jueves, 29 de diciembre de 2011

Promo - Rechazo Cruel - Niley



LA VENGANZA ES UN PLATILLO QUE SE SIRVE FRIO Y LENTO
PERO LA VENGANZA PUEDE DAR UN GIRO DE LO MAS DRASTICO
LAS CONSECUENCIAS PUEDEN SER DEVASTADORAS
DEL ODIO AL AMOR HAY UN PASO, ESTE LOS MANTIENE SEPARADOS SE HARA EXTENSO O SE ACORTARA
LAS MARCAS DEL PASADO DEJARAN DE INTERPONERSE... O JAMAS LO HARAN

"RECHAZO CRUEL"



PROTAGONISTAS
NICK JONAS
MILEY CYRUS
KEVIN JONAS COMO KEVIN WALTER

¡Él le arrebató su virginidad por venganza! ¡Ahora la llevará al altar!

El multimillonario Nicholas Jonas creía que Miley Cyrus había tenido un papel determinante en la muerte de su hermana, y la buscó para hacérselo pagar. La sedujo, le reveló su identidad… y después la rechazó cruelmente. 

Pero Miley no había hecho nada malo. Se sentía avergonzada por haberle entregado su virginidad al despiadado Nicholas y, por si eso fuera poco, acababa de descubrir que estaba embarazada. Ahora el italiano con un oscuro corazón volvía a reclamarla, pero en esta ocasión ¡como su esposa!


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espero que les guste como a mi...
las quiero besos!!!

Jemi 44 - Besar a un angel


—No voy a enamorarme de ti, cariño. No ocurrirá. Me importas, pero no te amo.

Cómo herían esas palabras. ¿De verdad era amor lo que quería de él? Ciertamente, lo deseaba. Lo respetaba. ¿Pero cómo era posible llegar a amar a alguien que sentía tan poco aprecio por ella? En lo más profundo de su alma sabía que a ella le resultaría muy difícil amar a un hombre como Joe Jonas. Él necesitaba a alguien tan terco y arrogante como él, alguien obstinado e imposible de intimidar, una mujer que no se echara a temblar ante todos esos oscuros ceños y que le respondiera de la misma manera. Una mujer que se sintiera como en casa en el circo, que no temiera a los animales ni el trabajo agotador. Necesitaba a Miley Hemsworth.

Los celos la inundaron. Aunque reconocía la lógica de que Joe y Miley eran perfectos el uno para el otro, su corazón rechazaba la idea.
Vivir con él le había enseñado algo de orgullo, y Demi irguió la cabeza.
—Lo creas o no, no me he pasado todo el tiempo pensando en cómo voy a conseguir que te enamores de mí. —Cogió la cesta de ropa que se iba a llevar a la lavandería. —De hecho, no quiero tu amor. Lo que sí quiero son las llaves de la maldita camioneta.
Las cogió del mostrador y salió corriendo hacia la puerta. Él se movió con rapidez para bloquearle el paso. Joe le quitó la cesta de las manos.
—No pretendo hacerte daño, Demi —dijo —Me importas. No quería que fuera así, pero no puedo evitarlo. Eres dulce y graciosa, y me encanta mirarte.
—¿De veras?
—Aja.
Demi alargó la mano para limpiarle con el pulgar una mancha del pómulo.
—Bueno, a pesar de que eres un hombre con muy mal genio, también me gusta mirarte.
—Me alegro.
Ella sonrió e intentó coger de nuevo la cesta de la ropa sucia, pero él no se la dio.
—Antes de que te vayas... Miley y yo hemos hablado. A partir de ahora tendrás una nueva tarea.
Ella lo miró con cautela.
—Ya estoy ayudando con los elefantes y con las fieras. No creo que tenga tiempo para hacer nada más.
—A partir de ahora, ya no te encargarás de los elefantes, y Trace se hará cargo de la casa de fieras.
—Los animales son responsabilidad mía.
—Bien. Puedes supervisarlo si quieres. El hecho es, Demi, que le gustas al público y Miley quiere aprovecharse de ello. Actuarás conmigo. —Ella clavó los ojos en él. —Comenzaré a entrenarte mañana.
Demi se dio cuenta de que le rehuía la mirada.
—¿Entrenarme para que haga qué?
—Tu trabajo consistirá en estar quieta y hermosa.
—¿Y qué más?
—Tendrás que ayudarme. No será difícil.
—Ayudarte. ¿A qué te refieres con eso de ayudarte?
—Sólo eso. Lo hablaremos mañana.
—Dímelo ahora.
—Sostendrás algunas cosas, eso es todo.
—¿Sostenerlas? —Demi tragó saliva. —¿Las arrancarás de mi mano?
—De tu mano —Joe hizo una pausa, —de tu boca.
Demi palideció.
—¿De mi boca?
—Es un truco fácil. Lo he hecho centenares de veces, y no debes preocuparte de nada. —Joe abrió la puerta y le puso la cesta en los brazos. —Si quieres pasarte por la biblioteca, será mejor que te vayas ya. Te veré más tarde.
Con un suave empujón la echó afuera. Demi se dio la vuelta para decirle que de ninguna manera pensaba actuar en la pista central con él, pero Joe le cerró la puerta en las narices antes de que pudiera pronunciar una sola palabra

