domingo, 1 de enero de 2012

Jemi 45 - Besar a un angel


Demi sabía que Joe no aceptaba que se hubiera negado a hacer el amor con él desde aquella tarde de sudor y sexo que la había perturbado tan profundamente. Su período le había dado una excusa perfecta durante unos días, pero había terminado hacía media semana. Le había pedido un poco de tiempo para aclararse las ideas y, aunque Joe había estado de acuerdo, no le había gustado nada.
—Sólo un truco más —dijo él— y luego terminamos.
—Quizá deberíamos dejarlo para mañana.
—Es el truco más fácil. Venga, vamos a hacerlo antes de que pierdas el valor. Ponte dónde estabas.
—Joe...
—Venga. No te dolerá. Te lo prometo.
A regañadientes, Demi regresó al lugar donde había estado antes.
Joe cogió el látigo más largo y lo sostuvo entre los dedos.
—Colócate frente a mí y cierra los ojos.
—No.
—Confía en mí, cariño. Esta vez tienes que tener los ojos cerrados.
Demi hizo lo que le decía, pero entreabrió uno de los ojos para ver lo que él hacía.
—Levanta los brazos por encima de la cabeza.
—¿Los brazos?
—Levántalos por encima de la cabeza. Y cruza las muñecas.
Ella abrió los dos ojos.
—Creo que me olvidé de decirle a Trace algo sobre la nueva dieta de Sinjun.
—Todas las mujeres Jonas han hecho este truco.
Resignada, Demi levantó los brazos, cruzó las muñecas y cerró los ojos, diciéndose a sí misma que no podía ser peor que sostener un rollito con los labios.
«¡Zas!»
Apenas había percibido el chasquido del látigo cuando sintió que éste le rodeaba y le ataba las muñecas con fuerza.
Esta vez el grito le salió del alma. Dejó caer los brazos tan rápidamente que sintió que se le dislocaban los hombros. Se miró con incredulidad las muñecas atadas.
—¡Me has dado! Dijiste que no me tocarías, pero lo has hecho.
—Estate quieta, Demi, y deja de gritar de una vez. No te ha dolido.
—¿No me ha dolido?
—No.
Ella miró sus muñecas y se dio cuenta de que él tenía razón.
—¿Cómo lo has hecho?
—Destensé el látigo antes de chasquearlo. —Joe hizo un movimiento con la muñeca para que el látigo se aflojase, y la liberó. —Es un truco muy viejo, pero el público lo adora. Aunque, después de que te ate las muñecas, debes sonreír para que todos sepan que no te he hecho daño. Acabaré en la cárcel si no lo haces.
Demi se examinó una muñeca y luego la otra. Se dio cuenta con asombro de que estaban intactas.
—¿Y si te olvidas de destensar el látigo antes de apresarme las muñecas?
—No lo haré.
—Podrías cometer un error, Joe. Es imposible que siempre te salga bien.
—Claro que sí. Llevo años haciéndolo y nunca he lastimado a nadie. —Comenzó a recoger los látigos y ella se maravilló de aquella perfecta arrogancia, pero al mismo tiempo se sintió inquieta.
—Esta mañana las cosas han salido algo mejor—dijo ella, —pero aún me parece imposible que pueda actuar contigo dentro de dos días. Jack me ha dicho que voy a interpretar a una gitanilla indomable, pero no creo que las gitanas indomables griten como lo hago yo.
—Ya pensaremos algo. —Para sorpresa de la joven, Joe le dio un besito en la punta de la nariz antes de girarse para marcharse, pero se detuvo en seco y se volvió de nuevo hacia ella. La miró un buen rato. Luego inclinó la cabeza y posó sus labios sobre los de Demi.
La joven le rodeó el cuello con los brazos cuando él se apretó contra ella. Aunque su mente le decía que el sexo debía ser sagrado, su cuerpo deseaba ardientemente las caricias de Joe, y Demi supo que nunca tendría suficiente de él.
Cuando se separaron, Joe sostuvo la mirada de ella durante un largo y dulce instante.
—Sabes como un rayo de sol —susurró.
Ella sonrió.
—Te daré unos días más, cariño, porque sé que todo esto es nuevo para ti, pero nada más.
Demi no tuvo que preguntarle a qué se refería.
—A lo mejor necesito más tiempo. Tenemos que conocernos mejor. Respetarnos el uno al otro.
—Cariño, en lo que concierne al sexo, te aseguro que siento mucho respeto por ti.
—Por favor, no hagas como si no supieras de lo que hablo.
—Me gusta el sexo. A ti te gusta el sexo. Nos gusta practicarlo juntos. Eso es todo.
—¡Eso no es todo! El sexo debería ser sagr...
—No lo digas, Demi. Si dices esa palabra otra vez, te juro que flirtearé con cada camarera que encuentre de aquí a Cincinnati.
Ella entrecerró los ojos.
—Justo lo que intentaba demostrar. Y no creo que sagrado sea una palabrota. Vamos, Tater, tenemos mucho trabajo que hacer.
Demi se fue con el elefante trotando tras ella. Si se le hubiera ocurrido volver la mirada, habría visto algo que la habría asombrado. Habría visto a su duro y malhumorado marido sonriendo como un adolescente enamorado.


