domingo, 23 de octubre de 2011

Novela Jemi 21 - Besar a un angel


No le gustaba que otros hombres supieran más de las apetencias sexuales de su esposa que él mismo. Pero también sabía que era cuestión de tiempo. No podía tocarla hasta asegurarse de que ella entendía cómo serían las cosas entre ambos. Y para entonces, había muchas posibilidades de que Demi cogiera la maleta y se largara.
La tomó del brazo y la llevó a la caravana. Por un momento, Demi se resistió, y luego cedió.
—De verdad, comienzo a odiarte —dijo débilmente. —Lo sabes, ¿no?
A él le sorprendió que aquellas palabras le dolieran, sobre todo cuando eso era exactamente lo que quería que ella hiciera. Demi no estaba hecha para una vida tan dura y él no tenía ningún deseo de alargar aquella situación indefinidamente. Era lo mejor que podía hacer.
—Quizá sea lo mejor.
—Hasta ahora nunca había odiado a nadie. Ni siquiera a Amelia o a mi padre, y ellos me han dado razones suficientes para hacerlo. Pero a ti no te importa lo que sienta por ti, ¿verdad?
—No.
—Creo que nunca he conocido a nadie tan frío.
—Seguro que no. —«Frío, Joe. Eres tan frío.» Se lo había oído decir a muchas mujeres antes que a ella. Mujeres de buen corazón. Mujeres competentes e inteligentes que habían merecido algo más que un hombre cuyos sentimientos habían desaparecido mucho tiempo antes de conocerlas.
Cuando era joven había pensado que una familia podría curar esa parte herida y solitaria de su interior. Pero mientras buscaba una relación duradera había herido a esas mujeres de buen corazón y se había probado a sí mismo que no tenía sentimientos para amar a ninguna, ni aunque hubiera sido su intención hacerlo.    
Llegaron a la caravana. Pasó junto a Demi al llegar a la puerta y se metió dentro.
—Voy a darme una ducha. Te ayudaré a limpiar cuando salga.
Ella lo detuvo antes de que llegase al baño.
—¿No podrías haber fingido ser feliz esta noche?
—Soy como soy, Demi. Yo no finjo. Nunca.
—Estaban tratando de ser amables. ¿Te costaba tanto disimular un poco?
«¿Como podía explicárselo para que lo entendiera?»
—Creciste protegida, Demi, pero yo lo hice de la manera más cruda. Mucho más cruda de lo que puedas imaginar. Cuando creces así, tienes que aprender a protegerte de alguna manera, tienes que aferrarte a algo que impida que te conviertas en una bestia. En mi caso fue el orgullo. Nunca me doblego. Jamás.
—No puedes condicionar tu vida por eso. El orgullo no es tan importante como otras cosas.
—¿Como cuáles?
—Como... —Ella vaciló, como si supiera que a él no le iba a gustar nada lo que estaba a punto de decir. —Como el cariño y la compasión. Como el amor.
Él se sintió viejo y cansado.
—El amor no existe para mí.
—Existe para todo el mundo.
—No para mí. No te hagas ideas románticas conmigo, Demi. Sólo sería una pérdida de tiempo. He aprendido a vivir según mis reglas. Intento ser honesto y lo más justo posible. Por este motivo paso por alto que me hayas tirado la tarta. Comprendo que esto es duro para ti y supongo que lo estás haciendo lo mejor posible. Pero no confundas justicia con sentimientos. No soy un sentimental. Puede que eso de las emociones funcione con otras personas, pero no conmigo.
—Esto no me gusta —susurró ella, —no me gusta nada.
—Has caído en manos del diablo, cariño. Cuanto antes lo aceptes, mejor será para ti —dijo él cuando por fin habló con una voz que nunca había sonado tan triste.
Joe entró en el baño, cerró la puerta y apretó los párpados, intentando apartar de su mente el juego de emociones que había visto cruzar por el rostro de su esposa. Había visto de todo: cautela, inocencia y una esperanza casi aterradora de que quizás él no fuera tan malo como parecía.
Pobre cabeza hueca.

