sábado, 28 de enero de 2012

Jemi 53 - Besar a un angel



Pero era difícil. De todas las crueles jugarretas que le había hecho el destino, la peor había sido atarlo a esa frágil y decente mujer, con esos bellos ojos y ese corazón tan generoso. El cariño no era suficiente para ella. Demi necesitaba a alguien que la quisiera de verdad. Necesitaba hijos y un buen marido, uno de esos tipos con el corazón de oro y trabajo fijo, que fuera a la iglesia los domingos y que la amara hasta el final de sus días.

Sintió una dolorosa punzada en su interior al pensar que Demi podría casarse con otra persona, pero la ignoró. Sin importar lo que tuviera que hacer, iba a protegerla.

—¿Qué quieres decir, Joe? ¿Te desvivirías realmente por mí? —A pesar de todas aquellas buenas intenciones, Joe asintió como un tonto. —Entonces siéntate y déjame hacerte el amor.

Joe se tensó, duro y palpitante; deseaba tanto a Demi que no podía contenerse. En el último instante, antes de que el deseo de poseerla lo dominase, la boca de Demi se curvó en una sonrisa tan dulce y suave que él sintió como si le patearan el estómago.

Ella no se reservaba nada. Nada en absoluto. Si ofrecía a él en cuerpo y alma. ¿Cómo podía alguien ser tan autodestructivo? Joe se puso a la defensiva. Si ella no era capaz de protegerse a sí misma, él haría el trabajo sucio.

—El sexo es algo más que dos cuerpos —le dijo con dureza. —Eso fue lo que me dijiste. Que tenía que ser sagrado, pero no hay nada sagrado entre nosotros. Entre nosotros no hay amor, Demi. Es sólo sexo. No olvides.
Para absoluta sorpresa de Joe, ella le brindó una tierna sonrisa, teñida por un poco de piedad.
—Eres tonto. Por supuesto que hay amor. ¿Acaso no lo sabes? Yo te amo.
Él sintió como si le hubieran golpeado a traición.
Ella tuvo el descaro de reírse.
—Te amo, Joe, y no hay necesidad de hacer una montaña de un grano de arena. Sé que te dije que no lo haría, pero no he podido evitarlo. He estado negando la verdad, pero hoy Sinjun me hizo comprender lo que siento.

A pesar de todas las advertencias y amenazas, de todos sus sermones, Demi había decidido que estaba enamorada de él. Pero era él quien tenía la culpa. Debería haber mantenido más distancia entre ellos. ¿Por qué había paseado por la playa con ella? ¿Por qué le había abierto su corazón? Y lo más reprobable de todo, ¿por qué no la había mantenido alejada de su cama? Ahora tenía que demostrarle que lo que ella pensaba que era amor no era más que una visión romántica de la vida. Y no iba a ser fácil.

Antes de que pudiera señalarle su error, ella le cubrió la boca con la suya. Joe dejó de pensar. La deseaba. Tenía que poseerla.

Demi le recorrió los labios con la punta de la lengua, luego profundizó el beso con suavidad. Él le cogió la cabeza entre las manos y hundió los dedos en su suave pelo. La joven se acomodó entre sus brazos, ofreciéndose a él por completo.

Demi gimió con dulzura. Vulnerable. Excitada. El sonido atravesó la embotada conciencia de Joe y lo trajo de vuelta a la realidad. Tenía que recordarle a Demi cómo eran las cosas entre ellos. Por su bien tenía que ser cruel. Mejor que ella sufriera un pequeño dolor en ese momento que uno devastador más adelante.

Se apartó bruscamente de ella. La hizo tumbarse en la cama con una mano y se ahuecó la protuberancia de los vaqueros con la otra.

—Lo mires como lo mires, un buen polvo es mejor que el amor.