*******************


—¿Puedes intentar mantener los ojos abiertos esta vez?
Demi notó que Joe estaba perdiendo la paciencia con ella. Estaban detrás de las caravanas, en un campo de béisbol a las afueras de Maryland, un sitio muy parecido al que habían estado los días anteriores y llevaban así casi dos semanas. La joven tenía los nervios tan tensos que estaban a punto de estallar.

Tater estaba cerca de ellos, alternando suspiros de amor por su dama con remover el barro. Después de que Demi se hubiera enfrentado al elefantito unas semanas atrás, Tater había comenzado a escaparse para buscarla y, finalmente, Jacob lo había castigado con el pincho. La joven no había podido tolerar tal cosa, así que le había dicho que ella se encargaría de cuidar al elefante durante el día cuando vagara por ahí. Todos —excepto la propia Demi—parecían haberse acostumbrado a ver trotando a Tater detrás de ella como si fuera un perrito faldero.

—Si abro los ojos daré un respingo —señaló Demi mientras su marido empuñaba el látigo— y me dijiste que me harías daño si daba respingos.
—Tienes el blanco tan alejado de tu cuerpo que podrías estar bailando El lago de los cisnes y ni siquiera te rozaría.

Había algo de verdad en lo que decía. El rollo de periódico que sostenía en la mano medía más de treinta centímetros y, además, ella tenía el brazo extendido. Pero cada vez que Joe agitaba el látigo arrancando un trozo del extremo, ella daba un salto. No podía evitarlo.

—Puede que mañana consiga abrir los ojos.
—En tres días estarás en la pista central. Es mejor que los abras ya.

Demi abrió los ojos de golpe al oír la voz sarcástica y acusadora de Miley que estaba donde Joe había dejado los látigos enroscados en el suelo. Tenía los brazos cruzados y el sol arrancaba destellos a su pelo, que brillaba como las llamas del infierno.
—Ya deberías haberte acostumbrado. —Se agachó con rapidez y cogió uno de los rollos de papel de diez centímetros que había en el suelo. Ésos eran los blancos de verdad, los que se suponía que Demi debía sostener en la función, pero hasta ese momento Joe no había podido convencerla para que practicaran con algo que midiera menos de treinta centímetros.
Miley comenzó a hacer rodar uno de los pequeños rollos entre los dedos como si fuera un pitillo, luego se acercó a Demi y se detuvo a su lado.

—Quítate de en medio.
Demi retrocedió.
Miley miró a Joe con un destello desafiante en los ojos.
—Aprende cómo se hace.
Se puso de perfil, echó el pelo hacia atrás y se colocó el rollo entre los labios.

Por un momento Joe no hizo nada, y Demi notó que había una vieja historia entre la dueña del circo y él, una historia de la cual Demi no sabía nada. Parecía como si Miley desafiara a su marido, pero ¿para que hiciera qué? Joe levantó el brazo tan repentinamente que ella apenas vio el movimiento de su muñeca.

