domingo, 23 de octubre de 2011

Novela Jemi 20 - Besar a un angel


Durante las horas siguientes, mientras desmontaban el circo para llevarlo al siguiente pueblo, ella se dedicó a recolocar todo dentro de los armarios. Se sentía invadida por una sensación de desesperación y un infinito cansancio que hacía que apenas pudiera mantenerse en pie, pero a pesar de ello siguió trabajando.
Los caros pantalones de marca que llevaba puestos estaban completamente sucios y la blusa se le pegaba a la piel, pero no le importaba. Quería que esas personas fueran amigos suyos, pero ahora que sabían lo poco que le importaba a Joe y lo que éste pensaba de su matrimonio, ya no lo serían. La pequeña fiesta improvisada y la tarta habían sido una pequeña bendición para ella, pero su marido la había estropeado.
Joe entró en la caravana, que todavía parecía tan desordenada como cuando ella llegó, poco después de medianoche. Aunque Demi había limpiado y organizado los armarios, no había tenido ni tiempo ni energía para hacer nada más. Los platos sucios seguían amontonados en el fregadero y la cacerola llena de costra estaba sobre el fogón.
Él apoyó las manos en las caderas y examinó los muebles sucios, la polvorienta superficie de la mesa y los restos de la tarta de boda.
—Pensé que ibas a limpiar esto. Pero ya veo que sigue igual de sucio.
Ella apretó los dientes.
—Los armarios están limpios.
—¿A quién coño le importan los armarios? ¿No sabes hacer nada bien?
Demi no lo pensó. Llevaba horas trabajando, su matrimonio era una farsa y había sido humillada en público por un hombre que había jurado honrarla ante Dios. Con rapidez, recogió la tarta con una mano y se la lanzó.
—¡Eres un imbécil!
Joe extendió las manos automáticamente para impedir que se la arrojara, pero no fue lo suficientemente rápido. La tarta le dio en el hombro y se deshizo en mil pedazos.
Ella observó el desastre con una curiosa indiferencia. Trocitos de tarta y azúcar glas habían volado por todas partes. Una pegajosa sustancia blanca salpicaba el pelo, las cejas e incluso las pestañas de Joe. Los pedazos de chocolate que se le habían quedado pegados a la mandíbula cayeron sobre el hombro de su camiseta. La indiferencia de Demi desapareció cuando vio que se ponía rojo.
Iba a matarla.
Él intentó limpiarse los ojos a la vez que se movía hacia ella. Demi se apartó de su camino y, aprovechando la ceguera temporal de Joe, salió corriendo por la puerta.
Miró frenética a su alrededor, buscando un lugar seguro donde esconderse. Habían desmontado el circo. Las carpas más pequeñas estaban cerradas y la mayoría de los camiones se habían marchado. Tropezó con un matorral y acabó refugiándose en un estrecho espacio entre dos furgonetas. El corazón le golpeaba con fuerza contra las costillas. ¿Qué había hecho?
Dio un respingo al oír la voz de un hombre y se deslizó más profundamente en las sombras, chocando contra algo sólido. Sin mirar lo que era, se apoyó allí mientras recobraba el aliento. ¿Cuánto tiempo tardaría en encontrarla? Y... ¿qué haría luego con ella?
Sintió un gruñido justo detrás de la oreja.
Tenía el cabello recogido y el cuello expuesto; un helado escalofrío le recorrió la espalda. Se volvió con rapidez y se quedó mirando fijamente un par de ojos color oro pálido.
Se quedó paralizada. Sabía qué clase de bestia era aquélla. Sabía que tenía ante sí a un tigre, pero era incapaz de asimilarlo.
El animal estaba tan cerca que ella sintió su aliento en la cara. El tigre dejó al descubierto los dientes, un arma afilada y letal. Demi olió su esencia y oyó cómo aquel ronco gruñido de intimidación aumentaba de volumen hasta convertirse en un rugido cruel. Salió de su parálisis saltando hacia atrás cuando el animal embistió contra los barrotes de hierro que los separaban.
Demi chocó con violencia contra algo sólido y humano, pero no pudo arrancar la vista del tigre. Una alarma comenzó a sonar en su cabeza. En ese momento, la bestia parecía la reencarnación de toda la maldad del mundo y la joven sintió como si esa malevolencia fuera dirigida hacia ella. Como si de alguna manera, en esa salvaje noche de Carolina del Sur, hubiera encontrado su destino.
Se dio la vuelta, incapaz de soportar la intensa mirada de esos ojos dorados por más tiempo. Al volverse se topó con una cálida fortaleza detrás de ella y supo que había encontrado un santuario.
Luego sintió algo áspero bajo la mejilla. Los acontecimientos, el miedo, el cansancio y todos los angustiosos cambios en su vida durante los últimos dos días la abrumaron y se echó a llorar.
La mano de Joe fue sorprendentemente suave cuando la tomó por la barbilla para obligarla a mirarle a la cara. Demi se encontró con otro par de pálidas pupilas, tan parecidas a los dorados ojos del tigre, que sintió como si hubiera escapado de una bestia para caer en las garras de otra.
Sinjun no puede lastimarte, Demi. Está en una jaula.
—¡Eso no importa! —La histeria se apoderó de ella.
¿Acaso no se daba cuenta de que una jaula no podía protegerla de lo que había visto en los ojos de ese enorme felino?
Pero él no lo entendía y ella nunca podría explicarle la fugaz sensación de haber tenido un encuentro cara a cara con su propio destino. Se apartó de él.
—Lo siento. Tienes razón. Soy una estúpida.
—Y no por primera vez —dijo él con seriedad.
Demi levantó la mirada hacía él. Aún manchado de pastel y azúcar glas, tenía un aspecto feroz, magnífico y aterrador; igual que el tigre. Se dio cuenta de que a Joe le temía de otra manera, de una que no comprendía por completo, sólo sabía que era algo que iba más allá de la amenaza física. Era más que eso. De alguna manera sentía que su marido podía dañarle el alma.
Demi había llegado a los límites de su resistencia. Habían sido demasiados cambios, demasiados conflictos, y no tenía ganas de luchar más. Estaba cansada hasta lo más profundo de su ser y apenas tenía fuerzas para hablar.
—Supongo que ahora me amenazarás con algo horrible.
—¿No crees merecerlo? Sólo los niños tiran las cosas, no los adultos.
—Tienes razón, por supuesto. —Se apartó el pelo de la cara con una mano temblorosa. —¿De qué va esto, Joe? ¿Humillación? Ya he tenido bastante por esta noche. ¿Desprecio? También he tenido suficiente. ¿Odio? No, eso no funcionará; estoy demasiado entumecida para sentirlo. —Hizo una pausa, vacilando. —Me temo que tendrás que recurrir a algo distinto.
Mientras la miraba, le pareció tan infeliz que algo se ablandó en el interior de Joe. Sabía que Demi le tenía miedo —se había asegurado de ello— y aun así seguía sin poderse creer que la joven hubiera tenido el valor suficiente como para tirarle la tarta. Pobre cabeza hueca. No se le había ocurrido pensar que había sido como atacarle con las garras de un gatito.

