jueves, 24 de noviembre de 2011

Novela Niley 20 - La hija del magnate - primer aniversario del blog



-¿Tienes una qué?
-Una hija -contestó Nick, observando cómo Delta fruncía el ceño.
Había sabido que aquello no iba a ser fácil, pero le había pedido a Anna que lo arreglara todo para que pudiera verse con Delta. Ya había retra­sado el contarle la verdad durante demasiado tiempo.
-Tengo una hija.
Mientras le explicaba lo que había ocurrido re­cientemente en su vida y que Miley y Mia habían ido a vivir con él, Delta se levantó y lo observó con la impresión reflejada en la cara.

Nick se levantó y se acercó a la ventana. Pensó que nada parecía fácil ni relajado en el ho­gar de los Goodrem. El interior era igual de rígido y formal que el exterior. Majestuosas antigüedades reinaban en la casa. Sillas incómodas, mesas altas y adornos de cristal con un aspecto tan frágil que hacían que cualquier hombre se sintiera incó­modo con sólo estar en la sala.

Nick se dio la vuelta para mirar a la mujer con la que se suponía que iba a casarse y trató de re­cordar por qué había resultado una idea tan buena hacía sólo unos meses. Pero no podía. Porque el mirar a Delta, que estaba vestida con su ropa de diseño y que seguía tan delgada como siempre, le hizo pensar en la seductora y deliciosa Miley vestida con sus pantalones vaqueros gastados y camisetas.

Debía de estar perdiendo la cabeza.
-Se llama Mia -continuó.
Delta no se estaba tomando muy bien las no­ticias, pero él no había esperado otra cosa.
-Tiene diez meses, tengo una fotografía...
Delta levantó una mano en la que podía ob­servarse una perfecta manicura.
-No, gracias. No estoy interesada en tu hija ile­gítima.
A Nick no le hizo gracia eso, pero controló su ira y se dijo que tenía todo el derecho a estar disgustada. Pero si volvía a atacar a Mia...
-Y dices que la niña y la madre...
-Su madre... –corrigió Nick.
-... ¿están instaladas en tu casa?
-Están viviendo conmigo, sí -contestó, acercán­dose a ella.

Cuando estuvo suficientemente cerca pudo ob­servar la tirantez que reflejaba la boca de Delta. No sabía si estaba simplemente enfadada o herida, pero él prefería no pensar en haber dañado a aquella mujer. Jamás haría daño a ninguna mujer con la que hubiera tenido alguna relación; no ha­bía razón para romper corazones. Le gustaba te­ner una relación, divertirse, y después, cuando la magia se terminaba, decirse adiós como dos adul­tos civilizados. Sin guardar resentimiento.

En ese momento se preguntó cómo iba a afron­tar la separación de Miley. Ella se había metido en su cuerpo, en su alma... era la única mujer con la que había estado en la que no podía dejar de pen­sar. Lo perseguía día y noche. En momentos extraños su imagen se apoderaba de su mente para re­cordarle cuánto la deseaba.
Como por ejemplo, en aquel momento.
Pero se esforzó por dejar de pensar en ella, ya que no era inteligente tratar con una mujer mien­tras pensaba en otra.
-Necesito pasar algún tiempo con Mia... mi hija -dijo-. Ya me he perdido muchos momentos de su vida y no quiero seguir haciéndolo. Tengo que pensar en cómo vamos a encajar el uno en la vida del otro.
-Entiendo -comentó Delta, dirigiéndose a un aparador donde se sirvió un vaso de brandy. Se lo bebió de un solo trago-. ¿Y la madre?
-Bueno, obviamente ella también se mudó a mi casa -contestó él-. No podía separarlas, ¿no crees? -añadió, frustrado. Le parecía que ella es­taba haciendo aquello más difícil de lo que debía ser-. Es sólo por seis meses.
-¿Y quieres que esperemos a casarnos una vez se hayan marchado?
Marchado. En realidad, él no quería pensar en esa posibilidad. No sabía cómo iba a poder sopor­tar vivir en su casa y pasar por la habitación de Mia sabiendo que ella ya no estaba allí. ¿Cómo iba a ser capaz de andar por el pasillo y no ver a Miley echada contra la pared gimiendo de placer?
Aquello era un embrollo. Pero debía resolver cada problema a su tiempo.

-Delta, sé que teníamos un acuerdo...
-Sí, lo tenemos -contestó ella, dándose la vuelta para mirarlo-. Uno que yo tengo toda la intención de cumplir. La pregunta es... ¿y tú?