Joe dio un respingo para sus adentros ante la expresión de sorpresa que cruzó por la cara de Demi antes de que se ruborizara. Conocía a su esposa y se preparó para lo que vendría a continuación: iba a levantarse de la cama de un salto y a hacer que le saliera humo por los oídos con un sermón sobre la vulgaridad.

Pero no lo hizo. El rubor de la cara de Demi se desvaneció y fue sustituido por la misma expresión de pesar que había adoptado antes.

—Sabía que te pondrías difícil con esto. Eres tan previsible.
«¿Previsible? ¿Así lo veía? ¡Maldita fuera, estaba tratando de salvarla y ella se lo pagaba burlándose de él. Pues bien, se lo demostraría con hechos.»
Se obligó a esbozar una sonrisa cruel.
—Quítate la ropa. Me siento un poco violento y no quiero desgarrártela.
—¿Violento?
—Eso es lo que he dicho, nena. Ahora desnúdate

Demi tragó saliva.
—¿Quieres que me desnude?

Sabía que parecía idiota, pero Joe la había cogido por sorpresa. ¿Qué quería decir exactamente con que «se sentía violento»? Miró al otro lado de la caravana el látigo que él había dejado enrollado sobre el brazo del sofá. Sabía que le había asustado muchísimo al decirle que lo amaba, pero ella no se había esperado esa reacción. Aun así, sabiendo que aquél era un tema delicado para Joe, debería haber imaginado que reaccionaría de manera exagerada.

—Deja de perder el tiempo. —Joe se quitó la camiseta. Los vaqueros le caían a la altura de las caderas, haciéndole parecer oscuro y peligroso. Estaba medio desnudo y mostraba esa flecha de vello oscuro que le dividía el estómago plano en dos y que indicaba el camino del peligro con la misma sutileza que un letrero de neón. —Cuando dices que te sientes violento... —Quiero decir que es el momento de mostrarte algo diferente.
—Para ser sinceros, no creo que aún esté preparada para eso.
—Pensaba que habías dicho que me amabas, Demi, demuéstramelo. —Definitivamente Joe la estaba retando, y Demi contó mentalmente hasta diez. —No soy de esos hombres románticos que regalan flores. Lo sabes. Me gusta el sexo. Me gusta practicarlo a menudo y no me gusta contenerme.

«¡Dios! Sí que le había asustado.» Demi se mordisqueó el labio inferior. A pesar de lo que ella había dicho antes, Joe no era previsible, así que debía ser cautelosa. Por otra parte, Tater y sus compañeros le habían ensenado una regla básica para tratar con bestias grandes. Si retrocedes, te aplastan.

—Muy bien —dijo. —¿Qué quieres que haga?
—Ya te lo he dicho. Desnúdate.
—Te he dicho que quería hacerte el amor, nada más.
—Quizá yo no quiera hacer el amor. Quizá sólo quiera follar.

Era un cebo; uno que, evidentemente, Joe quería que picara. Demi tuvo que morderse la lengua para no caer en la trampa. Si perdía la calma le estaría siguiendo el juego, que era justo lo que él quería. Tenía que hacerle frente de alguna manera y tenía que ser ella la que dictara las normas.  Lo amaba demasiado para dejar que la intimidara.

Consideró sus opciones, luego se levantó de la cama y comenzó a desnudarse. Él no dijo nada; se limitó a observarla. Demi se quitó los zapatos y se deshizo del maillot, pero cuando se quedó en bragas y sujetador, se detuvo indecisa. Joe estaba muy excitado, un hecho que revelaban los ceñidos vaqueros, y su estado de ánimo era tan volátil que ella no sabía qué esperar. Quizá lo mejor sería distraerlo. Puede que de esa manera lograra ganar un poco de tiempo.

Desde la charla que había mantenido con su padre, Demi no había tenido oportunidad de hablar con Joe sobre su asombroso origen. Si ahora sacaba el tema a colación, puede que le pillara desprevenido. Una conversación sobre sus orígenes familiares podría calmar el imprevisible humor de su marido.

