sábado, 28 de enero de 2012

Niley 11 - Juego Seductor



Nick le tomó la mano. Ella tardó unos segundos en agarrarla, pero, al final, cedió. En aquella ocasión, él no sonrió físicamente, sino que lo hizo para sí. Miley comenzó a caminar a su lado y habló con algunos empleados. Nick pudo observar que los encandilaba a todos. Aparentemente, su mujer misteriosa tenía una gran personalidad. Lo que le resultaba evidente era que no se permitía relajarse cuando estaba con él. No le importaba. No quería que ella se relajara. La quería excitada, molesta, a punto de caer en la pasión sexual. Entonces, la ayudaría a aliviarse.

Sí. Iba a volver a poseer a Miley. Iba a darle vino, comida y a seducirla de tal modo que ella terminaría suplicándole que se hiciera cargo de su negocio y que la convirtiera en millonaria. Cuando se hubiera ocupado del negocio, todo sería mejor. Cuando fuera parte de Jonas Beach, las cosas le irían mejor a Miley. Y a él. Y a todo el mundo.

Se hizo a un lado mientras ella hablaba con un par de secretarias. Las dos mujeres no dejaban de elogiar su trabajo y de decirle cómo les gustaría poder encontrar trajes de baño de calidad en todas partes. Incluso en Jonas Beach. Nick frunció el ceño al escuchar cómo sus propias empleadas decían que su empresa no estaba satisfaciendo las demandas de los consumidores. Ese hecho lo convenció aún más de que absorber la empresa de Miley era la decisión correcta.

En aquel momento, Dave Michaels se acercó a ellos con una expresión alegre en el rostro.
—Miley —dijo, tras saludar a Nick con una inclinación de cabeza—. Estamos encantados de tenerte aquí. Nick me ha dicho que te iba a enseñar nuestra empresa. Espero que no te importe si te llamo Miley.
—Claro que no —respondió ella. Se alejó de las dos secretarias con las que había estado charlando—. Todo esto es... impresionante.
Había dicho «impresionante», pero a Nick no le parecía que estuviera muy impresionada. Más bien le parecía algo disgustada.
—Bueno, somos muy grandes y estamos creciendo aún más —dijo Dave—. Esa es una de las razones por las que yo me alegro de que estés aquí. Como sabes, Jonas Beach no se ocupa de la ropa de baño femenina...

Nick comenzó a hacerle gestos a Dave para que no siguiera. Aún no había llegado el momento de decirle a Miley que estaban interesados en comprar su empresa. Cuando llegara, quería ser él quien se lo dijera. Tenían que ser cautos para que todo el asunto no les explotara en el rostro.

Dave comprendió lo que Nick estaba tratando de decirle y se interrumpió a mitad de la frase. Cambió de tema sutilmente.
—... pero tengo que decirte que mi esposa compró un traje de baño en tu tienda y no puede dejar de hablar de él.
—Me alegro mucho. Espero que vuelva a mi tienda —dijo ella, contenta.
—Te aseguro que lo hará. La semana que viene sus hermanas van a venir aquí de compras. Connie les ha hablado tanto de tu tienda que las tres han insistido en visitarte cuando vengan.
—Gracias. Siempre me alegra mucho descubrir que tengo un cliente satisfecho.
—Claro. A todos nos gusta —musitó Nick. Entonces, volvió a indicarle a Dave con un gesto que se marchara a paseo.
—Bueno, tengo unas cuantas llamadas que hacer —dijo éste, captando la indirecta—. Os dejo que sigáis con la visita. Me alegro de verte aquí, Miley. Espero volver a verte muy pronto.
Miley observó cómo se marchaba. Entonces se giró para mirar a Nick.
—Me gusta tu amigo.
—Pero yo no.
—¿Acaso importa eso?

Sí, claro que importaba, Nick no estaba seguro de por qué no le gustaba reconocer ese hecho, pero de lo que sí lo estaba era de que no iba a permitir que Miley se enterara de lo que sentía.