A pesar de las protestas de Joe, ella había continuado cuidando a los animales, aunque Trace hacía ahora muchas de las rutinarias tareas diarias. Sinjun clavó la mirada en Tater cuando se acercaron. Los elefantes y los tigres eran enemigos confesos. Pero a Sinjun parecía molestarle la presencia de Tater por otra cosa. Joe decía que estaba celoso, pero ella no era capaz de atribuirle tal emoción a aquel viejo tigre malhumorado.

Demi observó a Sinjun con satisfacción. Gracias al nuevo pienso y a las duchas diarias, el pelaje del animal tenía ahora mejor aspecto. Le hizo una burlona reverencia.
—Buenos días, majestad.
Sinjun le enseñó los dientes, gesto que ella interpretó como una manera de decirle que no se pusiera demasiado cursi con él.
No había experimentado más momentos de comunicación mística con él, por lo que había comenzado a pensar que los que había tenido antes habían sido inducidos por la fatiga. Aun así, no podía negar que aún seguía sintiendo miedo cuando estaba cerca de él.

Había dejado una bolsa con chucherías que había comprado con su propio dinero en una tienda del pueblo cerca de un fardo de heno. La cogió y la llevó a la jaula de Glenna. La gorila ya la había divisado y apretaba su cara contra los barrotes, esperando pacientemente.

La muda aceptación de Glenna de su destino, junto con el anhelo que mostraba por disfrutar de contacto humano, rompía el corazón de Demi. Acarició la suave palma que el animal alargaba a través de los barrotes.

—Hola, cariño. Tengo algo para ti. —Sacó de la bolsa una madura ciruela púrpura. La fruta tenía la misma textura que los dedos de Glenna. Áspera por fuera. Blanda por dentro.
Glenna tomó la ciruela y se retiró a la parte posterior de la jaula donde se la comió con pequeños y delicados mordisquitos mientras miraba a Demi con triste gratitud.

Demi le dio otra y continuó hablando con ella. Cuando la gorila terminó de comer, se acercó de nuevo a los barrotes, pero esta vez cogió el pelo de Demi.
La primera vez que había hecho eso Demi había sentido miedo, pero ahora sabía lo que quería hacer Glenna y se arrancó la goma elástica de la coleta.

Durante un buen rato permaneció con paciencia ante la jaula, dejando que la gorila la aseara como si fuera su hija mientras hurgaba en su cabello en busca de pulgas y mosquitos inexistentes.
Cuando por fin terminó, Demi notó que se le había puesto un nudo en la garganta por la emoción. No importaba lo que dijeran, no entendía cómo podían tener enjaulada a una criatura tan humana.

Dos horas más tarde, Demi regresaba a la caravana acompañada de su enorme mascota cuando vio a Destiny practicando con los aros cerca del campo de juego. Ahora que ya no estaba tan cansada, Demi había podido recordar con claridad lo sucedido la noche en que había desaparecido el dinero y pensó que era el momento apropiado para hablar con la chica.