Nick suponía que aquélla era la verdadera pregunta. Había ido a casa de ella con la intención de continuar con su acuerdo de matrimonio... sólo había querido que esperaran seis meses. Pero en aquel momento ya no estaba tan seguro. De hecho, cuanto más pensaba en ello, menos dispuesto estaba a cumplir el acuerdo que ambos habían realizado.

-Hablaremos de ello dentro de seis meses -dijo sin contestarla realmente.
Delta lo miró directamente a los ojos y por un segundo, Nick pensó que la iba a ver perder el control, mostrar un poco de emoción. Pero, como siempre, ella controló sus sentimientos.
-No estoy contenta con esto, Nick.
-Lo comprendo, pero no hay otra manera de salir de esta situación. De hecho, entendería si quisieras terminar conmigo.
Algo brilló en los ojos de aquella mujer, pero se disipó antes de que él pudiera identificarlo.
-Desde luego que no -contestó Delta-, Lle­gamos a un acuerdo y voy a hacer todo lo que pueda para cumplirlo. Como tú has dicho, dentro de seis meses volveremos a hablar de ello.

Hubiera sido más fácil si ella hubiera termi­nado su relación con él en aquel momento. Nick supo que la próxima vez que hablaran de aquello, si ella no rompía el acuerdo, lo haría él.
Se dijo a sí mismo que los matrimonios de con­veniencia no siempre funcionaban, a pesar de lo bien que les habían ido las cosas a sus hermanos.
-Entonces bien. Ahora, si me disculpas... -dijo, dándose la vuelta para marcharse.
-¿Te estás acostando con ella? -preguntó re­pentinamente Delta.
-No hagas esto -contestó él, girándose para mi­rarla-, No nos lo hagas a ninguno de los dos.
-Es sólo una pregunta, Nick.
-Una que no voy a responder.
-Lo acabas de hacer -señaló ella.
-Delta -dijo Nick, pensando que quizá de­bía terminar con todo aquello en aquel momento.
-No te preocupes. Olvida que te lo he pregun­tado. Ahora, si no te importa, preferiría estar sola.
El quería decir algo, pero no sabía el qué. Ya había hecho suficiente daño.
Entonces se marchó de allí y, al salir a la calle, se sintió bien al notar cómo la lluvia le caía por la cara tras haber estado dentro de aquella agobiante casa.
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ha sido el mejor año de mi vida, empece con muy pocos animos porque pense que no lo leerian, pero ahora un año despues puedo decir que ha sido lo mejor, e conocido a las mejores personas del mundo quienes me han dado muchisimo amor commprension han estado a milado en todo lo que me ha pasado y ultimamente se han vuelto muy pacientes, hay quienes ya no estan o si estan al menos no me escriben no se que sera de esas personas pero espero que en algun momento regresen.. 
lucia 
rocchi 
sarita 
vale 
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aracelly 
prisci 
anonima fiel 
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arizbeth - por cierto corazon cerre mi facebook y aun no abro uno nuevo
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mis anonimos
si alguien se me queda sorry saben a sido maravilloso se que no todas estan ahora por a o por b motivo pero espero de corazon que esten super bien, me gustaria saber si hay alguien de mi pais que me siga o que lea mis noves...
las quiero chicas 
GRACIAS GRACIAS GRACIAS
LOS SUEÑOS JAMAS SE TERMINAN!!!!
NUNCA DEJEN DE CREER
se que puse esto en una entrada anterior pero se que no todas leen la nove jiley asi que aqui les dejo otra vez, como les e dicho a sido increible y a estado yendo de bueno recuerdos, son las mejores personitas del mundo y estoy inmensamente feliz de poder decir que SON MIS AMIGAS Y SON LAS MEJORES!!! LAS AMO!!!

