jueves, 24 de noviembre de 2011

Novela Jemi 35 - Besar a un angel - Primer aniversario blog


Ella dejó caer una galletita salada en el chile.
—Ya que presumes de lo bien que se cuida a los animales en el circo, deberías saber que la casa de fieras es una vergüenza.
—Estoy totalmente de acuerdo contigo. Llevo años diciéndolo, pero a Liam le encantaba y siempre se negó en redondo a deshacerse de ella.
—¿Y Miley?
—Opina como yo. Espero que la cierre pronto, pero no hay mercado para los animales viejos de los circos. En realidad están mejor con nosotros que si los vendiese a los cotos de caza ilegales.
Demi se llevó un poco de chile a la boca pero volvió a poner el tenedor en el plato como si comer supusiera demasiado esfuerzo.
Joe ya no lo soportó más. No le importaba si le criticaban por darle a su esposa un trato de favor, pero no podía tolerar esas sombras púrpura bajo sus ojos ni un día más.
—Vete a la cama, Demi. He cambiado de idea. Hoy puedes saltarte la función.
—¿De verdad? ¿Estás seguro?
La alegría de Demi lo hizo sentir todavía más culpable.
—Eso es lo que he dicho, ¿no?
—Sí, sí, claro. Oh, gracias, Joe. No lo olvidaré.

Demi durmió durante la primera función pero, para sorpresa de Joe, se presentó cuando comenzaba la segunda función. La siesta de dos horas había hecho maravillas en ella y parecía más relajada que en los días anteriores. Mientras recorría la pista de arena sobre Misha, Joe la vio saludar con las manos y lanzar besos a los niños sin ser consciente del efecto que aquel llameante maillot rojo tenía en los padres de las criaturas. Joe tuvo que contenerse para no arrancar la gorra de alguno de esos palurdos con el látigo.

Cuando la función finalizó, él se fue a la caravana para cambiarse de ropa. Demi solía estar ya allí, pero no la vio por ninguna parte.
Intranquilo, se vistió rápidamente y regresó al circo. Un destello de lentejuelas rojas cerca de la puerta principal atrajo su atención. Vio a su esposa rodeada por tres espectadores. Todos se comportaban con cortesía y, desde luego, ella no corría peligro, pero aun así quería estrellar el puño contra aquellas caras presumidas.
 
Uno de ellos dijo algo y Demi se rio, un sonido angelical que flotó en el aire de la noche. Joe maldijo por lo bajo.
—¿Qué es lo que te pone de tan mala leche?
Al ver a Nick detrás de él, Joe se obligó a relajarse.
—¿Qué te hace pensar que estoy de mala leche?
Nick se puso un palillo en la comisura de la boca.
—La manera en que miras a esos tíos.
—No sé de qué estás hablando.
—No lo entiendo, Joe. Pensaba que ella no te importaba.
—No quiero hablar de eso.
—No te preocupes, no tengo intención de hablarte de ella. —Se pasó el palillo de un lado a otro de los labios. —Pero de todas maneras creo que, a pesar de que sea una ladrona y la odies, no deberías hacer trabajar tan duro a una mujer embarazada.
—¿Quién te ha dicho que está embarazada?
—Es lo que piensa todo el mundo. La noche de la fiesta sorpresa no parecías exactamente un novio feliz.
Joe apretó los dientes.
—No está embarazada.
A Nick se le cayó el palillo.
—¿Entonces por qué coño te casaste con ella?
—Eso no es asunto tuyo. —Joe se alejó.

Joe trabajó hasta medianoche. Cuando entró en la caravana, Demi estaba dormida, pero en lugar de estar acurrucada sobre un montón de sábanas arrugadas como siempre, yacía en el sofá con el maillot de la función todavía puesto, como si se hubiera sentado unos minutos y se hubiera quedado dormida sin querer. Él sabía que una cosa era ser duro con ella y otra llevarla hasta el límite de sus fuerzas. En ese momento supo que no podía dejar que siguiera trabajando así. En lo que a él concernía, Demi había pagado su deuda y había llegado el momento de bajar el ritmo.