—Deja que te enseñe mi despacho —dijo.
—Oh, señor Jonas —le dijo una mujer mientras se acercaba rápidamente a ellos—. Acabamos de tener noticias sobre la exposición de surf. La ciudad lo ha aprobado todo y todos nuestros invitados han accedido a participar.
—Buenas noticias, Sue —respondió Nick tras captar la curiosidad que se reflejaba en los ojos de Miley—. Llame a Wiki, ¿quiere? Dígale que me pondré en contacto con él mañana.
—Lo haré —dijo la mujer antes de marcharse corriendo.
—¿Wiki? —le preguntó Miley mientras Nick le agarraba el brazo y la dirigía hacia su despacho.
—Danny Wikiloa —respondió mientras le abría la puerta. Una vez estuvieron los dos dentro, la volvió a cerrar—. Es un surfista profesional. Estuvimos años compitiendo juntos. Va a venir dentro de dos semanas para una exhibición. En realidad, lo hace como un favor hacia mí, dado que ahora ya está retirado.
—La exhibición —murmuró ella—. Todo el mundo lleva días hablando de lo mismo.

Nick se metió las dos manos en el bolsillo mientras observaba cómo ella recorría su despacho. Miley se fijaba en todo, deteniéndose para mirar las imágenes de las playas. Apenas miró los trofeos, lo que le dolió un poco, pero pareció fascinada por las fotos familiares.

—Va a ser muy divertido —comentó mientras se acercaba a ella—. Diez de los mejores surfistas mundiales van a participar en esa exhibición.
—Lo echas de menos, ¿verdad? Me refiero a la competición.
—Sí, así es. Me gusta ganar —dijo Nick. Jamás lo había admitido con nadie.
—No me sorprende. Todos los Jonas sois así, ¿no?
—Es cierto. Nos gusta competir y no perdemos de buena gana.
—Pues no se puede ganar siempre.
—No veo por qué no.
—Lo dices en serio, ¿verdad?
—Sí. Ninguna de las personas que aparecen en esas fotografías son de las que se conforman con ocupar el segundo lugar.
—A veces, a uno no le queda elección.
—Siempre hay elección, Miley. Hace mucho tiempo, la familia Jonas decidió que las únicas personas que pierden son las que esperan hacerlo. Nosotros esperamos siempre ganar, así que eso es lo que hacemos.
—¿Así de fácil?

Nick la miró y vio que ella lo estaba observando muy atentamente. Sus ojos tenían un aspecto misterioso, oscuro. Parecían llenos de secretos que él ansiaba conocer. Compartir con ella. Levantó una mano y le cubrió la mejilla con ella.

—Yo no he dicho nunca que sea fácil. De hecho, ganar nunca debería serlo. Si todo el mundo fuera capaz de hacerlo, ya no resultaría divertido.
—Y divertirte es muy importante para ti, ¿verdad? —dijo ella. Dio un paso atrás, alejándose de su caricia. De él.
—Debería ser importante para todo el mundo. ¿De qué sirve la vida si uno no la disfruta? Diablos, ¿por qué iba uno a hacer nada si no lo disfruta?
—¿Y tú disfrutas con lo que haces ahora?
—Sí —dijo encogiéndose de hombros—. No creía que fuera a ser así. Jamás pensé ser empresario, pero se me da bien,
—Sí, supongo que sí —susurró ella mirando a su alrededor.
—Me gusta ver que estamos de acuerdo en algunas cosas.
—No te acostumbres.
—¿Y por qué no, Miley? Podríamos ser un equipo fantástico.
—Nosotros nunca podríamos ser un equipo.

Aquél era el momento de hacerle su ofrecimiento. De repente, se sorprendió al pensar que jamás había tenido que esforzarse tanto para conseguir gustarle a una mujer.

—Sí que podríamos serlo. Piénsalo. Jonas Beach. Miley’s Beachwear. Una unión perfecta.
Miley se quedó completamente inmóvil. Entonces, lo miró con intranquilidad y le preguntó:
—¿Qué clase de unión?
—Bueno, no iba a sacar el tema tan pronto, pero tampoco me gusta esperar. Está bien —dijo. Se dirigió a su escritorio y se apoyó contra él. A sus espaldas, el sol entraba a raudales por la ventana—. Quiero comprar Miley's Beachwear

—No —dijo Miley. Escupió la palabra instintivamente.
—Vaya—replicó él. Se apartó del escritorio y se acercó a ella—. Al menos, déjame terminar la frase.
—No hay necesidad. Yo no estoy a la venta.

Tendría que habérselo imaginado. Tendría que haberse dado cuenta de que Nick andaba buscando algo. Se había relajado con él, había dejado que la acariciara... Todo había sido una estrategia para debilitar sus defensas.

