sábado, 17 de septiembre de 2011

Novela Jemi 31 - Un asunto de familia



Corlie no paró de refunfuñar en el camino hacia el aeropuerto de Sheridan, pero tampoco paró de reír. Dejó a Demi camino de Salt Lake City, Utah, donde tomaría otro avión para California. Era un viaje muy cansado y ella ya estaba muy fatigada, pero sabía que era lo que debía hacer, reunirse con su reticente marido antes de que volviera a estar sobrio.

Llegó al hotel a la mañana siguiente muy temprano y preguntó por la habitación de Joe.
Sintiéndose como una espía, entró en la suite con la llave maestra y miró a su alrededor con cierto recelo. Pero no había sido la timidez la que la había llevado hasta allí, sino el valor.
Abrió la puerta de lo que debía ser el dormitorio y allí estaba, desnudo, hecho un ovillo sobre la cama, como si se hubiera quedado dormido antes de poder meterse bajo las sábanas. Aunque no le habría hecho falta arroparse, porque hacía bastante calor.

Demi se acercó al aparato de aire acondicionado. Estaba apagado. Lo puso en la máxima intensidad y lo encendió. Permaneció de pie durante unos instantes, porque, debido al calor, sentía un pequeño mareo. El aire fresco le dio en la cara y pudo respirar con mayor facilidad.
Oyó un ruido y se dio la vuelta. Joe estaba apoyado en un codo y la miraba. Tenía los ojos enrojecidos.
 
—Buenos días —dijo Demi. Había llegado el momento de estar cara a cara con Joe después de la extraordinaria conversación que habían tenido la noche anterior, y la invadió la timidez.
—Buenos días —dijo Joe fijándose en ella.
Demi llevaba vaqueros y chaqueta y tenía el pelo revuelto. Joe se preguntaba si sería un espejismo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó.
—Estaba poniendo el aire acondicionado —dijo Demi.
—Dale al otro botón.
Demi se sonrojó al comprobar la exultante masculinidad de Joe. No sólo estaba desnudo, estaba excitado, y, aparentemente, ya no sentía ningún rubor porque ella le mirara.
—Estamos casados —dijo Joe con una sonrisa burlona—. Si no quieres mirarme, nadie te obliga a hacerlo.

Demi lo miró. Por la expresión de sus ojos, se dio cuenta de que volvía a haber una barrera entre ellos. Había ido al hotel llena de esperanzas, de felicidad, porque él, finalmente, había admitido lo que sentía por ella, pero en aquellos momentos se daba cuenta de que había vuelto a esperar demasiado. Estaba claro que Joe se negaría a admitir nada, que estaba dispuesto a mantener las distancias a toda costa. Ni siquiera el niño significaba nada para él. Vivirían juntos, pero como dos extraños, con el niño como único lazo entre ellos. Podía ver con claridad los largos y solitarios años en que lo amaría sin ver su amor recompensado, sin esperanza.

—He venido a decirte que regreso a Tucson —dijo con frialdad—. Eso es lo que quieres, ¿verdad? —añadió al verlo tan sorprendido—. Te casaste conmigo porque creías que era lo que debías hacer, pero te has arrepentido y no quieres verme. Te hago perder el control y eso es algo que no puedes soportar. Bueno, pues ya no tendrás que preocuparte. He hecho las maletas y mañana ya no estaré en tu casa.
Joe se levantó. Desnudo era intimidador. Se acercó a ella y la tomó en brazos inesperadamente y la llevó hacia la cama.
—¡Bájame! ¿Qué te crees que estás haciendo?
—¿Quieres que te dé una pista?
La puso sobre la cama y se echó encima. La agarró por las muñecas y las puso por encima de la cabeza, sobre el colchón.
—¡Te odio! —dijo Demi con furia y con los ojos llenos de lágrimas—. ¡Te odio, Joe!
—Claro que sí —dijo él.

