sábado, 25 de febrero de 2012

Niley 18 - Rechazo Cruel




A las ocho de esa noche los dos estaban en la puerta del comedor. A Miley se le encogió el estómago y unas gotas de sudor le cubrieron la frente. Llevaba un vestido negro de cuello alto y por las rodillas. Lo más inofensivo que había encontrado para conocer al padre de Nicholas. Era bien consciente del dolor por el que debía de haber pasado el hombre y se sentía culpable en nombre de su hermano, por la estela de destrucción que había dejado tras él.

Nicholas la agarró del codo, la metió en el comedor y le presentó a su padre. Ella vio un viejo rostro marcado por las arrugas y oscurecido por el sol, un cabello plateado y unos ojos sorprendentemente brillantes. Miley tuvo la inmediata impresión de que era un hombre bueno y amable. Bueno, pero hundido. ¡Dios! No tenía duda de que Nicholas iba a disfrutar cada minuto. No tenía duda de que eso era parte de su plan: haberla llevado allí para verse cara a cara con la devastación causada por los actos de su hermano.

A medida que se acercaba, también se dio cuenta de que el hombre estaba sentado en una silla de ruedas. Se detuvo ante él e hizo algo completamente instintivo. Se agachó para quedar a su misma altura y, embargada por la emoción, le dijo:

Signore Jonas, lamento mucho su pérdida, y yo...
—Shh, pequeña. Fue un accidente terrible —le dijo con un marcado acento. —Perdimos a nuestra bella Demi, que estaba tan llena de vida.
Miley le dio la mano y él le indicó que se levantara. Después, y sujetándole una mano a cada uno, los miró a los dos antes de decir:
—Los dos os habéis unido para hacer algo maravilloso: casaros y tener un hijo. Eso me llena de alegría —les apretó las manos con fuerza y se las soltó al decir con tono jovial—: Ahora, ¡vamos a comer!

Las palabras del señor Jonas no dejaron de darle vueltas por la cabeza durante la cena y la afectaron más de lo que había pensado. Se había esperado que el hombre fuera como su hijo, frío, cínico y desconfiado, pero no lo era, y tenía que admitir que ya había empezado a apreciarlo y que odiaría que le hicieran daño.

Cuando estaban terminando de tomarse el café, el señor Jonas dijo siguiendo algo que Miley había comentado:
—Ya basta de formalidades. Tienes que llamarme Paul, Y también tienes que disculparme porque me temo que desde mi infarto me canso con demasiada facilidad.
Miley hizo intención de levantarse, pero él le indicó con la mano que no se moviera, Nicholas se levantó para ayudar a su padre y una enfermera apareció en la puerta para llevarse a Paul.
Cuando se fueron, Nicholas volvió a sentarse en la silla y dijo:
—Le has causado muy buena impresión. Es increíble verte en acción. Pero bueno, eso yo ya lo he vivido de primera mano, ¿no crees?
—A diferencia de ti, tu padre es un caballero. Es fácil apreciarlo.
—Ya has visto cómo es. A pesar de sus experiencias, es un viejo romántico y muy sentimental, pero siempre le he dejado claro que no espere eso de mí, Demi iba a desempeñar ese papel en la familia, era ella la que iba a casarse y a tener hijos. Si tu hermano se hubiera salido con la suya, habría vuelto aquí con los sueños rotos y un divorcio amargo, y sin su herencia. Si intentas aprovecharte de su buen corazón, te hundiré.
—¿Más todavía? —gritó Miley.
—¿Con todo este lujo que te rodea? Tu embarazo es la única razón por la que estás aquí, disfrútalo.
—Ya te dije que yo no tuve nada que ver en la vida de Joe —dijo con voz temblorosa.
—Tú misma dijiste que sabías qué planes tenía con respecto a Demi. ¿De verdad esperas que crea que no te utilizó para que fueras su confidente? ¿Para calmar sus dudas y temores? ¿Para animarla a que confiara en él?
—Te juro que apenas conocí a tu hermana.
—Según mis informes, ella pasaba tiempo en el apartamento de Joe. Iba a ese club prácticamente todas las noches, el mismo que tú dijiste que era como tu segunda casa. Así que, por favor, no digas que no la conocías bien. ¿Ni siquiera puedes admitirlo? —le preguntó furioso.
De pronto Miley empezó a encontrarse mal, tenía un sudor frío por todo el cuerpo. Se levantó y dejó la servilleta sobre la mesa.
—No sé cómo decirte cuánto siento lo de tu hermana. Y al contrario de lo que puedas pensar, tu maravilloso informe te mostró sólo los aspectos más superficiales de mi vida. La vida social de Joe y Demi no me incluía a mí. Mi realidad era muy diferente a la suya —estaba temblando por dentro. —Ahora, si me disculpas, me voy a la cama. Ha sido un día largo.

