miércoles, 19 de octubre de 2011

Novela Niley 02 - La hija del Magnate - AGRADECIMIENTOS :)


-Pues yo creo que tenemos que tratar de conse­guir lo que queremos -comentó él.
-Claro que sí -murmuró ella.
La voz de Miley estaba entrecortada y Nick pudo sentir la tensión que reflejaba. Una tensión que él también compartía. En todo en lo que po­día pensar era en besarla. Ya no le interesaba la cena; lo único que quería saborear era a aquella mujer.
-La pregunta es... -comenzó a decir en voz baja- si crees o no en hacer exactamente lo que quieres.
-¿Por qué no lo descubrimos? -sugirió ella, acer­cándose a él.
Nick hizo lo propio, deseoso de saborear a aquella rubia que en cuestión de minutos le había llevado a un estado de salvaje necesidad, estado en el que jamás se había encontrado antes.

Los labios de ambos se encontraron y, en ese instante, la electricidad se apoderó de ellos. No había otra manera de describirlo. Nick sintió el fuego que le quemó por dentro y se entregó a él. Al mover su boca sobre la de ella, casi se le de­rritió la sangre en las venas.
La fragancia a lavanda de Miley le embriagó y le nubló la mente. Pero se dijo a sí mismo que no debía llevar aquello demasiado lejos tan rápido, ya que quería disfrutarlo, deleitarse con ello. Y, para lograrlo, necesitarían ir a un lugar más privado que la barra de un bar. Pero cuando fue a romper el beso, ella lo agarró por el pelo y lo mantuvo donde estaba.
Miley abrió más la boca y lo invitó a un inci­tante beso. Lo agarró con tanta fuerza del pelo que le arrancó varios cabellos.

Nick se echó para atrás y emitió una pe­queña risotada.
-¡Vaya!
-Lo siento -se disculpó ella, ruborizada. Apartó la mano de la cabeza de él y se mordió el labio in­ferior-. Supongo que has conseguido sacar mi lado más salvaje.
El pensó que ella estaba haciendo lo mismo con él. Lo único que quería en aquel momento era poseer a aquella excitante rubia. Nunca antes había deseado a ninguna mujer tan desesperadamente.
-Me gusta lo salvaje -dijo, reposando una mano en la rodilla de Miley. Entonces introdujo los de­dos por debajo del corto vestido de ella y acarició su desnuda piel-. ¿Cómo de salvaje eres tú?
Miley respiró profundamente, agarró su bolso y metió la mano dentro de él como si estuviera buscando algo. Entonces volvió a cerrar el bolso, levantó la vista y lo miró a los ojos.
-Umm... -comenzó a decir-, quizá esto haya sido un error.
-Creo que estás equivocada -contradijo él, dis­frutando al ver que ella daba un pequeño salto cuando le acarició el muslo-. Me parece que lo que ocurre es que esta noche te sientes un poco sal­vaje. Yo desde luego que sí.
-Nick...
-Bésame de nuevo.
-Hay gente a nuestro alrededor -le recordó Miley-.
-Hace un segundo eso no te preocupó.
-Pero ahora sí -aseguró ella.
-Ignóralos -ordenó él. Normalmente no le gustaba tener público, pero en aquel momento no le podía importar menos la gente que había a su alrededor. No quería darle la oportunidad a Miley de recapacitar y recobrar la cordura. Necesitaba besarla de nuevo.

Ella levantó la vista y lo miró a los ojos. Nick pudo ver que estaba vacilando, por lo que se acercó de nuevo a besarla mientras subía la mano por su muslo...
Miley respiró profundamente y en pocos se­gundos se olvidó de todos sus prejuicios, tal y como él había esperado. Sus lenguas comenzaron a acariciarse en un erótico juego y, cuando Nick la acarició todavía más arriba del muslo, sus­piró y se estremeció.
-Marchémonos de aquí -susurró él una vez lo­gró dejar de besarla.
-No puedo.
-Sí que puedes -aseguró Nick-. Tengo una habitación en el hotel.
-Oh... -Miley negó con la cabeza-. Probable­mente no sea buena idea.
-Créeme, es la mejor idea que he tenido en todo el día -dijo él, sacando de su cartera un bi­llete de cien dólares y dejándolo sobre la barra del bar. Entonces se metió la cartera en el bolsillo y la tomó a ella de la mano-. Ven conmigo.

