martes, 10 de enero de 2012

Jemi 49 - Besar a un angel


Joe estaba dormido cuando Demi regresó a la caravana. La joven se desvistió tan silenciosamente como pudo y se puso una de las camisetas de su marido. Cuando se acercaba al sofá, oyó un ronco susurro:
—Esta noche no, Demi. Te necesito.

Se giró y lo vio a través de la oscuridad. Tenía los ojos entrecerrados por el deseo. Estaba despeinado y la medalla esmaltada que le colgaba del cuello resplandecía bajo la luz de la luna que entraba por la ventana. Demi aún podía oír en su mente el fuerte latido del corazón de Tater transmitiéndole un mensaje de amor incondicional. Sabía que no podía darle la espalda a Joe en ese momento.

Esta vez no hubo sonrisas. Ni dulzura. La poseyó con ferocidad, casi con desesperación y, cuando todo terminó, Joe se acurrucó detrás ella, sin soltarla. Se quedaron dormidos con la mano de él sosteniéndole un pecho.

Demi no regresó al sofá la noche siguiente. A partir de ese día, compartió la cama con su marido mientras sentía que su corazón se inundaba de una emoción a la que no quería dar nombre.

Una semana más tarde, llegaron al centro de New Jersey. Instalaron el circo en el patio de una escuela situada en un barrio de las afueras, con casas blancas de dos plantas, columpios en los patios traseros y monovolúmenes en los garajes. De camino a la casa de fieras, donde Tater estaba atado, Demi se pasó por el vagón rojo para hacer unos cambios en el pedido de pienso y, cuando entró, vio a Jack examinando algunas carpetas.

