martes, 10 de enero de 2012

Jemi 50 - Besar a un angel


Siguió contestando a un gran número de preguntas, incluyendo varias sobre las necesidades fisiológicas de Sinjun y que provocó un coro de risitas tontas, escuchó atentamente la historia de uno de los niños sobre un perro que había muerto y el anuncio de que otro que acababa de pasar la varicela. Eran tan ricos que Demi podría haberse pasado todo el día hablando con ellos.

Cuando la clase se dispuso a seguir adelante, la profesora le agradeció la explicación y la pequeña de mejillas sonrosadas le dio un abrazo. Demi se sintió como si flotara en una nube.

Siguió observándolos mientras se acercaba a la caravana para disfrutar de un almuerzo rápido. Se detuvo de golpe cuando una familiar figura, embutida en unos pantalones marrón oscuro y una pálida camisa amarilla, salió del vagón rojo. Demi era incapaz de creer lo que veía. En ese momento fue consciente de las ropas sucias y del despeinado cabello que lucía, resultado del último aseo de Glenna.
—Hola, Demetria.
—¿Papá? ¿Qué haces aquí? —Su padre era una figura tan poderosa en la mente de Demi que la joven rara vez notaba que éste poseía una constitución bastante menuda, apenas un poco más alto que ella. Era la imagen de la opulencia y la elegancia, con aquel cabello canoso cortado por un experto peluquero —que se pasaba por la oficina de su padre una vez a la semana, —el reloj de oro y los mocasines italianos con un discreto adorno dorado en el empeine. Era difícil imaginárselo abandonando la dignidad el tiempo suficiente como para enamorarse de una modelo y concebir una hija ilegítima, pero Demi era la prueba viviente de que su padre había sido humano una vez.
—He venido a ver a Joe.
—Ah. —Se esforzó por ocultar el dolor que le producía saber que no había ido a verla a ella. —También quería saber cómo te iba.
—¿Y?
—Quería asegurarme de que aún estabas con él, que no habías hecho ninguna tontería.
Por un momento Demi se preguntó si Joe le habría hablado del dinero robado, pero al instante supo que no lo había hecho. Esa certeza la consoló.
—Como puedes ver, todavía estoy aquí. Si me acompañas a la caravana te serviré algo de beber. O te prepararé un sándwich si tienes hambre.
—Una taza de té estaría bien.
Lo condujo hasta la caravana. Patrick se detuvo al ver el deteriorado exterior.
—Dios mío. No me digas que vivís aquí.
Demi se sintió impulsada a defender su pequeño hogar.
—El interior está mucho mejor; lo he arreglado. Abrió la puerta y lo invitó a entrar, pero a pesar de los cambios que ella había hecho, Patrick no se sintió más impresionado con el interior que con el exterior.
—Creo que Joe podría haber conseguido algo mejor.
Aunque resultara extraño, aquella crítica la hizo ponerse a la defensiva.
—Es perfecto para nosotros.
Patrick se quedó mirando la única cama de la caravana durante un buen rato. Demi creía que la imagen lo haría sentir incómodo, pero si fue así, ella no lo notó.
Mientras ponía el agua a hervir en la cocina, él sacudió el sofá antes de sentarse, como si temiera contraer alguna enfermedad. Demi se sentó frente a él mientras esperaba a que el agua hirviera.
El incómodo silencio que se extendió entre ellos fue roto finalmente por su padre.
—¿Cómo os lleváis Joe y tú?
—Bien.
—Es un hombre estupendo. Casi nadie logra sobreponerse a una infancia como la suya. ¿Te ha contado cómo nos conocimos?
—Me ha dicho que le salvaste la vida.
—No sé si eso será cierto, pero cuando lo conocí su tío le estaba dando una paliza detrás de unas camionetas. Lo sujetaba contra el suelo con un pie mientras lo azotaba con un látigo.
Demi se sorprendió. Joe le había dicho que había sido maltratado, pero oírlo de labios de su padre lo hacía parecer aún más horrible.