A Demi, perdida en un torbellino de emociones, su voz le sonó muy dulce. Pero debía estar equivocada, pensó. Joe entrelazó los dedos con los suyos y se inclinó para besarla suave, tiernamente. Apretó el pecho contra el de Demi y deslizó las piernas entre las suyas. El silencio magnificaba la respiración agitada de Demi y el ruido de sus cuerpos.
Demi le echó los brazos al cuello, él deslizó las manos bajo el cuerpo de Demi y luego la desabrochó los botones de la camisa y bajó la cremallera del pantalón. Demi, se daba cuenta de cada uno de los movimientos de Joe, que la desvestía sin dejar de besarla. Le acarició los pechos y le besó los pezones mientras le quitaba la ropa, hasta que quedó completamente desnuda. Demi notó el vello de su pecho y sintió cosquillas, luego su cuerpo se estremeció de deseo.
Joe no decía nada. La besó de la cabeza a los pies, como nunca había hecho. La acarició con un misterio que la habría vuelto loca de celos al pensar en las mujeres que le habían enseñado aquellas caricias, si hubiera sido capaz de pensar. La besó con intensidad, con frenesí, sin dejar de acariciarla, como si el placer de Demi fuera para él lo más importante del mundo. Era como si encendiera hogueras y las apagara una y otra vez hasta llevarla hasta el límite de la locura. Demi gemía con alivio cuando él abandonaba sus expertas caricias.

Pero fue mucho, mucho tiempo después cuando, finalmente, él se abrió paso entre sus piernas para hendir el oscuro y dulce misterio de su cuerpo, cubriendo la boca de Demi con la suya mientras empujaba suavemente.
Demi se puso ligeramente tensa, pero no opuso resistencia, al contrario, suspiró y se apretó contra él, y él empujó un poco más. Joe nunca había sido más dulce, más lento, más tierno. Notaba su cariño, su amor. Demi no abrió los ojos, no trató de mirarlo. Yacía sumergida en el placer de cada uno de sus suaves movimientos, gimiendo rítmicamente bajo la exquisita oleada de placer que cada vez era más y más profunda.
Con enloquecedora precisión, Joe llevó el placer hasta un crescendo que la dejó susurrándole palabras que la hubieran sorprendido unos minutos después. Pero en aquellos momentos no existía el futuro, ni la vergüenza. Todo su cuerpo era un ruego, un temblor. De repente, Joe la penetró aún más y comenzó a moverse con un ritmo lento, profundo e interminable que la llevó dando vueltas hacia una luz cegadora. Le clavó las uñas en la espalda y tembló y gritó entre sus labios con angustia y deleite. Las lágrimas corrieron por sus mejillas y vivió el mayor éxtasis de placer que había sentido nunca, tan profundo y conmovedor que casi se confundía con el dolor.
Sólo entonces, al ver los espasmos de placer de Demi, Joe buscó su propia plenitud. Y fue como la vez anterior, espasmos de ardiente placer que crecían y crecían y de repente estallaban en una explosión de luz y calor que le convertían en un ser sin forma, ni pensamiento. Él era parte de ella y ella parte de él. No había nada más en el mundo, sólo ellos dos. Sólo... aquel placer...

hola aqui capi jemi en un rato subo el final de la nove...
por cierto estoy triste en la entrada del capi 29 de a traves de tus ojos solo tengo 1 comentario... y ps avisenme se nos les gusta por fis!!!
capi dedicado a demiloveMLovaticSmilers.. te quiero amiga gracias por el apoyo!!!

6 comentarios:

  1. Espero que no tardes en subir el final, estoy ansiosa! Besos!

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  2. Sube por favor, lo necesito

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  3. Me encantan que la quiera, he leido la nove al completo, super fantastico! Espero el fin!

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  4. aaaaahhhhhhhhhhhh me mega encantooo el cap... jeje amiguis q no termineeee :( siii ?? bue... pero m ree encantoo... lo ameee <3 te kiero mucho mucho un beso grande..

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  5. aaawww.... dedicado a mi... awwww.... i love you aww.... que linda, gracias!!! :) amo JEMI!!!!
    aawww.....
    -demiloveMLovaticSMilers

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  6. Me reee gusto el cap :) al fin rompen esas barreras, o eso parece, me encanta la pareja que se formo en esta nove, es tan nueva y llena de sorpresas, nunca sabrás cuando están bien juntos jajaja Bueno linda sigo leyendo :)

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..