Novela Niley 19 - La hija del magnate - primer aniversario del blog


-Nick, ¿qué estamos haciendo? -preguntó, susurrando.
-¡Ojalá lo supiera! -contestó él, agitando la ca­beza y mirándola a los ojos con la confusión refle­jada en los suyos.
Entonces se apartó de ella.
-No me gusta la idea de que trabajes -añadió.
-Ya me he dado cuenta -comentó Miley, casi divertida al observar la terquedad que reflejaban los ojos de él.
Quizá era mejor si no hablaban de la relación tácita que había entre ambos. Para ella era más se­guro. No podía correr el riesgo de decirle que lo amaba, ya que podía encontrarse con un cierto re­chazo por parte de él.
-Pero yo trabajo y no voy a dejar de hacerlo simplemente porque ahora viva en tu casa.
-Está bien -contestó Nick, apretando los dientes y mirando al horizonte durante un mo­mento. A continuación volvió a mirarla a ella-. Pero si estuvieras muy ocupada con un cliente im­portante, no tendrías que salir para tratar de obte­ner más clientes, ¿verdad?
-¿Qué es lo que estás planeando?
-Simplemente contesta a la pregunta.
-Bien -Miley asintió con la cabeza-. Si yo tuviera un cliente importante, desde luego que dedicaría mi tiempo a trabajar para él... o para ella. Pero el hecho es que no lo tengo, así que tengo que realizar varios trabajos a la vez.
-Ya no.
-Nick... -comenzó a decir ella, que tuvo la impresión de que sabía adónde iba a llevar aque­llo. Aunque una parte de sí estaba muy contenta por ello, otra, una parte más inteligente, le estaba advirtiendo que no aceptara lo que él le iba a pro­poner.
Si se involucraba más con aquel hombre, la rup­tura sería mucho más dolorosa.
Pero él comenzó a hablar y Miley sintió cómo los planes que le estaba sugiriendo le atraían.
-Lo que te dije antes lo dije en serio -declaró-. Necesito nuevos folletos y tarjetas de negocios, quizá incluso también una página Web... ¿puedes diseñar páginas Web?
-Sí, pero...
Nick se acercó más a ella y le acarició los brazos. Esbozó una encantadora sonrisa...
-Piénsalo, Miley. Trabaja para mi empresa y re­chaza cualquier otro trabajo que te salga. Pasa más tiempo con Mia...
-Eso es una estafa -señaló ella.
-Me gustaría indicar que los Viñedos Jonas tam­bién tienen una página Web que necesita actuali­zarse... confía en mí. Kevin no puede hacerlo y Danielle está demasiado ocupada con la apertura de su pastelería como para preocuparse por cosas así. También están los folletos de los viñedos, los menús de degustación, noticias de interés... -Nick hizo una pausa-. Danielle también! La nueva pastele­ría. Probablemente le vendría bien que la ayuda­ras con publicidad sobre el lugar.

La mente de Miley comenzó a galopar. No pudo evitarlo. Poner en su curriculum un trabajo para la familia Jonas la ayudaría a hacer crecer su negocio considerablemente. Conseguiría más dinero y no tendría que volver a aceptar verse con personas como Liam Hemsworth. Nick había tenido razón acerca de aquel tipo... pero no se lo iba a reconocer.
Él también había tenido razón sobre otra cosa; si aceptaba aquella oferta, disfrutaría de más tiempo con Mia. Eso por no mencionar que cuando los seis meses acordados llegaran a su fin, tendría una oportunidad mejor de mantener a su hija.

Porque la verdad era que, tanto si le gustaba como si no, fuera lo que fuera lo que tenía con Nick, no duraría para siempre. No importaba que ella se estuviera casi acostumbrando a su auto­ritaria forma de ser, no importaba que la química que había entre ambos fuera increíble. Ni siquiera importaba que lo amara.

Lo único que importaba era que debía recor­dar que Nick había organizado todo aquello como algo temporal para poder conocer a su hija.
-Y también está Demi y sus caballos gitanos -es­taba diciendo él-. Ella también tiene una página Web y siempre se está quejando de lo duro que es mantenerla actualizada, ya que tiene que ocuparse de Joe, de Emma y de los caballos...
Miley pensó que todo aquello sonaba muy bien, pero no sabía qué efecto podría tener en su ruptura con Nick y sospechaba que haría las co­sas más difíciles.
-No me gusta la mirada que tienes ahora mismo -dijo él con suavidad, acariciándole los pómulos-. Durante unos segundos pareciste emocionada ante la idea y repentinamente la luz de tus ojos se ha apagado.
Miley esbozó una sonrisa que esperó fuera muy brillante. No quería darle ninguna razón para que se arrepintiera del tiempo que habían pasado juntos.
-Estoy bien, Nick -contestó, agitando la ca­beza-. Y, aunque odio admitir esto ante ti porque ya eres suficientemente insufrible acerca de tener razón todo el tiempo... -añadió, apartándose de él y tendiéndole la mano de manera formal.
-¿Qué es esto? -preguntó Nick.
-Un acuerdo de negocios -contestó ella, son­riendo ante la confusión de él-. Me has ofrecido un trabajo, ¿no es así?
-Sí, lo he hecho.
-Bueno, pues acepto. Trabajaré para tus aeró­dromos, para tus viñedos y también para Joe y Demi si están interesados...
-Lo estarán -prometió Nick, apretándole la mano. La acercó hacia sí a continuación-, Pero para sellar el acuerdo... -murmuró, bajando la ca­beza- prefiero el término sellado con un beso.