—No estoy tratando de comprarte a ti, Miley. Sólo a tu negocio.
—Eso es lo que no terminas de comprender Yo soy mi negocio —le espetó. Se sentía irritada, dolorida y enojada consigo misma por haberse metido en aquel lío—. Quieres comprar mi ropa de baño, pero, para ti, sólo se trata de trajes de baño. Se ponen en una percha y se venden en masa.
—¿Hay algo malo en vender tu producto a gente que lo quiere comprar?
—No, pero a mí no me interesan las ventas rápidas y fáciles. A mí me interesan mis clientas. Quiero ayudar a mujeres corrientes a reconstruir su autoestima. Tú quieres que las jóvenes y delgadas se sientan guapas. Bueno, pues ellas ya lo son. ¿Es que no te habías dado cuenta?
—Miley, sé que crees que quiero cambiar lo que tú haces, pero estás equivocada. Llevo años resistiéndome a vender ropa de baño femenina porque yo no sé lo que las mujeres quieren. Sólo vendo lo que me convence. Por eso quiero que tú formes parle de Jonas Beach. Porque tú crees en tus productos del mismo modo en el que yo creo en los míos.
—Lo mío no son «productos».
Nick soltó una carcajada, lo que hizo que Miley se enfureciera aún más.
—Lo entiendo. Tu línea no es intercambiable con los trajes de baño que venden los grandes almacenes.
—No deseo que compres mi empresa para que la aplastes o la absorbas en lo que es Jonas Beach, No puedes comprarme tal y como lo hiciste con esta ciudad, Nick. No voy a permitirte que estropees lo que más quiero sólo por el bien de tu negocio.
—¿Acaso tienes algo en contra de convertirte en millonaria? —replicó él—. Porque te prometo que, si te unes a mí, eso será en lo que te convertirás.

Durante un instante, Miley consideró su oferta. Pensó en lo que significaría para ella ser económicamente independiente. Podría comprarle a Kevin la casita que éste le alquilaba. Podría donar todo el dinero que quisiera a diferentes organizaciones benéficas. Podría...

—Eres el mismísimo diablo —le espetó finalmente.
—Bien. Me alegra ver que estás empezando a pensarlo.
—Lo hice. Durante treinta segundos.
—Es un comienzo.
—No lo es. No estoy preparada para la producción a gran escala. Soy una empresa pequeña y me gusta que sea así. Conozco a mis costureras. Elijo personalmente las telas y diseño los modelos. Las mujeres que trabajan para mí cuidan tanto su producto como yo.
—Sí, pero, ¿tienes que hacerlo siendo pobre? Piénsalo. Si te alias con Jonas Beach, crearás más puestos de trabajo. Habrá mejores sueldos para tus tejedoras y para tus costureras. Estoy seguro de que podremos contratarlas. Podrán enseñarles a los profesionales un par de cosas.
—Ellas son también profesionales.
—Estoy seguro, pero a una escala mucho menor. ¿No te das cuenta, Miley? Si te unes a mí, conseguirás mucho más para tu empresa.
—Sé que quieres mi empresa, pero no te la voy a entregar.
—No es sólo tu negocio lo que quiero, Miley. Te quiero a ti.

Dios. Una oleada de algo cálido, delicioso y turbador la atravesó de la cabeza a los pies. Nick la deseaba. ¿Lo había dicho en serio? ¿Y cómo la deseaba? ¿Durante cuánto tiempo? Oh, Dios. Estaba nerviosa. Excitada. Experimentaba cientos de sensaciones diferentes y vibraba con las posibilidades que le ofrecían aquellas palabras. Todo cambió cuando Nick siguió hablando e hizo añicos todo lo que ella había pensado.

