domingo, 23 de octubre de 2011

Novela Niley 05 - La hija del magnate


Nick miró a la mujer con la que pretendía casarse y se percató de que sólo sentía un cierto in­terés por ella. No se podía comparar con lo que había sentido por aquella misteriosa mujer con la que había estado.
Había esperado que con el tiempo la leve atrac­ción que había entre su futura esposa y él se inten­sificara, pero no había ocurrido todavía. Recordó a Miley, cómo sonreía, el aspecto que había tenido desnuda, cómo lo había deseado... Ante aquellos recuerdos, sintió que le ardía el cuerpo y una cier­ta opresión en el pecho.
Se preguntó qué habría estado buscando Miley. Lo había seducido deliberadamente, lo había atraído a ella para luego desaparecer. ¿Qué clase de persona haría eso? ¿Y por qué?.
-Mi padre me ha dicho que estás interesado en la pista de aterrizaje del Estado de Nueva York -dijo Delta, captando la atención de Nick.
-Si es lo suficientemente grande como para al­bergar varios vuelos al día y ya he planeado una nueva agenda con mis pilotos -contestó él, que que­ría centrarse en aquello y olvidarse de la mujer misteriosa que le estaba distrayendo. Bebió un poco del café que había pedido después de cenar y miró la mousse de chocolate que había sobre la mesa.
Había aprendido una cosa acerca de Delta du­rante los anteriores meses y era que le preocupa­ban más las apariencias que la realidad. Estaba ex­tremadamente delgada y casi nunca comía nada cuando salían. Pero, aun así, siempre pedía co­mida con ganas, para después no probar casi nada.
Recordó que Miley sí que tenía curvas, un cuer­po diseñado para que un hombre se hundiera en su suavidad...¡Maldita fuera!.
Delta lo estaba observando con sus calmados ojos azules. Llevaba su pelo castaño claro pei­nado en un moño e iba ataviada con un vestido negro de cuello alto que la hacía parecer aún más del­gada de lo que en realidad estaba. Nick se pregun­tó por qué la estaba mirando de manera distinta.
La cajita de terciopelo que llevaba en el bolsillo comenzó a quemarle. Sentirla le recordaba cons­tantemente lo que iba a hacer aquella noche, pero hasta aquel momento no había sido capaz de pe­dirle a Delta lo que sin duda ella quería oír.
Cuando sintió que su teléfono móvil vibraba, lo agarró, aliviado.
-Lo siento -se disculpó-. Los negocios.
Ella asintió con la cabeza y él miró la pantalla de su móvil. No reconoció el número, pero respondió de todas maneras.
-Nick Jonas.
-Soy Miley.
Al oír aquello, Nick sintió que le daba un vuelco el corazón. Aunque ella no se hubiera iden­tificado, él hubiera reconocido su voz, ya que lle­vaba oyéndola en sueños durante muchas noches.
Pero no comprendió cómo había conseguido su número. Miró a Delta, la cual lo estaba observan­do, y habló en voz baja.
-Quería hablar contigo.
-Ahora tienes una oportunidad -contestó ella-. Estoy en la cafetería Drake, en la autopista del Pací­fico.
-Conozco el sitio.
-Tenemos que hablar. ¿Cuánto tardarías en lle­gar?
Nick miró a Delta. Se sintió aliviado de po­der escaparse de aquella situación y no tener que pedirle lo que había ido allí a preguntarle.
-Dame media hora.
-Está bien -respondió Miley, colgando a conti­nuación.
Nick cerró su teléfono móvil, se lo metió en el bolsillo y miró a la mujer que tenía delante.
-¿Problemas? -preguntó ella.
-Más o menos -contestó él, agradecido ante el hecho de que Delta no exigiera explicaciones.
Ella estaba acostumbrada a que su padre se marchara de las cenas para atender sus negocios. Entonces él sacó dinero para pagar la cuenta, junto con una cuantiosa propina, y se levantó.
-Te llevaré a casa primero.
-No es necesario -dijo ella, dando un sorbo a su café-. Me terminaré el café y después me iré a casa.