 *********************

-Selena, cuando me besó, te juro que se me erizó el pelo…
-Cuéntame -exigió su amiga a través del teléfono.
-Estábamos en el aparcamiento y él estaba fu­rioso porque aquel cliente había tratado de tener algo conmigo...
-¡Qué sórdido!
-Absolutamente -concedió Miley-, Bueno, como te estaba contando, él... Nick, el fogoso Nick... me agarró, me apretó contra su cuerpo y me dio un beso tan apasionado que estoy segura de que sentí su lengua en las amígdalas.
-¡Vaya!
-Fue muy ardiente -comentó Miley.
-¿Te abrazó muy estrechamente y te acarició? -preguntó Selena, suspirando.
-Oh, sí.
-Dios, me encanta cuando Justin hace eso con­migo, pero normalmente tengo que volverle muy loco para que ocurra.
-Nick estaba completamente enloquecido.
-Entonces lo pasaste bien, ¿verdad?
-Estupendamente -contestó Miley, acomodán­dose en un sillón que había junto a la ventana en su dormitorio-. Pero fue justo entonces cuando me di cuenta de que estoy en peligro.
-Has caído, ¿verdad? -dijo Selena, suspirando de nuevo—. Te has enamorado de él.
Miley observó a través de la ventana la tor­menta primaveral que se estaba produciendo. Mia estaba dormida y Nick se había marchado para asistir a una reunión.
-Sí -admitió, contenta de tener a alguien con quien poder confesarse-. Es cierto. Lo amo.
-Oh, Dios -la voz de Selena reflejó la compren­sión que sintió- ¿Se lo has dicho?
-¿Te parece que estoy loca?
Selena no pudo evitar reírse.
-¿Cuáles son los sentimientos de él?
-No lo sé -contestó Miley, suspirando-. Y no se lo puedo preguntar, ¿comprendes?
-Claro que no -concedió Selena, la cual tapó el auricular del teléfono a continuación-. Danny, te dije que bañaríamos al perro después. Por favor, deja de mancharlo con el jabón del lavavajillas.
Miley se rió al oír aquello. Había necesitado hablar con su amiga. Desde que se había ido a vi­vir a casa de Nick, había estado tan ocupada con Mia, con su trabajo y con su nueva relación que no había telefoneado a Selena tan frecuentemente como debería haberlo hecho.
-¿Qué vas a hacer? -preguntó Selena.
-¿Qué puedo hacer? -contestó ella-. Acordé estar aquí seis meses. Si intento marcharme antes, Nick tratará de quitarme a Mia.
-¿Crees que todavía lo intentaría? -quiso saber Selena, impresionada.
-Supongo que no estoy realmente segura, pero no puedo permitirme el riesgo de comprobarlo -contestó Miley.
-¿Entonces cuál es el plan?
-Buena pregunta. Y parece que sólo puedo pensar en una respuesta.
-¿Cuál?
-Que debo disfrutar de lo que tengo mientras lo tengo -respondió Miley con firmeza-. Quizá no lo vaya a tener para siempre, pero todavía puedo dis­frutar de este sentimiento, de este tiempo con él... mientras dure. ¿No te parece?
-Absolutamente -contestó Selena-, Así que... ¿me vas a contar algunos detalles sórdidos?
Miley se rió.
-Claro, ¿cuántos quieres que te cuente?
-¿Cuántos tienes?
-Cientos -admitió Miley, sintiendo que le her­vía la sangre con sólo recordar todas las veces en las que Nick y ella habían estado juntos.
-Oh, cariño, ¡cuéntame!
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awwwww
awwww
awwwwwww
mary de mi vida te quiero y te extrañoo 
gracias por tu amistad awww eres genial...
te quiero}

