miércoles, 14 de diciembre de 2011

Novela Niley 23 - La hija del magnate


-¿Delta? -repitió Miley con el dolor reflejado en la voz.
Nick sintió su angustia como propia.
No había pensado en aquel maldito anillo du­rante semanas. Si lo hubiera hecho, lo hubiera lle­vado al banco para depositarlo en la caja de seguridad. Pero había estado tan ensimismado con Miley y con Mia que había dejado aquel costoso anillo en el cajón y se había olvidado de él.
-Maldita sea -dijo entre dientes, acercándose a ella. Le quitó la caja de terciopelo de la mano, la cerró y la volvió a dejar en el cajón.
Entonces la miró a los ojos y vio en ellos refle­jado lo herida que estaba. Se sintió como un com­pleto malnacido.
-Umm -dijo ella, alejándose de él y apartando la mirada-. Lo siento. No tenía intención de hus­mear. Simplemente estaba guardando los preservativos y...
-Miley, permíteme explicarte -pidió Nick, acercándose de nuevo a ella.
Pero Miley volvió a alejarse de él antes de que la pudiera agarrar.
-¿Explicarme? -dijo, riéndose. Se alejó aún más de él. Agitando la cabeza se acercó a la cómoda y agarró los papeles que había dejado en la habitación. Los diseños para las cartas de los Viñe­dos Jonas, diseños sobre los que había estado muy emocionada aquella mañana.

Nick recordó cómo se los había enseñado... con el brillo reflejado en los ojos. Incluso en aquel momento había sentido una pequeña punzada de remordimiento, ya que había hecho que trabajara para sus hermanos más por su propia conveniencia que por el bien de ella. Había querido tenerla segura. Allí. En la casa.

Pero la alegría que había sentido Miley por el rumbo que estaban tomando sus negocios estaba ensombreciéndose. Y todo por culpa suya.

-No hay nada que explicar -dijo ella con voz firme-. Tienes un anillo de compromiso para darle a otra mujer en el mismo cajón en el que guardas los preservativos que utilizas conmigo. ¿Cuántas más evidencias quieres? Yo soy la mujer con la que acos­tarse y ella es la mujer a la que convertir en tu esposa -añadió, dirigiéndose hacia la puerta-. Créeme, lo veo todo muy claro.
-No, no lo haces -espetó él, impidiéndole el paso antes de que pudiera salir de su habitación.
La miró a los ojos y sintió la distancia que había entre ambos. No había querido que ella se ente­rara de la existencia de Delta. Si todo hubiera sa­lido acorde a sus planes, Mia y Miley hubieran es­tado en su casa durante seis meses y después todos hubieran seguido con sus vidas.

Pero en algún momento del camino todo ha­bía cambiado. No estaba seguro de cómo, ni de cuándo había ocurrido, pero de lo que sí estaba seguro era, de que no sabía qué hacer. Miley lo es­taba mirando y se sintió en la obligación de decir algo.