Demi tenía los labios ligeramente entreabiertos y los mechones del pelo oscuro se extendían sobre el almohadón del sofá como cintas sedosas. Estaba tumbada boca abajo y a Joe se le secó la boca al ver ese dulce culito respingón cubierto sólo por la trama en forma de diamantes de las medias negras de red. La fina tira de lentejuelas que cubría la unión de las nalgas hacía que la visión fuera todavía más atrayente. Se obligó a apartar la mirada, se desnudó y entró en el cuarto de baño, donde se metió rápidamente bajo el agua fría.
El ruido de la ducha debió de despertar a Demi, porque cuando Joe apareció envuelto en una toalla, la joven estaba delante del fregadero con la bata azul de Joe cubriendo el maillot. Las pequeñas manos femeninas asomaban por las mangas mientras cortaba un trozo de pan.

—¿Quieres que te haga un bocadillo? —Demi parecía de mejor humor que cualquiera de los días anteriores. —Me quedé dormida antes de cenar y estoy muerta de hambre.
Se le abrió el albornoz, revelando las curvas de los pechos bajo las lentejuelas llameantes del maillot. Joe deslizó la mirada sobre ella y en vez de agradecerle el ofrecimiento, le espetó:
—Como Miley te atrape durmiendo con uno de sus maillots, te desnudará estés donde estés.
—Entonces tendré que asegurarme de que no me pille.
El renovado ánimo en la voz de Demi hizo que Joe se sintiera mejor.
—No se puede esperar que lo aprendas todo de inmediato.
Demi se volvió hacia él, pero cualquier cosa que fuera a decir murió en sus labios. Deslizó la mirada por el pecho de su marido hasta la toalla amarilla que le cubría las caderas.
Joe quiso gritarle, decirle que no lo mirara de esa manera a no ser que quisiera acabar en la cama con él. Casi sintió que perdía el control.
—¿Quieres que... er... quieres tu bata? —preguntó ella.
Él asintió con la cabeza.
Ella tiró del cinturón, se la quitó y se la tendió.
Joe la dejó caer al suelo.
Ella se lo quedó mirando.
—¿No acabas de pedírmela?
—Lo único que quería era que te la quitaras.
Demi se humedeció los labios y él la estudió mientras esperaba una respuesta, llamándose estúpido en todos los idiomas que conocía, pues sabía que no podría resistirse a ella otra noche.
—No estoy segura de qué quieres decir exactamente —dijo ella con timidez.
—Quiero decir que no voy a poder mantener mis manos alejadas de ti durante más tiempo.
—Eso es lo que me temía. —Demi respiró hondo y alzó la barbilla. —Lo siento, pero no puedo acostarme contigo. No estaría bien.
—¿Por qué?
—Porque no sería sagrado. Hacer el amor significa algo más para mí. No lo hago con cualquiera.
—Me alegro de oírlo. —Impulsado por una fuerza que no podía resistir, Joe se acercó a ella.
Demi dio un paso atrás, hasta tropezar contra el mostrador, sin apartar la mirada de los ojos de él.
—No puedo hacerlo sin que signifique algo.
—Espero que eso quiera decir que no tengo que preocuparme por ninguna enfermedad de transmisión sexual como las que le mencionaste a la camarera al poco de casarnos.
—¡Por supuesto que no!
—En ese caso tampoco tienes que preocuparte por mí. Estoy perfectamente sano.
—Me alegro mucho por ti, pero...
—¿No te ha dicho nadie que hablas demasiado?
Él plantó las manos en el mostrador atrapándola entre sus brazos.
—Tenemos que hablarlo. Es importante. Es... 
—Lo que realmente necesitamos es dejar de hablar. - Rodeó la cintura de Demi con las manos. —Ya hemos jugado suficiente al gato y al ratón, cara de ángel. ¿No crees que ha llegado el momento de actuar?
El olor de Demi lo tentaba. La recorrió con la mirada; su cuerpo quedaba resaltado por el maillot de llameantes lentejuelas rojas y la suave respiración de la joven le agitaba el vello del pecho.
—¿Por qué quieres hacerlo con alguien a quien no respetas?
A Demi se le cerraron los ojos cuando él inclinó la cabeza y le acarició el cuello con los labios.
—¿Por qué no dejas que sea yo quien se preocupe de eso?
—Me consideras una ladrona.
—Bueno, he estado dándole vueltas a ese asunto.
Demi ladeó la cabeza, y otra punzada de culpabilidad golpeó a Joe cuando vio que los ojos violeta de su esposa brillaban con deleite y su boca suave se curvaba en una sonrisa tonta.
—¡Me crees! ¡Sabes que no fui yo quien robó el dinero!
Él no había dicho eso. Pero ya no estaba enfadado. Aunque no podía perdonarle lo que había hecho, entendía lo que era la desesperación y no quería seguir juzgándola.
—Creo que eres endemoniadamente sexy. —Le rozó el labio inferior con el pulgar y lo encontró húmedo bajo su caricia. —¿Utilizas algún anticonceptivo o quieres que me encargue yo?
Los ojos de Demi llamearon.
—Tomo la píldora, pero...
—Bien.
Joe inclinó aún más la cabeza y cubrió los labios de ella con los suyos. Los dos se estremecieron. ¡Santo Dios, qué dulces eran! Demi debía de haberse comido una de las ciruelas maduras que había en una bolsa sobre el mostrador, porque él podía saborear la fruta en su boca.
La joven entreabrió los labios, pero el movimiento fue titubeante, como si aún no hubiera tomado una decisión. A él le resultó muy excitante esa aceptación tímida e insegura. En ese momento decidió que no le daría más tiempo para pensar, y la estrechó contra su cuerpo.