Novela Jemi 36 - Besar a un angel - Primer aniversario blog


  
Demi lamió el dulce camino entre el cuello y el pecho de su marido y hurgó con la punta de la lengua en el vello oscuro que le cubría el torso hasta llegar a la piel de debajo. La respiración de Joe era ahora más rápida y, cuando habló, su voz sonó ronca.
—Si es así como besas, ángel, no quiero ni pensar en cómo... —gimió cuando ella encontró la tetilla.
Demi le subió los brazos al cuello y uno de los dedos se le quedó atrapado en la cadena de oro que sostenía la medalla esmaltada. Esos besos ardientes y esas caricias tentadoras eran tan deliciosos que no tenía suficiente. El cuerpo de Joe era ahora suyo para explorarlo a placer, y ella ansiaba conocer cada centímetro de él.
—Quiero quitarte la toalla —susurró.
Joe le hundió los dedos en el pelo. Ella alargó el brazo hacia el nudo, pero él le atrapó la mano.
—No tan rápido, cariño. Primero enséñame tú algo.
—¿Qué quieres ver?
—Lo que tú quieras.
—Con este maillot no dejo nada a la imaginación
—Aun así quiero verte más de cerca.

Demi sabía que el sexo podía ser excitante, pero no había esperado el sensual tono provocador en la voz di Joe. De repente pensó que quizá debería decirle que era virgen, pero entonces él creería que era un bicho raro. Y lo cierto es que Joe nunca lo sabría si ella no se lo decía. Al contrario de lo que decían los libros románticos, los frágiles hímenes no sobrevivían a veintiséis años de exámenes médicos y ejercicio físico.

Echando la cabeza hacia atrás, Demi observó cómo Joe se la comía con los ojos y, mientras permanecía delante de él, sólo cubierta por el maillot, encontró que la idea de jugar a ser una experimentada mujer fatal era demasiado excitante para ignorarla. Había leído montones de libros al respecto, pero ¿sería capaz de conseguirlo? ¿Qué podía hacer para provocarlo aún más?

Le dio la espalda, intentando ganar tiempo para pensar, y entonces vio que las cortinas azules que colgaban en la ventana de la cocina no estaban cerradas del todo. Dudaba que alguien se paseara por ahí fuera con ese tiempo, pero por si acaso se apresuró a cerrarlas. Apoyando una mano en el mostrador, se estiró por encima para alcanzar la cortina.