Destiny dejó caer un aro cuando ella se acercó, y mientras se agachaba para recogerlo, miró a Demi con cautela.
—Quiero hablar contigo. Destiny. Vamos a sentarnos en las gradas.
—No tengo nada que hablar contigo.
—Estupendo. Entonces hablaré yo. Muévete.
Destiny la miró con resentimiento pero respondió a su tono autoritario. Después de recoger los aros, siguió a Demi, arrastrando las sandalias.
Demi se sentó en la tercera fila y Destiny lo hizo una fila más abajo. Tater localizó un lugar cerca de la segunda base y comenzó a revolcarse en el lodo, que es lo que hacen los elefantes para enfriarse.
—Supongo que vas a largarme un rollo por lo de Joe.
—Joe está casado, Destiny, y el matrimonio es un vínculo sagrado entre un hombre y una mujer. Nadie tiene derecho a intentar romperlo.
—¡No es justo! No te lo mereces.
—No eres quién para juzgar eso.
—¿De verdad eres tan santurrona?
—¿Cómo voy a ser santurrona? —dijo Demi con voz queda. —Soy una ladrona, ¿recuerdas?
Destiny se llevó los dedos a la boca y comenzó a morderse las uñas.
—Todos te odian por haber robado ese dinero.
—Ya lo sé. Pero eso no es justo, ¿verdad?
—Por supuesto que es justo.
—Pero las dos sabemos que yo no lo hice.
Destiny se puso tensa y permaneció un largo segundo en silencio antes de contestar.
—Sí que lo hiciste.
—Tú estuviste en el vagón rojo esa noche después de que Miley comprobara la recaudación; antes de que yo cerrara el cajón.
—¿Qué más da? ¡No robé el dinero y no puedes acusarme de nada!
—Hubo una llamada para Joe. Cogí el teléfono y mientras estaba distraída, metiste la mano en el cajón de la recaudación y robaste los doscientos dólares.
—¡No lo hice! ¡No puedes demostrarlo!
—Luego te colaste en nuestra caravana y escondiste el dinero en mi maleta para que todos pensaran que había sido yo.
—¡Mientes!
—Debería haberme dado cuenta de inmediato, pero estaba tan cansada por intentar acostumbrarme a todo esto que se me olvidó que habías estado allí.
—Mientes —repitió Destiny, aunque esta vez con menos vehemencia. —Y como le vayas con el cuento a mi padre, lo lamentarás.
—No puedes amenazarme con nada peor que lo que ya me has hecho. No tengo amigos, Destiny. Nadie quiere hablar conmigo porque piensan que soy una ladrona. Ni siquiera me cree mi marido.
La cara de Destiny era la viva imagen de la culpa y Demi supo que tenía razón. Miró a la adolescente con tristeza.
—Lo que has hecho está muy mal.
Destiny bajó la cabeza y su fino cabello cayó hacia delante, cubriéndole el rostro.
—No puedes probar nada —masculló.
—¿Es así como quieres vivir? ¿Actuando de manera deshonesta? ¿Siendo cruel con otras personas? Todos cometemos errores, Destiny, y si quieres madurar tienes que aprender a asumirlos.
La adolescente hundió los hombros y Demi vio en qué momento exacto se dio por vencida.
—¿Vas a decírselo a mi padre?
—No lo sé. Pero tengo que decírselo a Joe.
—Pero él se lo dirá a mi padre.
—Es probable. Joe tiene un profundo sentido de la justicia.
Una lágrima cayó sobre el muslo de Destiny, pero Demi endureció el corazón para no compadecerla.
—Mi padre me dijo que si me metía en algún lío me enviaría de vuelta con tía Terry.
—Pues tal vez deberías haber pensado en eso antes de tenderme una trampa.
Destiny no dijo nada y Demi no la presionó. Finalmente, la joven se enjugó las lágrimas con el dobladillo de la camiseta.
—¿Cuándo vas a decírselo?
—Aún no lo he pensado. Esta noche, quizás. O tal vez mañana.
Destiny asintió bruscamente con la cabeza.
—Yo sólo... el dinero estaba allí y aunque no lo había planeado...
Demi intentó tragarse la lástima que sentía recordándose a sí misma que, por las acciones de esa chica, su marido pensaba que era una ladrona y su matrimonio había fracasado antes de haber tenido siquiera una oportunidad.
—Lo que hiciste no estuvo bien. Tienes que enfrentarte a las consecuencias.
—Sí, supongo. —Destiny intentó secarse las lágrimas con los dedos. —Me alegro de que te hayas dado cuenta. Es difícil..., sé que no lo merezco, pero quizá podrías hablar con Miley en vez de con Joe. Prefiero que se lo diga ella a mi padre. Se pelean todo el rato, pero por lo menos se respetan y puede que no pierda el juicio si se lo dice ella.
Demi se enderezó.
—¿Tu padre es violento contigo?
—Bueno, supongo. Quiero decir que grita y todo eso.
—¿Te pega?
—¿Papá? No, nunca me ha pegado. Pero a veces se enfada tanto que casi preferiría que lo hiciera.
—Entiendo.
—Ya había asumido que volvería con mi tía tarde o temprano. Sé que necesita que le eche una mano con los niños y todo eso. He sido muy egoísta queriendo quedarme aquí, pero los niños son unos auténticos monstruos y, algunas veces, me sacan de quicio.
Demi estaba recibiendo más información de la que quería y se sintió culpable.
La adolescente se levantó del banco con los ojos llenos de lágrimas.
—Siento haber sido tan imbécil y haberte causado tantos problemas. —Una lágrima se coló entre sus pestañas. —Si no quería acabar con tía Terry y los niños, debería haberme portado mejor. No debería haberlo hecho, pero estaba celosa por Joe. —Las palabras le salían entre pequeños hipidos. —Es demasiado mayor... y nunca se enamoraría de alguien como yo. Pero siempre ha sido agradable conmigo y supongo que... supongo que quería eso todo el rato, aunque... —respiró hondo, —aunque siempre supe que no resultaría. Lo siento, Demi.

