viernes, 4 de noviembre de 2011

Novela Niley 13 - La hija del magnate


Nick abrió la puerta del vehículo y se bajó de él. Selena suspiró profundamente, cosa que no era difícil de comprender. El iba vestido con pan­talones negros, una camisa a cuadros de manga larga que llevaba remangada y unas gafas de sol que se quitó al acercarse a ellas. ¿El príncipe azul? Quizá. ¿Peligroso? Sin duda alguna.
-Recuerda... -dijo su amiga- vas a hacer que esto funcione.
Miley sintió la boca seca y asintió con la cabeza.
-Miley -saludó él, sonriendo.
Entonces miró a Mia e incluso Miley se percató de que la calidez se reflejaba en sus ojos marrones.
-Hola, Nick -saludó ella a su vez cuando por fin logró articular palabra-. No tenías por qué haber venido, yo iba a ir a tu casa después.
-No hay problema -contestó él, sonriendo a Selena.
Miley no tuvo que ver la cara de su amiga para saber que Nick se la estaba ganando. Aquel hombre tenía mucho carisma cuando quería.
-Nick Jonas -se presentó, tendiéndole la mano.
-Selena Bieber -se presentó ella a su vez, estre­chándole la mano. Entonces miró a Miley y levantó ambas cejas.
Miley la ignoró y se dirigió a Nick.
-No puedo irme contigo y dejar aquí mi coche.
-No te preocupes por eso. Uno de mis mucha­chos lo llevará a casa más tarde.
-¿Uno de tus muchachos?
-Uno de mis empleados -corrigió Nick-, Además, tu pequeño coche no es uno de los más seguros del mercado como para estar llevando un bebé en él.
Miley estaba asombrada.
-Desde luego que es seguro. Lo llevo a revisio­nes periódicas.
-Eso no es lo que he querido decir -dijo él, se­ñalando con una mano el vehículo azul claro de ella-. Míralo, si tienes un accidente, sería como si fueras en monopatín.
Selena se estremeció y Miley se quedó mirando a Nick.
-No tengo accidentes.
-No a propósito -concedió él-. Por eso se lla­man «accidentes».
-En eso tiene razón -terció Selena.
Miley frunció el ceño ante su amiga y a conti­nuación ante el padre de su hija.
-Mi coche se puede utilizar perfectamente.
-Uh, uh... tal vez así era hace poco -corrigió Nick, dándose la vuelta y señalando el mons­truo negro que él mismo había llevado consigo-. Ése es ahora tu coche.
-Yo... ¿mi... qué?
-Te he comprado un coche -dijo él con el mismo tono de voz que hubiera utilizado si le hubiera informado de que le había comprado un sándwich-. Ya le han instalado una estupenda sillita para bebés, así que está todo arreglado. Mu­cho más seguro para ti y para la niña.
Miley no era idiota. Sabía que seguramente él tenía razón y que aquel enorme coche negro era más seguro que el suyo. Después de todo, parecía tener el tamaño de un pequeño tanque. Pero no podía permitir que él estuviera manipulando su vida de aquella manera. Tenía que fijar un límite y lo mejor sería que lo hiciera en aquel mismo mo­mento.
-Nick, no puedes ir por ahí haciendo cosas como ésta -dijo, mirando el coche negro y tra­tando de imaginarse a sí misma detrás del volante.
-¿Por qué no? Necesitabas un coche más se­guro y yo te lo he conseguido.
Parecía que Nick Jonas no comprendía lo que estaba tratando de decirle Miley. No com­prendía que no era la clase de mujer que se dejaba llevar por un tipo fuerte que pensaba que sabía lo que era mejor para ella. ¡Por el amor de Dios, era una persona adulta! Había estado decidiendo por ella misma durante la mayor parte de su vida.
Y en aquel momento, sólo porque había pen­sado que Nick tenía derecho a conocer la exis­tencia de Mia, estaba perdiendo el control sobre las cosas.
Pero ya no podía dar marcha atrás y Selena tenía razón; también hubiera estado furiosa si el padre de Mia no hubiera querido tener nada que ver con la pequeña. Por lo que el hecho de que Nick estuviera tan decidido a ser parte de la vida de su hija decía algo sobre su carácter.
E incluso aunque a ella no le gustara, tener un padre sería bueno para Mia.
Pero tenía que hacerle entender que, aunque él fuera el padre de la pequeña, no tenía ningún control sobre ella. Así que lo intentó de nuevo. Habló despacio y claro.
-No necesito un nuevo...
-Está a tu nombre. Los papeles están en la guantera. ¿Por qué no conduces tú hasta mi casa y así te acostumbras a él? -sugirió Nick, son­riendo y dirigiéndose hacia la vivienda-. Voy a comprobar que todo esté bien con los muchachos de la mudanza y que saben adónde tienen que lle­var tus cosas.
-Ya se lo he dicho yo... -comenzó a decir Miley.
Pero Nick no se quedó a escucharla y entró en la casa. Claramente no confiaba en que ella les hubiera dado las instrucciones correctas a los en­cargados de la mudanza.
-¿Has visto eso?
-Respira profundamente -contestó Selena, aga­rrando a Miley por el antebrazo-. Está bien, sé a lo que te refieres. Es un poco...
-¿Autoritario? ¿Mandón?
-Sí -concedió Selena, dándole unas palmaditas a su amiga para tranquilizarla-. Lo es, pero parece que tiene buenas intenciones.
-Es insoportable.
-Cariño, son sólo seis meses.
-Seis meses... -repitió Miley.
Se dio la vuelta para mirar la pequeña casita que había sido suya, la vivienda en la que Mia y ella habían construido tantos recuerdos. Sabía que es­taba mirando a su pasado ya que, sin importar lo que ocurriera durante los siguientes seis meses, Mia y ella no regresarían a aquel lugar. Nada volve­ría a ser lo mismo. Jamás.
Cuando Nick salió de la casa, se acercó a un extremo del porche y la miró. A pesar de la presen­cia de los muchachos de la mudanza, de Selena y de los niños, Miley sintió cómo el poder de la mirada de él la penetraba. Incluso desde aquella distancia, incluso rodeados de gente, la pasión se apoderó de su cuerpo. Bastaba sólo con una mirada de aquel hombre para que sintiera escalofríos.
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aqui estoy jeje... dejando la marathon niley... espero k les guste mucho mucho.... como les dije si puedo comentare en sus blog asi k espero l comenten igual.. les deseo lo mejor a todas........
millob besos

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