sábado, 8 de octubre de 2011

Novela Jemi 13 - Besar a un angel


 Joe se rio entre dientes mientras el agua de la ducha caía sobre su cuerpo. Esa bella cabecita hueca le había proporcionado más diversión en las últimas veinticuatro horas de la que había obtenido en todo el año anterior. O puede que incluso más. Su vida era normalmente un asunto muy serio. La risa era un lujo que no se había podido permitir mientras crecía, así que nunca había desarrollado esa costumbre. Pero era normal cuando se había visto obligado a soportar toda clase de agravios para obtener una sonrisa.
Recordó el comentario de Demi sobre la perversión sexual. Si bien no era su tipo de mujer, no podía negar que había tenido pensamientos sexuales sobre ella. Pero no consideraba que fueran pervertidos. Para un hombre era difícil no pensar en el sexo cuando tenía que hacer frente a esos profundos ojos color violeta y a esa boca que parecía hecha para besar.
Habría estropeado la diversión si le hubiera explicado que siempre llevaba un látigo cuando sabía que los trabajadores habían estado bebiendo. Los circos ambulantes eran como el viejo Oeste a la hora de resolver los problemas —había que prevenirlos antes de que surgieran— y la visión del látigo era una medida muy disuasoria para aplacar el mal genio de algunos y los viejos rencores.
Ella no lo sabía, por supuesto, y él no tenía ninguna prisa en contárselo. Por el bien de los dos, tenía intención de tener a la pequeña señorita ricachona en un puño.
A pesar de cuanto le había divertido el último enfrentamiento con su esposa, tenía el presentimiento de que la diversión no duraría demasiado. ¿En qué había estado pensando Patrick Lovato cuando le había ofrecido a su hija en matrimonio? ¿Tanto la odiaba que la había sometido voluntariamente a una vida que iba más allá de su experiencia? Cuando Patrick insistió en ese matrimonio, le había dicho que Demi necesitaba conocer la cruda realidad, pero a Joe le costaba mucho creer que no hubiera pensado en ello como en un castigo.

La candidez de Demi y su disparatado sistema de valores de niña rica eran una peligrosa combinación. Realmente le sorprendería que durara mucho con él, pero, por otra parte, había prometido que haría lo mejor para ella y pensaba mantener su palabra. Cuando Demi se fuera, seria por elección propia, no porque la estuviera echando o sobornándola para deshacerse de ella. Puede que no le gustara a Patrick, pero se lo debía.
Éste parecía ser su año para pagar grandes deudas, primero la promesa hecha a Liam Hemsworth en su lecho de muerte: hacer una última gira con el circo bajo el nombre de Hemsworth. Y luego casarse con la hija de Patrick. En todos esos años, Patrick nunca le había pedido nada a cambio de haberle salvado la vida, pero cuando finalmente lo hizo, le había pedido una barbaridad.
Joe había intentado convencer a Patrick de que podía lograr el mismo objetivo obligando a Demi a vivir con él, pero Patrick había insistido en lo contrario. Al principio Patrick le había pedido que el matrimonio durase un año, pero Joe no sentía tanta gratitud como para aceptarlo. Al final acordaron que serían seis meses, un período que concluiría al mismo tiempo que la gira con el circo de los Hermanos Hemsworth.
Mientras se enjabonaba el pecho, Joe pensó en los dos hombres que habían representado fuerzas tan poderosas en su vida, Liam Hemsworth y Patrick Lovato. Patrick lo había rescatado de una existencia de abusos físicos y emocionales, mientras que Liam lo había guiado a la madurez.
Joe había conocido a Patrick cuando tenía doce años y viajaba con su tío Sergey en un maltrecho circo que se pasaba el verano de gira por los pueblos de la costa atlántica, desde Daytona Beach a Bacalao Cape. Nunca olvidaría esa calurosa tarde de agosto cuando Patrick apareció como un ángel vengador para arrebatar el látigo del puño de Sergey y salvar a Joe de otra brutal paliza.
Ahora comprendía los actos sádicos de Sergey, pero en ese momento no había entendido la retorcida atracción que algunos hombres sentían por los niños y hasta dónde podían llegar para negar esa atracción. En un impulsivo gesto de generosidad, Patrick había pagado a Sergey y se había llevado a Joe. Lo había matriculado en la academia militar y le había proporcionado el dinero —que no el afecto— que había hecho posible que Joe sobreviviera hasta que pudo cuidar de sí mismo.