La saludó con una inclinación de cabeza. Ella le devolvió el saludo y se dirigió al escritorio para buscar los papeles que necesitaba. Sonó el móvil y lo cogió ella.
—Circo de los Hermanos Hemsworth.
—Quería hablar con el doctor Jonas —respondió un hombre con acento británico. —¿Podría avisarlo?
Demi se dejó caer en la silla.
—¿Con quién?
—Con el doctor Joe Jonas.
A Demi comenzó a darle vueltas la cabeza.
—N-no está aquí en este momento. ¿Quiere dejar algún recado?
La mano le tembló al apuntar el nombre y el número. Cuando colgó sintió que se tambaleaba. ¡Joe era doctor! Sabía que era un hombre cultivado y que tenía una vida oculta, pero jamás se había imaginado algo así.
El misterio que rodeaba a su marido era cada vez más profundo, pero no sabía cómo sonsacarle la verdad. Joe seguía esquivando cualquier pregunta que le hiciera, seguía actuando como si no tuviera una existencia más allá del circo.
Se humedeció los labios resecos y miró a Jack.
—Era un hombre que quería hablar con Joe. Lo llamó doctor Jonas.
Jack metió varias carpetas en el cajón abierto del archivador sin mirarla.
—Déjale el mensaje en el escritorio. Lo verá cuando entre.
Jack no había mostrado reacción alguna, así que evidentemente sabía más de la vida de su marido que ella. Tal certeza le dolió.
—Debe de ser un descuido por su parte, pero Joe no me ha dicho qué rama de la medicina practica.
Jack cogió otra carpeta.
—Tal vez porque no quiere que lo sepas.
Demi se sentía carcomida por la frustración.
—Cuéntame lo que sabes de él, Jack.
—En el circo aprendemos a no meter las narices en la vida de los demás. Si alguien quiere hablar sobre su pasado, lo hace. Si no, es asunto suyo.
Ella se dio cuenta de que lo único que había conseguido era avergonzarse a sí misma. Hizo tiempo hojeando algunos periódicos y se escapó de allí lo más rápidamente que pudo.
Encontró a Joe acuclillado junto a Misha, examinando la herradura del caballo. Lo observó durante un buen rato.
—Eres veterinario.
—¿De qué hablas?
—Eres veterinario.
—¿Desde cuándo?
—¿No lo eres?
—No sé de dónde sacas esas ideas.
—Acabas de recibir una llamada. Alguien quería hablar con el doctor Jonas.
—¿Y?
—Si no eres veterinario, ¿qué tipo de doctor eres?
Él se puso en pie y palmeó el cuello de Misha.
—¿No has pensado que podía ser un apodo?
—¿Un apodo?
—De mis días de prisión. Ya sabes que los convictos le ponen apodos a todo el mundo.
—¡No has estado en prisión!
—Pero si lo dijiste tú misma. Por asesinar a aquella camarera.
Demi pateó el suelo con frustración.
—¡Joe Jonas, dime ahora mismo a qué te dedicas cuando no estás en el circo!
—¿Por qué quieres saberlo?
—¡Soy tu esposa! Merezco saber la verdad.
—Todo lo que necesitas saber es que tienes delante de ti a un antipático artista circense que posee un pésimo sentido del humor. No necesitas saber nada más.
—Eso es lo más indulgente y condescendiente...
—No es mi intención ser condescendiente, cariño. Pero no quiero que te hagas ilusiones. Esto es lo que hay. Una gira con el circo de los Hermanos Hemsworth. Caravana y trabajo duro. —La expresión de Joe se suavizó. —Hago lo que está en mi mano para no hacerte daño. Por favor, acéptalo y deja de hacerme preguntas.
Si hubiera sido hostil, lo habría desafiado, pero Demi no pudo luchar contra esa repentina dulzura en su voz. Dio un paso atrás y observó las profundidades de sus ojos. Eran tan dorados como los de Sinjun, e igual de misteriosos.
—Esto no me gusta, Joe —dijo ella con suavidad, —no me gusta nada. —Y se dirigió hacia la casa de fieras.
Un rato más tarde, Destiny entró en la carpa. En ese momento, Demi acababa de terminar de limpiar la jaula de Glenna con una manguera.
—¿Puedo hablar contigo?
—Sí. —Al cerrar la manguera, Demi vio que la chica estaba tensa y que tenía ojeras.
—¿Por qué no le has contado a Miley lo del dinero?
Demi enrolló la larga manguera y la sostuvo entre las manos.
—He decidido no hacerlo.
—¿No vas a decírselo?
Demi negó con la cabeza.
Los ojos de Destiny se llenaron de lágrimas.
—¿¡Por qué no vas a hacerlo después de todo lo que le he hecho!?
—Puedes devolverme el favor prometiéndome no fumar más.
—¡Vale! Haré lo que sea. Nunca olvidaré lo que has hecho por mí, Demi. Nunca. —Destiny agarró la manguera que Demi acababa de enrollar. —Déjame ayudarte. Dime qué quieres que haga. Haré cualquier cosa.
—Gracias por la oferta, pero no es necesario. —Comenzó a enrollar la manguera de nuevo, pero esta vez la llevó afuera y la apoyó contra la carpa.
Destiny la siguió.
—Haré lo que quieras... Sé que sólo soy una niña y todo eso, pero como no tienes amigos aquí, quizá podríamos hacer cosas juntas. —Se detuvo a pensar qué podrían hacer para superar lo ocurrido, algo en lo que no importara la diferencia de edad. —Podríamos ir a tomar pizza o algo por el estilo. O podríamos peinarnos la una a la otra.
Demi no pudo evitar sonreír ante el tono esperanzado de la chica.
—Suena bien.
—Voy a recompensarte por esto, te lo prometo.
Algunas cosas no se podían arreglar, pero Demi no se lo dijo a Destiny. Había tomado una decisión: no pensaba dejar que la culpa pendiera sobre la cabeza de la adolescente. Nick Miller se acercó a ellas, con una expresión que no presagiaba nada bueno.
—¿Qué haces aquí, Destiny? Te he dicho que te alejes de ella.
Destiny se sonrojó.
—Demi ha sido muy amable conmigo y quería ayudarla.
—Vete con Miley. Quiere practicar contigo la posición del pino.
Destiny parecía cada vez más infeliz.
—Papá, Demi es genial. No me gusta que pienses mal de ella. Es buenísima con los animales y me trata...
—Vete, Destiny—dijo Demi agradeciéndole el esfuerzo con un gesto de cabeza. —Gracias por ofrecerte a ayudar.
Destiny se fue a regañadientes.
Nick parecía tan enfadado como un Silvestre Stallone con ración doble de testosterona.
—Mantente alejada de ella, ¿me oyes? Puede que Joe esté ciego contigo, pero los demás no olvidamos lo que has hecho.
—No me avergüenzo de nada de lo que he hecho, Nick.
—¿No te avergüenzas de lo que has hecho? ¿Si se hubiera tratado de dos mil dólares en vez de doscientos estarías avergonzada? Lo siento, nena, pero para mí un ladrón es siempre un ladrón.
—¿Acaso llevas una vida tan recta que nunca has hecho nada de lo que te arrepientas?
—Nunca he robado nada, de eso puedes estar segura.
—Le robas seguridad en sí misma a tu hija. ¿Eso no cuenta?
Nick apretó los labios.
—No me des lecciones sobre cómo criar a mi hija. No es asunto tuyo ni de Miley. Ninguna de las dos tenéis hijos, así que ya podéis mantener cerradas vuestras malditas bocazas.
Y se fue, con los músculos brillando y las plumas de la cola despeinadas.
Demi suspiró con pesar. No daba una. Había discutido con Joe y se había enfrentado a Jack y a Nick. ¿Qué más podía salir mal?