«¡Zas!» El látigo restalló a pocos centímetros de la cara de la mujer y el extremo del rollo desapareció.

Miley no se movió. Se mantuvo tan serena como si estuviera asistiendo a un cóctel mientras Joe agitaba el látigo una y otra vez, rompiendo un trocito de rollo cada vez. Poco a poco, lo fue acortando hasta que sólo quedó el cabo entre los labios de la mujer.

En ese momento lo cogió y se lo tendió a Demi.
—Ahora veamos cómo lo haces tú.
Demi reconocía un reto cuando lo veía, pero esa gente se había criado tentando al peligro. Ella no tenía que demostrar su valor, sentía que ya lo había hecho cuando se había enfrentado a Tater.
—Quizás en otro momento.
Joe suspiró y bajó el látigo.
—Miley, esto no funciona. Continuaré haciendo el número yo solo.
—¿Te tiene dominado, Joe? Cinco generaciones de sangre circense y le has dado el nombre de Jonas a alguien que no tiene valor para entrar en la pista central contigo.
Los ojos verdes de Miley se oscurecieron con desprecio cuando miró a Demi.
—No te estamos pidiendo que andes por la cuerda floja ni que montes a pelo. Lo único que tienes que hacer es estar allí de pie. Pero ni siquiera eres capaz de hacerlo, ¿verdad?
—Lo siento, pero no valgo para esto.
—¿Y para qué vales entonces?
Joe dio un paso adelante.
—Ya basta. Demi se ha encargado de los animales aunque no tendría por qué haberlo hecho, y están en mejores condiciones que nunca.
—No la defiendas. —Demi sintió el impacto de los ojos de Miley con la misma intensidad que si fuera el impacto del látigo. —¿Sabes algo de la familia Jonas?
—Joe no me ha hablado mucho de su pasado. —Y tampoco le había hablado mucho de su presente. Cada vez que intentaba preguntarle por la vida que llevaba fuera del circo, él cambiaba de tema. Sospechaba que había ido a la universidad y que la medalla esmaltada que llevaba colgada del cuello era una reliquia familiar, pero nada más.
—Déjalo, Miley —le advirtió él.
Ella no le hizo caso y sostuvo la mirada de Demi con firmeza.
—Los Jonas son una de las familias más famosas en la historia del circo. La madre de Joe era la mejor montando a pelo. Joe podría haber sido un campeón ecuestre de no ser por su altura.
—A Demi no le importa nada de eso —dijo él.
—Sí que me importa. Continúa, Miley.
—Su madre formaba parte de la quinta generación de artistas rusos que actuaron para los zares. Lo más interesante de los Jonas es que la historia de su familia se transmite a través de las mujeres. No importa con quién se hayan casado, los hombres han renunciado a su propio apellido para mantener el de Jonas y pasarlo a sus hijos. Pero los hombres Jonas han sido también grandes artistas con el látigo y algunos de los mejores jinetes que se hayan visto en el circo.
Joe comenzó a recoger los rollos de periódico y a meterlos en una vieja bolsa de lona.
—Vamos, Demi. Por hoy es suficiente.
La expresión de Miley se volvió amarga.
—Los Jonas siempre han seguido la tradición y han elegido bien a sus esposas. Al menos hasta llegar a Joe. —Hizo una pausa. En sus ojos asomó un helado desprecio. —No estás a su altura, Demi, no mereces llevar el apellido Jonas.
Tras decir eso se giró y se marchó, con un paso tan regio que hizo que sus ropas desarregladas parecieran dignas de una reina.
Demi se sintió despreciable.
—Tiene razón, Joe. No valgo para nada.
—Tonterías. —Joe enrolló los látigos y los apoyó sobre el hombro. —Miley considera la tradición del circo tan sagrada como la religión. No le hagas caso.
Demi miró la bolsa con los rollos de periódico. Se acercó y sacó uno con decisión.
—¿Qué haces?
—Dar la talla como mujer Jonas.
—Por el amor de Dios, suelta eso. Te he dicho que pases de ella. Miley siempre ha tenido una visión distorsionada de la historia de los Jonas. Mi tío Sergey era el mayor bastardo que he conocido en mi vida.
—Te agradezco que intentes que me sienta mejor, pero no puedo ignorar lo que ha dicho. —Caminó hacia el lugar donde habían estado practicando antes y se puso de perfil. —Estoy cansada de ser siempre la peor.
Se puso el rollito en los labios; las rodillas le temblaban más que nunca. Si Joe fallaba, le golpearía en la cara y, quizá, dejaría una cicatriz en su piel y en su alma.
—Déjalo, Demi. —Ella cerró los ojos. —Demi...
Ella se sacó el rollito de la boca para hablar, pero no le miró.
—Por favor, Joe, hazlo de una vez. Cuanto más me hagas esperar, más difícil será para mí.
—¿Estás segura?
No estaba segura en absoluto, pero se puso de nuevo el rollito en la boca y cerró los ojos, rezando por no dar un brinco.
Demi gritó cuando oyó el chasquido del látigo y sintió una corriente de aire en la cara. El sonido retumbó en sus oídos. Tater abrió la boca y soltó un barrito.
—¿Te he dado? ¡Maldita sea, sé que no te he dado!
—No..., no..., estoy bien. Es sólo... —Respiró hondo y recogió el rollito que había dejado caer, observando que Joe había sesgado un trocito del extremo. —Es sólo que estoy un poco nerviosa.
—Demi, no tienes por qué...
Ella se colocó el blanco de nuevo en la boca y cerró los ojos.
«¡Zas!»
Demi gritó otra vez.
—Si sigues gritando comenzaré a ponerme nervioso —dijo Joe en tono seco.
—¡No gritaré! Pero por Dios, no pierdas los nervios. —Cogió el rollito, era mucho más corto de lo que había sido en un principio.
—¿Cuántas veces más?
—Dos.
—¿¿Dos??—chilló.
—Dos.
Esta vez colocó el rollito justo en el borde de los labios.
—Estás haciendo trampa.
El sudor corría entre los pechos de Demi cuando volvió a colocarlo. Respiró hondo.
«¡Zas!» Otra corriente de aire le agitó un mechón de pelo contra la mejilla. Casi se desmayó, pero de alguna manera logró contener el grito. Sólo una vez más. Una vez más.
«¡Zas!» La joven abrió lentamente los ojos.
—Ya está, Demi, se acabó. Ahora sólo tendrías que saludar al público.
Estaba viva y sin marcas. Atontada, lo miró y habló con un ronco susurro.
—Lo he hecho.
Él sonrió y soltó el látigo.
—Pues claro que sí. Estoy orgulloso de ti.