Se fue a su dormitorio y cerró la puerta con llave. Se duchó, se cambió y se metió en la cama y, justo antes de dormirse, se juró que haría todo lo que pudiera por mostrarle a Nicholas lo muy equivocado que estaba con ella. Sabía que no sería capaz de aguantar todo su embarazo con su desconfianza y su repulsa.

     Miley estaba teniendo una pesadilla. Cuando finalmente logró despertar de ella, se sentó en la cama con un terrible dolor en el abdomen y sudor por toda la espalda. Gritaba por la intensidad del dolor y no podía contenerlo.
 
—¿Miley? ¿Qué pasa? —preguntó Nicholas desde el otro lado de la puerta.
Intentó hablar, pero otra ráfaga de dolor la recorrió.
—No puedo... no sé qué... oh...
Otra punzada de dolor la hizo caer sobre la cama y fue entonces cuando sintió la humedad entre las piernas. Levantó las colchas y miró. Incluso en la oscuridad pudo ver la oscura mancha de sangre.
¡El bebé!
—Miley, abre la puerta, maldita sea. ¿Por qué demonios te has cerrado con llave?

Miley intentó sacar las piernas de la cama, sabiendo que era importante que llegara a la puerta para abrirla. Pero cuando se disponía a levantarse, la habitación comenzó a darle vueltas y cayó en una oscuridad donde no había dolor y Nicholas no le estaba gritando.

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uuhhhhh laralalala laralalala....
uuuhhhh
bueno hasta aqui mis niñas bellas y hermosas 
las quiero millon, graciaspor sus comentarios...
besos!!

Niley 17 - Rechazo Cruel



Miley había contemplado la sombra del pequeño avión danzando sobre el resplandeciente Mediterráneo antes de aterrizar en la isla de Sardinia, en el aeropuerto de Alghero.
Un todoterreno y un conductor los esperaban allí y el sol de la tarde caía sobre ellos.

Después de conducir durante cuarenta minutos, el conductor, Tommaso, giró en una carretera estrecha con altos árboles a cada lado que hacían que el camino se volviera sombreado y misterioso. Después, giraron a la derecha, hacia la costa, hasta que apareció un juego de enormes puertas de hierro y se abrieron suavemente como por arte de magia, casi ocultas por el denso follaje y la colorida buganvilla. Atravesaron una zona de ramas bajas para salir a un enorme patio con una fuente cuya agua caía en una alberca. Unas flores de loto flotaban sobre el agua.

Entonces apareció la casa, sorprendiendo a Miley con su discreta elegancia. El coche se detuvo y ella bajó antes de que Nicholas pudiera abrirle la puerta; se había mostrado asustadiza ante él durante todo el día, sobresaltándose si se le acercaba demasiado.

La casa era una clásica villa mediterránea con tejados en color terracota combinada con otro seductor estilo. Tenía enormes ventanas que iban del techo al suelo, con cortinas blancas que se sacudían suavemente con la cálida brisa. Una delicada varanda rodeaba el exterior y Miley vio jardines a ambos lados que se extendían hasta donde imagina que estaba el mar. Podía oír olas rompiendo suavemente cerca y el sonido la llenó de emoción.

Era una de las cosas que había echado de menos al vivir en Londres. La casa de su familia en Dublín estaba en el sur de la ciudad, en la costa, pero Joe no había perdido el tiempo para venderla cuando sus padres murieron. Miley había crecido con el sonido del mar y había pasado tanto tiempo desde que lo había oído de ese modo que una nostalgia agridulce se apoderó de ella.

Nicholas vio cómo lo observaba todo, pero ella evadía su mirada y estaba comportándose como una testaruda. Estaba furioso porque había estado evitándolo todo el día, y no estaba acostumbrado a que las mujeres lo ignoraran. Su camiseta gris y sus pantalones cortos negros también lo enfurecían intensamente.