Oyó un sonido ahogado, casi como un gemido.
—Una buena elección, cariño.
No supo de qué estaba hablando Joe hasta que lo sintió detrás, acariciándole las nalgas. Él le amasó la carne por encima de las mallas de red en forma de diamante.
A Demi se le tensaron los pezones y su piel comenzó a arder de una manera extraña. Comenzó a sentirse nerviosa. No importaba lo que había querido que pensara él, ni siquiera sabía hacer el amor de la manera básica, así que mucho menos podía probar a hacerlo de forma exótica.
Joe le deslizó un dedo bajo la tira de lentejuelas y le dibujó la hendidura entre las nalgas. Demi se mordió los labios para no gritar de placer. El dedo se deslizó más abajo.
Incapaz de resistirlo más, Demi se enderezó y se giró hacia los brazos de Joe.
—Quiero volver a besarte.
Él gimió.
—Tus besos son más de lo que puedo manejar ahora mismo. —Joe se ajustó el nudo de la toalla y Demi se dio cuenta de que la tenía abultada. De hecho estaba muy abultada.
Ella se quedó mirándolo fijamente y sintió que se le secaba la boca.
—S-sigo queriendo besarte.
—Hagamos un trato. Ábrete el corchete del maillot y nos besaremos todo lo que quieras.
Demi levantó la vista a regañadientes y llevó los brazos a la espalda para hacer lo que le pedía. Cuando terminó, el corpiño comenzó a caer, pero ella lo sostuvo contra sus pechos.
Joe inclinó la cabeza y la besó al tiempo que le agarraba las muñecas y se las apañaba del pecho. Mientras el indagaba con la lengua en su boca, el maillot se le bajó hasta la cintura. Joe la empujó contra la pared, al lado de la mesa, le levantó las muñecas y se las sujetó a ambos lados de la cabeza.
—No es justo —susurró ella contra sus labios mientras la apretaba contra la pared. —Eres más fuerte que yo.
—Ahora es mi turno —respondió él con un susurro.
Y lo fue.
Manteniéndole las muñecas inmovilizadas, Joe usó la boca para excitarla. Le mordisqueó la oreja y el cuello. Le recorrió con rapidez la clavícula y la base de la garganta. Y luego se echó hacia atrás para poder mirarla de arriba abajo.
Aquella posición hacía que los pechos de Demi quedaran elevados. Él jugueteó con uno y luego con el otro, haciendo que le ardiesen con tal ferocidad que ella apenas podía soportarlo.
—Para —le dijo la joven sin aliento. —Suéltame.
Él le soltó de inmediato las muñecas.
—¿Te hago daño?
—No, pero vas muy rápido.
—¿Muy rápido? —la miró con una sonrisa torcida. —¿Estás criticando mi técnica?
—Oh, no. Tu técnica es maravillosa —repuso ella con rapidez, en tono serio y ansioso, y él sonrió. Avergonzada, Demi evitó mirarlo a los ojos y clavó la vista en su boca. Luego se dio cuenta de que si iba a hacer el amor con ese hombre feroz y orgulloso, tenía que ser tan fuerte como él.
Levantó la cabeza y le sostuvo la mirada.
—No quiero que seas tú quien lleve la voz cantante. No ahora. Quizá después, pero aún no.
—¿Me estás diciendo que quieres mandar un rato?
Ella asintió con la cabeza. Puede que estuviera nerviosa, pero nada iba a impedir que explorara los maravillosos misterios ocultos bajo la toalla.
—Sólo te pongo una condición, ángel. —Joe enganchó un dedo en el maillot que se enredaba en la cintura de la joven. —Quítatelo todo excepto las medias.
Demi tragó saliva. No llevaba bragas debajo de las medias. Éstas consistían en una red que la cubría desde la cintura a los dedos de los pies, y que no tapaban absolutamente nada.
Él arqueó una ceja después de retarla, luego la soltó y se sentó a los pies de la cama.
—Y quiero ver cómo te desnudas.
Eso era demasiado. Demi se aclaró la garganta y le habló con toda la despreocupación que pudo fingir.
—¿Quieres decir aquí mismo? ¿Con luz y todo?
—Así es. Desnúdate y hazlo despacio.
La joven se armó de valor decidida a mantenerse a su altura.
—¿Luego te quitarás la toalla?
—Cada cosa a su tiempo.
Demi se deslizó lentamente el maillot por las caderas, inclinándose hacia delante mientras lo bajaba para cubrir su desnudez ante él. El maillot se le deslizó a los tobillos. Ella lo apartó con el pie, examinó la desgastada alfombra y escuchó el ligero repiqueteo de la lluvia sobre el techo de la caravana.
—Oh, no, así no. —Él se rio entre dientes. —Yérguete. Y olvídate del maillot.
La ronca voz de Joe hizo que se estremeciera. Le temblaron las manos cuando acató su orden.
—Eres muy hermosa —susurró Joe cuando se exhibió ante él, desnuda salvo por las negras medias de red que realzaban, más que ocultaban, la parte inferior de su cuerpo.
Demi decidió que ya le había dado tiempo más que suficiente para mirarla.
—Tiéndete en la cama —le dijo ella en voz baja.
Él vaciló sólo un momento antes de acostarse como le decía, apoyándose en los codos.
—¿Así?
—Ah, no. De eso nada; túmbate por completo.
Para deleite de Demi, él hizo lo que le pedía. Joe recostó la cabeza en dos almohadas apiladas para no perderse nada.
Ella se mordisqueó los labios. No estaba completamente segura de poder conseguirlo, pero sí decidida a intentarlo.
—Ahora levanta las manos hasta tocar la pared. Y no se te ocurra moverlas.
Él le dirigió una perezosa sonrisa que hizo que se le derritieran los huesos.
—¿Estás segura?
—Muy segura.
Joe colocó los brazos como ella quería, haciéndola sentir muy orgullosa de sí misma. Se acercó a la cama. Él le recorrió los pechos y el vientre con una mirada ardiente, haciéndola ser consciente de que estaba casi desnuda. Cuando se acercó a él, cada célula del cuerpo de Demi bullía de excitación y anticipación. Por un momento la imagen de los látigos guardados bajo la cama irrumpió en su mente, pero la ahuyentó.

Miró los brazos extendidos de Joe en aquella falsa pose de esclavitud. Era su cautivo. Si se quedaba de esa manera, cada parte de aquel cuerpo sería suya, para explorarlo a voluntad, incluyendo el imponente montículo que abultaba la toalla. Apartó los ojos de allí y se arrodilló en el borde de la cama.