—La camisa de Joe estaba hecha jirones. Tenía verdugones rojos por toda la espalda; algunos de ellos sangraban. Su tío le maldecía por alguna tontería mientras lo azotaba con todas sus fuerzas. —Demi cerró con fuerza los ojos, deseando que su padre dejara de hablar, pero él continuó. —Lo que más me impactó es que Joe se mantenía en absoluto silencio. No lloraba. No pedía ayuda. Sólo aguantaba. Fue lo más trágico que he visto en mi vida.
Demi se sintió enferma. No era de extrañar que Joe no creyera en el amor.
Su padre se reclinó en el sofá.
—Irónicamente yo no tenía ni idea de quién era el niño. Por aquel entonces Sergey Jonas viajaba en el viejo Circo Curzon y decidí ir a verlo a donde se habían instalado en Fort Lee. Por supuesto, había oído rumores sobre la relación familiar. Incluso la había investigado para asegurarme de que era auténtica, pero siempre soy escéptico con historias como ésas y, al principio, no me lo creí.
Aunque Demi conocía la pasión de su padre por la historia rusa, no sabía que ésta se extendiera hasta el circo. Cuando la tetera comenzó a silbar, se dirigió al fogón.
—Pero la relación es autentica. Los Jonas son una de las familias más famosas de la historia del circo —dijo Demi.
Él la miró con extrañeza mientras ella comenzaba a preparar el té.
—¿Los Jonas?
—Al parecer la mayoría de las generaciones conservó el apellido de las mujeres. ¿No te parece algo inusual?
—Más bien irrelevante. Los Jonas eran campesinos, Demetria. Gente del circo. —Apretó los labios con desdén. —Por lo único que me interesaba Sergey Jonas era por los rumores que corrían sobre el matrimonio de su hermana, Denisse, la madre de Joe.
—¿A qué te refieres?
—Lo que me interesaba era la familia del padre de Joe. El hombre con el que se casó Denisse Jonas. Por el amor de Dios, Demetria, los Jonas no son importantes. ¿Acaso no sabes nada de tu marido?
—Sé muy poco —admitió ella. Llevó las dos tazas al sofá y le tendió una. Sujetó su taza con ambas manos mientras tomaba asiento en el otro extremo del sofá.
—Pensé que te lo habría contado, pero es tan reservado que es normal que no te haya dicho nada.
—¿Decirme qué? —Demi llevaba tiempo esperando eso, pero ahora que llegaba el momento no estaba segura de querer saberlo.
Un leve temblor de excitación tiñó la voz de Patrick cuando se lo explicó.
—Joe es un Romanov, Demetria.
—¿Un Romanov?
—Por la línea paterna.
La primera reacción de Demi fue de diversión, pero ésta se desvaneció al darse cuenta de que su padre estaba tan obsesionado por la historia rusa que había estado investigando en todos los circos.
—Papá, eso no es cierto. Joe no es un Romanov. Es un Jonas de los pies a la cabeza. La historia de los Romanov es sólo parte de su número; algo que se inventó para hacerlo más apasionante.
—No insultes mi inteligencia, Demetria. No me dejaría engañar por un cuento chino. —Cruzó las piernas. —No tienes ni idea de cuánto investigué antes de llegar a esta conclusión. Cuando supe que Joe era un auténtico Romanov, lo aparté de Sergey Jonas, que aún tardó diez años en morir. Me encargué de la educación de Joe, que había sido abominable hasta ese momento. Lo metí en un internado, pero insistió en pagarse él mismo la universidad, por lo cual fue imposible mantenerlo alejado del mundo del circo. ¿Crees que hubiera hecho todo eso si no hubiera estado absolutamente seguro de quién era?
Un helado escalofrío recorrió la espalda de Demi,
—¿Y quién es exactamente?
Patrick volvió a reclinarse en el sofá.
—Joe es el bisnieto de zar Nicolás II.
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ESpero que les guste y por fa comenten...
las quiero millon...
besos

1 comentario:

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..