Miley lo miró de nuevo e, incluso bajo aquella tenue luz, él pudo vislumbrar algo parecido a la necesidad reflejado en sus ojos. No iba a recha­zarlo y permitió que la sacara del bar.
Nick la dirigió deprisa hacia los ascensores, ya que no quería darle la oportunidad de que cambiara de idea. Cuando llegaron, presionó el botón y las puertas de uno de los ascensores se abrieron. Entonces introdujo a aquella misteriosa mujer dentro y, antes incluso de que las puertas se cerraran, la echó contra la pared y la besó. Le aca­rició la lengua con la suya y sintió que se rendía ante él y que lo abrazaba por el cuello.

La besó apasionadamente y le acarició un pe­cho. Incluso por encima del vestido pudo sentir lo endurecido que tenía el pezón. Comenzó a inci­tarlo con el pulgar y oyó que ella gemía.
Cuando las puertas se abrieron al llegar a la úl­tima planta del hotel, Nick se apartó de ella a regañadientes y vio que Miley tenía el pelo alboro­tado, los ojos vidriosos y los labios hinchados. La deseaba con desesperación.

La guió hacia la suite que ocupaba, abrió la puerta y la metió dentro. Cerró la puerta tras ellos y, en un instante, ella estaba de nuevo en sus brazos.
No hubo vacilación ni torpeza; era como si hubie­ran estado acariciándose el uno al otro durante toda una eternidad. No hubo juegos, sólo necesidad, de­seo. Una salvaje pasión se apoderó del ambiente.

Nick le bajó la cremallera del vestido y se lo deslizó por los hombros. Miley no llevaba sujeta­dor y pudo observar que sus pechos eran precio­sos, del tamaño perfecto. Tenían un aspecto tan tentador que no esperó ni un segundo más...
Los cubrió con sus manos e incitó sus endureci­dos pezones mientras oía cómo ella gemía. Enton­ces agachó la cabeza para saborear un pezón y des­pués el otro, tras lo cual supo que necesitaba más de ella.
Miley lo tenía agarrado estrechamente por los hombros.

-Necesito más -murmuró él, incitando uno de sus pezones con la lengua-. Todo...
En ese momento le bajó completamente el ves­tido y la ayudó a quitárselo. Ella le quitó la cha­queta y la corbata a él. A continuación le desabro­chó los botones de la camisa. Nick le acarició su maravilloso cuerpo como si quisiera memorizar cada curva.
Ella le acarició el pecho y él se apresuró a qui­tarse el resto de la ropa. Entonces tomó en brazos a Miley y la colocó sobre la primera superficie apropiada que encontró; no podía esperar más. Tenía que poseerla, estar dentro de ella. Tenía que saber cómo era estar rodeado por su calor.
-Ahora -susurró ella cuando la puso sobre el enorme sillón que había en el salón de la suite. Se­paró las piernas para él y le tendió los brazos-. Ahora, Nick. Necesito...
-Yo también -admitió él, deseoso de hacerle sa­ber cuánto le afectaba. Quería que ella supiera que desde el momento en el que le había sonreí­do en el bar había estado deseando aquello.
A continuación dejaron de hablar y todo lo que tuvieron que decir lo dijeron sus cuerpos por ellos. La penetró con fuerza y ella gimió. Le exigió silenciosamente que la explorara más profunda­mente, más rápidamente...
Y él lo hizo.
Cada movimiento de ella conseguía alimentar su necesidad. Cada caricia, cada jadeo, cada ge­mido y suspiro estaban logrando que llegara a un estado de pasión que nunca antes había experi­mentado. Y quería más...

Cuando sintió que se estaba aproximando al climax, la miró a los ojos y observó cómo el placer se reflejaba en su cara. Oyó cómo gritaba y sintió cómo temblaba su cuerpo. Entonces ella lo abrazó por las caderas con las piernas mientras gritaba su nombre.
Nick sintió que su cuerpo explotaba de pla­cer y se veía invadido por la salvaje tormenta que ella acababa de experimentar...
Miley se despertó en medio de la noche. Le do­lía el cuerpo, pero tuvo que admitir que se sentía estupendamente. Había pasado mucho tiempo desde que había practicado el sexo y ya casi se ha­bía olvidado de lo maravilloso que era.
Pero la culpa comenzó a apoderarse de ella, que no era de las mujeres que se acostaban con un tipo una sola noche. Nunca antes había hecho algo parecido y estaba tratando de asimilarlo.
La luz de la luna se colaba por las puertas fran­cesas que poseía el dormitorio, puertas que ella su­ponía daban a una terraza.