—Recuérdalo —susurró ella. —No apartes las manos en la pared. No las muevas.
—Si separas un poquito las piernas, cariño, seré tan colaborador como quieras.
Demi decidió que era un trato justo, y separó los muslos. Joe se recreó en lo que quedaba ahora a la vista. Tensó el brazo derecho, como si fuera a moverlo, pero luego se relajó.

Demi inclinó la cabeza y comenzó a saborearle de nuevo, mordisqueando cada centímetro del torso masculino, y siguió bajando. La piel, firme y tensa, delineaba cada músculo. Le deslizó las manos por el pecho, disfrutando de la textura del vello y de la piel húmeda. No pudo resistirse a las tetillas color café y las capturó con los labios, haciendo que Joe se contorsionara debajo de ella. Extendiendo una mano, Demi le agarró el bíceps y se lo apretó. Después deslizó los dedos hacia abajo, buscando el suave vello de su axila. Cuando se demoró allí, a Joe se le puso la piel de gallina y soltó un profundo gemido entrecortado. Ella levantó la cabeza lentamente y lo miró a los ojos.
—Voy a quitarte la toalla.
—¿Ahora?
El crudo deseo en la mirada de Joe le recordó que estaba jugando con fuego. Pero no pensaba retroceder; bajó las manos a la toalla. Deshizo el nudo con un movimiento fluido y la abrió.
—Oh... —Era magnífico. Alargó la mano y lo tocó tímidamente con la punta del dedo. Joe dio un brinco y ella apartó la mano.
La mirada de Demi voló hacia la cara de Joe; la mueca que esbozaba parecía reflejar dolor.
—¿Te he hecho daño?
—Tienes sesenta segundos —graznó él, —después moveré los brazos.
Un estremecimiento de placer atravesó como un relámpago el cuerpo de Demi al darse cuenta de lo que pasaba.
—No lo harás hasta que te dé permiso —le dijo con severidad.
—Cincuenta segundos —repuso él.
Demi se apresuró a acariciarlo otra vez, dejando que las indagadoras puntas de sus dedos vagaran por todas partes, acariciándolo aquí y allá. Deslizó la mano por los muslos separados de Joe y buscó más sitios donde tocarlo.
—Veinte segundos —gimió él.
—No cuentes tan rápido.
Él se rio entre dientes al tiempo que gemía, haciéndola sonreír. Pero la sonrisa de Demi se desvaneció con rapidez. Después de tantos años de abstinencia, ¿cómo lograría su pequeño cuerpo alojar algo de ese tamaño? Cuando cerró su mano en torno a él, se le ocurrió que quizá sus partes privadas se habían atrofiado por falta de uso. Demi lo acarició.
—¡Se acabó el tiempo!
Sin previo aviso, se encontró de espaldas sobre la cama bajo el cuerpo de Joe.
—Es hora de que recibas un poco de tu propia medicina. Ponte en la misma postura que yo.
—¿Cómo dices?
—Las manos contra la pared.
Demi tragó saliva y pensó en los látigos. Quizás eso de jugar a mujer fatal se le había dado demasiado bien. Él la estaba creyendo mucho más experimentada de lo que era en realidad.
—¿Joe?
—No quiero que hables, sino que obedezcas mis órdenes.
Lentamente Demi levantó los brazos por encima de la almohada.
—Te he dicho que apoyes las manos contra la pared.
Hizo lo que le ordenaba y se sintió indefensa y excitada. Cuando sus nudillos rozaron el cabecero de la cama, Demi estaba confundida por la inquietante mezcla de desasosiego y profundo deseo sexual. Quería rogarle que fuera suave con ella pero, a la vez, quería que la poseyera con todas sus fuerzas.

Permaneció cautiva bajo la mirada de Joe. El hecho de que no la hubiera atado de verdad no hacía que su cautiverio fuera menos real. Él era más fuerte que ella, más poderoso, podía hacerle lo que quisiera, estuviera Demi de acuerdo o no. El deseo de la joven se incrementó todavía más cuando él le pasó la yema del dedo por el estómago, de un lado a otro de la cinturilla de las medias de red, hasta que Demi quiso gritar. Joe siguió bajando hasta rozar los rizos oscuros.

—Separa las piernas, cariño. Ella lo hizo, pero al parecer Joe no quedó satisfecho con su acción porque le agarró los muslos y se los separó todavía más.
Las medias no suponían ninguna barrera para él, y Demi se sintió demasiado expuesta, demasiado vulnerable. Apartó las manos de la pared.
—Ni se te ocurra —susurró Joe, deslizándole los dedos sobre la parte de su cuerpo que ella había revelado.