Con un gran grito de alegría, corrió hacia él y se arrojó a sus brazos. Joe la atrapó automáticamente. Cuando la estrechó contra su cuerpo, una lenta oleada de calor recorrió el cuerpo de Demi. Él debió de sentir lo mismo porque se echó atrás y la dejó en el suelo.
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no se olviden de comentar bienvenidas a mis nuevas seguidoras, gracias por leer y ps gracias por los comentarios... se las quiere...
millon besos!!

Niley 02 - Juego Seductor


Al otro lado, Morgan Beach seguía su curso. Era ya casi mediodía y los surfistas estaban dando el día por terminado, Nick sabía bien que las mejores olas eran poco después del alba, antes de que hubiera demasiados niños, madres y aspirantes a surfistas con sus pequeñas tablas.

La gente estaba fuera, disfrutando del día, mientras él estaba en una tienda de ropa femenina, hablando con una mujer que bufaba cuando lo veía. Ahogó un suspiro de impaciencia.

Examinó la tienda. De las paredes de color crema colgaban trajes de baño y pósteres enmarcados de algunas de las mejores playas del mundo. El había cabalgado las olas en la mayoría de ellas. Durante diez años no había salido del agua. Se había dedicado a recoger trofeos, cheques y la atención que le dedicaban las bellas señoritas que seguían el circuito.
Un ocasiones, lo echaba de menos. Como en aquel instante.