****************************** NICKY LOVE ********************************

—Vete.
—Es mi último aviso, cara de ángel. Dentro de tres minutos nos vamos.
Demi abrió los ojos lo justo como para echarle una ojeada al reloj y ver que eran las cinco de la madrugada. No pensaba ir a ninguna parte a esas horas, así que se acurrucó aún más bajo las mantas y volvió a dormirse. Lo siguiente que supo fue que Joe la cogía en brazos.
—¡Eh! —gritó. —¿Qué haces?
Sin decir ni una palabra, Joe la sacó al gélido aire matutino, la metió dentro de la cabina de la camioneta y dio un portazo. La fría tapicería de vinilo contra sus piernas desnudas espabiló a Demi de golpe y le hizo recordar que sólo llevaba puesto una camiseta y unas diminutas bragas azules. Él subió por el otro lado y unos instantes más tarde abandonaban el lugar.
—¿Cómo has podido? ¡Sólo son las cinco de la madrugada! ¡Nadie se levanta tan temprano!
—Nosotros sí. Tenemos que ir a Carolina del Norte.
Joe parecía bien despierto. Se había afeitado y se había puesto unos vaqueros y una camisa roja. Él deslizó los ojos por las piernas desnudas de Demi.
—Espero que la próxima vez te levantes cuando te lo diga.
—¡No estoy vestida! Tienes que dejarme coger la ropa. Y necesito maquillaje. ¡Mi pelo...! ¡Tengo que lavarme los dientes!
Él metió la mano en el bolsillo y sacó un aplastado paquete de chicles Dentyne.
Ella se lo arrebató, sacó dos y se los metió en la boca. Volvió a recordar los acontecimientos de la noche anterior. Escudriñó la cara de Joe buscando algún rastro de resentimiento, pero no lo encontró. Estaba demasiado cansada y deprimida para volver a discutir, pero si no le replicaba, parecería que se había rendido y que hacía lo que él quería.
—Va a ser duro para mí quedarme aquí después de lo que sucedió anoche.
—No te iba a resultar fácil de todas maneras.
—Soy tu esposa —dijo Demi con voz queda— y también tengo mi orgullo. Anoche me humillaste delante de todo el mundo y no me lo merecía.
Él no dijo nada y, si no hubiera sido por la manera en que frunció los labios, Demi habría pensado que no la había oído.
Se sacó el chicle de la boca y lo guardó en el envoltorio.
—Por favor, para y déjame coger mis cosas.
—Deberías haberlo hecho antes.
—Estaba dormida.
—Te avisé.
—Eres un robot. ¿Acaso no tienes sentimientos?
Ella tiró del bajo de la camiseta para taparse todo lo posible.
Joe bajó la mirada a los desnudos muslos de Demi.
—Oh, claro que tengo sentimientos. Pero no creo que sean los que tú quieres.
Ella siguió intentando bajarse la camiseta.
—Quiero mi ropa.
—Te desperté con tiempo de sobra para vestirte.
—Lo digo en serio, Joe. Esto no es divertido. Estoy casi desnuda.
—De eso ya me doy cuenta.
—¿Te excito? —preguntó Demi bruscamente a causa del sueño que tenía.
—Sí.
Eso sí que no se lo esperaba. Había pensado que él le respondería con su habitual desdén. Al recobrarse de la sorpresa, le lanzó una mirada feroz.
—Vaya... qué pena. Porque yo no siento ningún interés por ti. Por si no lo sabías, el cerebro es el órgano sexual más importante, y mi cerebro no está interesado en hacer nada contigo.
—¿Tu cerebro?
—Tengo cerebro, ¿sabes?
—Jamás lo he dudado.
—¿Cómo que no? No soy estúpida, Joe. Puede que mi educación no fuera demasiado convencional, pero te aseguro que fue muy completa.
—Tu padre no está de acuerdo.
—Lo sé. Le gusta decir a todo el mundo que soy una inculta porque mi madre me sacaba del colegio cada dos por tres. Pero cada vez que Diana hacía un viaje interesante, me llevaba con ella si creía que podría ser beneficioso para mí. Algunas veces pasaban meses antes de que regresara al colegio. A veces, ni siquiera volvía, pero ella se aseguraba de que siguiera estudiando.
—¿De qué manera?
—Siempre le pedía a quienquiera que fuera a visitarla o pasara algún tiempo con ella, que me enseñara algo de provecho.
—Pensaba que tu madre sólo trataba con estrellas de rock.
—Aprendí bastante sobre alucinógenos.
—Me lo imagino.
—Pero también estábamos con otro tipo de gente. Fue la princesa Margarita la que me enseñó todo lo que sé sobre la historia de la familia real británica.
Él clavó los ojos en ella.
—¿Hablas en serio?
—Claro. Y no fue la única. Crecí rodeada de gente famosa. —Demi no quería que Joe pensara que se estaba jactando, así que omitió mencionar la espectacular puntuación que había obtenido en las pruebas de acceso a la universidad. —Te agradecería que dejaras de poner en duda mi inteligencia. Si en cualquier momento te apetece hablar de Platón, estoy dispuesta.
—He leído a Platón —dijo él a la defensiva.
—¿En griego?
Tras eso, viajaron en absoluto silencio hasta que, finalmente, Demi se quedó dormida. En sueños buscó una posición más cómoda y acabó apoyándose en el hombro de Joe.

Un mechón de su pelo se agitó con la brisa y acarició los labios de Joe. Él lo dejó jugar allí un rato, rozándole la boca y la mandíbula. Ella olía a un perfume dulce y caro, como a esencia de flores silvestres en una joyería.
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Segundo capi de la marathon y aun me falta uno capi dedicado a pris... corazon espero que estes super bien.. besos!!!!!

1 comentario:

  1. wow.. jejeje yo sabia que demi no era cabeza hueca :D
    jejejej
    aaaaaaaaawwwwww
    amo JEMI
    -demiloveMLovaticSMilers

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..