Pero había sido Liam Hemsworth quien había dado a Joe lecciones de madurez durante las vacaciones de verano, cuando había viajado con el circo para ganar algo de dinero, y luego, mucho más tarde, en la edad adulta, cuando cada pocos años dejaba atrás su vida y pasaba algunos meses en la carretera. La parte del carácter de Joe que no había sido moldeada por el látigo de su tío se había formado por los sabios sermones de Liam y sus casi siempre astutas observaciones sobre el mundo y lo duro que era sobrevivir para un hombre. La vida era un negocio peligroso para Liam, y no había lugar para la risa o la frivolidad. Un hombre debía trabajar duro, cuidarse de sí mismo y mantener su orgullo.
Joe cerró el grifo y cogió una toalla. Los dos hombres habían tenido sus razones egoístas para ayudar a un niño desvalido. Patrick se veía a sí mismo como un benefactor y se jactaba de sus diversos proyectos caritativos —entre los que estaba incluido Joe Jonas— ante sus amigos de alto copete. Por otro lado, Liam tenía un ego enorme y le encantaba tener un público impresionable que esperara babeante sus reflexiones oscuras sobre la vida. Pero a pesar de los motivos egoístas que pudieran haber tenido aquellos dos hombres, habían sido las únicas personas en la joven vida de Joe a los que él había importado algo y ninguno de ellos le pidió nada a cambio, por lo menos no hasta ese momento.
Ahora Joe tenía un maltrecho circo entre las manos y una esposa, sexy pero tonta, que iba camino de volverlo loco. No lo consentiría, por supuesto. Las circunstancias lo habían hecho como era, un hombre rudo y terco que vivía de acuerdo con su propio código y que no se hacía ilusiones sobre sí mismo. Demi Lovato no tenía ninguna posibilidad de vencerlo.
Se envolvió una toalla en la cintura, cogió otra para secarse el pelo y abrió la puerta del baño.
Demi tragó saliva cuando la puerta del baño se abrió y salió Joe. Oh, Dios, era impresionante. Mientras él se secaba la cabeza con la toalla, ella aprovechó para mirar a conciencia lo que le parecía un cuerpo perfecto, con músculos bien definidos pero no excesivamente marcados. Joe tenía algo que nunca había visto en ninguno de los jovenzuelos bronceados de Diana, un cuerpo moldeado por el trabajo duro. Aquel ancho pecho estaba cubierto ligeramente de vello oscuro donde anidaba alguna clase de medalla de oro, pero Demi estaba demasiado extasiada con la visión como para fijarse en los detalles.
Las caderas masculinas eran considerablemente más estrechas que los hombros; el estómago era plano y duro. Siguió con la mirada la flecha de vello que comenzaba encima del ombligo y continuaba por debajo de la toalla amarilla. De repente, se sintió acalorada mientras se preguntaba cómo sería lo que había más abajo.
Él terminó de secarse el pelo y la miró.
—Puedes acostarte conmigo o dormir en el sofá.
Ahora mismo estoy demasiado cansado para que me importe lo que hagas.
—¡Dormiré en el sofá! —Su voz había sonado ligeramente aguda, aunque no sabía si había sido por sus palabras o por lo que veían sus ojos.
Él la privó de la visión de su pecho cuando le dio la espalda y se dirigió a la cama. Enrolló los látigos y los puso en una caja de madera que metió debajo. Con ellos fuera de vista, Demi se dio cuenta de lo mucho que le gustaba la visión de aquella espalda.
De nuevo, él se volvió hacia ella.
—En cinco segundos dejaré caer la toalla.
Joe esperó, y después de que pasaran los cinco segundos, ella se dio cuenta de lo que él había querido decir.
—Ah. Quieres que aparte la vista.
Él se rio.
—Déjame dormir bien esta noche, cara de ángel, y te prometo que mañana te enseñaré todo lo que quieras.
Ahora sí que lo había hecho. Le había dado una impresión totalmente errónea y tenía que corregirla.
—Creo que me has interpretado mal.
—Espero que no.
—Lo has hecho. Sólo tenía curiosidad... Bueno, no curiosidad exactamente, pero... bueno, sí, supongo que curiosidad... Aunque es natural. No deberías asumir por ello que...
—¿Demi?
—¿Sí?
—Si dices una palabra más, cogeré uno de esos látigos que tanto te preocupan y veremos si puedo hacer alguna de esas cosas pervertidas que mencionabas.
Ella cogió rápidamente unas bragas limpias y una descolorida camiseta de la Universidad de Carolina del Norte que había sacado del cajón de Joe mientras estaba en la ducha, y entró en el cuarto de baño, cerrando la puerta de un portazo.

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sariis marathon dedicado a vos!!!
te quiero corazon!!!

3 comentarios:

  1. me encanto!!!, espero que subas el siguiente pronto quiero ver mas!!! =)

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  2. aaaaaaaaaa....... yo esperaba otra cosa.. jejejeje aamm.. hum.... jejejej JEMI!!! aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
    jejej me encanto <3

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  3. aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh jejejejee amo los cap d Jemi.. <3 <3 t kiero amigaa :D

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..