—Mi padre me ha dicho que tu padre era un Romanov.
—Quítame los vaqueros.
—Y no cualquier Romanov. Me ha dicho que eres el nieto del zar Nicolás II.
—No quiero tener que repetírtelo. Joe la miró con tal arrogancia que no le resultó difícil imaginarlo sentado en el trono de Catalina la Grande mientras le ordenaba a alguna de las obstinadas mujeres Lovato que se lanzara al Volga.
—Dice que eres el heredero de la corona rusa.
—Calla y haz lo que te digo. 

Demi contuvo un suspiro. «Señor, qué difícil estaba siendo.» Parecía que no había nada como una declaración de amor para que ese ruso se lanzara al ataque. A Demi le costó trabajo sostenerle la mirada con algo de dignidad cuando sólo llevaba puesta la ropa interior y él parecía tan alarmantemente omnipotente, pero lo hizo lo mejor que pudo. Estaba claro que ése no era el momento adecuado para obtener las respuestas que deseaba de él.

—Y cuando me quites los vaqueros, hazlo de rodillas —le dijo Joe con desdén.
«¡Mamón insufrible!»
Él apretó los labios.
—Ahora.

Demi respiró hondo tres veces. Nunca hubiera imaginado que él la presionaría de esa manera. Le sorprendía cómo reaccionaba un hombre bajo los efectos del miedo. Y ahora tenía intención de presionarla para que ella retirara aquella declaración de amor. ¿Cuántos tigres tenía que domesticar en un día?

Al estudiar los arrogantes ojos entornados de Joe, la llamarada insolente de sus fosas nasales, Demi sintió una inesperada oleada de ternura. Pobrecito. Se enfrentaba al miedo de la única manera que sabía y castigarlo sólo lo pondría más a la defensiva. «Oh, Joe, ¿qué te hizo el látigo de tu tío?»
Lo miró a los ojos y se puso de rodillas. La inundó una oleada de sensaciones al ver lo excitado que estaba. Ni siquiera el miedo podía evitarlo. Joe cerró los puños. 

—¡Maldita sea! ¿Y tu orgullo? 

Demi se sentó sobre los talones y miró aquella cara dura e inflexible; esa combinación eslava de pómulos prominentes y profundas sombras, así como las pálidas líneas de tensión que le enmarcaban la boca.

—¿Mi orgullo? Está en mi corazón, por supuesto.
—¡Estás permitiendo que te humille!
Ella sonrió.
—Tú no puedes humillarme. Sólo yo puedo rebajarme. Y me arrodillo ante ti para desnudarte porque eso me excita.

Un traidor silencio se extendió entre ellos. Joe parecía muy torturado y a Demi le dolió verlo así. Se inclinó hacia él y apretó los labios contra aquel duro abdomen, justo encima de la cinturilla de los vaqueros. Le dio un ligero mordisco, luego tiró del botón hasta que cedió bajo sus dedos y le bajó la cremallera.

A Joe se le puso la piel de gallina.
—No te comprendo en absoluto. —Su voz sonó áspera.
—Creo que a mí sí. Es a ti mismo a quien no comprendes.
Joe la agarró por los hombros y la hizo ponerse en píe. Sus ojos parecían tan oscuros e infelices que ella no podía soportar mirarlos.
—¿Qué voy a hacer contigo? —dijo él.
—¿Quizá corresponder a mi amor?

Joe respiró hondo antes de cubrirle la boca con la suya. Demi sintió su desesperación, pero no sabía cómo ayudarle. El beso los capturó a los dos. Los envolvió como un ciclón.

Demi no supo cómo se despojaron de la ropa, pero antes de darse cuenta estaban desnudos sobre la cama. Una sensación cálida y ardiente comenzó a extenderse por su vientre. La boca de Joe estaba en su hombro, en sus pechos, rozándole los pezones. La besó en el vientre. Demi abrió las piernas para él y permitió que le subiera las rodillas.