La sintió temblar bajo sus manos. Demi había guardado las garras y sus ojos sólo mostraban desesperación. ¿Sabía ella que su rostro reflejaba cada uno de sus sentimientos?
Se preguntó con cuántos hombres se habría acostado. Probablemente ni ella misma lo sabía. A pesar de su inocente apariencia, estaba claro que le gustaban los placeres de la vida. También era un poco atolondrada y no le costaba imaginársela en la cama de cualquier playboy, sin ni siquiera saber cómo había llegado hasta allí.

Al menos eso era algo que se le daba bien. Mientras la observaba tuvo que contener el repentino deseo de cogerla en brazos y llevarla de vuelta a la caravana, donde la dejaría en la cama y satisfaría todas las preguntas que comenzaba a hacerse. ¿Cómo se verían cada uno de esos rizos sueltos y extendidos como cintas oscuras sobre la almohada? Quería observarla desnuda sobre las sábanas arrugadas, ver la palidez de su piel contra la de él, más oscura; sopesar sus pechos con las manos. Quería olerla y sentir sus caricias.

El día anterior, tras la boda, se había dicho a sí mismo que no era el tipo de mujer con la que se acostaría, pero eso había sido antes de atisbar aquel redondo trasero bajo la camiseta cuando la despertó esa mañana. 

Había sido antes de observarla en la camioneta, cruzando y descruzando esas largas piernas, dejando colgada la sandalia del dedo gordo del pie. Tenía los pies bonitos y pequeños, con un empeine alto y delicado y las uñas pintadas del mismo color rojo que el manto de una virgen ortodoxa.

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marathon jemi...
espero que les guste a todas las team jemi k leen mi nove...
espero k les guste......

2 comentarios:

  1. wow a mi no me gusta mucho jemi ,pero esta nove esta genial! seguila! quiero seguir leyendo esta buenisima!
    atte:agus

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  2. aaaaaaawwwwwwwww... yo si AMO JEMI!!!! aaaaaaawwwwwwwww
    maraton!! JEMI-FAN!!!!
    -demiloveMLovaticSMilers

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..