Demi gimió y permaneció inmóvil mientras él separaba sus húmedos pliegues con los pulgares por debajo de la trama en forma de diamante. Entonces Joe inclinó la cabeza. La joven gritó y apretó los puños contra la pared cuando él la acarició con la boca, lamiéndola a través de la red. Un ronco murmullo de placer escapó de la garganta de Demi. Sintió cómo él tensaba la red sobre ella, apretando profundamente las hebras contra su suavidad femenina.

Joe le separó más las rodillas con los hombros y le ahuecó los pechos con las palmas de las manos mientras la acariciaba con los labios. La lluvia tamborileaba en el vientre de metal que los cobijaba y el propio vientre de Demi se estremeció en respuesta a lo que le estaba ocurriendo. Estaba perdida en un torbellino de sensaciones cuando sintió en las manos la vibración de un trueno a través de la pared que retumbó en cada nervio de su cuerpo. Demi arqueó la espalda y se entregó a un clímax destructivo.

Él la sostuvo mientras se estremecía. Sólo cuando se recuperó sintió Demi que Joe le tiraba con fuerza de las piernas. Demi no comprendió lo que su marido estaba haciendo hasta que se acomodó sobre ella y experimentó esa penetración tan largamente esperada en la entrada de su cuerpo.
—Me has roto las medias —murmuró Demi, deslizándole los brazos alrededor de los hombros y recreándose en la sensación de ese cuerpo masculino apretándola contra el colchón.
Joe le rozó la sien con los labios.
—Te compraré un nuevo par. Te lo juro. —Y embistió con suavidad.
Y no consiguió nada.
Ella se puso rígida. Sus peores temores se estaban haciendo realidad. Su cuerpo se había atrofiado por tantos años sin usar.
Joe se retiró un poco y le sonrió, pero ella podía sentir la tensión de su cuerpo y notaba lo cercano que estaba de perder el control.
—Pensé que estabas lista, pero imagino que no es suficiente. —Cambió de posición sobre ella y comenzó a acariciarla.
La voz de Joe pareció llegar de muy lejos.
—Eres muy estrecha, cariño. Ha pasado mucho tiempo para ti, ¿no?
Ella le hundió las uñas en los hombros.
—Sí... puede ser... —la joven soltó un jadeo cuando las nuevas sensaciones crecieron vertiginosamente en ni interior —que esté un poco cerrada.
Él gimió y se volvió a colocar sobre ella.
—Volvamos a intentarlo. —Dicho eso intentó penetrarla otra vez.
Demi gritó y se arqueó sin saber si quería apartarse o acercarse más a él. Su cuerpo se abrió suavemente con un ardiente dolor. Él la sujetó por las nalgas y la penetró profundamente al tiempo que le cubría la boca con la suya, devorándola. Su posesión era rápida e intensa, pero la tensión que ella sentía en él le decía que Joe seguía controlándose. No supo por qué hasta que escuchó su murmullo.
—Deja de contenerte, cariño. Deja de contenerte.
Demi supo en ese momento que él la estaba esperando y esas palabras suaves la hicieron llegar otra vez al clímax.
Cuando volvió en sí, la piel de Joe estaba húmeda y su cuerpo tenso de deseo bajo las manos de Demi. Pero era un amante fuerte y generoso.
—Otra vez, cariño. Otra vez.
—No, yo...
—¡Sí! —Con firmeza, la condujo de nuevo al éxtasis.
Fuera de la caravana retumbó un trueno y, dentro, ella hizo lo que le pedía. Y, esta vez, él la siguió.
El tiempo transcurrió mientras yacían inmóviles, con los cuerpos entrelazados, con el todavía enterrado en su interior.
Demi no lo olvidaría jamás. A pesar de todas las cosas horribles que la habían conducido a ese momento, no podía haber tenido una iniciación más maravillosa, y siempre le estaría agradecida a Joe por ello.
Apretó los labios contra el pecho de su marido mientras le acariciaba con las palmas de las manos. Después de tanto tiempo, por fin había pasado.
—Ya no soy virgen.
Demi sintió que Joe se ponía rígido debajo de sus manos. Sólo entonces se percató de que había dicho su secreto en voz alta.
—¿Qué has dicho? —Joe se incorporó sobre ella con rapidez
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aqui el ultimo capi de esta nove, espero que les guste jeje...
besos a todas las quiero lean capis de jiley..
millon besos!!!