El agudo murmullo de voces excitadas captó su atención y observó que otro grupo de niños de la escuela vecina llegaba al circo. Durante toda la mañana habían llegado al recinto un grupo de escolares tras otro. Con tantos niños merodeando, Demi se había asegurado de que la jaula de Tater estuviera bien cerrada, algo que disgustaba al elefantito. Esta vez los niños eran muy pequeños. Debían de ser del jardín de infancia.

Miró con tristeza a la profesora de mediana edad que los acompañaba. Puede que ese trabajo no le gustara a mucha gente, pero era el que deseaba desempeñar ella. Observó la soltura con la que la profesora vigilaba que los niños no se descontrolaran y, por un momento, Demi se imaginó que era ella. No se entretuvo con esa fantasía demasiado tiempo. Para ser profesora se necesitaba un título universitario, y ella ya era demasiado mayor para ponerse a estudiar.

No pudo resistirse a acercarse a los niños cuando se aproximaron a la jaula de Sinjun, que tenía una cinta alrededor para que los pequeños visitantes no se acercaran demasiado. Después de sonreír a la profesora, se dirigió a una niña con rostro de querubín que miraba al tigre con temor.

—Se llama Sinjun y es un tigre siberiano. Los siberianos son los tigres más grandes que existen.
—¿Come gente? —preguntó la pequeña.
—No come personas, pero es un carnívoro. Eso quiere decir que come carne.
La pequeña se mostró más animada.
—Mi jerbo come comida de jerbo.
Demi se rio. La maestra sonrió.
—Parece que sabe mucho sobre tigres. ¿Le importaría contarle a los niños algo sobre Sinjun?
Una oleada de excitación atravesó a Demi.
—¡Me encantaría! —Rápidamente rebuscó en su mente todo lo que había aprendido sobre los animales en sus recientes visitas a la biblioteca y escogió aquellos detalles que los niños pudieran comprender. —Hace cien años, los tigres vagaban libres por muchas partes del mundo, pero ahora ya no es así. La gente comenzó a vivir en las tierras que habitaban los tigres... —siguió hablándoles sobre aquellos felinos, sobre su lenta extinción, y se sintió gratificada al ver que los niños escuchaban atentamente sus palabras.
—¿Podemos darle mimitos? —preguntó uno de ellos.
—No. Ya es mayor y tiene malas pulgas. No entendería que no quieres hacerle daño. No es como los perros o los gatos.

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holis chicas, espero que esten super bien, bueno queria decirles que las cosas por mi lado van super bien, jejeje bueno estoy un poquito estresada y un poco depre tambien pero bueno, ahh capis dedicados a lauris que se que le gusta jemi...
espero que les guste aun le falta muchop a esta nove, mi compu aun anda media mal asi que creo que tengo que comprar otra pero aun no... jjijijiji
chicas gracias por comentar y bueno la verdad es que extraño mucho, a muchas chicas que auntes comentaban y ahora no lo hacen y bueno bienvenidas a mis nuevas lectoras y seguidoras....
las quiero millon besos!!!

3 comentarios:

  1. AAAAAAAAhhhhhhhhh!!!!!!!! Mee encanta esta novee...
    sorry por loo dee tuu compuu... espero y pronto puedas solucionar ese problemita y sigas subiendo novees...
    por tanto hayy que eesperar...jajajajajaj
    bno cooraxoon biiee
    y noo tee olvidees de pasarte cuando puedas poo mii bloog pliiiissssss!!!!!!!
    tee amoo coraxoonn

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  2. meee encantoooo kazii jajaj seguila plis adoro esta nove

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  3. gracias y la verdad si me gusta mucho jemi escribes maravillloso nunca lo dejes cuidate y que DIOS te bendija

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..