—Voy a tocarte por todas partes —le prometió él contra la suave piel del interior de sus muslos. Y lo hizo. Oh, cómo lo hizo. Puede que no la amara con el corazón, pero la amaba con su cuerpo, y lo hizo con una desenfrenada generosidad que la llenó de deseo. Demi aceptó todo lo que él quiso darle y se lo devolvió a su vez, usando las manos y los pechos, la calidez de su boca y el roce de su piel.

Cuando finalmente él se hundió profundamente en su interior, Demi lo envolvió con las piernas aferrándose a él.

—Sí —susurró ella. —Oh, sí.
Las barreras entre ellos desaparecieron y mientras buscaban juntos el éxtasis, ella comenzó a murmurar:
—Oh, sí. Me gusta eso. Me encanta... Sí. Más profundo. Oh, sí. Justo así...

Demi siguió susurrando aquellas palabras, guiada, por el instinto y la pasión. Si dejaba de hablar, él trataría de olvidar quién era ella y la convertiría en un cuerpo anónimo. Y eso no podía consentirlo. Era Demi. Era su esposa.
Así que habló, se aferró a él y juntos alcanzaron ti éxtasis.
Finalmente, la oscuridad dejó paso a la luz.

 —Ha sido sagrado.
—No ha sido sagrado. Ha sido sexo.
—Hagámoslo de nuevo.
—Vamos a cien por hora, no hemos dormido más de tres horas y llegamos con retraso a Allentown.
—Estirado.
—¿A quién llamas estirado?
—A ti.
La miró de reojo, con una chispa diabólica en los ojos.
—A ver si te atreves a repetirlo cuando estés desnuda.
-No volverás a verme desnuda hasta que admitas que ha sido sagrado.
—¿Y si admito que fue especial? Porque fue muy especial

8 comentarios:

  1. aaaw me super encanto el capis kazii tenes que seguila ya que esta muy buena la npve plis!!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  2. ME SUPER ENCANTO EL CAPI! ESTUVO BUENISIMO! SEGUILA!!!! , BESOTESSS

    ResponderEliminar
  3. aaaa si que estuvo buenisimoo espero el siguiente.bechoo tkm

    ResponderEliminar
  4. Josjoajsoajs esta es una de mis novelas favoritas y no creas que es para quedar bien porque no es así solo que esta nove LA AMO !!!! No se porque pero me tiene como Obcecionada osjdsodjsdo xDD Sube pronto o mejor aún has un marathon PLEACE !!!!!!
    Cuidate, Bye c:

    ResponderEliminar
  5. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAMMMMMMMMMMMMMMMOOOOOOOOOOOOO ESTA NOVEEE!! X EL AMOR DE DIOS SUBE MAS CAPIS DE ESTAAA!! LA AMOOOO! SUBEE MAS XFAVOR!

    ResponderEliminar
  6. mdefiniticamente mi nove favorita! Está genial. besos VAne

    ResponderEliminar
  7. Kazzi Kzzi.....!!!!!!!!!!!!!
    lol, volvi :)
    comienzo, publicando este comentario :)
    me ENCANTO!!!!
    LO AMEEEE!!!!
    SABES, QUE AMO YUS NOVES JEMI....?
    LOL, PUES LAS AMOOOO!!!!!
    Y ME ENCANTO EL CAP :)
    Y YA SE QUE NO COMENTE DESDE....!! UF!!! PERO TE PROPONGO ALGO, A PARTIR DE QUE SUBAS TU PROXIMO CAPI JEMI, TE COMEENTARE EN LOS CAPS ANTERIORES, SIII?????
    AAAAAAAWWWW... KAZZ
    TE EXTRAÑE :)

    ResponderEliminar
  8. siguela por favor esta muy buena maratón mi nove favorita

    ResponderEliminar

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..