Fuera del pequeño mundo de la caravana, comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia, que golpearon el techo metálico con un ligero y agradable repiqueteo. El sonido era hipnótico y tranquilizador. El ruido de la lluvia los aislaba, los apañaba del resto del universo y los llevaba a un lugar íntimo y acogedor.

Demi suspiró contra los gentiles y pacientes labios de su marido. La medalla esmaltada que colgaba del cuello de Joe se rozaba contra ella y, cuando él le pasó la punta de la lengua por la sensible superficie interior del labio inferior, una oleada de calor le atravesó las venas. En ese momento todos sus principios morales se evaporaron, y cualquier idea que hubiera tenido de rechazarlo se esfumó. Ella había deseado eso desde el principio y ya no podía reprimir la fuerza que la impulsaba hacia él.

Se rindió y separó los labios, dejándole entrar.
Joe se tomó su tiempo y, cuando le invadió la boca, el beso fue completamente arrebatador. Demi respondió con fervor y él le permitió indagar todo lo que quiso.

Ella introdujo la lengua entre los labios de Joe, besando las comisuras de esa boca dura, explorando el interior una y otra vez. Rodeó los hombros de su marido con los brazos y se puso de puntillas para mordisquearle la oreja. Le dejó la marca de los dientes en la curva de la mandíbula antes de regresar de nuevo a su boca.
Entraba y salía.
Se retiraba e indagaba.
Y dentro otra vez.
Demi se sentía cada vez más excitada, una excitación alimentada por la respiración entrecortada de Joe y por la sensación que le provocaban sus manos, estrechándola con fuerza: una en la cintura, otra magreándole las nalgas. ¿Cómo podía haber tenido miedo de él? La imagen de los látigos guardados bajo la cama apareció en su mente, pero ella la ignoró. Joe no le haría daño. No podría...
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
awww las quiero chicas jeje se que hace rato esperaban esto asi que ps aqui esta pero ya saben hay mucho que aclarar todavia en esta historia, asi que no se la pierdan espero de corazon que les guste.. las amo millon!!!




3 comentarios:

  1. laaaaaaaa amoooooooo la amooooooooooo y laaaaaaaaaaa reeeeeeee amoooooooo. SIiii tu sabes que yo he esperado mucho para que este par acepte todo lo lindo y hermoso que puede haber entre ellos <3 hahaha
    amiga ame el capitulo...

    Te cuento algo ya dio fin solamente tu y continuo con embarazada de un millonario... y otra pero no se ... por ahi tengo un one shot... te digo porque no aparece que he publicado :)! si te interesa


    te quiero mucho amiga y de nuevo muchaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuchiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiimaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas felicitaciones por el aniversario de tu blog :)!


    Que Dios te bendiga hoy y siempre
    xoxox

    ResponderEliminar
  2. =O
    OMG!!!!
    aaawwwww....
    aaaawwwww..
    siiiii, hace mucho que lo esperaba.. aaww..
    aaawww JEMI...
    aaww Kazz TK!!!
    aaawwwwwww
    -demiloveMLovaticSMilers

    ResponderEliminar
  3. Que bonito, se ve todo tan bonito :) Y la dejó dormir :) AH!!! :)

    ResponderEliminar

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..