sábado, 17 de septiembre de 2011

Novela Jemi 32 - Un asunto de familia


Joe se apoyó sobre un costado y la miró. Demi apartó la vista, pero él la tomó por la barbilla y la obligó a mirarlo.
—Bueno, ¿todavía quieres dejarme después de eso? —le preguntó—. ¿O quieres convencerme de que todas esas cosas que me has susurrado al oído son el resultado de un momento de locura?
Demi se levantó y se dirigió al baño para vomitar. Llegó justo a tiempo. El corazón le latía con tal fuerza que parecía que iba a partirle el pecho y tenía los ojos llenos de lágrimas. Qué monstruo era Joe, pensaba, burlándose, aprovechándose de lo que le había dicho en los momentos más íntimos. ¿Y dónde había aprendido a acariciar de aquella manera? ¿Acaso era un seductor, un mujeriego?
Joe se anudó una toalla en la cintura y, con un suspiro de resignación, empapó una toallita en agua y se agachó junto a Demi. Cuando se le pasó el mareo, le limpió la cara, la llevó a la cama y la tapó con la sábana.
—Dame la ropa —dijo Demi—. ¡No puedo irme así!
—No hay ningún problema porque no vas a ninguna parte —dijo Joe, recogió la ropa de Demi, abrió la ventana y la tiró.
Demi se quedó de piedra, observando cómo llevaba a cabo el acto más irracional que le había visto hacer.
—No he traído más ropa que ésa —dijo alarmada—. Y ahora incluso mi ropa interior, ¡mi ropa interior, por Dios! ¿Cómo voy a salir de la habitación? ¿Cómo voy a salir del hotel?
—No vas a salir —replicó Joe, observando la tersa y morena piel de los hombros de Demi—. Dios, qué guapa eres. Me cortas en aliento cuando estás desnuda.
Demi guardó silencio. No sabía cómo salir de aquella situación.
Joe se sentó a su lado y sonrió.
—Supongo que no puedo esperar que lo entiendas todo de una vez —dijo Joe con ternura y acariciándole el pelo—. Mientras tratas de comprender la situación, voy a llamar para que suban algo de comida. ¿Te apetece helado de fresa y melón?
Era el postre favorito de Demi, aunque no sabía que Joe lo supiera. Asintió lentamente.
—¿Y té?
—La cafeína...
—Leche fría entonces —dijo Joe sonriendo.
Demi asintió de nuevo.
Joe descolgó el teléfono y habló con el servicio de habitaciones. Luego abrió su maleta, tomó una camisa limpia y la dejó sobre la cama.
—No uso pijama —dijo—, pero puedes ponerte eso cuando entre el camarero.
—¿Y tú? —preguntó Demi algo incómoda.
Joe la miró con humor.
—¿No te gusta que te vean con un hombre desnudo, aunque sea tu marido?
Demi se sonrojó.
—¿Y eras tú la que me llamabas mojigato? —dijo Joe levantándose y tirando la toalla para ponerse los pantalones—. ¿Mejor? —le preguntó abrochándose el cinturón.
Demi lo miró con puro placer, observando su amplio pecho, cubierto de vello, su estrecha cintura, sus largas y poderosas piernas. Le encantaba mirarlo, pero sabía que si lo hacía tendría problemas otra vez, así que apartó la vista.
Joe se dio cuenta. Volvió a sentarse sobre la cama y con un largo suspiro apoyó la mano en el hombro desnudo de Demi. Estaba fresco y húmedo. Demi estaba pálida.
—Adelante —dijo Joe—, mírame. Ya no me importa. Supongo que anoche te conté todo lo que había que contar. No recuerdo muy bien lo que dije, pero seguro que fui elocuente.
Demi lo miró con cautela. No dijo nada, pero tenía un gesto de resignación y tristeza.
Joe hizo una mueca.
—Demi...
Demi enterró la cara en la almohada y apretó los puños.
—Déjame sola —susurró tristemente—. Ya has tenido lo que querías y ahora me odias otra vez. Siempre es lo mismo, siempre...
Joe la tomó y la estrechó entre sus brazos. Frotó la cara contra su pelo y su cuello.
—Te quiero —dijo con voz grave—. ¡Te quiero más que a mi vida! Maldita sea, ¿es que no es suficiente?
Era lo que había dicho la noche anterior, pero en aquellos momentos estaba sobrio. Quería creerlo desesperadamente, pero no confiaba en él.
—Tú no quieres quererme —dijo sollozando y apretándose contra él.
Joe suspiró pesadamente, como si dejara escapar una carga intolerable.