La vio agarrarse con fuerza a la puerta del todoterreno, vio cómo apretaba la mandíbula y supo que Miley estaba dándose cuenta de lo alejada que estaría de la civilización. Sintió una gran satisfacción... hasta que de pronto la atención de ambos fue dirigida a un enorme perro pastor blanco.

Miley, encantada, se arrodilló y llamó al perro, al que acarició efusivamente sin poder borrar la sonrisa de su Miley.
—¿Pero quién eres tú, precioso?
—Se llama Doppo. Era el perro de Demi y, por lo general, no le gustan los extraños.
Oírle mencionar a Demi le provocó un fuerte dolor de corazón. Estaba claro que le había molestado que el perro la hubiera recibido bien... tal vez habría preferido que Doppo la hubiera arrancado los miembros uno a uno. En silencio, le dio las gracias al perro por haberla aceptado.
Ciao, Doppo. Creo que tú y yo vamos a ser buenos amigos.
Nicholas la observaba. Miley Cyrus estaba generando demasiadas contradicciones para su gusto y, cuanto antes supiera qué esperar de ella, mejor.
—Conocerás a mi padre durante la cena. Le he dicho que nos conocimos en Londres gracias a Demi... lo cual, en cierto modo, es verdad. También le he dicho que nuestra relación fue muy precipitada y que no habíamos planeado que te quedaras embarazada tan pronto. No esperará que nos comportemos como unos recién casados enamoradísimos, pero aun así, tendremos que actuar un poco. No sabe la relación que tenía tu hermano con Demi. No quiero que se disguste por nada. Ya ha pasado demasiado desde el funeral y el infarto.
—Eso es lo último que quiero.
Él le miró los brazos y deslizó un dedo sobre uno de ellos,
—Tu piel es tan pálida que parece que nunca te ha dado el sol.
¡Y así era! Aunque eso seguro que no encajaría con la imagen que él se había formado de ella como la hermana de un millonario corrupto y egoísta. Miley reunió fuerzas para apartarse. Él simplemente estaba jugando con ella.
—Ahórrate tu preocupación fingida. Seguro que te alegrarías si me achicharrara viva.
Nicholas le lanzó una fría mirada antes de dar un paso atrás e indicarle que fuera entrando en la villa.
 
Lucia, la sonriente ama de llaves de Nicholas y esposa de Tommaso, la llevó hasta un lujoso dormitorio. La barrera idiomática hizo que Miley se limitara simplemente a sonreírle para darle las gracias e indicarle mediante gestos que ella misma desharía su equipaje.

La casa por dentro era blanca y luminosa, llena de espacios abiertos y muy acogedora. Había visto un gran salón con una enorme televisión de plasma y estanterías cargadas de libros. También había visto un comedor con una gran mesa blanca y veinte sillas a juego y un jarrón con unas exóticas flores rojas en el centro.

Su nuevo dormitorio también era blanco y había sido un alivio ver que, aparentemente, no era el dormitorio de Nicholas. Era demasiado femenino. Verse forzada a compartir una cama con él sería demasiado y sabía que no podría soportarlo. Las puertas del patio se abrían hacia un gran jardín interior con columnas de piedra sobre las que se sostenía una pasarela que conectaba la sección interior de esa parte de la villa. Había vasijas con flores por todas partes que creaban un ambiente lleno de encanto. La tranquilidad y la paz de ese lugar alivió un poco el alma de Miley.

Alguien llamó a la puerta y ella la abrió con cautela para encontrarse allí a Nicholas, guapísimo con unos pantalones chinos y una camisa lisa blanca, ¡Maldito sea por hacerla sentir así cuando lo odiaba tanto!
—Vendré a buscarte a las ocho para cenar.
—Ya he visto dónde está el comedor. Puedo encontrarlo...
—Iremos juntos. Mi padre utiliza otra parte de la villa, pero no hay duda de que esperará que compartamos la cama de matrimonio —se acercó, y Miley retrocedió automáticamente y con el corazón acelerado. Nicholas sonrió. —Y como tendremos que dormir juntos. Miley, estoy seguro de que apreciarás que no quiera compartir una cama contigo más tiempo del necesario.
Miley sintió pánico: esa sensación ya estaba empezando a ser demasiado habitual.
—Si no te importa, estás bloqueando la puerta.
Con una última sonrisa burlona que ella deseo poder borrarle de la cara de un bofetón, Nicholas dio un paso atrás y Miley tuvo que controlarse para no cerrar de un portazo.