Con un sollozo, se giró y huyó. Demi se acercó a Tater y el elefantito la rodeó con la trompa. Se apoyó contra él, sin saber muy bien qué hacer. Antes de enfrentarse a Destiny, lo había tenido todo muy claro, pero ahora no estaba tan segura. Si no le decía a Joe la verdad sobre Destiny, él continuaría creyendo que era una ladrona. Pero si se lo decía, Destiny recibiría un gran castigo y Demi no creía poder vivir sabiéndose responsable de eso.

Desde la carretera vio cómo Joe se subía a la camioneta para dirigirse al pueblo. Un rato antes le había dicho que tenía que resolver un problema con la compañía que suministraba los donnickers y que podía tardar varías horas en volver. Demi había pensado dedicar ese tiempo a desempaquetar las compras que llevaba semanas haciendo en secreto y que transformarían la fea caravana verde en algo parecido a un hogar. Pero su encuentro con Destiny le había quitado el entusiasmo. Sin embargo era mejor ocuparse de eso que sentarse sin hacer nada.

Pero mientras se dirigía a la caravana, recuperó el ánimo. Por fin iba a dedicar su tiempo a algo para lo que sí valía. Estaba deseando ver la cara que pondría Joe cuando volviera
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dedicado a todas las seguidoras de jemi, las quieroooo....
besos!!!!

9 comentarios:

  1. woooww me encanto no puedo esperar el proximo que quiero saber que pasara con demi y el dinero robado esa destiny no vale ni un centavo ok estoy desespera por leer el siguiente! ykm
    atte male

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  2. Wooo Aca comento en esta nove, tambien me gusto mucho!!! siguela pronto !!

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  3. me encanto siguelaaaa pronto

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  4. Me ENCANTÒ!! Joe viendola con ojos de enamorado. awww. Solo espero que se entere pronto de el error que cometió con Demi y busque alguna manera tierna de lavar sus culpas...
    AWW JEMI!!

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  5. Continua, esta bueniisima !
    Tambien estoy desesperada x el proximo.

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  6. aaaaaaaaaahhhhh!!!!!!!! pliiss sube pronto el proxxx...o zino es mucho pedir, hazzz un maraatoonnn!!!
    pr que la verdad me encanta esta noveeee!!!
    felixx añoo coorazoon!!

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  7. siguelaaaaaaaaaaaa me encanta esta novew

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..