—Sí quiero —dijo después de una larga pausa. Parecía derrotado—. Te quiero a ti y quiero a tu hijo. Quiero abrazarte en la oscuridad y hacerte el amor a la luz del día. Quiero consolar tus lágrimas con besos y compartir contigo las alegrías. Pero tengo miedo.
—No, tú no —susurró Demi acariciando el pelo de la nuca de Joe—. Tú eres fuerte y no tienes miedo.
—Sólo tengo miedo contigo —confesó Joe—. Sólo por ti. Nunca lo tuve hasta que apareciste tú. Demi, si te perdiera, no podría vivir.
A Demi le dio un vuelco el corazón.
—Pero no vas a perderme —dijo—. No voy a salir corriendo. No quería irme, pero pensaba qué tú querías que me fuera.
—¡No! —exclamó Joe con voz grave, y levantó la cabeza. Tenía un gesto sombrío, de preocupación—. No quería decir eso. Lo que quería decir es que podría perderte cuando tengas al niño.
—¡Por Dios santo!
—Algunas mujeres todavía se mueren al dar a luz —murmuró incómodamente—. Mi madre murió.
Demi estaba conociendo cosas sobre él que nunca se habría atrevido a preguntar.
—¿Tu madre murió al dar a luz? —le preguntó con delicadeza.
Joe asintió.
—Estaba embarazada. No quería tener al niño y trató de abortar, pero mi padre se enteró y la amenazó con quitarle su asignación. Ella olvidó el asunto, pero algo salió mal. Estaban de viaje aunque el embarazo estaba muy avanzado. Sólo había una pequeña clínica, y un solo médico —dijo Joe suspirando—. Y murió. Mi padre la quería mucho, tanto como quiso a tu madre. Tuvieron que pasar años para que se recobrara. Se sentía responsable. Y yo me sentiría responsable si algo te ocurriera.
Demi entrelazó sus dedos. Era abrumador que la quisiera tanto. No quería librarse de ella, al contrario, estaba aterrorizado ante la posibilidad de perderla.
—Soy fuerte y tengo buena salud y quiero tener a nuestro hijo. Quiero vivir —dijo suavemente—, yo no podría dejarte, Joe.
Joe la miró. Demi tenía una expresión contenida, firme. Le acarició los labios con un dedo tembloroso.
—Algún día confiarás en mí —dijo Demi con dulzura—. Te darás cuenta de que nunca te haría daño deliberadamente, ni trataría de hacerte sentir menos hombre porque me quieras.
Joe apoyó la mano en su mejilla.
—Y no me dejarás —añadió con una sonrisa penetrante.
—No. Sin ti no puedo vivir —dijo sonriendo con ternura, y tomó la mano de Joe y la puso sobre su regazo—. Estoy embarazada. Tenemos un futuro en el que pensar.
—Un futuro —dijo Joe, y le tembló la mano—. Supongo que voy a tener que dejar de vivir apegado a mis malos recuerdos. Va a ser duro.
—El primer paso es mirar hacia delante.
Joe se encogió de hombros y sonrió.
—Supongo que sí —dijo—. ¿Hasta dónde hay que mirar?
—Hasta los primeros grandes almacenes —dijo Demi con humor—. No puedo pasarme el día desnuda.
ultimos capis... awww espero que comenten muchop estreno de la nueva nove jemi el martes...
si quiren adelantos a traves de mi twitter @kazandra_ms  si les han gustado las noves jemi con esta se van a querer morir jajaja

4 comentarios:

  1. Necesito mas! Necesito leer! SOy una adicta!!

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  2. aaaahahaha x Dios la amee y m hizo llorar... te juro q se m vienen muchos recuerdos cn esta nove... x eso la amooo y a vs Amiga también xq eres muy especial para mii un beso grande tkmmmmmm ;)
    aha x sierto t manda muchos saludos MAX.. <3 ;)

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  3. waaaaa.... aaawww!!! lloror, puedo comentar m,as de una vez? bueno solo asi demuestro que realmente me gusta tu nove, no? no te molestes si hago eso. okis??
    aaww--- jemi!!!!!!
    -demiloMLovaticSMilers

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  4. Wow me encanto, pobre Joe, con lo de su mama :_ pero bueno ahora tiene a Demi y no la va a perder nunca, no?...
    No puedo esperar por la nueva nove seguro va a ser genial :) bueno linda me queda el final así que voy a leerlo, besos :)

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..