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no se olviden de decirme quien les gusta de los chicos de one direction como los decriben ustedes a ellos y como se describen ustedes para poder hacer las historias, :)
las quiero chicas, espero que esten super bien...
millon besos!!

Jemi 65 - Besar a un angel



Demi quiso protestar, pero se dio cuenta de que Joe tendría más posibilidades de conseguir que Miley colaborara si estaban solos. Se dirigió a la puerta, pero se detuvo en el umbral y volvió la mirada hacia la dueña del circo.
—Ni se te ocurra hacerlo de nuevo, ¿me has oído? La próxima vez que vendas un animal, quiero saberlo antes. Y también quiero hablar con el nuevo propietario.
Miley arqueó las cejas.
—No puedo creer que te atrevas a darme órdenes.
—Pues créetelo. Y será mejor que me hagas caso. —Se dio la vuelta y los dejó solos.
Durante un rato, ni Miley ni Joe abrieron la boca. Joe dudaba que el discurso de Demi hubiera intimidado a Miley, pero se sintió orgulloso de que su esposa se hubiera defendido sola. Observó a su antigua amante y sólo sintió asco.
—¿Qué te pasa, Miley? Siempre has sido una mujer dura, pero nunca fuiste cruel.
—No sé de qué te quejas. A ti tampoco te gusta la exposición de fieras.
—No te hagas la tonta. Querías hacer daño a Demi y lo has conseguido. La utilizas a ella para hacerme daño a mí y no pienso consentirlo.
—No seas creído, no eres tan importante.
—Te conozco, Miley. Sé cómo piensas. Todo iba bien mientras la gente pensaba que Demi era una ladrona, pero ahora que saben la verdad, no puedes soportarlo.
—Hago lo que me da la gana, Joe. Siempre lo he hecho y siempre lo haré.
—¿Dónde está la gorila?
—No es asunto tuyo. —Miley salió de la caravana tras fulminarle con la mirada.
Joe se negó a ir tras ella, no pensaba darle la satisfacción de tener que pedirle nada. Se acercó al teléfono.

Tardó un día en localizar al distribuidor al que Miley le había vendido la gorila. El distribuidor le pidió el doble de lo que le había pagado a Miley por el animal, pero Joe no regateó.  Buscó un hogar confortable para Glenna y, el miércoles de la semana siguiente, pudo decirle a Demi que su gorila se acababa de convertir en la nueva residente del zoo Brookfield de Chicago. Lo que no le dijo fue que había sido su dinero el que lo había hecho posible.
Demi rompió a llorar y le dijo que era el marido más maravilloso del mundo.

****************
 
Nick y Destiny se detuvieron en el mostrador de la TWA en el aeropuerto de Indianápolis. La chica embarcaría en un avión de esa compañía rumbo a Wichita. No se habían dirigido la palabra desde que habían salido del recinto esa mañana, y a Nick le corroía la culpa, algo que no le gustaba nada. Miley lo había insultado de todas las maneras que sabía y, el día anterior, Demi lo había acorralado contra uno de los tenderetes para ponerlo de vuelta y media. Lo habían hecho sentir un canalla. Pero ninguna de ellas sabía lo que era tener una hija ni quererla tanto que haría cualquier cosa por ella. Miró enfadado a su hija.

—Haz caso a tu tía Terry, ¿me oyes? Te llamaré todas las semanas. Si necesitas dinero me lo dices, y no se te ocurra empezar a salir con chicos todavía.

Ella miró hacia delante, con la mochila agarrada firmemente entre las manos. Se la veía tan bonita, delgada y resentida, que a él le dolió el corazón. Quería proteger a su hija, protegerla y hacerla feliz. Daría su vida por ella.