—Quiero que seas tú quien se ocupe del negocio. Seguirías estando a cargo del diseño y tendrías la última palabra en todo lo relacionado con Miley’s Beachwear.
El calor que había estado sintiendo se transformó en una gélida sensación. Muy bien. No la deseaba a ella. Quería que trabajara con él. Para él. Nada más.
Tenía que dejar de imaginarse sueños perfectos para evitar desilusiones.
—Este ha sido tu plan desde el principio, ¿verdad? Tanto flirteo y tanta seducción estaban sólo destinados a pillarme desprevenida.
—Eso depende. ¿Lo estás?
—Todos tus comentarios sobre el hecho de que Jonas Beach no se ocupa de las mujeres eran sólo eso. Comentarios. Llevas planeando la absorción de mi empresa desde el principio.
—Lo he considerado, sí. El día de la sesión de fotos me abrió los ojos. Pero tú eres la única culpable de eso. Tú me enseñaste lo que tus trajes de baño podían hacerle al cuerpo de una mujer. Tú me lo pusiste todo en bandeja. ¿Es culpa mía que me hicieras pensar?
—Ahora no importa —dijo Miley. De repente, se arrepintió profundamente de todo lo que había hecho ese día—. Nada ha cambiado. Yo no he cambiado. ¿Crees que eres la primera empresa que quiere comprarme el negocio? No lo eres. Y probablemente tampoco serás la última. Sin embargo, no voy a vender, Nick. En esta ocasión, tú pierdes.
—Dios, eres muy testaruda.
—Yo estaba pensando lo mismo sobre ti —replicó ella. Al ver que él sonreía, se sintió aún más furiosa. Como si sólo con su sonrisa pudiera hacerle cambiar de opinión—. Lo llevas en la sangre, ¿verdad? Debe de ser un rasgo propio de los Jonas. Siempre habéis conseguido todo lo que habéis querido. Has llevado una vida maravillosa —añadió—. Eso es algo que no le ocurre a todo el mundo.
Nick cambió de posición un poco. Evidentemente, le incomodaba el giro que había dado la conversación.
—Está bien. Lo admito, pero si crees que los Jonas se educan para ser perezosos o mimados, estás muy equivocada.
—¿No me digas? —replicó ella. Entonces, señaló las fotografías familiares que colgaban de la pared—. Ninguna de estas personas parecer haber llevado una vida dura.
Nick señaló a uno de ellos.
—Ese es mi hermano Joe.
—Es un nombre muy interesante.
—Mi padre ganó un pleito muy importante el día en el que él nació. De algún modo, logró convencer a mi madre de que Joe era un nombre perfectamente razonable. Pero deja que te hable de Joe y de la vida de los mimados ricos —dijo él. Se sentó sobre el brazo de la butaca—. Joe tiene un rancho aproximadamente a una hora de aquí. Se levanta al alba todos los días para ir a ver cómo está su ganado, sus vallas y enterarse de que tiempo va a hacer. Como si el tiempo cambiara tanto en el sur de California. Nuestro primo también tiene un rancho, algo más al norte. Cría caballos. Joe tiene ganado criado con productos orgánicos. Tiene cultivados enormes campos de heno. Trabaja dos veces más duro que ninguno de sus vaqueros y no sabría cómo es ser mimado ni aunque alguien le pagara para intentarlo.
Miley frunció el ceño.
—¿Y éste?
—Ah, ése es mi primo Louis. Es el que tiene la hermosa esposa a la que le encantan las esmeraldas —explicó. Entonces, señaló algunas fotografías más—. Estos son sus hermanos, Harry y Justin, con sus esposas, Lilly y Selena. Ellos también tienen hijas. Dos niñas cada uno. Según me han dicho, Selena vuelve a estar embarazada. Este es mi primo Niall y su hermano Liam en el hotel que Niall tiene en México. Y éstos son Nathan y David en la boda de una tía. Sus hermanos, Daniel, Nash y Robert son los tres que hay en esa fotografía y...
—¿Cuántos sois en total? —preguntó ella, sorprendida.
—Docenas y docenas. ¡Y probablemente muchos más que ni siquiera conozco! —exclamó Nick, riendo—. No se le puede dar una patada a una piedra en California sin que salga un Jonas.
—Es...

8 comentarios:

  1. wooow kaziii me super encantooo espero el siguiente!!!!!!!1

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  2. ME ENCANTO EL CAPI ESTUVO GENIAL! SEGUILA!

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  3. aaaw super bello me encanto seguila! que estuvo de 10 jejeje bestios.

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  4. Awwwww!!!!!!!!!!! Me encantó Lo amé siguela pleace que me dejó con la duda de lo iva a decir Miley :D
    Cuidate, Bye c:

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  5. COMO LA PUDISTE DEJAR AHIIIIIIIIIIIIIIIIIII? U.U ME ENCANTO KAZZ SEGUILA PRONTO BESOS!

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  6. jajaja todos ls ´primos son d 1 Direction asi o mas obio q t gustan ami Niall :D subeeeeeee

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  7. jajaja todos ls ´primos son d 1 Direction asi o mas obio q t gustan ami Niall :D subeeeeeee

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  8. jajajaja al final la dejo con la boca abierta :) eso me agrado, porque el si la desea e.e jajaja, bueno linda sigo leyendo, me tienes re atrapada :))))) me encanta tu nove y tu forma de escribir :)

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..