A Nick no le gustó aquello. Se sentía mal por dejarla para ir a ver a otra mujer yl o mínimo que podía hacer era llevarla a casa. Pero Delta tomaba sus propias decisiones.
-No seas tonto, Nick. Puedo telefonear para pedir un taxi. Márchate. Ocúpate de los negocios.
El no debía haberse sentido aliviado, pero así fue.
-Está bien. Mañana te telefoneo.
Delta asintió con la cabeza, pero Nick ya se había dado la vuelta y se dirigía hacia la salida. Iba pensando en su próxima cita; por fin se iba a encontrar con su mujer misteriosa. Iba a descubrir lo que ésta había pretendido cuando se había acercado a él y si estaba protegida por algún mé­todo anticonceptivo cuando habían estado juntos.
Y tal vez, si ella jugaba bien sus cartas, ambos podrían disfrutar de una noche más de increíble sexo.
Cuarenta y cinco minutos después aparcó el co­che frente a Drake. Aquel lugar era todo un clá­sico en aquella zona de California. La comida era buena, barata y siempre estaba abierto.
Era un sitio muy distinto del restaurante en el que él acababa de estar y, cuando abrió la puerta para entrar, se encontró con una gran algarabía. La gente estaba manteniendo conversaciones reía, un niño lloraba... Había una brillante luz en el techo y cuando la camarera que recibía a los clientes vio a Nick, pareció que ella misma tam­bién se iluminaba.
Aunque él apenas se percató, ya que estaba mi­rando hacia las mesas para encontrar a la persona que estaba buscando. Pelo rubio, mejillas páli­das... y unos ojos azules que lo estaban mirando.
-Gracias -dijo, pasando de largo a la cama­rera-. He encontrado mi mesa.
Mientras se dirigía hacia Miley, no dejó de mi­rarla ni un instante y trató de descifrar las emocio­nes que se reflejaban en su cara. Pero eran mu­chas y cambiaban demasiado rápido.
Aquella noche no estaba vestida para seducir. Llevaba puesta una camiseta verde de manga larga y estaba despeinada, como si se hubiera estado pa­sando los dedos entre el pelo. Se estaba mor­diendo el labio inferior.
Nick se dijo a sí mismo que ella debía de estar nerviosa. El tenía unas cuantas cosas que decirle y dudaba que le fueran a gustar. Pero con sólo mi­rarla ya se excitaba y sintió que su miembro viril se endurecía. Aquella mujer le afectaba como nin­guna otra lo había hecho jamás. Pero, aunque era cierto, aquello no era algo que quisiera admitir.
Cuando llegó a su mesa, se detuvo delante de ella, abrió la boca para hablar y la volvió a cerrar.
Al lado de Miley, colocada en la banqueta en la que estaba sentada, había una sillita para niños. Y en ella había una niña pequeña. Nick frunció el ceño cuando la nena, que seguramente no había cumplido ni un año, giró la cabeza y lo miró. Le sonrió, mostrando dos diminutos dientes blancos...
Y sus ojos.
Apartó la vista de la niña y miró fijamente a Miley.
-¿Qué demonios está pasando?
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espero k les guste ya saben no se olviden de comentar 6 para el siguiente capi...
espero que esten super bien capi dedicado a anita isa miller k se k le encanta esta nove...

2 comentarios:

  1. me encanto todos los capitulos estubieron muy buenos y la verdad es q me super confundi,la bebe de miley es de nick pero el nunca la habia visto y la bebe tiene 2 años como es eso posible? estoy super confundida!!!!ayudame

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  2. Aqui yo de nuevo!!!
    Que genial capitulo!!! Como safo de delta jajaja :D Toma eso !!! jaja (? Estoy mal, lo se
    Jajaj Nick penso que el hijo era de Miley...no es de ella no? (preocupacion)
    No importa, no contestes, lo leere YA!!! Besos

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..