—Te enviaré un billete de avión para que vengas a Florida a pasar las vacaciones de Navidad con nosotros —dijo bruscamente. —Quizá podríamos ir a Disneylandia. ¿Te gustaría?
Destiny se volvió hacia él con la barbilla temblorosa.
—No quiero volver a verte en mi vida.
Nick sintió un dolor desgarrador en las entrañas.
—No lo dices en serio.
—Ojalá no fueras mi padre.
—Destiny...
—No te quiero. Nunca te he querido. —Sin derramar ni una sola lágrima y con la cara inexpresiva, Destiny lo miró directamente a los ojos. —Quería a mamá, pero a ti no.
—No digas eso, cariño.
—Deberías sentirte feliz. Ya no tienes que sentirte culpable por no quererme.
—¿Quién te ha dicho que no te quiero? Maldita sea, ¿te lo han dicho los chicos?
—Eres tú quien me lo ha dicho.
—Jamás he hecho tal cosa. ¿De qué diablos hablas?
—Me lo has demostrado de mil maneras. —Se puso la mochila al hombro. —Lamento lo que sucedió con el dinero, pero ya te lo dije. Ahora me voy al avión. No te molestes en llamarme. Siempre estaré demasiado ocupada para ponerme al teléfono. -Se dio media vuelta y se alejó de él. Le enseñó el billete a la azafata y desapareció por la puerta de embarque.

Santo Dios, ¿qué había hecho? ¿Qué había querido decir su hija con que le había demostrado de mil maneras que no la quería? Jesús, María y José, lo había jodido todo. Él sólo quería lo mejor para ella. Aquel era un mundo duro y tenía que ser exigente con ella o acabaría convirtiéndose en una vaga. Pero todo había salido mal.
En ese momento se dio cuenta de que no podía dejar que se fuera. Miley y Demi habían tenido razón desde el principio.
Empujó a la azafata al pasar por su lado y se coló por la puerta de embarque dando voces.

—¡Destiny Miller, vuelve aquí ahora mismo!
La alarmada azafata se interpuso en su camino.
—Señor, ¿puedo ayudarle en algo?
Los pasajeros que se interponían entre Destiny y él se giraron para ver qué pasaba, pero ella siguió caminando.
—¡Vuelve aquí inmediatamente! ¿Me has oído?
—Señor, voy a tener que llamar a seguridad. Si tiene algún problema...
—Venga, llámelos. Esa chica es mi hija y quiero que vuelva.
Destiny casi había llegado a la puerta del avión cuando Nick la alcanzó.
—No pienso tolerar que ninguna hija mía me hable así. ¡Ni hablar! —La apartó a un lado con intención de decirle lo que se merecía. —Si crees que adoptando esa actitud conseguirás volver con tu tía Terry, estás muy equivocada. Mueve el culo, nos volvemos al circo, jovencita, y espero que te guste limpiar porque es lo que vas a hacer de camino a Florida.
Ella se lo quedó mirando con los ojos tan abiertos que parecían caramelos azules de menta.
—¿Me quedo?
—Por supuesto que te quedas. Y no quiero volverte a oír hablar así. —Se le quebró la voz. —Soy tu padre, y si se te ocurre no quererme de la misma manera que yo te quiero, o te arrepentirás.

A continuación, Nick la abrazó y ella le devolvió el abrazo mientras los pasajeros que intentaban subir al avión los empujaban con sus bolsas y carritos, pero a ninguno de los dos pareció importarle. Nick siguió abrazando con fuerza a esa hija que amaba con locura y de la que no pensaba separarse nunca.

 *********************

La noche del lunes sólo hubo una función, así que Joe invitó a Demi a cenar fuera. La suave música flotaba en el comedor en penumbra de un lujoso restaurante en el centro de Indianápolis, donde la pareja tomó asiento en un reservado de la esquina.

Ahora que ya no estaba preocupada por Glenna, Demi se sentía como si le hubieran quitado un peso de encima. También había contribuido a su bienestar que Nick hubiera regresado del aeropuerto con Destiny. El equilibrista no se había mostrado demasiado comunicativo al respecto, más bien se había comportado como un puerco espín cuando Demi le había preguntado qué había sucedido, pero fue evidente que mantuvo a su hija pegada a él durante casi todo el día. Ésta no había estado tan feliz en todo el verano.

De todas maneras, Demi consideraba las últimas dos semanas las mejores de su vida. Joe había sido tan tierno y cariñoso con ella que apenas parecía el mismo hombre. Estaba decidida a contarle lo del bebé esa noche, aunque aún no sabía cómo.


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aun no pero llegara el dia en que demi le diga del bebe y veran como responde, jejeje asi que diganme como les gustaria que siguiera como piensan ustedes que joe tomara lo del bebe...
que creen que ocurrira...
uyyyy
esperenlo con asias...
besos