—Bueno, dado que soy su casero, ¿por qué no tratamos de llevarnos bien?
—Usted sólo es mi casero porque los hijos de Robert Towner le vendieron este edificio cuando él murió. El me había prometido que no lo harían, ya ve —dijo, con la voz teñida de tristeza—. Me prometió que podría quedarme aquí otros cinco años.
—Eso no constaba en su testamento —le recordó Nick mientras se volvía para mirarla—. Sus hijos decidieron vender. Eso no es culpa mía.
—Por supuesto que lo es. ¡Les ofreció una pequeña fortuna por este edificio!
—Sí. Fue un buen negocio —replicó él con una sonrisa.

Miley ahogó un suspiro. Nick Jonas era el dueño del edificio, a pesar de las promesas de Robert.

Robert Towner fue un encantador anciano que había sido como su padre. Tomaban café todas las mañanas y cenaban al menos una vez por semana. Miley lo había visto con más frecuencia que sus hijos y había esperado comprarle el edificio algún día. Desgraciadamente, Robert murió en un accidente de coche hacía ya casi un año y no había hecho disposición alguna para ella en su testamento.
 
Aproximadamente un mes después de la muerte de Robert, sus hijos le vendieron el edificio a Nick Jonas. A Miley le preocupaba su futuro desde entonces. Robert le había mantenido el alquiler bajo para que ella pudiera mantener su tienda en un lugar tan privilegiado. Sin embargo, estaba convencida de que Nick Jonas no iba a hacer lo mismo.

El estaba realizando «mejoras» por todas partes y no tardaría en subir los alquileres para sufragarlas. Eso significaba que ella tendría que dejar la calle principal de Morgan Beach y perdería al menos un cuarto de su volumen de negocios, dado que muchos de sus clientes eran personas que iban o venían de La playa.

Nick Jonas lo iba a estropear todo, como había hecho tres años atrás. Él no recordaba nada. Canalla. Miley necesitaba desesperadamente darle una patada a algo, preferentemente a su nuevo casero. Nick Jonas esperaba que el mundo girara o se detuviera cuando él lo deseara. El problema era que, la mayoría de las veces, conseguía plenamente sus propósitos.

El la miró por encima del hombro y sonrió.
—Le resulto muy irritante a nivel personal, ¿verdad? Es decir, hay algo más que el hecho de que yo me haya hecho con todos los locales de la calle principal de esta ciudad, ¿no es así?
Así era. El hecho de que Nick ni siquiera supiera la razón por la que lo odiaba tanto le resultaba aún más irritante. No podía ser ella quien le recordara lo que, evidentemente, había olvidado.
—¿Que es lo que quiere, señor Jonas?
El frunció ligeramente el ceño.
—Miley, nos conocemos desde hace demasiado tiempo como para andarnos con tanta ceremonia.
—No nos conocemos en absoluto —lo corrigió ella.
—Y sé que adoras tu tienda —dijo él, y regresó al mostrador. Y a ella.
¿Por qué tenía que oler tan bien? ¿Por qué tenían que ser sus ojos tan cafés como si fuesen chocolate derretido ? ¿Y acaso era necesario que se le formaran hoyuelos en las mejillas cuando sonreía?, se preguntó Miley.
—Aquí tienes cosas muy bonitas —comentó él, mirando la vitrina que ella había estado colocando—. Tienes buen ojo para el color. Creo que tú y yo nos parecemos mucho. Mi empresa manufactura trajes de baño. La tuya también.
Miley se echó a reír.
—¿Qué te resulta tan divertido? —preguntó él frunciendo el ceño.
—Oh, nada —respondió mientras apoyaba las manos sobre el cristal de la vitrina—. Simplemente, mis trajes de baño están manufacturados por mujeres locales a partir de tejidos orgánicos y los suyos los cosen niños encorvados sobre sucias mesas de talleres clandestinos.
—Yo no tengo talleres clandestinos —le espetó él.
—¿Está seguro?
—Sí, claro que lo estoy. Y no he venido a esta ciudad para saquear y quemar.
—Ha cambiado el aspecto del centro de esta ciudad en menos de un año.
—Y las ventas al por menor han subido un veintidós por ciento. Sí, claro, deberían fusilarme.
Miley estaba a punto de explotar
—En esta vida hay algo más que los beneficios.
—Sí. Está el surf. Y el sexo de calidad —replicó él con una sonrisa.

