te haga castrar ceremonialmente por atreverte a seducirme —su sonrisa se tornó maliciosa, juguetonamente perversa.
—Antes tendría que enfrentarse a mi tía Victoria —replicó Nick, sonriendo a su vez.
—Es cierto —concedió Miley, y soltó una risita divertida.
—Se me acaba de ocurrir algo —dijo Nick, pensativo, como quien acaricia una idea apetecible—. ¡Podría dejar la fotografía y vivir de ti! Hmm… Es una idea tentadora.
—Antes tendría que acceder yo a mantenerte —señaló Miley—. Pero si tienes vocación de gigoló, creo que debo advertirte que no puedo soportar a gente ociosa a mi alrededor, ni siquiera a morenos grandes y guapos.
—Podría hacerte cambiar de opinión respecto a eso —comentó él con deliberada intención.
Miley se replegó con falso temor. Él tenía ese gesto de león a punto de lanzarse sobre su presa. Dio un paso amenazador hacia ella y, con un gritito agudo, Miley se volvió y escapó. Nick la siguió.
El que la hubiera alcanzado en el dormitorio, insistía Miley después, se debía a la mala suerte de ella y la buena fortuna de Nick.


2 comentarios:

  1. Me re gusto el cap y el hecho de que vivan juntos, que tiernos por favorrr :D eso me encanto :) bueno linda sigo leyendo :)

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  2. super mega genial el cap.. amiga te kiero muchisimo y espero que te encuentres bien.. un beso grande.. :D

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..