Se preguntó a sí misma qué había hecho. En­tonces se dio la vuelta en la cama y observó al hombre que dormía a su lado. Estaba tumbado bo­cabajo, tapado hasta las caderas por el edredón. Miley tuvo que contenerse para no apartarle su os­curo pelo de la frente.
No había planeado practicar el sexo con él, aun­que lo que habían compartido no se podía descri­bir como simplemente sexo. El sexo era algo sólo biológico o, al menos, así había sido para ella an­tes de aquella noche. Pero lo que había compar­tido con Nick iba más allá de todo lo que había experimentado antes. Incluso en aquel momento, cuando habían pasado horas desde que la hubiera acariciado por última vez, su cuerpo todavía es­taba alterado.
No quería una relación seria. Había conse­guido lo que había ido buscando mientras habían estado en el bar, pero no comprendía cómo había terminado acostándose con él.
Lo único de lo que estaba segura era de que se tenía que haber marchado hacía mucho tiempo.

Era mejor que lo hiciera antes de que él se desper­tara y tratara de impedírselo. Con mucho cuidado, se bajó de la enorme cama y vio cómo Nick se movía mientras dormía. Pudo ver un poco de piel de éste justo debajo de su cintura y se forzó a apar­tar la vista. No necesitaba que le tentaran para quedarse; aquello no era parte de su plan. Ya ha­bía llegado demasiado lejos, había permitido que sus hormonas y su necesidad borraran cualquier pensamiento racional.
De puntillas, como un ladrón desnudo, se apre­suró a salir al salón de la lujosa suite y buscó su ropa bajo la tenue luz que había. Pero no se atre­vía a encender la luz, ya que no quería correr el riesgo de despertarlo. No quería que la tentara a volver a sus brazos, a su cama.
-Eres una idiota -susurró, incapaz de creer que hubiera terminado en una situación como aqué­lla. Normalmente tenía mucho más cuidado, in­cluso era comedida-.
 
Cuando por fin vio su vestido, lo agarró, se lo puso y subió la cremallera trasera con torpeza. No encontró sus medias, que parecían haber desapa­recido. Tomó sus sandalias y buscó su bolso, el cual encontró en el suelo, medio metido debajo del sofá en el que había estado con Nick. Tragó saliva con fuerza y se dirigió a la puerta principal, desde la que miró para atrás una última vez. Todo aquello era tan diferente a su vida real que se sin­tió como Cenicienta al final del baile. La magia se había acabado, así como el hechizo.
Había llegado el momento de regresar al mundo real.

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GRACIAS CHICAS LAS AMOOOOOO!!!!!
GRACIAS POR SUS BELLOS DESEOS!!!!
:)
LOS AMOOO!!!!

10 comentarios:

  1. awwwwwwww me encaanto encerio wao waoo wao waoo waoo te amoo babyy baaayy aww eres unikaa tee amooo

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  2. Hola :D
    Recien encuentro tu blog :B Me gusto,ya leo los demas capis para saber de que tratan!
    Besos♥Pasate por mis blogs,si te interesa!

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  3. hola kazzie me encanto jeje espero el siguiente y también de la Otra nove :D tkm

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  4. Bueniiisiiimooo!!! otra, otraa!!!
    Porfis porfis!!!
    Beshos!!

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  5. me encanto lo ameee te juro q esta nove esta muy buena!!!
    male

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  6. GRRRR!!!!!! hahahahaha okno xD me encantó el cap! :D de qué se tratará el otro cap.? Miley ya tendrá a la bebé? :O es el bebé? hahaha okno .-. :P yo ya quiero Niley baby :3 <3

    HAPPY BIRTHDAY! :D ;)

    PUBLICA PRONTO! :D

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  7. Hola Katty !!
    Recién pude leer la nove, ya quentermine la maratón ayer y hoy tengo mucha tarea y tengo que estudiar, por eso mi comentario no va a ser muy extenso.
    Me encantaron los capítulos y denada por el premio y la maratón te lo mereces todo eso y mas. Sigue brillando hermana, te amo

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  8. INCREÍBLE! :D ya quiero ver el otro espero que Miley y Nick se vuelvan a ver!!!!! si si si ya quiero leer el que sigue.

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  9. me a encantado !! dios lo amé !! quiero el proximo :D no puedo esperar. Cuidate hermosa, te adoro y espero que subas pronto ^^. Byeee ♥

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..