Miley jamás dejaría que supiera lo mucho que la afectaban aquella sonrisa y los encantadores hoyuelos, como tampoco la mención al sexo. A Nick Jonas no le costaba encontrar mujeres. Había aprendido la lección tres años atrás, cuando ella se convirtió en una de sus admiradoras.

La World Surf se había celebrado en la ciudad y Morgan Beach llevaba una semana de celebraciones. Una noche, Miley estaba en el muelle cuando Nick Jonas se le acercó. En aquella ocasión, también le había sonreído. Y había flirteado con ella. La besó a la luz de la luna y la llevó al pequeño bar que había al final del muelle. Allí, ambos tomaron demasiadas Margaritas.

Admitía que se había sentido halagada por las atenciones que le dedicó. Era guapo. Famoso. Además, le había parecido que, bajo tanta sofisticación, había un buen chico.
Aquella noche, pasearon por la arena hasta que el muelle y la playa quedaron muy atrás. Entonces, se quedaron de pie frente al océano y observaron la luna llena sobre las olas.

Cuando Nick la besó. Miley se dejó capturar por la magia del momento y por la delirante sensación de sentirse deseada. Hicieron el amor sobre la arena, con la brisa del mar refrescándoles la piel y el pulso del océano como música de fondo.

Miley creyó alcanzar las estrellas, pero al día siguiente, él se marchó, bajo la dura luz del día. Había querido hablar con él sobre lo ocurrido, pero Nick se limitó a decirle que se alegraba de verla y pasó a su lado sin decir nada más. Miley se quedó tan sorprendida que no pudo ni gritarle.

Volvió a mirarlo fijamente en el interior de su tienda. Sin poder evitarlo, recordó cada minuto de la noche que pasaron juntos y la humillación que había sentido al día siguiente. Pero ni siquiera eso borró los maravillosos recuerdos que tenía de haber estado entre sus brazos.

No le gustaba saber que una noche con Nick le había cerrado la puerta con otros hombres, pero mucho menos le agradaba que él siguiera sin recordarla. Pero, ¿por qué iba a hacerlo?

No volvería a caer en el mismo error. Todo el mundo cometía equivocaciones, pero sólo los idiotas tropezaban sobre la misma piedra una y otra vez. Respiró profundamente y dijo:
—Mire, no hay razón para seguir discutiendo. Usted ya ha ganado y yo tengo un negocio del que ocuparme. Por lo tanto, si no ha venido aquí para decirme que se va a deshacer de mí, tengo que volver a mí trabajo.
—¿Deshacerme de ti? ¿Y por qué iba a hacer eso?
—Es el dueño del edificio y yo he intentado librarme de usted desde hace unos meses.
—Sí—dijo él—, pero como ya has señalado, yo he ganado esa batalla. ¿De qué me serviría echarte?
—Entonces, ¿por qué está aquí?
—Para informarte de la próxima reforma de esta tienda.
—Bien. Ya lo sé. Muchas gracias. Adiós.
Nick volvió a sonreír, lo que le provocó un vuelto en el estómago.
—¿Sabes una cosa? Cuando una mujer no me tiene simpatía, tengo que descubrir por qué.
—Ya le he dicho por qué.
—Hay mucho más de lo que me has dicho —afirmó mirándola fijamente—. Y lo averiguaré.
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Hello hello...
bueno chicas por aqui dejandoles capis de esta nove, espero que les guste y comenten por cierto no se desesperen ya les pongo capi de jemi y la promo de una nueva nove niley...
uuu sorpresa sorpresa....