-Sí, había planeado casarme con Delta -se sinceró al no ser capaz de pensar en otra cosa que decir.
Observó cómo ella hizo un gesto de dolor y, si le hubiera sido posible, se hubiera dado una pa­tada a sí mismo. Jamás había planeado hacerle daño, pero aun así parecía que no podía evitarlo.
-Fue una decisión de negocios -le explicó, tra­tando de atenuar la impresión que se había lle­vado ella.
Miley cerró los ojos durante unos segundos y agitó la cabeza como si estuviera cansada.
-Negocios -repitió, abriendo los ojos de nuevo.
-Sí, un matrimonio de conveniencia. Más que un matrimonio, una fusión -añadió. Entonces respiró profundamente y continuó hablando, ya que percibió que ella lo estaba apartando. Repentinamente deseó estar tan cerca de Miley como le fuera posible-. Mira, mis dos hermanos se casaron con sus esposas por razones equivoca­das y han terminado siendo tan extremadamente felices que hasta son empalagosos. Yo pensé que por lo menos tendría la misma oportunidad que ellos y era una buena unión para hacer prosperar la compañía Aviones Jonas. El padre de Delta posee varios aeródromos muy bien situados por todo el país. Casándome con ella garantizaba un nuevo espacio de aterrizaje y nuevas rutas para Aviones Jonas.
-Bien por ti -dijo ella, cruzando los brazos so­bre el pecho-. Enhorabuena. Me aseguraré de apuntar bien todas las rutas nuevas cuando rediseñe la página Web.
Frustrado, Nick refunfuñó.
-El maldito anillo está aquí, ¿recuerdas? Delta no lo lleva puesto en el dedo porque no me voy a casar con ella.
-¿De verdad? ¿Por qué no?
¿Por qué no? Una buena pregunta. Ni él mismo estaba seguro de la respuesta más allá del hecho de que no podía soportar pensar en pasar el resto de su vida con otra mujer que no fuera Miley.
Como no contestó, ella lo miró en espera de una respuesta.
-Es una pregunta muy simple, Nick. ¿Por qué no te vas a casar con los maravillosos aeródro­mos Goodrem?
-Por Mia... y por ti -contestó él, poniéndose tenso.
Miley lo miró con una gran impresión reflejada en la cara.
-Le dije que necesitaba tiempo. Tiempo con Mia. Tiempo para ordenar mi vida.
-Así que ahora no te vas a casar con ella.
-Nunca -corrigió él, que estaba muy seguro de ello en aquel momento.
-Pero eso no es lo que le dijiste a ella, ¿verdad?
-No -admitió Nick, pasándose una mano por el pelo y preguntándose cómo salir de aquel embrollo-. Le dije que en seis meses hablaríamos -añadió-. Quiero darle la oportunidad de que sea ella quien anule nuestro acuerdo.
-¡Qué noble de tu parte! -comentó Miley, tra­tando de pasar por su lado.
Pero él se lo impidió de nuevo y ella respiró profundamente. Se sintió muy frustrada.
-No es noble -discutió él, tratando de encon­trar la manera de explicarle lo que ni él mismo comprendía-. Es...
-¿Es qué, Nick? -preguntó ella-, ¿Conve­niente? ¿No quieres estar comprometido con una mujer mientras te acuestas con otra? Bueno, eso te convierte en candidato a hombre del año, ¿no es así?
El dolor de Miley se transformó rápidamente en furia y Nick, que era un hombre prudente, dio un paso atrás.
-Me has utilizado -aseguró ella con tirantez, mi­rándolo fríamente de arriba abajo-. Me has utilizado para practicar el sexo conmigo mientras mantenías a la sin duda apropiada Delta apartada de todo.
Nick estaba dispuesto a aceptar que Miley se desquitara un poco con él, pero no iba a permitir que les insultara a ambos.
-Nos utilizamos el uno al otro para practicar el sexo, cariño -dijo, observando el daño que le ha­cían sus palabras-. Jamás te prometí nada -se apresuró a añadir.
-Entonces eso hace que todo esté bien, ¿no es así? -susurró ella-, ¿No prometas nada y después no importa lo que hagas? ¿O a quién hieras? -aña­dió, acercándose a él y poniéndole el dedo índice sobre el pecho-, ¿Y qué pasa con Mia? ¿Ibas a apartarla de tu lado una vez te hubieras casado con Delta?
-¡Desde luego que no! Mia es mi hija. Siempre va a ser mi hija.
-Supongo que eso es algo -dijo Miley.
-Miley... -Nick se acercó y le agarró los hombros.
La sujetó con fuerza al tratar ella de soltarse. No sabía cómo arreglar las cosas y ello le estaba irritando mucho. Siempre había sabido qué decir, qué hacer. Pero en aquel momento, cuando nece­sitaba aquella capacidad más que nunca, le había abandonado.
-No hagas esto, no nos hagas esto a nosotros. No arruines lo que tenemos.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
espero k les guste chicas, la nove cada vez mas interesante y a punto de terminar awww aww ha sido hermosa esta nove, espero k comenten mucho mucho.. anita on tas???

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Ummmmmmm :'''''''''''''''''( porque presuponemos todo las mujeres??

    ResponderEliminar

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..